Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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lunes, 16 de junio de 2014

Poesía de Luis G. Franco - Silencio

SILENCIO

Y sé que me traiciono cuando escribo
aquello que te digo es el espejo
no la imagen eterna de la esencia
la sangre no se da sino en las venas
yo encierro el sol en la palabra
pero escapa
no hay desnudez completa
todo es trampa
cárcel eterna
sólo una cara de la medalla.

Oye el silencio
mírame eternamente
y calla
quiero decirte vida,
amor y muerte
poema gutural
línea ingenua ­
guitarra
sólo una cuerda
húndete en las sombras
redondas de mis penas
y camina y camina
sólo encontrarás huellas
aquella estría, ola de siglos
un día fueron palabras las piedras
pero yo tengo un chorro de fuego
ungiendo la redondez del verbo
Todas mis palabras renacen
en la azul transparencia del silencio.
Callemos.

Octubre 23 - 1975.

sábado, 7 de junio de 2014

Poesía de Luis G. Franco - Escala

ESCALA

Te cerca
te oprime
te inhibe
te inunda
te invade
te intuye
te oscurece
te estruja
te traspasa
te eleva
te diluye
te entrega
te descubre
te cubre
te libra
te enhebra
te sangra
te labra
te pule
te baila
te habla
te calla
te vive
te mira
te sabe
te ama
por eso
te hiere
el alma

Junio 21 - 1975.

lunes, 2 de junio de 2014

Poemas de Luz y Sombra de Luis G. Franco - Descendimiento

DESCENDIMIENTO

Bajo
por la sombra
al abismo
bajo
sin destino
bajo
al oscuro
sino
bajo
sin ti
conmigo
bajo
todo
es distinto
bajo
ay,
amigo
bajo
tirito
ay,
enemigo
bajo
tu sombra
el filo
bajo
de tu cuchillo
bajo
y prosigo
bajo
por tu postigo
bajo
te miro

distraído
bajo
bajando
sigo
bajo
sombra
sigilo
bajo
bajo
desciendo
me pierdo
me consumo
en la sombra
oscura
honda
de tu olvido

Septiembre 4 de 1975.

sábado, 1 de marzo de 2014

Poesía de Luis G. Franco - Palabra

PALABRA

Una palabra sola
una palabra
escarabajo de oro
subiendo por la escala
de 1os atardeceres
en busca de los más altos
luceros
un querubín de hinojos
con las alas ardiendo
en el fuego
más puro
de los más claros anhelos.

Palabra
rosa que sangra
entre tus dedos
alfiler asesino
de mariposas
chorro de luz
surtidor de silencios
tú bajo el agua
sonriendo
yo bajo el árbol
recogiendo
la semilla dorada
del hemisferio.

Una palabra
bisontes de Altamira
Sagitario paciendo pasto de cielo
tú bajo el mar
liquen de misterio
la luz se enciende
en el abismo
de tu pecho
yo persigo la sílaba
olvidada
en el rostro de piedra
de las cariátides.

Palabra
para decir amor
sin negligencia
para llegar del arco
a la flecha
del ayer al mañana
puntualmente a tu puerta
palabra rosa
palabra espina
palabra nueva
palabra antigua
palabra roja
amarilla
palabra tuya
palabra mía
palabra trigo
palabra espiga
palabra alta
diminutiva
torre y palabra
sangre y saliva
puerta y ventana
cárcel y ojiva.

Palabra hombre
palabra hormiga
pan y palabra
tan conocida
tú y tu silencio
yo por la vida.

Agosto de 1975.

martes, 3 de diciembre de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Recuerda

RECUERDA

Recuerda
tú que despierto sueñas
y dormido velas
recuerda
luna bahía sola
tus ojos por el mar
la blanca vela de tus breves años
en el azul de cielo y mar
recuerda
el arrecife hermano de la arena
el azote del mar
cruzándole la entraña
y la espuma ingenua
limpia y casta
deshojando los pétalos breves de su plata
recuerda
la gaviota muerta
tus manos destilando vida
tus pasos persiguiendo
la luz esquiva de la mañana
y sólo deja en las astas de los montes
una bandera deshecha
en llamas de oro y ceniza
recuerda
aquel temblor indeciso
esfumándose en la playa
y tú sin voz
y sin guitarra
cantando la sorda música
olvidada
recuerda
una piedra decantada
por el agua y por el viento
un caracol sin amigo
la huida precipitada
de las aves marinas a tu paso
recuerda
mañana será todo
sólo un recuerdo
un nombre escrito
sobre la arena
que ya nadie recuerda.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Decreto de vida

DECRETO DE VIDA

El viento desnudo ríe y canta
mi corazón entre las cuerdas azules
del sueño se me escapa
agua de luz, paraíso recién estrenado
vuelvo a ser niño
siento horror de las palabras
mírame así desde la verde sombra
ioh, padre Quetzacoatl!
alcemos una tienda de flores amarillas
olvidemos la espada y el yelmo
el día no se va, gira en redondo
ronda la esquiva hora
la mira, la desnuda, la vence
salgamos con los pájaros del alba
apaguemos la luna y las estrellas
cerremos las fronteras del día
a sangre y fuego
derrotemos las sombras
hombres del día
juguemos a la vida
el día es nuestro y nuestro el horizonte.

Alza tus manos
alcanza los racimos de la vida
corona tu esperanza
con pámpanos dorados
y escanciemos
el vino añejo de nuestros corazones
convoca al ciervo y al leopardo
levanta la canción de las colinas
olvidemos la garra posesiva
cerremos todos los mercados
la mañana levanta sus trompetas.

Y decreta la vida
unge tu voz, tiende tu mano
déjame verte en las pupilas
hoy que la noche ha muerto
y volvamos a ser todos hermanos.

Septiembre 25 de 1975.

domingo, 20 de octubre de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Decreto de vida

DECRETO DE VIDA

El viento desnudo ríe y canta
mi corazón entre las cuerdas azules
del sueño se me escapa
agua de luz, paraíso recién estrenado
vuelvo a ser niño
siento horror de las palabras
mírame así desde la verde sombra
ioh, padre Quetzacoatl!
alcemos una tienda de flores amarillas
olvidemos la espada y el yelmo
el día no se va, gira en redondo
ronda la esquiva hora
la mira, la desnuda, la vence
salgamos con los pájaros del alba
apaguemos la luna y las estrellas
cerremos las fronteras del día
a sangre y fuego
derrotemos las sombras
hombres del día
juguemos a la vida
el día es nuestro y nuestro el horizonte.

Alza tus manos
alcanza los racimos de la vida
corona tu esperanza
con pámpanos dorados
y escanciemos
el vino añejo de nuestros corazones
convoca al ciervo y al leopardo
levanta la canción de las colinas
olvidemos la garra posesiva
cerremos todos los mercados
la mañana levanta sus trompetas.

Y decreta la vida
unge tu voz, tiende tu mano
déjame verte en las pupilas
hoy que la noche ha muerto
y volvamos a ser todos hermanos.

Septiembre 25 de 1975.

martes, 8 de octubre de 2013

Poesía de Luis G, Franco - Vivir

VIVIR

Vivir, alcemos las banderas
con el chorro de estrellas
entre las manos pordioseras
vivir con el agua y la luz
vivir de océano a océano
rompiendo el límite y la piedra
vivir de veras
con el fuego y la lumbre
con todo el corazón en cada sílaba
vivir inacabable, más alto, más
mucho más que la vida
vivir el musgo y la desesperanza
vivir el leopardo y la hiena
vivir con ese niño
que sonríe
que llora de alegría y de tristeza
quiero vivir la claridad azul ­
la hora efímera y eterna
abre mi corazón
rompe las venas
sólo hallarás amor, amor, amor
el ansia viva de vivir
pero las alas se me quiebran
no sé cómo se funden
muerte y vida en cada estrofa
en cada flor, cardo y espina.

Quiero vivir
y sé que todo fue mentira
que las manos son tapia de sombras
y tus ojos abismos de miseria
que el sueño es sueño
que la ciudad está desierta
arcángeles de espuma
escupen lava
todo se incendia
el pájaro del alba
lleva las alas destrozadas
la tarde se hundió entre las palabras
nada queda
sino mi corazón
por la vía láctea
el arco y la flecha
quiero, quisiera
verte aquí Antonio, Cleopatra
Bruto y Julio César
Cristo vendido por el amigo
sólo por treinta monedas
porque la soledad abre las fauces
oscuras, nos asedia
tú eres una sombra
que navega perdida por la tierra
nadie sabe tu nombre
nadie te espera
sube a la escala alta
de las estrellas
encontrarás escrito tu destino
en la arena
del circo universal
de la conciencia.

No esperes que amanezca
el callejón de muerte
asesina la espera
toma la daga, entra
con el brillo desnudo de tu edad
apunta bien la flecha
mata definitivamente tu sombra
así, sólo así podrás caminar
porque la vida aguarda
nuestra edad
la edad perfecta
la hora exacta de la libertad.

Cíñete la espada, corona tu cabeza
con el meteoro de la prudencia
capa del siglo de oro
y silla de ancianidad provecta
aplasta al sapo del odio
quema la araña torpe de la demencia
sobre tus campos siembra
la rosa nueva.

Vivir, vivir
toquen clarines y trompetas
que desaten sus voces
las tormentas.
salgan los mares
en tropel las fieras
crepúsculos y auroras
dulzura de tus manos
tu palabra perfecta
el colmo de la vida
tu voz y tu presencia.

Sept. 4 - 1975.

viernes, 4 de octubre de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Señor

SEÑOR

Señor, si tu mano diestra
me da la flor y la vida
es también tu mano izquierda
la que va abriendo la herida.

Tu mano de labrador
abra el surco en mi costado
no importa que sea yo el grano
de tus ejidos, Señor.

Muerte que muriendo viene
amor debiera llamarse
pues halla el que la recibe
la lumbre de tu presencia
en el gozo de olvidarse
de la herida y la dolencia.

Abril 28 - 1975

lunes, 26 de agosto de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Herida

HERIDA

Estoy llegando a Ti
¡qué dolorosa dolencia!
De parte a parte mi vida
herida de tu presencia.

Voz de torrente tu voz
arrebato de claveles
sublevación del trigal
y Tú cegando las mieses.

Me embriagas y me seduces
me enamoras y me dejas
yo soy un pobre mendigo
que te va buscando a tientas.

¡Qué pavoroso silencio
la lumbre de tu Palabra
cuchillo, doble cuchillo
por mi carne tu mirada.

Tu mano rompe la fibra
de mis oscuros telares
por el agua de tu Nombre
me van tragando tus mares.

De tu desierto a mi arena
dolor, dolor y soledad amiga
dulce morir que da la vida.

Agosto 31-1975

martes, 18 de junio de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Oración

ORACIÓN

Óyeme Tú, mi Creador.
Estoy en el abismo de mi desconcierto.
Yo no construí mi corazón
ni puse aquel deseo
ardiente de horizontes
y de fuego.

Amasaste mi carne
me diste el amor
río y espada
viento y pavor
barco sin capitán
y sin timón.

¿Para qué la parcela
sin sembrador?
¿Y para qué la casa
sin señor?

Porque mi luz no tiene
resplandor
porque soy extranjero
pobre soñador
nadie entiende mi risa
ni mi dolor.

Tú me construiste así.
Tú, mi Señor.
Amar sin ser amado
¿Hay infierno peor?

Pero sé que me amas.
Sé que es mejor
tu vino
que mi sinsabor.
Gracias por la herida
y por el corazón.

Junio 21 de 1975.

martes, 14 de mayo de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Después de tu muerte


DESPUÉS DE TU MUERTE

Cómo se alarga el día de tu ausencia
¿te acuerdas de las tardes sin orillas
del agua terca en los tejados?
Yo me aferro al recuerdo y no recuerdo
¿cómo era tu voz
cómo sonaba tu canción preferida?

Hormiga de silencio
arena fría de las horas
todo quedó tan lejos
todo quedó tan solo
todos vestidos de negro.

De pronto creo encontrarte
sentir el roce oscuro de tu pelo
el golpe rudo de tu mano
pero tú estás tan lejos
que no alcanza a tocarte
ni el llanto ni el recuerdo.

Tus libros y tu ropa.
Sin dueño.

Tu retrato para decir a los amigos
él era mi hermano.
Suena tan triste tu presencia
en pasado.

Y saber que este día
no tiene ya riberas
que estás del otro lado
del llanto.

Voy a sentarme a repasar tu risa
a leer otra vez tu niñez y tus sueños
quiero escarbar por toda la semana
hundir en el recodo de tus huesos
la neblina tenaz de la nostalgia
amordazar la noche
rasguñar uña a uña
la sombra que nos roba tu alborada
porque ya no podemos
con tu ausencia
nos cerca, nos asedia
la ceniza y la arena
la cavidad oscura
de tu muerte muriendo
a cada instante
nuestra vida.

Julio 30 - 1977

domingo, 17 de marzo de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Gritos

GRITOS

Toco la superficie de tu nombre
y me hiere la herida de la nada.

Toco mi grito
toco el sueño
la luz en tu mirada
espina sombra vaga.

Mis ojos dos taladros
no taladran.

Manos y pies
extravagantes.

No sé cómo me llamo
la tarde finge rostros
de silencio
el muchacho y la muchacha
fundidos en la luz de la guitarra.

Yo hurgo sombra y eco
sobre el muro
tu nombre como un puño
hiriendo la alborada.

Es de noche, se pinta
el alba
como un telón de fondo.

Todos dormidos ya
yo espero entre las cejas
del insomnio
una palabra abierta
deshollada
el labio
la sangre
tú, yo, él.

Pero la noche y el silencio
flores marchitas, verde hierba
agua de clara lengua
la daga de tu nombre
tatuando la corteza
del silencio...

Quetzacóatl asciende
al azul y es un verso
flota la chirimía
largo lamento
la Historia se deslíe entre los dedos
del indio
encomendero.

Estamos frente a frente
te miro, nos miramos
yo miro la pirámide
el sarcófago
Isis y Rá
dictando en oro
la gloria de Tutancamón
luna de pie a la orilla
del Nilo y de mi corazón.

Hace dos mil doscientos años
gritando, caminando, buscando
para venir a parar en un adverbio
Despertar es saber
que estás de más.

Pero tú no despiertas
no despiertes
duerme ojos de búho
absorto anochecido de misterios
vienes
te vas
y callas
el colibrí
y el águila
tomamos la carretera
la calle te demora
en la memoria.

Sólo vives tu hora
en la página vieja
de una triste novela.

Alza el telón
los metales
estallan
la flauta tierna y grave
la cuerda de tus manos
tu grito, griterío
te estoy gritando
oh, amigo, oh, Señor
alza los brazos.

Suspenso
llueve dolor y llanto
llueve desesperación
tu voz como una herida
la huida
de la vida
que anima
la rima
la cima
canta, canta, canta
guitarra, trompeta, metales
tus manos, tu grito
nos queda sólo el grito
nos robaron la voz
nos queda
queda
la herida
del amor.

Todo calló
sobre la tarde
Pan bicorne
Orfeo y yo
pero la luz anuncia
el pan, el vino, el sol
estamos a mitad de un siglo
llegaremos mañana
con las manos en alto
las puertas estarán cerradas
nosotros
y la máquina
Maquiavelo y Judas
Hamlet y Pigmalión
la comedia del hombre
que se nace y se muere
se vive y se pierde.

Signos sobre la arena
tu pie, una cadena
olor a piedra
el musgo que te crece
por la ausencia
la luna sola
sola y seria.

Sale a bailar Salomé y Ofelia
nadie les mira, nadie
baila, baila, baila
el azul, el rojo, el ocre y el violeta
aquel valle y el árbol
la calle que bosteza
tu corazón va por el aire
tú eres sólo un cuadro
pintado por un pobre
poeta
no fuiste ni serás
sólo en la recta
final
abrirás los ojos
para mirar
la cara de la vida
en los ojos abiertos
de la muerte.

¿Quién eres tú y quiénes somos?

Llegamos de la noche
de la luz del amor que nos confunde
palabra que engendrada
hace dos mil trescientos años
te taladra
te clava
te traspasa
te trastorna
te forma
te realiza
te norma
porque tú eres una palabra
sólo una palabra
que nunca se pronuncia
la sílaba final
tu última hora
nadie puede
apresurar la aurora.

No te conoce nadie
nadie te escucha
te escucharé en la sombra
de tu ausencia
serás transparente
total, pleno
definitivo
cabal
armonía del universo
línea pura
puro verso
claridad de claridades
traspasada quietud
silencio armonioso
silencio.

Pero ahora
la sombra
balbuceo
Perseo
con la sangre
de Medusa
en la hoja
de su corazón.

Ahora
la guitarra
pirámide
estrella
agua
aquella
ella
ya
iah!

martes, 12 de febrero de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Nueva Era


NUEVA ERA

La tempestad se desata
salta la lumbre
y canta la esperanza
más allá de la ira
un ángel con la cítara
desanda la Historia y pulsa
las estrellas
pero la tempestad se desata.


Sube, atalaya,
con tu trompeta y tu guitarra
sube por la escala mayor
de tu desgracia
sube por las constelaciones
sube
baja
de siglo en siglo
de lágrima a lágrima
atalaya
sube y dinos si es hoy
el día de la venganza.


¡Ese canto
ese ángel
esa luz sumisa
delicada!


Ahora todo gira
danza
se precipita
en tus ojos
en tus manos
se desata
la música
olvidada en las constelaciones
violines y laúdes
metales, violoncelos
las cuerdas de la noche
al ritmo de tus ansias,
gira la edad antigua
gira tu melena
gira tu corazón
desnudo y puro
por la arena
gira el mar
gira Ofelia
gira la luz
del alba
María
Andrómaca
Aura
Arturo
Rafael
las estrellas
todo gira en la órbita
desierta
del mundo anochecido
hoy es el día del ritmo
de la locura eterna
danza el mar y la piedra
danza la línea
recta
danza Petrarca
Dante
Beatriz
y las estrellas
danza el siglo
segundo
del brazo de la edad
pretérita
danza, danza
descalza
la hierba
de tu casa
siempre abierta
danza, danza, danza.


La llama
se amanza
y comienza
la alborada
serena.


Vuelve
despierta
mira como te mira
sonriente y quieta.


Un ángel se asoma
por la ventana
abierta
de la tarde y canta
con el laúd
de las estrellas
ángel adolescente
ángel de primavera
llueve la música
anunciando que viene
que ya llega
la ira desatada
la venganza
secreta


Levanten las sonrisas
alcen las tiendas
enrollen la alegría
ensordeció la vida
sólo queda una flauta
sonando entre las ruinas
pero la edad se alza
para volver del polvo
alzando la cabeza
¡que venga
que venga
la vida es nuestra herencia!


La lumbre milenaria
inunda el Universo
baña la tierra.


La vida se enniñece
salta en añicos de silencio
es la hora de la fiesta
Adán vuelve a ser amigo
de las fieras
Caín olvida el odio
y todo el mundo
canta
ríe
comienza
la alegría prometida
la manzana no existe
ni la ciencia
sólo la música
el amor
el gozo
tu corazón
tu mano
la arena de tus sueños
los minutos saltando
saltando entre las palmas
de tus manos
rebaño de alegrías
para la fiesta
coro de voces
nuevas
los niños aprendieron
el amor
y juegan
el marino y la sirena
el día se tragó
la serpiente
sólo queda la luz
para la siesta
alguien silva por el camino
convoca a los amigos
el vino
en la mesa
Dionisio y Baco
Venus y Eva
volvamos a la tarde primera
silencio
comienza
la nueva era...


Julio 17 de 1976.

miércoles, 16 de enero de 2013

Poesía de Luis G. Franco - El muchacho del Siglo XXI

EL MUCHACHO DEL SIGLO XXI

El muchacho cantaba en la colina:
la guitarra, la rosa, la vida.

El mundo era bello
nacido de la luz y el amor.

El muchacho era el primer muchacho
el amor era el primer amor.

Todo era del color de las manzanas
el mundo era su casa.

Pero sonó el cuerno trágico
la hora de las sombras
avanzando amargas, duras, negras.

La guerra, la tormenta
la muerte cabalgando sobre los sueños
más claros, degollando auroras.

Clarines de odio, tambores de venganza,
silencio cómplice
música muerta
ejércitos de bestias
tigres y chacales
cuervos y hienas
fauces y uñas, garras y lenguas
voraz envidia de la vida
odio de la belleza
bajo la tromba surge la lava
olas de fuego todo se tragan...

La Campana ingenua
sola en la tarde
sola, triste, niña perdida
en la selva
de la mentira y la tristeza.

Ha comenzado el siglo veintiuno
los mares iracundos por encima
de los continentes, encrespados,
los hombres corriendo, huyendo
trepando, llorando
una manada de leopardos
ruge en la sangre oscura
del crepúsculo
nadie sabe de nadie
las computadoras persiguen al muchacho
de la guitarra
las armas y las armas
sólo las armas.

Pero a la vuelta de la tarde
otra vez la guitarra.

El muchacho en la colina
anuncia que ha empezado
una nueva canción
y la canta:
amamos la vida, las flores y las plantas
odiamos el odio
anudemos el tiempo y las rosas
a las cuerdas de la guitarra.

Somos los hombres nuevos
hombres del siglo venidero
muchachos de hoy
embriagados por la música del rock
perdidos en los pasillos oscuros
de la marihuana
hijos de la catástrofe
sin hogar y sin patria
ni madre.

Fuimos engendrados por la duda
y el miedo cobarde
nos ven avanzar
y abandonan las calles
¿Para qué queremos
las ciudades?

Buscamos un corazón
entre sacos de basura
entre chatarra de risas falsas
de sudor apestoso
y lágrimas hipócritas.

Buscamos un amigo
uno solo
que comparta las lágrimas
las duras lágrimas
del siglo veintiuno
y nos dejan solos
nadie tiene una palabra
todos están mudos
callados
silenciosos
amedrentados
por nosotros
porque cantamos
porque vivimos
porque amamos
porque fumamos
porque vagamos
porque hablamos
porque existimos.

¿Qué hicimos para ser tan repugnantes
a todos?

¿Qué hicimos?

Por eso bailamos
nos embriagamos
destruimos
avanzamos
con fingido
cinismo
dromedarios
paquidermos
forajidos
extranjeros
en el mundo
que no es nuestro mundo.

Canta, Canta, Canta
muchacho solitario
recién llegado
al siglo veintiuno.

Agosto 21 de 1975.

jueves, 3 de enero de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Confesión




Confesión

Yo caminé por las constelaciones
y fui rasgando velos y palabras
empuñé los fusiles asesinos
el esdrújulo verbo y la grave metáfora.
Tengo cuarenta años
no sé cómo me llamo
ando por galerías de silencio
con este fardo a cuestas y esta duda
gritando a Dios con la sangre ardiendo
no aprendí la verdad ni la mentira
repito sin saberlo la historia repetida.
Sólo una cosa es absolutamente mía
la herida.

Quiero gritar de sol a sol
y que mi brazo sea un arcoíris.
Yo regalo mis ojos a la noche
con tal que eternamente sean constelaciones
pero sé que mis huellas cotidianas
las borra la tormenta de la noche
no sé si esto que llamo libertad
son las congénitas cadenas
que he aprendido a amar.

Anduve mar y tierra
aprendí costumbres exóticas
extrañas lenguas
vi el rostro de la muerte en las esquinas
una tarde en Venecia.
Yo conocí la sangre de los griegos
solitario triste en Epidaurus.

He navegado, he leído, he escrito
he amado, he maldecido, he osado,
he llorado, he dormido,
he esperado
me queda entre las manos
la rosa mustia de la nostalgia.
Hoy todo lo he olvidado
guardo tan sólo en la memoria
el rostro de mi madre
y la palabra cruel de un viejo amigo.

Vida y muerte hoy quiero
con vosotras dialogar al menos
a cada una doy mi mano
al fin y al cabo de ambas soy hermano.

Tú, vida, me enseñaste
el color y la medida
de los sueños sublimes y absurdos
fuerza y audacia, exaltación y fuego
antes que yo palpitación primera
conmigo irás hasta la última puerta
te amo con amor perfecto
a nadie puedo amar como a ti, vida
en ti la estrella, el agua, la entrada y la salida
tú en la rosa y el cactus
en la risa, en el llanto
tú conmigo, fuerza y herida
decirte amor es poco
quererte desmedidamente
hora a hora
célula a célula
palabra por palabra
hasta la muerte.

A ti, oh sutil y perversa engañadora
que finges realidades sólo para destruirlas
tú, sombra hecha de sombras
negación continua
abrazadora lumbre destructiva
no puedo odiarte a ti
consuelo único a la atroz fatiga
eres el rostro oscuro de mi vida
paciente y pensativa
sin pasión y sin prisa
hálito desolado de mi risa
incógnita escondida en mis palabras conmigo vas
amiga y enemiga
cuando todos me dejen
aún la vida,
sólo tú, compasiva
me acogerás en la amorosa huida.

Llega a la hora precisa
súbita, alegre, feliz
no me encontrarás de hinojos
yo saldré para decirte
es la hora, salgamos pronto de aquí.
Pero aguarda a que complete
punto a punto mi carrera
y saldremos saludando al sol de primavera.

Quisiera decirlo todo
y de una vez para siempre
sólo corresponde al hombre humildemente decir
lo que piensa o lo que siente
siempre queda la palabra por decir
hundida está la palabra
entre la muerte y la vida.

jueves, 11 de octubre de 2012

Poesía de Luis G. Franco - Morir es fácil

MORIR ES FÁCIL

Morir es fácil
el dolor se agarra como raíz de llanto
daga sin filo partiendo el alma
agua de tantos ríos
bocanada de humo
calle cerrada
el corazón del mundo
entre las manos
tú te agarras con las uñas, con las garras
al minuto fugaz
que va cerrando
el cerco taciturno,
tu destino
los años en crecida te modelan
eres el niño solo de la tarde
sin gente
el grito que nadie oyó
lo que quisiste ser
hambre y ceniza
el universo pintó en tu camisa
una herida
como ávidos labios de mujer
no sientes sino la noche eterna
deslavando tu rostro
diluyendo tus sueños.

Es tan fácil morirse
que basta abrir la boca
y despedirse
saber que tu domingo está desierto
sentir la tierra amarga entre los dientes
y ser de nuevo tú,
solo y distante,
con tu bandera sin partido
tu palabra sin relación de ayer o antes.

Solo se va a la muerte
solo y de frente
hay que pasar un río de inmundicias
hay que sentir el peso de la carne
cataclismo de pasos que te asedias
los días huyendo de tus manos
tú al fin
definitivo, sustantivo, eterno
entrando, entrando, entrando
por la tierra y el agua
por los días sin ocaso
por las raíces altas
por las tapias de la noche
y saliendo, saliendo, saliendo
para que todos sepan
que morir es oficio para hombres
que es fácil el morir decir adiós y recostarse.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Poesía de Luis G. Franco - Llanto a la muerte de Jaime López Franco

LLANTO A LA MUERTE DE JAIME LOPEZ FRANCO

Te escribo, Jaime, sin saber que has muerto
porque no quiero saberlo
no quiero creerlo
no.

No viviste tu muerte, la creaste
igual que tu sonrisa y tu palabra
siempre recién estrenada.

Te llevaste la tarde entre los labios
recogiste la espiga grano a grano.

Te imagino cantando
tus botas de gamusa, tu pantalón de pana
y tu camisa nueva.

Tu vida, nuestra vida
embistiendo tus veinte tajamares.

No volviste la espalda, no detuviste el paso
toda la tarde se te vino encima
asististe a la cita exactamente
a la hora en .punto acelerando.

La vida te creció como un incendio
el corazón como águila o paloma
un mar de vida te golpeaba el pecho
continental, abierto.

Elefante de vida, venado en celo
tronco de roble
amigo de la rosa y el jilguero.

¡No, Jaime, tú no has muerto!

No maldigo la hora ni el instante
ni tu oscuro vacío en nuestra mesa
no quiero devolverte ni esperarte
aunque la daga fría de tu ausencia
ha roto en dos la vida y la esperanza.

Porque lo sé de cierto
viviste a plenitud
las uñas y tu pelo
las tardes de fútbol
y tu silencio
compartiste tu pan y tus besos.

De prisa caminaste hacia el encuentro
diciendo adiós, nos vemos
por eso cuando dicen que te has muerto
yo sé que no es verdad
que te has vivido
hasta el último instante del deseo.

II

Estás aquí y no puedo creerlo
alguien te ató las manos y te cerró los ojos
para que no te viera el griterío de tu plaza
ciudad abandonada
desierta.

El agua de tus ríos se apacigua
no te levantas
callado entre algodones y silencios
recto como una espiga
sin una lágrima.

Qué raro verte así, palideciendo.

El musgo oscuro de la muerte crece
en tus pupilas claras
bombardeada ciudad y plaza en llamas.

Corredores de éter y de llanto
sin nombre la ciudad que te recoge
y sin nombre
tu ficha de árbol, Jaime López.

Yo levanto tu cuerpo, la bandera
en llamas de tu vida,
quiero pasearte campo a campo
y entregar tu hermanable calavera
al anillo nupcial de nuestros astros.

Bordear los ríos, desandar el llanto
ir con el agua al cuello
navegando.

Quiero volverte vegetal y eterno
del tomillo y la salvia
compañero
discípulo del pájaro y el potro
inseparable amigo
del lucero.

Tú ya no estás aquí
ni éste es tu cuerpo.

Emigraste con todo y equipaje
tu tiempo sólo fue tu tiempo
y tu espacio
el reloj del universo.

¡Qué raro! ¿Cómo es posible?
¿Que tú, Jaime, te hayas muerto?

Vive el caballo, la abeja y la liebre
y tú con tu mortaja, sin dolencia
desgajando tu última hora
la perfecta.

Ya suben por tu sangre los adioses
ya trepan por la tapia de tu carne
los días negros de la ausencia.

En vano estruja con furor tu aire
el grito de tu madre
gritándote, despierta.

¿En dónde estás que no te encuentra
ni el amor de tu novia
ni la queja de nuestros corazones?

Hemos llegado a tu ciudad primera
ya salen en tumulto los eucaliptos y las calles,
pero tú te hundes en tu cóncava hora de madera.

¡Qué raro, tú, el griterío, la risa
torbellino de vientos
tan callado,
devorador incendio
apaciguado
y muerto, como el sol,
en tu costado.

III

Estamos en la noche de tu ausencia
llorando, llorando.

Tu nombre río en crecida, tormenta de gritos
lluvia de flechas
nos hiere la memoria
el corazón, las manos.

Nunca creímos
haberte amado tanto.

El agua sin azúcar, la huella sin camino
sin futuro, presente ni pasado.

Eres los ojos fijos
la borrasca de negro por tu casa
y tus pies tan crecidos ya descalzos.

No conforta el café
no dicen nada las palabras.

Tú estás entre nosotros
sin hablarnos
a la orilla del mar
arcángel de un naufragio
argonauta perdido entre las calles
oscuras, retorcidas de este llanto.

Para andar esta noche por tu sangre
las rosas anclan en tu pecho absorto
contigo nos sentamos
al borde de la noche
jugamos el albur de los silencios
con los naipes azules
de tus sueños.

Duerme, amigo, reposa
ya nacen por tu espalda los renuevos
las espigas doradas
para los panes nuevos.

No retengas el aire en los pañuelos
deja correr los ríos de tus manos
levanta la bandera de tus ojos
agricultor del aire
pájaro-grano, Jaime.

Vete silbando bajo los barbechos
escarba con tu vida nuestra muerte
y escribe con los dientes
el verbo amar en la corteza
del nuevo día
antes que amanezca.

Velamos tu cadáver
de barro y miel
en el suburbio frío de la tristeza
y mientras baja
a la entraña jugosa de la tierra
en el ejido del dolor comienza
la inmarcesible primavera.

IV

Volverá la vida
con su pregón de fiesta
estrenarán sonrisa los domingos
el cuchillo entrará por la corteza
madura de la tierra
tus cuadernos en paralelas
sustanciales palabras por tu letra
sin tus pasos de potro
la escalera
ni tus ojos de niño, ni tus manos
de barro
sólo tu ausencia
tu existencia en pasado
siempre en presente
nuestra pena.

23 de Junio repetido
gota a gota bebida
tu efímera presencia
una brizna de risa
relámpago de fiesta
todo fugaz y raudo
tú mismo pura contingencia.

Oscura rama
negra yedra
dulce y margo a un tiempo
aceite fraternal
fratricida vinagre.

¡No haber estado ahí para taparte
a gritos de dolor
la sangre abierta!
¡No saber de tus últimas palabras!
Moriste huérfano de padre y madre.

Pero estamos aquí
velando tu cadáver
entregando tu cuerpo a las raíces
sustanciales
volvemos a amasar nuestras palabras
con tu greda y tu barro
nacerás cada tarde
en el agua, la nube y los rosales.

Alguien vendrá para seguir la siembra
que tú iniciaste
alguien
que con tu mismo nombre nos salude
y nos libre de todas las crueldades
del 23 de junio
Jaime.

Julio 23 de 1976.

martes, 3 de julio de 2012

Poesía de Luis G. Franco - Madre


MADRE

Hoy pronuncié tu nombre en el silencio
flecha y espada a un tiempo,
después
el silencio y el silencio.

Tu nombre bordaba risas
sembraba claridades
rubios trigales infinitos.

¡Todo era tan sencillo!

Nunca te hiciste vieja
encaneciste de puro andar caminos
siempre volvías
con el alba en los brazos
para tus niños.

Mujer de la cocina y el rosario
el agua de la paz te iba lloviendo
por los labios.

Tu nombre en el silencio te revive
lavando ropa, remendando
tú supiste zurcir mejor que nadie
mi alegría y mi llanto.

Aguja cristal de plata
Dedal de tus tardes quietas

¡Cómo quisiera volverte
Madre, a mis sombras de pena!

Hora madura la tuya
hoja a hoja fuiste dando tu ternura
me diste también tu mano
tu silencio gota a gota
miel y vinagre.

No, tú no eres un recuerdo
estás aquí, amarrada a mi cuello
vives en las yemas de mis dedos.
Te quedas en las flores
en este mediodía
repartiendo claridades.

Eres ya como río en sus caudales
como el pan de centeno
y el agua que se queda en los cristales.

Eres el hilo blanco sobre el lino
y ese olor a trigales que me inunda
cuando te pienso.

¡Huiste hace tanto tiempo
del cementerio!

¡Madre, golpe de sangre
bajo mi pecho!

Madre, semilla de horizontes
para mi invierno.

Madre, pájaro y cielo
agua y madera a un tiempo
yo te camino a diario
le labro y te construyo
aro tu cuerpo de sol
en mis parcelas
y recojo la lumbre de tus cosechas
por eso hoy pronuncié tu nombre en el silencio
y se rompió el horizonte
del mundo.

Mayo 10 de 1977.

domingo, 27 de mayo de 2012

Poesía de Luis G. Franco - A la muerte de mi madre


A LA MUERTE DE MI MADRE

La tarde se me viene encima
y no te encuentro.

Tu nombre es un vacío,
sólo un recuerdo.
y ya no sé cómo rimar mis versos
ni para qué llenar de pájaros el cielo.

iNo, no es posible!
yo te espero.

Vendrás un día cualquiera,
en cualquier momento,
volverás a tu silla,
a tu silencio,
te besaré en la frente
y pasaré la tarde
a tu lado,
sin objeto...

Pero te has muerto
definitivamente
de repente.

Se rompieron de pronto las metáforas
y quedaron desnudas
las horas sin ojos,
los días sin riberas.

¿Con qué palabras me lo digo?

Llorar es un consuelo,
es ir de sombra en sombra
sin una luz, una palabra.
Todo me sabe a lágrimas.

Y la tarde azul,
como a ti te gustaban,
para reír con esa risa tuya
tan azul, tan clara.

Ciego de soledad te voy gritando
y tú tan lejos, tan callada...

Porque te has muerto con la luz del alba
sencilla y pobremente
y no te alcanza
mi dolor ni mis lágrimas.

II

Se cerraron tus ojos de repente
lo supe cuando todo fue silencio.
Lento, callado, sumiso
oscurecimiento.

Amoratados los minutos,
el pulso huyendo.

¡Qué tropel de palabras abatidas,
qué derrota sangrienta de recuerdos!
Impotente a las sombras
levanto tu memoria
en el sudario de tu sufrimiento.

Una palabra sola:
¡has muerto!
palabra daga y cuchillo
palabra - abismo
oscura y desolada,
cataclismo,
voraz palabra
que se traga el trigo,
llama de incendio
cegando los caminos.

Todas las palabras se murieron.
Inútil el silencio y la sonrisa
si te has muerto.

Antipalabra,
vena rota,
anverso
y final sin principio.

¿Dé qué sirve llorar?

De pronto
se borraron los caminos.

¿A quién le grito?

Te has muerto
y yo, tu hijo,
de golpe, desprendido,
llorando entre la bruma
como un niño.

Vendaval de tinieblas,
agresivo,
el hachazo brutal,
asesino.

Tu corazón sin un latido.

Yo, nosotros, ustedes,
tú, contigo...

Se quebraron las copas
y la fiesta
sin amigos.

¡Qué nadie diga más
todo está dicho!

III

La hora te acrecienta y disminuye
Eres distinta, igual, ahora y nunca.

¡Qué sangre de crepúsculos distantes
bate tu corazón sin horizontes!

Ya tus ojos sin luz para la muerte
se abren a la luz de las ausencias
Eres lo que tú fuiste y serás siempre
mi madre.

Palabra como un dardo que se escapa
y me entraña en la extraña arquitectura
de la noche sin nombre de tu ausencia.

Ya no velan las horas tu dolencia,
cloroformo a mis rotas esperanzas,
los recuerdos cobijan con sus alas
el silencio dormido de tus lágrimas.

Eres el pulso que se escapa
y este suspiro de la madrugada
y los ojos abiertos de la sangre
oxígeno y termómetro,
tu rostro decaído entre las sábanas.

Espera a que amanezca,
no te vayas,
tu ceguera de luz
va a oscurecer la casa
y perderá el sentido
la vida y las palabras.

En tu pecho abatido,
detenme la esperanza.
No llores, por favor,
tu última lágrima,
vas a anegar mis días
y mi alma.

No te mueras.
Voy a salir con todas mis banderas.

Yo detendré la hora
que te asecha.

¿Por dónde te me vas,
a dónde huyes?

¡Espera, que ya viene la alborada!

IV

La tarde fue empujando los silencios,
el agua de la muerte aborrascada,
te robaba los pulsos,
te anegaba
de lágrimas
y todo fue llorar
que tú aprendiste
catecismo de llanto.

Toda la noche llorando
en el número cuatro
y en tu casa de Hidalgo
por la mantilla que bordaste
y tu rezar interminable
llorando, llorando...

¡Cómo te lleva el viento
ay, como te arrebata
el estertor y la palabra!

El amor
impotente a tu paso
sin otra fuerza que el llanto,
llorando, llorando.

Los caminos de pronto
se juntaron
volvimos a la mesa,
a tu regazo.

Tú estabas como siempre
rezando, rezando,
en tus pequeñas manos
el rosario.

Tus hijos,
cinco niños pequeños,
llorando, llorando....

¿Qué van a hacer con las tardes
si te llevas la luz
entre los párpados?

Tu nombre antes almíbar
ahora dardo.
Todos los recuerdos
amargos:
el agua amanecida de tus manos,
crepúsculo tu voz
lloviéndote la risa
sol de mayo,
desmayo de quietudes
tu vesperal descanso.

Siempre presente
hoy serás pasado
amargo, amargo...

¿Qué vaya hacer con tu nombre
y tu retrato?

¿Qué van a hacer tus hijos
con el agosto frío de tu costado?

¿Qué van a hacer con el dolor
y con el llanto?

Agosto 18 - 1974.
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