Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.

jueves, 3 de marzo de 2011

Templo de San Francisco en Zamora

En el acervo cultural Zamorano el género pictórico ocupa un lugar importante y los exponentes más representativos se encuentran dentro de los espacios arquitectónicos, tanto eclesiásticos, en su mayoría, como también en algunos residenciales. Por tal motivo trataremos de divulgar estos aspectos de nuestra razón de ser, que deben hacernos sentir orgullosos.
Arquitecto Jorge De Aguinaga


De  mucha historia y gratos recuerdos es el templo de San Francisco, en donde se albergaron los frailes franciscanos para vivir de la limosna del pueblo y que a cambio les daban su atención y benevolencia con esa caridad cristiana que llenaba los corazones de los zamoranos de la otrora Villa de Zamora y quienes hicieron mucho bien a todos los habitantes de este fértil valle.


Los trámites para la fundación de un hospicio de la V.O. de San Francisco, se inician el 26 de febrero de 1716, según la solicitud de licencia del Supremo Gobierno de la Nueva España para dicha iniciación, con dos religiosos de la orden franciscana así como una capilla en donde se pudieran celebrar los Divinos Oficios y el Santo Sacrificio de la Misa, lo cual se aprobó el 2 de marzo del mismo año, firmada por el Obispo de Michoacán, Felipe Ignacio, y fueron los fundadores el RP. Superior Ignacio Marcos Xaramillo y Fray Buenaventura Santa Ana y Borunda, mismos que estuvieron al cuidado del convento posteriormente construido junto al templo, ocupando toda la manzana que forman las calles de Hidalgo, Cázarez, Aquiles Serdán y Ocampo, como se conocen actualmente.


Quien autorizó la fundación de dicho convento fue el Rey Carlos IV, que otorgó en Madrid, el 8 de agosto de 1790, una cédula por la cual se autorizaba esa fundación, concediéndose el pase a la anterior, por decreto del Virrey Conde de Revillagigedo con fecha 18 de enero de 1791.

Por lo que toca a la construcción del templo, casi estaba terminado en el año 1728, con todas sus paredes hechas, faltando solamente el techo que se construyó de artesón: madera muy resistente que fue cubierta.
Se terminó totalmente en octubre de 1735.


Fue por el año de 1769 cuando los frailes ya citados impartían Gramática y Filosofía. Formaron después una escuela primaria. El convento fue construido con 20 celdas, en planta alta y baja, con un salón en el segundo piso que se comunicaba con el coro y la torre. Los frailes tenían una devoción muy grande a la Virgen del Buen Suceso y a San Antonio de Padua, a quienes erigieron una capilla contigua a su Templo.


Como siempre, los desastres suceden en cualquier parte y por desgracia les tocó a los frailes en una ocasión, cuando el 19 de enero de 1863 ocurrió un fuerte incendio que les destruyó la iglesia. Por esta causa y por la persecución de que fueron objeto, mete la pata otra vez el diablo y los sacerdotes tienen que salir de Zamora, dejando en el abandono su templo, que quedó por muchos años en ruinas.


Se llevaron a la catedral, en calidad de depósito, las imágenes y los objetos que pudieron salvarse del fuego voraz, así como 5 campanas, entre ellas la mayor, en cuya inscripción aparece que fue vaciada el 16 de junio de 1788 como regalo de España a los franciscanos de la villa.


Fue hasta el 23 de enero de 1874 cuando se reedificó, comisionando para ello, el V. Cabildo, al señor Canónigo D. Manuel Bruno Gutiérrez. Se estrenó, como lo afirman
los documentos que se encuentran en la
Santa Iglesia Catedral de esta ciudad,
el 4 de noviembre de 1887. Fue bendecido,
con toda la pompa litúrgica,
por el excelentísimo Señor Cázarez.


Un dato también muy importante es el relacionado a la decoración, que realizó el señor Isaac Calderón y los óleos, que se debieron al eminente pintor don Luis G. Jasso, quien murió el 4 de abril de 1887 a consecuencia de una pulmonía que le afectó, como aseguran sus familiares, cuando precisamente terminó el último cuadro y alguien le habló para tratarle un asunto, viéndose obligado a salir del templo sin enfriarse. Al día siguiente amaneció con calentura y agravándose falleció.


Como ven ustedes, es muy importante la historia de este templo, que fue el primero que se construyó en toda forma en la legendaria Sultana del Duero, hoy pintoresca y levítica, por excelencia, ciudad de Zamora, Michoacán.

Jaime A. Garibay Hernández

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...