Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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jueves, 19 de octubre de 2017
Manantial Orandino, municipio de Jacona en Michoacán - Fotografía de Israel López Ruiz
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
jueves, 29 de septiembre de 2011
Municipios de la Región Zamora - Jacona de Plancarte
Localizado al noroeste del estado en las coordenadas 19º57‟ de latitud norte y 102º18‟ de longitud oeste, se encuentra a una altura de 1,580 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con Zamora, al este y sur con Tangancícuaro y al oeste con Tangamandapio. Su clima es templado y tropical con lluvias en verano. Tiene una precipitación pluvial anual de 800.0 milímetros y temperaturas que oscilan de 1.8 a 39 grados centígrados.
La población del municipio es de 60,029 habitantes, según el II Conteo Nacional de Población y Vivienda 2005. Tiene una superficie de 118.14 Km² y enclavado dentro del sistema volcánico transversal, la orografía del municipio está compuesta por valles y lomas.
Los principales cerros del municipio son: El Gomar, Los Cerritos, El Cerro de la Arena, El Curutarán, el Cerro de La Cruz y el Tamándaro. Su hidrografía está compuesta por los ríos Duero y Celio. Se encuentran también dentro del municipio los manantiales de Orandino, La Presa de Verduzco, El Disparate y La Estancia.
El municipio esta comunicado por la carretera federal número 15 en una longitud de 8 kms, tramo Morelia-Guadalajara, carretera estatal Zamora-Los Reyes en una longitud de 27.2 Km. y camino vecinal pavimentado de 4.5 Km. Jacona-El Platanal.
En el municipio existen los servicios de radio, televisión, periódicos, revistas, de edición regional, estatal y nacional. Tiene un centro de salud del tipo R-02 de la Secretaría de Salud y una clínica del DIF municipal; además de contar con clínicas particulares y consultorios médicos.
En lo que a educación se refiere, se tienen los niveles de: preescolar, primaria, secundaria, bachillerato a través del Colegio de Bachilleres e instituto de computación; además el INEA atiende a grupos de alfabetización a nivel primaria y secundaria. También se cuenta con un campus de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA).
Existe un mercado público municipal, una pequeña plaza comercial, tiendas de ropa, muebles, calzado, alimentos, ferreterías, materiales para construcción, papelerías, tiendas de abarrotes, farmacias, entre otros.
Se tienen campos de fútbol, canchas de básquetbol, voleibol y de usos múltiples.
Cuenta con servicios de alimentación, agencias de viajes, asistencia profesional, balnearios, hospedaje, bancos con cajero automático, servicios urbanos y suburbanos, taxis, entre otros.
Hotel Mesón del Valle
Hotel Campestre
Hotel Don Carlos
Las principales localidades del municipio son:
Jacona de Plancarte.
Cabecera municipal:
Con una actividad económica basada en la agricultura y agroindustria. Esta ubicada a 186 km. de la capital del Estado por la autopista México-Guadalajara.
El Platanal.
Localidad a 6 Km. rumbo Sudeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por carretera, pasando las localidades de Tamandaro y San José El Platanal. Su principal actividad económica es la agricultura
Tamándaro.
Localidad a 4 Km. rumbo Sudeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por carretera. Sus principales actividades económicas son la agricultura y la ganadería
Estancia de Igartua (La Estancia).
Localidad a 3.5 Km. rumbo Oeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por la carretera federal número 15.
Rancho Nuevo (La Providencia).
Localidad a 5 Km. rumbo Oeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por la carretera federal número 15.
Colonia Nuevo Porvenir.
Localidad a 1.5 Km. de la cabecera municipal, por el libramiento sur.
San José El Platanal (El Cuije).
Localidad a 6 Km. rumbo Sudeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por carretera, pasando la localidad de Tamándaro.
Cultura y Turismo
Podemos encontrar vestigios de los antiguos habitantes del municipio consistentes en pinturas rupestres y grabados, tanto en el Cerro del Curutarán como en el Puerto San Lucas Y la zona arqueológica de El Opeño, además de que cerca de estos sitios se encuentran la Presa de Verduzco y La Estancia respectivamente, encontrándose Orandino a medio camino entre ambos sitios.
Estos 3 sitios son manantiales de agua fría a los que el Ayuntamiento está dotando de infraestructura ya que desde siempre han servido como lugares de esparcimiento para la población tanto lugareños como de otros municipios.
Balneario Campestre, El Pedregal, Balneario Jacona etc.
Es variada la herencia arquitectónica que se encuentra en el municipio desde restos de edificaciones como la fachada del Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza y la entrada al antiguo panteón municipal, hasta edificaciones que aún se siguen utilizando como el edificio que alberga la presidencia municipal que originalmente fue el colegio de niñas de La Purísima Concepción o el Colegio Antonio Plancarte, sin dejar de lado el templo de San Agustín, muestra de la arquitectura religiosa que se encuentra en el municipio.
La geografía del municipio y la diversidad de sitios y vestigios que se encuentran, posibilitan el aprovechamiento de los recursos para el desarrollo de empresas turísticas tanto de turismo convencional (zonas arqueológicas, arquitectura religiosa, monumentos históricos) como de turismo alternativo (buceo y snorkel, kayac, observación de flora y fauna, pesca deportiva, ciclismo, campismo) sin dejar de lado la recreación en general debido a la considerable cantidad de Balnearios existentes.
La fiesta principal del municipio se lleva a cabo el 14 de febrero, aniversario de la coronación de la Virgen de la Esperanza patrona de la diócesis de Zamora, seguida el 16 por la Feria de la Fresa con una duración de 2 semanas.
Algunos de los sitios de mayor interés en el municipio son los siguientes:
Cerro Curutarán.
A un lado de la ciudad de Jacona, en dirección al sureste Adyacente al Lago de Verduzco, la zona arqueológica conocida como El Opeño donde se han hallado pinturas rupestres muy antiguas. Se pueden apreciar algunos petroglifos zoomorfos y antropomorfos en las paredes rocosas del cerro, además tiene un mirador natural con un ángulo de visión de 360 grados, desde el que se tiene una vista panorámica del valle de Jacona y sus alrededores.
Puerto San Lucas.
Carretera Jacona-Tangamandapio Km. 5
Barranca en cuyas paredes se encuentran pinturas rupestres incluyendo una escena de casería. Desgraciadamente el vandalismo ha hecho presa del lugar por lo que las pinturas y grabados se encuentran muy deteriorados.
Zona Arqueológica El Opeño.
A un lado de la ciudad de Jacona, en dirección al sureste
El lugar está enmarcado en la cercanía de la Presa Verduzco 1 Km. La zona arqueológica localizada son 12 tumbas de tiro en el subsuelo. La facultad de Arquitectura de la UMSNH ha realizado un proyecto para un Museo de Sitio.
Orandino.
A las afueras de la ciudad de Jacona, por la carretera a Santiago Tangamandapio.
Lago artificial con nacimiento de agua donde se puede practicar deportes acuáticos como la pesca deportiva, kayak de laguna y la natación.
La Estancia.
Carretera Jacona-Santiago Tangamandapio.
A 8 Kilómetros de Zamora, encontramos este nacimiento de agua, una alberca natural de aguas color azul-verde, utilizada ampliamente como balneario por las poblaciones de Zamora, Jacona y Santiago Tangamandapio.
Presa Verduzco.
A un lado de la ciudad de Jacona, en dirección al sureste
Al pie del cerro del Curutarán, se encuentra el Lago Verduzco, rodeado de tulares y vegetación subacuática propicia para la anidación de varias especies de aves.
Palacio municipal.
Centro
El 8 de septiembre de 1867 se fundo el colegio de La Purísima Concepción, hoy Palacio Municipal, por el Sr. cura Antonio Plancarte y Labastida. De estilo Europeo, está hecho de adobe y madera con techo de teja.
Exconvento de San Agustín.
Centro
Construido en el siglo XVI por misioneros agustinos, cuyo escudo quedó grabado en la clave de acceso, El atrio es actualmente la plaza de San Agustín, con áreas verdes y fuente central
Fachada del Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza.
Centro
Restos de la fachada del antiguo convento agustino del siglo XIV de estilo plateresco (renacimiento español).
Restos de la antigua entrada al Panteón Municipal.
Centro
De lo que fue el panteón municipal hoy convertido en unidad de usos múltiples solo queda lo que fue la entrada principal y un añejo árbol que atesora entre su tronco los restos de alguna lápida.

Colegio "Antonio Plancarte".
Centro.
Balneario Campestre.
Por el libramiento sur
Balneario El Pedregal.
Carretera Jacona-Santiago Tangamandapio.
Balneario que cuenta con 2 albercas y 2 chapoteaderos con agua templada, así como toboganes, juegos infantiles, cenadores, canchas deportivas, áreas verdes para comer al aire libre y zona de asaderos. Tiene servicio de sanitarios, vestidores, fuente de sodas, vigilancia y estacionamiento
Balneario Jacona.
Centro
Cuenta con juegos infantiles, salón de eventos sociales y estacionamiento
Casa de la cultura.
Centro
Se localiza en la calle Zaragoza #80, Sitio donde se imparten talleres de teatro, danza, canto, pintura, dibujo, así como cursos de verano, además hay exposiciones temporales de fotografía y pintura de artistas de renombre.
Notas del Editor:
Este material fue publicado en el año 2007 por el Subcomité de Planeación y Desarrollo Regional (SUPLADER) de la Región Ciénega de Chapala y El Colegio de Michoacán.
Su objetivo fue realizar un Inventario del potencial, en materia de recursos turísticos, de esta parte noroccidental del estado de Michoacán. De esta forma, el documento se presentó como una base para posteriores trabajos, que deben complementarlo, y no como un catálogo exahustivo.
Por otra parte, se advierte que se incluyen lugares en los que se requiere de infraestructura de atención al turista.
Incluimos toda la información en este blog porque queremos hacer un reconocimiento al trabajo realizado y porque la difusión de sus resultados es sumamente útil para hacernos una conciencia más clara, completa y real de nuestro potencial turístico: lo que tenemos y lo que nos falta realizar.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
domingo, 15 de mayo de 2011
Jacona de Plancarte, Michoacán
Jacona de Plancarte, Michoacán, es una población con profundas y misteriosas raíces prehispánicas. Profundas, porque su origen puede definirse desde Jacona la Vieja, población indígena precolombina de una antigüedad que ha sido difícil de precisar, pero que podría ser tan antigua como la de El Opeño. Misteriosas, porque tampoco hay precisiones respecto al lugar exacto en que se localizó esa población.
Se han encontrado vestigios arqueológicos en el rumbo de Santiago Tangamandapio, pasando la ranchería de Puerto de Lucas, en un vallecito como de cinco kilómetros de largo por tres de ancho, en un potrero conocido con el nombre de «Las Iglesias Viejas», que de acuerdo con la tradición era el sitio en que los indios se reunían para rendirle adoración a sus ídolos.
En las cercanías de estos lugares, se encontraron semiderruidas varias yácatas. Dos de ellas miden de largo cerca de veinticinco metros y las otras son muy pequeñas. Junto a ellas se encontraron un sinnúmero de esqueletos humanos. A ese sitio se le conoció, por ello, como «Potrero de los Panteones». También entre Puerto de Lucas y el Cerro Blanco existe la «barranca de los monos», designada así por las figurillas de barro que se encontraron en ese lugar.
Xhucunán o Xucunan, nombre prehispánico de la actual Jacona, significa, en lengua Náhuatl, «lugar de encuentro», quizás por la referencia de que en ese lugar, precisamente, se encontraban los diversos pobladores de toda la región para realizar sus cultos religiosos.
La actual Jacona, «la nueva» tiene un origen bien preciso y definido: el padre agustino Fray Sebastián de Tresierra promovió, entre los habitantes de la Vieja Jacona, su traslado al sitio en que se encuentra actualmente esa población.
Su argumento para tal mudanza fue sencillo y contundente: pasar de la aridez de unas tierras de nula riqueza agrícola a un sitio privilegiado en recursos naturales: buenas tierras para la agricultura; huertos de frutales espléndidos; agua en abundancia y un microclima cálido y bondadoso.
Así, el 5 de noviembre de 1555, con pleno acuerdo entre el Virrey y los indios, se fundó Jacona, la Villa de las Flores, al iniciarse las obras para la iglesia parroquial y el convento y repartirse los solares entre sus primeros habitantes.
La población del curato se estableció con doce mil habitantes y la del casco del pueblo con aproximadamente cuatro mil. Las calles eran irregulares y las familias vivían diseminadas en las huertas. El Ayuntamiento de Xacona dependía de la Prefectura de Zamora y contaba con una plaza, dos escuelas y una receptoría de alcabalas, pocos edificios de buena construcción y dos capillas pequeñas.
El primer «nombre cristiano» que tuvo la población fue el de «San Agustín Jacona» por razones obvias tomando en cuenta las convicciones agustinas de su fundador. En las riberas del río Celio se establecieron diversos barrios: San Miguel, La Resurrección, El Realejo, Los Zapotes y San Pedro de los Molinos, entre otros.
Otras familias se establecieron en el viejo camino hacia Tangancícuaro, en Tamándaro, en el puente de la villa, en el potrero del Remate, y en el Cerrito de la Arena, entre otros lugares.
En el año 1600 dependían de Jacona las poblaciones de Tangancícuaro, Tangamandapio, Jaripo, Ario, Etúcuaro viejo, Chaparaco, Tandarico y Jiquilpan.
Casi tan antigua como la actual Jacona, es la veneración a la Virgen de la Raíz, conocida ahora bajo la advocación de la Virgen de la Esperanza. El 14 de febrero de 1886 fue coronada por el arzobispo de México, el doctor Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos.
En esa época era obispo de Zamora don José María Cázarez y Martínez y cura de Jacona el padre Antonio Plancarte y Labastida. Otro 14 de febrero, esta vez del año 1952, a petición del obispo doctor José Gabriel Anaya y Díez de Bonilla, la Santa Sede la nombró Patrona de la Diócesis de Zamora.
En la «Casa Jasso» de Jacona se encontró un padrón parroquial levantado en el año 1780 de los habitantes del pueblo de Jacona. Entre los apellidos más comunes encontramos los de las familias Álvarez; Villanueva; García; Torres; Igartúa; Jiménez; Cárdenas; López; Vera; Sandoval; de la Mora; Victoria; Plancarte; Béjar; Amezcua; Velázquez; del Río y Méndez.
Texto basado en las investigaciones históricas del licenciado don Arturo Rodríguez Zetina.
Fotografías de Alberto Vázquez Cholico:
* Vista panorámica de Jacona desde La Peñita de San Pablo.
* Palacio Municipal, antes Colegio Luis Gonzaga, construido por el cura Antonio Plancarte.
* Casco de la antigua hacienda "El Igarteño".
* Colegio Antonio Plancarte.
* Pórtico y torre del templo de San Agustín.
* Interior del templo de San Agustín.
Se han encontrado vestigios arqueológicos en el rumbo de Santiago Tangamandapio, pasando la ranchería de Puerto de Lucas, en un vallecito como de cinco kilómetros de largo por tres de ancho, en un potrero conocido con el nombre de «Las Iglesias Viejas», que de acuerdo con la tradición era el sitio en que los indios se reunían para rendirle adoración a sus ídolos.
Xhucunán o Xucunan, nombre prehispánico de la actual Jacona, significa, en lengua Náhuatl, «lugar de encuentro», quizás por la referencia de que en ese lugar, precisamente, se encontraban los diversos pobladores de toda la región para realizar sus cultos religiosos.
Su argumento para tal mudanza fue sencillo y contundente: pasar de la aridez de unas tierras de nula riqueza agrícola a un sitio privilegiado en recursos naturales: buenas tierras para la agricultura; huertos de frutales espléndidos; agua en abundancia y un microclima cálido y bondadoso.
Así, el 5 de noviembre de 1555, con pleno acuerdo entre el Virrey y los indios, se fundó Jacona, la Villa de las Flores, al iniciarse las obras para la iglesia parroquial y el convento y repartirse los solares entre sus primeros habitantes.
El primer «nombre cristiano» que tuvo la población fue el de «San Agustín Jacona» por razones obvias tomando en cuenta las convicciones agustinas de su fundador. En las riberas del río Celio se establecieron diversos barrios: San Miguel, La Resurrección, El Realejo, Los Zapotes y San Pedro de los Molinos, entre otros.
En el año 1600 dependían de Jacona las poblaciones de Tangancícuaro, Tangamandapio, Jaripo, Ario, Etúcuaro viejo, Chaparaco, Tandarico y Jiquilpan.
Casi tan antigua como la actual Jacona, es la veneración a la Virgen de la Raíz, conocida ahora bajo la advocación de la Virgen de la Esperanza. El 14 de febrero de 1886 fue coronada por el arzobispo de México, el doctor Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos.
En esa época era obispo de Zamora don José María Cázarez y Martínez y cura de Jacona el padre Antonio Plancarte y Labastida. Otro 14 de febrero, esta vez del año 1952, a petición del obispo doctor José Gabriel Anaya y Díez de Bonilla, la Santa Sede la nombró Patrona de la Diócesis de Zamora.
En la «Casa Jasso» de Jacona se encontró un padrón parroquial levantado en el año 1780 de los habitantes del pueblo de Jacona. Entre los apellidos más comunes encontramos los de las familias Álvarez; Villanueva; García; Torres; Igartúa; Jiménez; Cárdenas; López; Vera; Sandoval; de la Mora; Victoria; Plancarte; Béjar; Amezcua; Velázquez; del Río y Méndez.
Texto basado en las investigaciones históricas del licenciado don Arturo Rodríguez Zetina.
Fotografías de Alberto Vázquez Cholico:
* Vista panorámica de Jacona desde La Peñita de San Pablo.
* Palacio Municipal, antes Colegio Luis Gonzaga, construido por el cura Antonio Plancarte.
* Casco de la antigua hacienda "El Igarteño".
* Colegio Antonio Plancarte.
* Pórtico y torre del templo de San Agustín.
* Interior del templo de San Agustín.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
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Monografía de Jacona,
Publicado en Entorno
sábado, 7 de mayo de 2011
Templo de San Agustín en Jacona de Plancarte, Michoacán - Arquitecto Luis Ignacio Sandoval
La historia de la parroquia de San Agustín se remonta hasta los tiempos mismos de la fundación de Jacona, cuando en 1555 el padre agustino fray Sebastián de Trasierra convenció a los pobladores de la antigua Jacona de trasladarse a un lugar más adecuado que les garantizara un mejor nivel de vida y desarrollo, pues el lugar en donde se encontraban se caracteriza por la aridez de su suelo, de poca productividad agrícola por falta de agua. Convencidos, los moradores se trasladaran al hermoso lugar en que se encuentra la actual Jacona, caracterizado por sus abundantes recursos naturales que han hecho de sus tierras una rica posibilidad para hacer florecer la vida.
Paralelamente a la fundación de la nueva Jacona, el padre Trasierra inició la construcción del convento y templo de san Agustín, obras que no pudo concluir pues fue cambiado al poblado de Sirosto, dejando en fray Nicolás de la Cueva la responsabilidad de su terminación, realizada en 1626.
El templo de San Agustín cuenta con una distribución arquitectónica en forma de cruz latina.
Está construido con muros de adobe y piedra de un ancho mínimo de 1.20 metros. Su techumbre original estaba hecha a partir de una estructura de madera y teja, con un plafón o tapanco construido con viguería de madera y duela que todavía se conserva. Contaba también con dos coros. Uno, ubicado en un mezanine construido con madera, junto al acceso principal, que aún se conserva. El otro, ubicado en el crucero sur, frente a la sacristía, fue retirado hace unos quince años.
La única nave con que cuenta el templo tiene orientación de oriente a poniente. Remata en el altar mayor, en don de se encuentra una imagen del patrono del pueblo, ubicada en ábside en un retablo muy particular, construido en nichos sobrepuestos, flanqueado por dos escalerillas laterales que permiten el peregrinar de los devotos hasta el lugar mismo donde se encuentra el santo a quien está dedicado el templo.
La fachada principal es sobria y se caracteriza por su gran paño liso en que se destacan únicamente dos columnas de cantera, adosadas al mismo muro, y al centro dos esbeltas ventanillas, rematado todo esto por una sencilla cornisa que sirve como corona al frontispicio.
Al centro de la cruz latina se encuentra una cúpula de sección octagonal que sirve de unión a la nave central y sus dos cruceros y originalmente contaba también con una estructura de madera y teja, hoy cambiada por estructura de fierro y lámina de asbesto. Por la parte interior aún se puede observar el plafón de madera con un diseño especial. Es un atractivo más de este templo.
En cuatro de sus lados, se encuentran otras tantas ventanas, y en los cuatro restantes se localizan cuatro pinturas que representan el escudo de la sede de la Iglesia Católica y el escudo de los agustinos. En las penichas que sirven de arranque a la misma cúpula hay otras cuatro pinturas que representan a los cuatro evangelistas.
Dentro de la misma nave central se encuentran cinco grandes murales. Cuatro de ellos con pasajes de la vida del santo patrono y el otro con el escudo de la Orden de los Agustinos. Todos, realizados por el pintor Rosalío González.
La torre de la parroquia se construyó en fechas muy posteriores a la construcción del templo mismo. Fue realizada durante el periodo en que estuvo como cura de Jacona don Alberto Pérez y fue remozada por el señor cura don José de Jesús Rojas, trabajo que fue terminado en 1946.
Antes de la torre, las campanas pendían de un madero incrustado en un robusto eucalipto que se localizaba en la calle Constitución, cerca del actual Colegio Plancarte.
Existían, hasta hace poco tiempo, dos coros. Uno construido con madera y piso de duela, con barandal de madera torneada, al que se puede llegar por el salón anexo y se comunica también desde la torre. Este es el único coro que actualmente existe. El otro estaba en el crucero sur, frente a la sacristía y contaba con las mismas características de construcción. Fue retirado en la década pasada.
Durante su estancia en Jacona, el señor cura don José de Jesús Rojas realizó varios trabajos de construcción en el templo de San Agustín: el cambio del piso de madera original; la construcción del altar mayor y el retablo; el baldaquino bajo la cúpula, característica que hacía a este templo único en toda la región y que fue demolido en 1987 por el señor cura Rubén Godínez López, al parecer sin las autorizaciones correspondientes, ni de las autoridades ni del pueblo en general.
Originalmente, el patio del templo de san Agustín estaba circulado por un muro, en el área que hoy día conocemos frente al templo. También había dos arcos iguales al que persiste sobre la calle Morelos. Uno de ellos en la colindancia con el Colegio Plancarte y el otro frente al mercado municipal, junto a la Notaría Parroquial, por lo que se contaba con tres monumentales accesos al área del templo. Los dos arcos demolidos fueron destruidos por órdenes del presidente municipal, don Leonardo Gallo, de no muy grata memoria en Jacona.
Adosados al muro que circundaba el área del atrio había catorce nichos que representaban las estaciones del Vía Crucis. Fueron destruidos en la década de los años sesentas.
En los jardines situados al sur del templo estaba situado, inicialmente, el panteón de Jacona, de donde fue cambiado recientemente al Panteón Municipal ubicado entre las calles Emilio Carranza, Arista, Arteaga y Aquiles Serdán.
Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico.
Paralelamente a la fundación de la nueva Jacona, el padre Trasierra inició la construcción del convento y templo de san Agustín, obras que no pudo concluir pues fue cambiado al poblado de Sirosto, dejando en fray Nicolás de la Cueva la responsabilidad de su terminación, realizada en 1626.
El templo de San Agustín cuenta con una distribución arquitectónica en forma de cruz latina.
Está construido con muros de adobe y piedra de un ancho mínimo de 1.20 metros. Su techumbre original estaba hecha a partir de una estructura de madera y teja, con un plafón o tapanco construido con viguería de madera y duela que todavía se conserva. Contaba también con dos coros. Uno, ubicado en un mezanine construido con madera, junto al acceso principal, que aún se conserva. El otro, ubicado en el crucero sur, frente a la sacristía, fue retirado hace unos quince años.
La fachada principal es sobria y se caracteriza por su gran paño liso en que se destacan únicamente dos columnas de cantera, adosadas al mismo muro, y al centro dos esbeltas ventanillas, rematado todo esto por una sencilla cornisa que sirve como corona al frontispicio.
Al centro de la cruz latina se encuentra una cúpula de sección octagonal que sirve de unión a la nave central y sus dos cruceros y originalmente contaba también con una estructura de madera y teja, hoy cambiada por estructura de fierro y lámina de asbesto. Por la parte interior aún se puede observar el plafón de madera con un diseño especial. Es un atractivo más de este templo.
En cuatro de sus lados, se encuentran otras tantas ventanas, y en los cuatro restantes se localizan cuatro pinturas que representan el escudo de la sede de la Iglesia Católica y el escudo de los agustinos. En las penichas que sirven de arranque a la misma cúpula hay otras cuatro pinturas que representan a los cuatro evangelistas.
La torre de la parroquia se construyó en fechas muy posteriores a la construcción del templo mismo. Fue realizada durante el periodo en que estuvo como cura de Jacona don Alberto Pérez y fue remozada por el señor cura don José de Jesús Rojas, trabajo que fue terminado en 1946.
Antes de la torre, las campanas pendían de un madero incrustado en un robusto eucalipto que se localizaba en la calle Constitución, cerca del actual Colegio Plancarte.
Existían, hasta hace poco tiempo, dos coros. Uno construido con madera y piso de duela, con barandal de madera torneada, al que se puede llegar por el salón anexo y se comunica también desde la torre. Este es el único coro que actualmente existe. El otro estaba en el crucero sur, frente a la sacristía y contaba con las mismas características de construcción. Fue retirado en la década pasada.
Originalmente, el patio del templo de san Agustín estaba circulado por un muro, en el área que hoy día conocemos frente al templo. También había dos arcos iguales al que persiste sobre la calle Morelos. Uno de ellos en la colindancia con el Colegio Plancarte y el otro frente al mercado municipal, junto a la Notaría Parroquial, por lo que se contaba con tres monumentales accesos al área del templo. Los dos arcos demolidos fueron destruidos por órdenes del presidente municipal, don Leonardo Gallo, de no muy grata memoria en Jacona.
Adosados al muro que circundaba el área del atrio había catorce nichos que representaban las estaciones del Vía Crucis. Fueron destruidos en la década de los años sesentas.
En los jardines situados al sur del templo estaba situado, inicialmente, el panteón de Jacona, de donde fue cambiado recientemente al Panteón Municipal ubicado entre las calles Emilio Carranza, Arista, Arteaga y Aquiles Serdán.
Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico.
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Jaime Ramos Méndez
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miércoles, 27 de abril de 2011
Hacienda de El Igarteño en Jacona - Arquitecta Angélica María Ramos Méndez
La construcción de El Igarteño se remonta a finales del siglo XIX, en el culmen mismo del porfiriato en todo México, cuando el auge de las grandes haciendas era grande en todo el país. La riqueza agrícola del valle de Zamora no fue la excepción. En estas mismas páginas hemos dado cuenta de la grandeza que simbolizan, aún hoy día, los cascos de las haciendas de El Cerrito y de Los Espinos. Fue don Maximino Verduzco, hombre de aquellos bastos sembradíos en esta región, quien mandó construir esta singular edificación.
Está ubicada en Jacona, en las mismas faldas del Cerro de La Cruz, en un terreno que hasta hace no mucho tiempo cruzaba uno de tantos afluentes del legendario río Duero que se han desecado, más por el abuso de su cauce que con el tiempo. Por cierto, una de las características de esta finca es el aprovechamiento de ese cauce en una canalización y caída de agua que fue utilizada en su tiempo para la producción de energía eléctrica, industria energética de la cual en esta región somos pioneros a nivel nacional. El agua fue aprovechada, además, para accionar un pequeño molino de trigo.
El edificio es en sí una escuadra de 54 por 36 metros, en dos plantas. Consta de un patio, dos jardines, un acueducto, una bodega para herramienta, tres almacenes de grano, un almacén de harina y un cuarto de máquinas, en la planta baja, y de seis habitaciones, comedor, cocina, sala, tres baños y dos terrazas, en la planta alta. Actualmente esta configuración ha cambiado en muchos aspectos a causa de las distintas remodelaciones a que se ha sometido el edificio.
La forma arquitectónica del inmueble no es arbitraria, se deriva de dos necesidades fundamentales de su época: la defensa y el aprovechamiento de los agentes naturales.
El clima templado de Jacona, privilegiado, muy agradable en todas las estaciones del año, sin cambios bruscos de temperatura, permitió crear en El Igarteño espacios semiabiertos que permitían a sus moradores convivir plenamente con el entorno natural que les rodeaba. Esta es una de las razones por las que consideramos que El Igarteño reúne características de la arquitectura bioclimática.
Los materiales empleados en su construcción son también un ejemplo del aprovechamiento de los elementos propios del lugar y la región: adobe en sus muros; barro en las tejas de sus techumbres y en las losetas para pisos; madera en la estructura de sus techos y en puertas y ventanas; tejamanil, en sus tapancos que, por cierto, son otro elemento térmico de la arquitectura tradicional de la región, y piedra braza para los cimientos, los pisos y la estructura del acueducto.
La forma en que se utilizaron estos materiales en las diversas áreas del edificio corresponde también al entorno natural del lugar en que está ubicado:
Los techos de teja son inclinados, lo que es adecuado a la generosa temporada de lluvias en la región, que suele presentarse entre finales de mayo y finales de septiembre.
Los espacios más semiabiertos de la finca están plenamente integrados al resto de la misma: terrazas, patios y jardines.
Los desniveles del edificio obedecen a la pendiente tan marcada del terreno en que se encuentra. Como ya dijimos, es en las faldas del Cerro de la Cruz, en Jacona.
El Igarteño es un edificio que refleja nítidamente una época en que el hombre vivía en una estrecha y permanente comunión con el entorno natural que les rodeaba. El campo se reconocía, sin lugar a dudas, como la principal fuente de trabajo y cimiento fundamental de toda la economía de la región. Las grandes haciendas llegaron a extenderse tanto, que fue necesario contar con una hospedería que a la vez sirviera como almacén y bodega para los granos.
El número de dependencias de la hospedería correspondió a la estructura de las familias de aquel tiempo, que además de sus propios miembros, de por sí numerosos, contaban con un buen número de ayudantes para los quehaceres domésticos.
Podemos resumir diciendo que esta obra respetó la forma de ser y sentir de aquella comunidad y por tanto se plasmó en ella la identidad de los quienes la habitaron.
Esto se debe a que lo generó una necesidad específica de hospedar a los hacendados y al mismo tiempo la necesidad de guardar adecuadamente el grano de las cosechas.
Imágenes
* Los cróquis son de la propia arquitecta Angélica María Ramos Méndez.
* Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico.
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Jaime Ramos Méndez
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Monografía de Jacona,
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lunes, 18 de abril de 2011
El Colegio Antonio Plancarte de Jacona - Arquitecto Luis Ignacio Sandoval
El Colegio de San Luis, hoy Colegio Plancarte, ubicado en el corazón mismo de Jacona, al lado norte de la Parroquia de San Agustín, en la esquina que forman las calles de Constitución y Plancarte, fue fundado por el señor cura don Antonio Plancarte y Labastida e inaugurado el ocho de septiembre de 1873.
En julio del mismo año, dos meses antes de su inicio, el padre Plancarte partió a la ciudad de México con la finalidad de traer a Jacona a algunos padres jesuitas que se hicieran cargo del nuevo colegio, el cual se inició con la asistencia de cuatro niños: Miguel Plancarte, Luis y Francisco Orozco, y Diego Jasso. Por problemas que presentaron los padres de algunos alumnos, tres años después de la fundación el padre Plancarte se vio obligado a cerrar el colegio, el día 31 de agosto de 1876, trasladando a algunos de los internos a la ciudad de Roma para que siguieran sus estudios.
A su regreso de Roma, el padre Plancarte se dedicó a arreglar el colegio, y el 10 de enero de 1882 bendijo la parte que tenía concluida, reanudándose así este importante centro educativo para varones, que a partir de esta fecha fue dirigido por el propio Antonio Plancarte, quien se trasladó a vivir a este edificio durante esta nueva etapa.
Según el primer tomo de la crónica de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, mejor conocidas como Madres Guadalupanas, el antiguo Colegio de San Luis, ubicado junto al templo parroquial, constaba de dos plantas y cinco grandes patios (actualmente cuenta con sólo dos patios). Las crujías del primer patio tienen grandes ventanales ojivales, tipo gótico (lo que es característica principal de este edificio). Su distribución está realizada con base en el patio principal como elemento central de conexión y comunicación entre sus cuatro alas, dando así una gran posibilidad del aprovechamiento de los espacios interiores para las distintas funciones: aulas, dormitorios, administración, comedores y servicios.
Para la construcción de este colegio, el padre Plancarte partió de la idea de hacerla similar a los edificios escolares que visitó en su estancia en Europa. De esta forma, planeó la construcción con la finalidad de contar en el colegio con diversos talleres para la enseñanza de la música, el dibujo, las artes, la declamación, etc., así como la esgrima, la gimnasia y la natación, actividades también muy importantes en la enseñanza de este colegio, que contaba con los espacios necesarios para la instrucción teórico-práctica de los alumnos, aprovechando para ello la gran cantidad de terreno con que contaba.
Actualmente el Colegio Plancarte cuenta con una superficie total de aproximadamente 10,250 metros cuadrados de terreno y 2,250 metros cuadrados de superficie construida destinados a la actual labor educativa de la institución.
Su estructura se basa en muros de carga, construidos con adobe, en espesores que van desde los ochenta centímetros hasta un metro con veinte centímetros, lo que permite que aún a estas fechas el edificio presente, en lo general, muy buena estabilidad.
Su entre piso es a base de viguería de madera como elemento soportante de un enladrillado superior que hoy recibe un entortado de mortero y pisos de mosaico que pudieron sustituir a los originales pisos de madera de duela.
La techumbre general del edificio está construida a dos aguas con madera y teja. Desgraciadamente, en algunos puntos estos materiales han sido cambiados por estructuras metálicas y láminas de asbesto lo que podría ser modificado en cualquier momento, devolviéndole al edificio su fisonomía original y con ello sus valores histórico y arquitectónico.
La fachada principal y lateral del edificio, así como las fachadas interiores, se encuentran construidas armónica mente, integrándose con su estilo a los salones anexos al templo parroquial de San Agustín, lo que permite, en conjunto, conformar unidad arquitectónica caracterizada por los grandes ventanales ojivales o de arco apuntado, de estilo gótico, coronados con marcos y repisones de cantera que contrastan con los panas lisos y aplanados de sus muros.
De esta manera, el antiguo Colegio de San Luis, hoy Colegio Plancarte, es para los jaconenses y para esta región una verdadera joya de nuestro patrimonio histórico y arquitectónico, que todos estamos obligados a cuidar y conservar.
Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora. Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico
En julio del mismo año, dos meses antes de su inicio, el padre Plancarte partió a la ciudad de México con la finalidad de traer a Jacona a algunos padres jesuitas que se hicieran cargo del nuevo colegio, el cual se inició con la asistencia de cuatro niños: Miguel Plancarte, Luis y Francisco Orozco, y Diego Jasso. Por problemas que presentaron los padres de algunos alumnos, tres años después de la fundación el padre Plancarte se vio obligado a cerrar el colegio, el día 31 de agosto de 1876, trasladando a algunos de los internos a la ciudad de Roma para que siguieran sus estudios.
A su regreso de Roma, el padre Plancarte se dedicó a arreglar el colegio, y el 10 de enero de 1882 bendijo la parte que tenía concluida, reanudándose así este importante centro educativo para varones, que a partir de esta fecha fue dirigido por el propio Antonio Plancarte, quien se trasladó a vivir a este edificio durante esta nueva etapa.
Según el primer tomo de la crónica de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, mejor conocidas como Madres Guadalupanas, el antiguo Colegio de San Luis, ubicado junto al templo parroquial, constaba de dos plantas y cinco grandes patios (actualmente cuenta con sólo dos patios). Las crujías del primer patio tienen grandes ventanales ojivales, tipo gótico (lo que es característica principal de este edificio). Su distribución está realizada con base en el patio principal como elemento central de conexión y comunicación entre sus cuatro alas, dando así una gran posibilidad del aprovechamiento de los espacios interiores para las distintas funciones: aulas, dormitorios, administración, comedores y servicios.
Para la construcción de este colegio, el padre Plancarte partió de la idea de hacerla similar a los edificios escolares que visitó en su estancia en Europa. De esta forma, planeó la construcción con la finalidad de contar en el colegio con diversos talleres para la enseñanza de la música, el dibujo, las artes, la declamación, etc., así como la esgrima, la gimnasia y la natación, actividades también muy importantes en la enseñanza de este colegio, que contaba con los espacios necesarios para la instrucción teórico-práctica de los alumnos, aprovechando para ello la gran cantidad de terreno con que contaba.
Actualmente el Colegio Plancarte cuenta con una superficie total de aproximadamente 10,250 metros cuadrados de terreno y 2,250 metros cuadrados de superficie construida destinados a la actual labor educativa de la institución.
Su estructura se basa en muros de carga, construidos con adobe, en espesores que van desde los ochenta centímetros hasta un metro con veinte centímetros, lo que permite que aún a estas fechas el edificio presente, en lo general, muy buena estabilidad.
Su entre piso es a base de viguería de madera como elemento soportante de un enladrillado superior que hoy recibe un entortado de mortero y pisos de mosaico que pudieron sustituir a los originales pisos de madera de duela.
La techumbre general del edificio está construida a dos aguas con madera y teja. Desgraciadamente, en algunos puntos estos materiales han sido cambiados por estructuras metálicas y láminas de asbesto lo que podría ser modificado en cualquier momento, devolviéndole al edificio su fisonomía original y con ello sus valores histórico y arquitectónico.
La fachada principal y lateral del edificio, así como las fachadas interiores, se encuentran construidas armónica mente, integrándose con su estilo a los salones anexos al templo parroquial de San Agustín, lo que permite, en conjunto, conformar unidad arquitectónica caracterizada por los grandes ventanales ojivales o de arco apuntado, de estilo gótico, coronados con marcos y repisones de cantera que contrastan con los panas lisos y aplanados de sus muros.
De esta manera, el antiguo Colegio de San Luis, hoy Colegio Plancarte, es para los jaconenses y para esta región una verdadera joya de nuestro patrimonio histórico y arquitectónico, que todos estamos obligados a cuidar y conservar.
Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora. Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
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Monografía de Jacona,
Publicado en Entorno
sábado, 9 de abril de 2011
Palacio Municipal de Jacona - Martín Sánchez Rodríguez
Su nombre “de pila” es Jacona y su apellido es “de Plancarte” en memoria de don Antonio Plancarte y Labastida, quien fue cura de la Villa de las Flores a los 27 años de edad, desde el año 1867, y hasta que cumplió 15 años en ese cargo. La obra de Antonio Plancarte trascendió el ámbito religioso porque promovió el crecimiento y desarrollo de Jacona, como sociedad.
Entre otras obras, fundó un colegio para niñas al que llamó Colegio de la Purísima Concepción, en honor a la Virgen de la Raíz, ahora Virgen de La Esperanza, desde entonces fervientemente venerada por los jaconenses. Para albergar a esa institución educativa promovió la construcción de lo que actualmente es el Palacio Municipal de Jacona.
El 8 de septiembre de 1967, entonces fiesta principal de Nuestra Señora de la Raíz, el padre Plancarte comenzó a arreglar unos derruidos cuartos cerca del Santuario de la Virgen, llamados Casa de Ejercicios, “y que tal vez en tiempos remotos sirvieron para ese piadoso fin o para ello se hicieron, pero habían ido poco a poco deteriorándose a tal grado, que de nada servían”.
En dos meses tanto se adelantaron las obras, que ya se pudo abrir el 12 de noviembre, cuando se inauguró solemnemente, y se terminaron los trabajos el 12 de diciembre de ese mismo año. Una maestra de nombre Rita Navarrete y 17 alumnas tomaron posesión del Colegio.
En la biografía del padre Antonio Plancarte y Navarrete, escrita por Francisco Plancarte y Labastida, se asienta que en el año 1872 “el edificio del colegio se aumentó, para poder contener el crecido número de alumnas que se presentaban”.
Más adelante, citado textualmente del diario de Antonio Plancarte, nos encontramos otra referencia al inmueble: “Después de mil prisas y fatigas, logré que la casa de altos quedara concluida y amueblada de todo a todo el viernes 12 de noviembre de 1875, día en que hacía 8 años se había inaugurado el Colegio de la Purísima Concepción”.
Finalmente, en 1889, al ser destituido como cura de Jacona y antes de pasar sus obras a la ciudad de México, el padre Plancarte vendió el edificio a su tío, el Excelentísimo señor don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, quien lo obsequió para que fuera casa de reposo del obispo de Zamora. El 2 de abril de 1889 escribe don Antonio a su administrador Mauricio Beauchery: “... la presente tiene por: objeto manifestar a usted que he dejado de ser dueño del Colegio de la Purísima Concepción, sito en Jacona, el cual puede usted poner a disposición de la persona que designe el Ilmo. Sr. Obispo de Zamora, Dr. D. José María Cázarez y Martínez...”
Desde entonces, los jaconenses conocieron al inmueble como «el obispado», hasta que fue expropiado por el Gobierno Federal y destinado a ser Palacio Municipal de Jacona, función que, cuando no está «tomado», cumple actualmente.
En la última fotografía, el Colegio de Santa María Oscott, cerca de Birmingham, en Inglaterra, en donde el joven Antonio Plancarte realizó sus estudios. Cualquier semejanza entre este edificio y el Palacio Municipal de Jacona, guardadas las distancias, desde luego, no son, como es evidente, «una mera coincidencia».
Este texto fue publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamota, y se redactó con material documental proporcionado por el doctor Martín Sánchez Rodríguez, entonces cronista oficial de la ciudad de Jacona de Plancarte. Las fotografías originales son de Alberto Vázquez Cholico.
Entre otras obras, fundó un colegio para niñas al que llamó Colegio de la Purísima Concepción, en honor a la Virgen de la Raíz, ahora Virgen de La Esperanza, desde entonces fervientemente venerada por los jaconenses. Para albergar a esa institución educativa promovió la construcción de lo que actualmente es el Palacio Municipal de Jacona.
En dos meses tanto se adelantaron las obras, que ya se pudo abrir el 12 de noviembre, cuando se inauguró solemnemente, y se terminaron los trabajos el 12 de diciembre de ese mismo año. Una maestra de nombre Rita Navarrete y 17 alumnas tomaron posesión del Colegio.
En la biografía del padre Antonio Plancarte y Navarrete, escrita por Francisco Plancarte y Labastida, se asienta que en el año 1872 “el edificio del colegio se aumentó, para poder contener el crecido número de alumnas que se presentaban”.
Más adelante, citado textualmente del diario de Antonio Plancarte, nos encontramos otra referencia al inmueble: “Después de mil prisas y fatigas, logré que la casa de altos quedara concluida y amueblada de todo a todo el viernes 12 de noviembre de 1875, día en que hacía 8 años se había inaugurado el Colegio de la Purísima Concepción”.
Finalmente, en 1889, al ser destituido como cura de Jacona y antes de pasar sus obras a la ciudad de México, el padre Plancarte vendió el edificio a su tío, el Excelentísimo señor don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, quien lo obsequió para que fuera casa de reposo del obispo de Zamora. El 2 de abril de 1889 escribe don Antonio a su administrador Mauricio Beauchery: “... la presente tiene por: objeto manifestar a usted que he dejado de ser dueño del Colegio de la Purísima Concepción, sito en Jacona, el cual puede usted poner a disposición de la persona que designe el Ilmo. Sr. Obispo de Zamora, Dr. D. José María Cázarez y Martínez...”
En la última fotografía, el Colegio de Santa María Oscott, cerca de Birmingham, en Inglaterra, en donde el joven Antonio Plancarte realizó sus estudios. Cualquier semejanza entre este edificio y el Palacio Municipal de Jacona, guardadas las distancias, desde luego, no son, como es evidente, «una mera coincidencia».
Este texto fue publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamota, y se redactó con material documental proporcionado por el doctor Martín Sánchez Rodríguez, entonces cronista oficial de la ciudad de Jacona de Plancarte. Las fotografías originales son de Alberto Vázquez Cholico.
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