Preámbulo


Casco de la Hacienda Los Espinos
en Zamora, Michoacán

Fotografía de
Jaime Cristóbal López

Gracias por compartir
conmigo este material

Jaime

martes, 15 de mayo de 2012

Niños y palomas en la Plaza de Armas de Zamora, Michoacán - Fotografía de Israel López Ruiz


Panorámica de Tlazazalca, Michoacán - Fotografía de Lily Mendoza


Antigua campana en Tingüindín, Michoacán - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina


Bóvedas central y lateral de la Parroquia de El Carmen en Zamora, Michoacán

Fotografía publicada en la página de Facebook: Parroquia Del Carmen Zamora.

Rotonda de los Hombres Ilustres de Zamora, Michoacán - Fotografía de Ricardo Cruz


Centro de las Artes de Michoacán y Santuario Guadalupano en Zamora, Michoacán - Fotografía de Rubén Guillén Soto


lunes, 14 de mayo de 2012

Aguja neogótica del templo expiatorio del Sagrado Corazón en Zamora, Michoacán - Fotografía de Ricardo Cruz


Pirotecnia sobre Los Reyes de Salgado, Michoacán - Fotografía de Israel Rodríguez Méndez


Cerro El Curutarán en Jacona de Plancarte, Michoacán - Fotografía de Israel López Ruiz


Flores silvestres de Tarecuato - Fotografías de Jaime Cristóbal López












Doña Armida de la Vara - De lo cotidiano - Los Relámpagos de Agosto




LOS RELÁMPAGOS DE AGOSTO

He regresado de México a Zamora por la vía corta, pasando el Bajío. En pleno domingo, cuando se supone que la gente descansa todavía del ajetreo semanal, la terminal de autobuses está a reventar. Camiones y más camiones se estacionan para vaciarse y volver a llenarse. Allí no se nota la crisis, pues el alza de las tarifas parece no afectar la economía de esa multitud que, antes de tomar asiento en “la unidad”, se provee de tortas, refrescos, dulces, fruta, pan, palomitas y un buen tambache de cuentos y novelas de “monitos” que son devorados al unísono, sin importar el vaivén del camión en movimiento.


Salimos a tiempo, a la hora indicada, lo cual es algo extraordinario. y o no traía ni libro, ni periódico ni nada para leer; cuando viajo de día prefiero ver el paisaje y admirar los contrastes del verde con el rojo y amarillo de las flores del campo punteado con el blanco de las garcetas que, de perfil, tragan mosquitos y pescados a discreción.


 ¡Cuánto ha llovido estos días, Dios mío! A uno y otro lado de la carretera se improvisan arroyos y lagunas que incrementan su contenido con la incesante llovizna o la lluvia tormentosa y relampagueante. Las nubes negras se van aproximando como toros furiosos, echando chispas de electricidad en quebrados relámpagos, antes de oír el estruendo de la descarga que nos hace presentir horribles hecatombes.


Desde Querétaro hasta Zamora, camino más agradable con la com­pañía de Blanca Rocha, con quien coincidimos también en el viaje de ida, compartimos la visión del paisaje anegado de aguas apresuradas y espumosas. ¿Qué se hace todo ese caudal? ¿Habrá presas bastantes para recogerlo y guardarlo, como la hormiga previsora de la fábula para los tiempos de secas? Pregono mi ignorancia en ese sentido, mas mucho me temo que como viene esa agua así se va, no sin antes “agüetar” las milpas y dejar inconcluso el crecimiento del sorgo, que ya granado, pinta el paisaje de rojos y marrones.


Al llegar a Zamora, las cajas de agua rebosantes amenazan vomitar demasías hasta la carretera, esas cajas de agua, nidales de mosquitos que tiene uno que evadir a fuerza de pabellones repelentes y mágicos humos de hierbas olorosas. De todas maneras es bueno regresar a Zamora que, como su homónima española, “no se tomó en una hora”.

Zamora, Mich., el 19 de agosto de 1985, día de san Luis Gonzaga

Fotografía de Alberto Vázquez Cholico

sábado, 12 de mayo de 2012

Galería de fotógrafos michoacanos - Procesión del silencio en Viernes Santo - Sergio Alfaro Romero, de Zamora


Plaza Las Palomas en Zamora, Michoacán - Fotografía de Carlos Hiram Padilla Rizo


Artesanía michoacana - Piña de San José de Gracia, municipio de Tangancícuaro - Fotografía de Bull Ortiz Galván


Galería de fotógrafos michoacanos - Cruz en Tarecuato - Anuar Etsunky, de Los Reyes


Santuario Guadalupano de Zamora desde su órgano tubular monumental - Fotografía de Alfonso García Martorell


Fotografía antigua de Zamora, Michoacán - Tráfico en la calle Madero sur a principios del siglo XX


María Luisa - Novela por entregas XIV - Jaime Ramos Valencia

Lunes 6 de diciembre de 1918, a las 18:40 hrs.
(Primera parte)

Teníamos ya más de cuatro horas de camino. Algunas
de las muchachas se habían adormilado; yo, a la vez,
me había ensimismado en mis pensamientos. Había
repasado mi vida como nunca antes lo había hecho, los acontecimientos los volví a vivir con una intensidad que angustió mi corazón.

Curiosamente, mi aislamiento en mi propio interior
hizo que nadie más se diera cuenta de mis pensamientos.

Sólo yo viví mis alegrías y mis tragedias.

No me sentí egoísta por no compartir con
nadie mis momentos íntimos; más no estaba sola en
mis pensamientos, ya que en ellos y muy vívidamente
estuvieron siempre mis papás: ¡será por ello que me
siento ahora segura y reconfortada!

El sol se estaba acostando sobre el camino que
dejábamos atrás, anaranjando las nubes al poniente;
y en cambio, brillantemente, iluminando el caserío de
Tingüindín, destacándose el fondo verdoso del Chucandirán
sobre el cielo azul profundo de los atardeceres de
diciembre.

—¡Estamos llegando! Pronto pasaremos las vías del tren
y la estación del ferrocarril, pero no será prudente quedarnos
ahí a pernoctar, por el frío y por la cuadrilla de rieleros
que hicieron cerca su campamento y pudieran molestar a
las señoritas.

—¡Más vale! Todos estaremos mejor si subimos al pueblo
y aceptamos la hospitalidad que el señor cura nos mandó
ofrecer.

—Dicen que el grupo de trabajadores que vinieron
de Veracruz a reparar las vías, cambiando durmientes y
engranzonando la base, para hacer su trabajo en un mes,
apenas llevan una semana y la fama de borrachos y pendencieros
tiene ya alarmada a la población.


En efecto, pasamos por la estación y, muy cerca,
por el campamento de los trabajadores; además la sala
de espera tiene unas cuantas bancas y a los cuatro
vientos, sin resguardo alguno para los pasajeros; así
que proseguimos. El camino al pueblo se prolongó en
una cuesta de unos quinientos metros, para entrar a
las calles empedradas de la población.

Tingüindín es un pueblo risueño como su nombre
tintineante lo sugiere. Sus robustas casas de adobe con
sus aleros de teja se abren; sin embargo, a la intimidad
de sus interiores, a través de su amplia puerta y múltiples
ventanas.

Se siente un pueblo hospitalario. Me llamó la atención
la grande y jardineada plaza, mayor que la de Cotija,
que también es grande, y me extrañó el que la parroquia
no estuviese en su perímetro sino una manzana más atrás,
aún cuando las une una amplia calle.
El edificio del templo sobresale con las escalinatas
para subir al atrio que lo hace ver majestuoso.

Nos hospedaron sólo a las mujeres en una casa
frente a la sacristía. Ahí destinaron dos habitaciones
para todas nosotras. Las vaciaron de sus muebles habituales
y en cada una pusieron cinco camas plegables de
lona con patas de tijeras.

Apenas nos instalaron sonó la segunda del rosario
y nos dieron prisa para asearnos un poco
y atravesarnos a la iglesia a participar del rezo
y de la bendición con el Santísimo. Todas lo hicimos
diligentemente, “son las siete y media de la tarde”.

La casa donde nos hospedaron es la del doctor
Chava y su esposa Conchita, amables anfitriones de
blancas cabezas y corazón juvenil. Viven solos en esa
casa que albergó a una numerosa familia, que ahora
casados todos, engrandecen su árbol genealógico. Por
cierto, uno de sus nietos, creo el mayor, joven de veintidós
años y estudiante de medicina, en esos días los
visita por vacaciones.

Con generosidad, para servir la cena,
habían montado una larga mesa en que nos sentaríamos
no solo nosotras, sino también otros invitados:
el señor párroco, tres matrimonios y un viudo, don
Eleazar, quien es abogado, ya retirado del ejercicio de
su profesión y que presume de ser, a la vez, ateo y el
mejor amigo del cura, de edad madura todos ellos.

(Nota del editor: para que el blog le muestre todos las entregas de la novela en una sola página, pulse con el cursor del ratón en la parte de abajo de esta Entrada, en donde dice Etiquetas: María Luisa novela por entregas Jaime Alonso Ramos Valencia).