Catedral y Santuario Guadalupano en Zamora, Michoacán.
Fotografía de Alejandro Pérez Pedraza.

jueves, 30 de junio de 2011

Tormenta en la noche zamorana - Fotografía de Rubén Guillén Soto


Con paciencia y retando a la lluvia, Rubén logró captar como un cazador, justo en el momento preciso, a esta presa luminosa y fulgurante sobre la ciudad de Zamora.

Vendedor de flores - Fotografía de Víctor Javier López Mendieta


Justo en el momento, el lente de Víctor Javier se detiene para atrapar esta imagen que en su simplicidad cotidiana encierra el encanto de un oficio que todavía, por fortuna, es vigente entre nosotros.

María Luisa - Novela por entregas VIII - Jaime Alonso Ramos Valencia

Lunes 6 de diciembre de 1918, a las 17:15 hrs.

Todas mis compañeras aspirantes al noviciado seguían
secreteándose entre ellas, pero por parejas y sin dejarse
oír de las demás. ¡Cómo eso me recordó a Asunción, la
hija de la patrona, quien siempre me hablaba de igual
manera, haciéndome su confidente!

El primer lunes que viví en su casa me llevaron
con ella a la escuela. Su mamá habló con la maestra,
quien me acogió benévolamente poniendo su mano en
mi hombro, y me dijo:

—Tienes una mirada inteligente, me dicen que ya sabes
leer, escribir y hacer cuentas; por lo pronto vas a ser compañera
de mesabanco de Asunción. ¡Ya veremos cuánto
aprendes!


¡Nada se me dificultó! Yo que nunca había estado
en un colegio pronto aprendí historia, civismo, aritmética
y hasta clases de catecismo; ésta nos la daban como
a escondidas porque estaba prohibida por el gobierno.

Doña Aurora, la viuda del patrón, también tomó
posición sobre mi alma. Aparentemente mi mamá estaba
como muy separada de la religión.

En el rancho notaba, porque allá eran los sacerdotes los que
nos tenían olvidados, con sus visitas muy de cuando en
cuando. Ahora que teníamos muy cerca la Parroquia;
ahora que las campanas a misa y al rosario hacían retumbar
la casa; ahora pocas veces asistía a esos oficios.

Más bien se escapaba al templo cuando calculaba que
estaba vacío, cuando no había fieles, ni sacerdotes, ni
oficio alguno.

Se escurría tapada la cabeza y el rostro
con su rebozo; buscaba el rincón más alejado y oscuro,
y ahí se arrodillaba; cuando sentía que llegaba gente a
su alrededor, se escapaba sigilosamente.

Doña Aurora nunca molestó a mi mamá por ello:
la respetó; pero, sin siquiera preguntárselo,
se apropió de la “salvación de mi alma”.

Así que me mando al catecismo, a que me
prepararan para mi primera comunión; me compró el
vestido, el libro, la vela, y se nombró mi madrina. Por
cierto, ese día, y sólo ese día, desayuné en la mesa de
los patrones. Mi mamá no participó en mi “fiesta”.

Siento que doña Aurora nos trajo a mi mamá y a
mí, sí para corresponder a la lealtad de mi papá y no
dejarnos desamparadas en la Estancia de Arriba, pero
principalmente para que yo le sirviera de compañera
a su hija Asunción.

Esta era una niña muy sola, que
ni en el pueblo ni en la escuela tenía amigas; se veía
tímida, pero conmigo no lo fue; porque como si se lo
hubiese mandado su mamá, a mí me “adoptó” de inmediato
con una amistad muy generosa, de prestarme
sus muñecas, sus juguetes, hacerme su confidente y
hasta su cómplice en muchas travesuras. Dicen que
le cambió el carácter y volvió a sonreír.

¡Qué bueno!, porque nos aficionamos a los mismos juegos,
a leer los mismos libros, hacíamos las tareas juntas, y crecimos
compartiendo conocimientos y experiencias. ¡Éramos
como hermanas, pero con una barrera y distancia que
nunca se acortó!

Con ella podía estar en el primer patio,
sentarme en la sala o entrar a su habitación; con ella
podía tomar y leer los libros de la biblioteca; con ella tenía
todos esos privilegios, pero a la hora de desayunar,
comer o cenar, a la hora de asearme y de dormir, tenía
yo mi lugar en el segundo patio con la servidumbre.

Sin embargo, esta barrera y distancia que nunca se acortó,
nunca me afectó, nunca me hizo sentirme menos; como
que en mi alma guardaba valores superiores para que
esto me trastocara. De plano: ¡nunca cultivé envidias!

Nos conocimos niñas, nos hicimos adolescentes
juntas. Curiosamente ella tuvo su primera menstruación
unas semanas antes de que yo la tuviera también.

Por cierto, ella se asustó mucho cuando le sucedió: estábamos
en el colegio y fue a mí y no a la maestra que
me confió con horror lo que acababa de descubrir. Mi
madre no podía tenerme ignorante de lo que mes a mes
pasa a las mujeres; ella desde que yo recuerdo tuvo
siempre una regla dolorosa.

Cuando vivimos en la Estancia de Arriba se encerraba
dos o tres días doblada por el dolor; no quería ni ver la luz;
una vecina le hacía cocimientos y le ponía en las sienes
chiquiadores de hierbas que de poco le servían;
así que yo me acostumbre a preguntar y a cerciorarme
de lo que nos pasa a las mujeres.

Por cierto mi mamá me consolaba: que sólo a
ella le dolía, porque ella estaba pagando una promesa
no cumplida; que yo no tuviera miedo, que al contrario,
me sintiera feliz, porque la regla significaba que un día
me podría realizar como mujer teniendo mis propios hijos.

Cuando en el colegio Asunción me confió su situación
le aconsejé que le pidiera permiso a la maestra
para irse a su casa; aceptó pidiéndome que fuera yo
la que consiguiera el permiso y que yo la acompañara.

Camino a su casa le expliqué todo lo que sabía; eso la
tranquilizó hasta que llegó con su mamá, y ahí ella soltó
el llanto, y su mamá se puso histérica porque había
recurrido a mí diciéndole en voz alta y llena de indignación:

—¡Estas son cosas íntimas! Como mujercita debes de
guardar tu intimidad, ser discreta, no confiarse de cualquiera.


Los llantos de Asunción hicieron que su mamá le
empezara a poner más atención a su hija que a la vergüenza
de haber tenido como confidente a la hija de la
sirvienta.

Eso también impidió que mi coraje por esos
reclamos injustos se expresaran de alguna forma; las
dejé de inmediato, me hacían sentir como si yo hubiese
hecho un mal; así se lo dije a mi mamá quién me advirtió:

—¡Hasta para los acontecimientos tan naturales de la
vida tienen los ricos una torcida actitud!

¡Nunca esperes que te comprendan!
¡Tú naciste libre de ataduras y conveniencias sociales!
¡Tu fortaleza está en lo que eres y en que
actúas como tú misma, sin máscaras ni prejuicios!


Tuvo razón mi mamá, ¡bien que me conocía! porque,
por esos hechos, nunca tuve o guardé resentimiento
alguno.

Unas semanas más tarde me vino a mí también
mi primera regla, y yo sí busqué a mi mamá y lloré con
ella de gusto porque, diferente a lo que a ella le pasaba,
no experimenté ningún dolor, y nunca lo he tenido.

Por cierto que la antigua cocinera, la viejita doña
Lupe, con quien compartíamos el dormitorio, tan pronto
como supo de los dolores que mes a mes sufría mi
mamá, con una diligencia admirable se previno para
ayudarla: mandó a un mozo a que le trajera un costal
de tierra, una arcilla que debía recolectar a la orilla de
un pequeño manantial de aguas sulfurosas y termales
y que nacía bastante alejado del pueblo; y ella misma,
que casi nunca salía de la casa, fue con una yerbera conocida
para surtirse de raíz de angélica, cola de caballo,
tomillo y sanguinaria, con las que hizo un cocimiento,
vigilando el fuego “para que no se quemen por mucho
hervor”.

Los días que a mi madre le afectaba su menstruación,
doña Lupita le atendía diligentemente, no sólo
dándole a beber sus tes, sino también con la arcilla con
que hacía un lodo que aplicaba a modo de cataplasma
en el vientre de mi madre: “para sacar los calores de la
sangre mala”, decía, y sí que se enfriaba porque su piel
se enchinaba como carne de gallina.

Sería la eficacia de los remedios o sería, tal vez,
tanto cariño y consideraciones
de la viejita, que mi mamá se sentía mejor mes
a mes.Era mi mamá de tal fortaleza que, doblegada a
veces por el dolor, no se quejaba en absoluto, ni descuidaba
su trabajo de lavar y planchar; faenas en que
me gustaba participar como su ayudante.

Nos gustaba hacer bien el trabajo encomendado.
No sólo se enseñó a decantar la lejía para hacer
el jabón amarillo, sino que lo mejoró añadiéndole
la combinación de tres aceites esenciales:
limón, clavo y almendras amargas.

Doña Aurora lo elogió y presumía a sus amigas la fragancia
que impregnaba a las prendas. No eran descansadas
las faenas de refregar la ropa en los lavaderos, tenderla
y, una vez seca, plancharla. Para esto último yo me
acomedía a encender el carbón en los anafres donde
calentaba las planchas de fierro fundido y de diferentes
tamaños.

Cuidaba que la superficie de planchar de
cada una estuviese no solamente limpia, sino brillante
y lustrosa, a fin de que al estar planchando se deslizara
sobre las telas, aún las más delicadas, sin arrugarlas
ni fruncirlas, y mucho menos quemarlas en un atorón.

Me gustaba el olor que se desprendía de las prendas
cuando, ligeramente humedecidas con el rocío de agua
esparcido sacudiendo una escobeta, al pasarle la plancha
caliente se levantaba de la ropa un vaporcito muy
agradable.

De esos momentos en que convivía con mi mamá
y que estábamos frente a frente en la mesa de planchado,
recuerdo de ella que en la palidez de su rostro había
un ligero enrojecimiento; ahora comprendo que no era
signo de salud, sino del esfuerzo de su trabajo, dada la
anemia que su menstruación le provocaba.

miércoles, 29 de junio de 2011

Carapan - Fotografías de Jaime Ramírez



Por fin, Jaime nos aporta estas magníficas postales de su expedición con el Colectivo zamorano de fotografía a Carapan. Valió la pena la espera.

Caminito en el Parque Nacional Lago de Camécuaro, en Tangancícuaro - Fotografía de José Luis Espinoza


Da gusto cuando las cosas se hacen bien y se cuidan al detalle, como este caminito que José Luis, "Pepe" Espinoza, nos ofrece en esta magnífica postal del Parque Nacional más visitado en Michoacán.

El cerro del Curutarán desde Zamora - Fotografía de Martha Alicia Caballero


Desde las inmediaciones del Río Nuevo, frontera entre los municipios de Zamora y Jacona, Martha Alicia captó esta bella postal del Curutarán con una arboleda y parcela entarquinada en primer plano.

Entrada al templo de San Juan Diego en Zamora - Fotografía de Rubén Guillén Soto


Desde la perspectiva que le proporciona el lente gran angular, Rubén nos ofrece esta perspectiva única del ingreso principal al templo de San Juan Diego, en zamora, con evidente estilo neogótico, como el Santuario Guadalupano y el templo del Sagrado Corazón.

Parroquia del Señor Santiago en Chilchota, al amanecer - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


Al amanecer, en una expedición con el Colectivo zamorano de fotografía, Sergio logró esta magnífica toma del templo parroquial de Chilchota, cabecera municipal de los 11 pueblos que conforman La Cañada, en el camino desde Zamora hacia la Meseta Purépecha.

Catedral de Zamora - Vista desde la calle Hidalgo - Fotografía de Rubén Guillén Soto


Magnifica, como la imagen de Rubén, la cúpula de la catedral de Zamora en esta vista desde la parte posterior del edficio, por la calle de Hidalgo.

martes, 28 de junio de 2011

Tangancícuaro - Fotografía de Sergio Alfaro Romero

Kiosco de la Plaza Principal y torre de la parroquia de la Virgen de la Asunción en Tangancícuaro, Michoacán - Fotografías de Carlos Pizarro Nieto



Dos postales de Tangancícuaro desde la perspectiva de Carlos: el kiosco de su Plaza Principal en donde las tonalidades de verde predominan y una de las torres de su templo parroquial dedicado a la Virgen de la Asunción.

Apuntes para la Historia de la Villa de Tangancícuaro II - Martín Sámano Magaña

Apuntes para la historia de la Villa
de Tangancícuaro

La risueña y progresiva Villa de Tangancícuaro, Michoacán, está situada en el confín noroccidental de un valle de perenne verdor, circundado por innumerables montes, pequeñas prominencias topográficas y las soberbias cumbres de las montañas: La Beata y San Ignacio; todas ellas de origen volcánico, según lo demuestran los cerros de cantera rosa que los flanquean por el oeste, los mantos de fragmentos de rocas que los conforman, la roca volcánica que está a la vista en varios tramos del talud de la carretera nacional en la falda del cerro de La Beata; hecho que confirma la hipótesis de que, bajo la corteza terrestre que cubre la región, gravita sobre un enorme magma por cuyas fisuras producidas en diferentes épocas geológicas escapó la masa ígnea que los formó.

El valle está surcado por numerosas corrientes de aguas que son aprovechadas para regar sus fértiles tierras. Por el lado norte le sirve de límite al valle el caudaloso Duero, que también aporta parte de sus aguas para el mismo benéfico fin. Gran parte de su suelo está adornado por varios manantiales, entre los cuales se encuentra el maravilloso lago de Camécuaro, entornado por las frondas de sabinos milenarios.



La población está situada a los 19o, 9', de latitud norte y 202o, 11' de longitud oeste, y a una altura de 1,600 metros sobre el nivel del mar; circunstancia ésta última, que le da un clima casi continuo de una temperatura máxima de 20°C y mínima de l8oC, desde los días luminosos precursores de la primavera, hasta los últimos crepúsculos de otoño.

En la actualidad [1987], cuenta Tangancícuaro con 30,000 habitantes en el área urbanizada y en sus suburbios adyacentes, y 50.000 en las tenencias y rancherías que integran el municipio.

lunes, 27 de junio de 2011

Avenida 5 de Mayo y El Calvario iluminado, en Zamora - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


Zamora moderna, Zamora de Noche, Ciudad Luz. Esta magnífica postal de Sergio, captada desde el Centro Regional de las Artes de Michoacán, muestra también el templo de El Calvario, destacando en la penumbra por su iluminación escénica .

Dulces típicos zamoranos - Fotografía de Carlos Pizarro Nieto


¡Por supuesto que la variedad de dulces zamorano da para colmar las vitrinas de toda una dulcería!, como lo demuestra esta postal de Carlos.

José María Cázarez y Martínez - Datos biográficos IV - Dr. Carlos Herrejón Peredo

El cronista García Urbizu
así pinta la personalidad del señor Cázares:

“Respetuoso, afable y atrayente, circunspecto envuelta su personalidad en un ambiente de miramiento y de nobleza; siempre oportuno y enérgico en sus disposiciones, no se desparramaba en expresiones vanas, ni atendía a vanidades decorativas. Nunca las palabras tuvieron tanto significado tan preciso como en su boca.

De mirada profunda como su talento. Sabía escuchar y decir las cosas en su punto y razón. De ciencia lógica contundente. Su porte y su casa eran modestos, su gusto se concentraba en los libros de su vasta y selecta biblioteca y sobre todo con textos latinos, que eran su único lujo. Nadie creerá, según algunos pintan la adustez del Ilmo. Sr. Cázares, que le encantaba verse rodeado de niños y también en momentos oportunos era chancero”.
Alfredo Maillefert brinda un detalle significativo: “Era afable y tenía un gran dominio de sí. Había resistido una dolorosa operación quirúrgica sin anestesia, leyendo un libro”.

Un juicio de la esfera pública y oficial:

“Prelado celoso y diligente que goza de juntas simpatías entre sus diocesanos… Ciudadano verdaderamente virtuoso ajeno a la política, austero consigo mismo, liberal y caritativo con sus semejantes…Ha pasado setenta años de su vida haciendo el bien, practicando la virtud, huyendo los honores, ardiendo en caridad por sus semejantes.

El licenciado Francisco Pascual García
se expresó de esta forma:

“Fue un carácter, y no como quiera, sino un gran carácter. A su talento claro y profundo como pocos, a su ciencia teológica, jurídica y filosófica, nada común; a su lógica contundente, reunía una serenidad cristiana y una firmeza apostólica y pastoral, inexorable como ninguna…Para él no había más sistema que la ley de Dios y los cánones de la Iglesia”.

El padre Agustín Magaña:

“La  grandeza del obispo Cázares está en que se propuso evangelizar profundamente a su grey, y lo consiguió”.

Heroicamente continuó su trabajo pastoral sin detenerlo ni el agotamiento ni la enfermedad. El 23 de febrero de 1909 salió de Zamora a realizar lo que sería su postrera jornada episcopal. Hizo la visita en Ecuandureo, siguió hacia la Hacienda de la Noria y luego a Churintzio y Zináparo, donde se agravó su enfermedad; el 23 de marzo fue trasladado a Guadalajara, Jalisco, donde falleció el 31 de marzo.  He aquí tres testimonios del final de esta vida:

“El muy ilustre enfermo conservó su serenidad acostumbrada; conocida su gravedad, pidió los últimos sacramentos… el insigne Prelado respondía pausadamente y con fervor las preces litúrgicas; inspirado por su humildad pidió perdón a los presentes; una hora antes de entrar en agonía pidió la santa absolución y a las cuatro y diez minutos de la tarde… le llevó el Señor a la región de la tranquila paz, con el tesoro inmenso de una vida consagrada a Dios…pasada en el cumplimiento del deber”.

“Murió pobre, como había vivido, cediendo su tercia episcopal para varias obras, principalmente para la construcción de la Catedral Nueva. Había dado orden terminante al Tesorero, Sr. Novoa, que sólo le pasara cien pesos mensuales, y para que le alcanzaran, se privaba voluntariamente de muchas cosas; él mismo les daba “bola” a sus zapatos y vestía ropa interior de manta. Sus muebles y su alimentación eran de sobriedad extrema”.

“Su rica personalidad tenía distintas tonalidades, pues no obstante ser de recio carácter y vida austera y sobria, supo brindar su ternura a los pobres y a los niños, con éstos, dulce y cariñoso hasta cogerlos en brazos como lo hace un padre con sus hijos.

Mientras por otra parte la alta estima que tenía de la misión pastoral y el ardiente deseo de que el clero de su diócesis observase una conducta ejemplar, le hizo castigar con energía y mostrarse severo con quienes en alguna forma descuidaban sus deberes…su figura firme, segura, recia y exigente al mismo tiempo que dulce y paternal no podrá encerrarse en unas cuentas líneas; desde su franca y decidida actuación cristiana al exponer su vida por defender a unos, “porque amaba la justicia y aborrecía la iniquidad” hasta su muerte apacible y serena; sin temores ni aspavientos donde su voz que se extinguía señalaba el momento decisivo diciendo: “Ya es hora, absuélvanme todos”.

La imagen fue tomada de la página web de la congregación Hermanas de los pobres, Siervas del sagrado Corazón: www.hpssc.org.mx

El Despertador del pueblo (1912) - Antiguos periódicos de Zamora

Poesía de Luis G. Franco - Prehistoria


PREHISTORIA

Yo sé que los espejos
que los sueños
que las vigilias
que los insomnios.
Yo sé que antes, mucho antes
que nuestros nombres
yo sé que alguna vez
en otro mundo
Héctor, Ulises y Jonatán.

Esa voz, esa risa
aquellos ojos...

Tal vez en Altamira
tal vez entre bisontes
sátiro tras la ninfa
dios bicorne
caballero del arco
del atabal...

Pero tu voz de agua
y tu sombra amarilla
silencio milenario
de tu sonrisa
tu paso por el tiempo
de orilla a orilla.

Toco tu soledad
y me da vida
tu nombre azul
y tu presencia lila
pero tu corazón
callejón sin salida
grito sin eco
tarde desabrida
rosa de fuego
marchita.

El espejo, la tarde
la vigilia
te deslíe
te esfuma
te difumina
te pierde
te rescata
te centuplica
y vuelas como un pájaro
por las cornisas
altas de alguna tarde
con las alas heridas.

Mayo 4 de 1975.

domingo, 26 de junio de 2011

Balneario termal en el géiser de Ixtlán de los Hervores, en Michoacán - Fotografía de Juan Carlos Zamudio Mendoza


Esta magnífica postal de Juan Carlos muestra parte de la infraestructura que en materia de albercas se ha habilitado en el balneario de Ixtlán de los hervores, en donde sus aguas medicinales, con alto contenido en azufre, aportan a sus visitantes, además de diversión y entretenimiento, salud, especialmente para quienes padecen enfermedades como reumatismo y artristis. Ixtlán y Los Negritos, en el municipio de Villamar, son dos sitios que permiten que la Región Zamora pueda ser incluida en las "rutas de la salud" michoacanas.

La fotografía forma parte del acervo de imágenes de Impresiones Láser del Valle de Zamora, empresa con una gran trayectoria produciendo material de promoción turísitca para todo el estado de Michoacán.

Cactus en el paisaje michoacano - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


En el paisaje michoacano, incluso en las zonas cerriles que rodean al Valle de Zamora,  es posible encontrar una variedad de flora que incluye especies de cactus, como este que muestra la imagen de Sergio, muy buena, como siempre.

Parroquia del Señor Santiago en Chilchota al amanecer - Fotografía de Rubén Guillén Soto


El colectivo zamorano de fotografía madrugó ese día y Rubén logró captar, con gran talento, este amanecer en Chilchota, con la parroquia del Señor Santiago, en primer plano.

El cohetero michoacano en Zamora - Poema de Miguel Sevilla Romero y Fotografía de Martha Alicia Caballero


Esta imagen, como puede apreciarse, fue compuesta por una extraordinaria imagen de Martha Alicia captada en el atrio del templo de la parroquia de La Purísima, en Zamora, y el texto, con el mismo motivo, fue escrito por Miguel Sevilla Romero. Una espléndida combinación, sin duda.

Templos de San Francisco y San Juan Diego en Zamora - Fotografía de José Luis Espinoza


El lente gran angular le permitió a José Luis, "Pepe" Espinoza, ofrecernos esta magnífica fotografía en que capta el conjunto de los templos de San Francisco y San Juan Diego desde la esquina de las calles de Hidalgo y Ocampo en Zamora, con un atrio que poco a poco se va convirtiendo en uno de los sitios de reunión más agradables en el centro de la ciudad.

Caída de agua en las inmediaciones de La Planta (El Platanal) en Jacona - Fotografía de Jaime Ramírez


Todavía nos quedan en el tintero algunas de las imágenes captadas por el colectivo zamorano de fotografía en su expedición a La Planta, como esta espléndida, de Jaime.

¡Ya está la birria michoacana! - Fotografía de Francisco Martínez


Francisco Martínez, quien publica sus fotografías en internet con el nombre franciscomx2005, captó esta imagen de una birria michoacana a punto de servirse. ¿Quién quiere un taco?

Vista interior del acceso principal de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Tangancícuaro - Fotografía de Carlos Pizarro Nieto


La imagen que nos aporta Carlos muestra el gran trabajo en madera del nartex, en el acceso principal al templo, y la ventana frontal, en la parte superior, con un vitral en que la Virgen de la Asunción se muestra con gran esplendor.

Monumento a Fray Jacobo Daciano en Jiquilpan - Fotografía de Carlos Magaña


Fray Jacobo Daciano, el célebre personaje de la realeza danesa que ubicamos tan bien el Tarecuato, en donde se le venera por su obra misionera en la sierra del Patamban, tiene este singular monumento, que nos presenta la imagen de Carlos, en Jiquilpan.

Historia del Santuario de Nuestra Señora de la Asunción en Tingüindín II - Texto de don Ramón Pardo Pulido - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina


Al dejar el curato el Sr. Pbro. Don Agustín Cacho, fue nombrado en 1º de julio de 1902, y hasta septiembre 21 de 1913, el señor Pbro. Don José Sánchez, teniendo como Vicario a su hermano el Sr. Pbro. Don José María Sánchez, ambos de la ciudad de Sahuayo, y también muy trabajadores y con grandes proyectos para continuar la construcción del templo.

Principiaron cambiando los anticuados techos por magníficas bóvedas de mampostería, y alcanzaron a dejar terminado el anillo donde descansa la cúpula central. Y dieron también un paso muy en firme, al dejar terminada la fachada principal del templo, totalmente construida de cantera, aunque de un estilo arquitectónico un poco diferente al resto de la construcción del templo.

La fecha que se grabó en el frontis, como de la conclusión de esas obras, fue del año de 1907.

En noviembre 10 de 1913, vino a desempeñar el curato de la Villa, el Reverendo Padre Don Ignacio Custodio, S.J., quien como ya lo dijimos, siendo hijo de Tingüindín, y con muy grande cariño para su pueblo, fundó la cooperación de las Hermanas Religiosas del Sagrado Corazón, un colegio para niños y niñas, en la que se llamaba “casa del asilo”, y que fue precisamente una de las fincas incendiadas en 1917, por las chusmas de Chávez García.

Al Padre Custodio se le debe la construcción de uno de los altares de cantera, en uno de los cruceros y el principio, más o menos la mitad, del altar frontero.

En el año de 1918 vino al curato el señor Pbro. Don Manuel Garibay. En el año de 1919 el señor Pbro. Don Luis Amezcua, quien mandó hacer la fundición de la campana mayor de la parroquia.

De los años de 1921 a 1925, desempeñó el curato el señor Pbro. Don José García Morfín, quien reparó la sacristía que se había quemado en el año de 1917; cambió el material de adobe de los arcos de los cruceros, para darles la resistencia de mampostería; y se enfrentó a las obras de la construcción del nuevo altar mayor, pues con el incendio del templo el altar se había despegado de la pared maestra y por lo tanto hubo que hacerlo totalmente nuevo. Cuando todavía no había terminado esas obras, fue destinado a otra parroquia, como dijimos antes, en el año de 1925.

Es justo hacer constar en su honor, que la mayor parte del costo de las obras por él realizadas, fue de su propio peculio.

En julio 12 de 1925, tomó posesión del curato, el señor Pbro. Don Alberto Pérez, a quien correspondió finalizar las obras del altar mayor, que habían sido iniciadas, ya lo dijimos, por su antecesor el señor cura García Morfín.

Por la revolución llamada de los “cristeros”, tuvo el señor cura Pérez que exiliarse al extranjero, hasta por el año de 1929, en que regresó a Tingüindín, estando hasta el año 1932, en que vino a ocupar su lugar el señor Pbro. Don Emiliano Ávalos.

Nota del Editor: el texto fue obtenido del libro citado, páginas 106 y 107. La edición data de  1957 y fue impresa en los talleres de Impresiones Precisas Alfer, en México, D.F.

sábado, 25 de junio de 2011

Colectivo zamorano de fotografía - Fotografía de Rubén Guillén Soto

  
En acción el colectivo de fotografía: Víctor Javier López Mendieta, Jaime Ramírez y Sergio Alfaro Romero. Y detrás de cámara Rubén Guillén Soto, por supuesto.

Cocinera tradicional michoacana de Ocumicho - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


La concina tradicional mexicana fue proclamada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad de la mano de la cocina típica michoacana. Es admirable, como lo muestra esta extraordinaria imagen de Sergio, que algo tan grandioso se logre en lugares tan modestos. No cabe duda que lo grandioso se cocina con el talento propio y una herencia cultural centenaria.

viernes, 24 de junio de 2011

Municipios de la Región Zamora - Briseñas de Matamoros


EL municipio de Briseñas se localiza al noroeste del Estado, en las coordenadas 20º16' de latitud norte y 102º34' de longitud oeste, a una altura de 1,520 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con el Estado de Jalisco, al este con Vista Hermosa, al sur con Venustiano Carranza y Pajacuarán y al oeste con el Estado de Jalisco.

 

La población del municipio es de 9,560 habitantes, según el II Conteo Nacional de Población y Vivenda 2005. Tiene una superficie de 67.46 Km² y su relieve es plano y alto, tiene además la depresión del río Lerma y del Lago de Chapala, que son parte de sus recursos hidrológicos junto con el río Duero.

El municipio esta comunicado por la carretera federal 110 México-Colima-Manzanillo y la carretera federal 35 Morelia-Guadalajara. Además, cuenta con servicio de correo, telégrafos, teléfono en vivienda y caseta telefónica, cobertura del servicio celular y fax. Se distribuyen periódicos y revistas de circulación regional, estatal y nacional, además de contar con una amplia cobertura en sintonía de radio AM-FM y canales de televisión nacional.

Los servicios educativos disponibles en el municipio son: preescolar, primaria y secundaria; además el INEA atiende grupos de alfabetización en nivel primaria y secundaria.

La demanda de servicios médicos de la población del municipio, es atendida por organismos oficiales y privados, en el medio rural y urbano. Se cuenta con un centro de salud tipo “R-02" de la Secretaría de Salud y una clínica IMSS-Coplamar

Aunque no cuenta con un mercado municipal, los centros de suministro comercial son: tianguis y tiendas de abarrotes.

El municipio cuenta con instalaciones deportivas: tales como 6 campos de fútbol, 4 de béisbol, 6 canchas de básquetbol, 6 de voleibol y un lienzo para charrería.


Las principales localidades del municipio son:

Briseñas de Matamoros.
Cabecera municipal. Su actividad principal es la agricultura. La cabecera municipal está conurbada con La Barca, Jal., divididas por el río Lerma, que marca el límite con el Estado de Jalisco. Se ubica a 213 Km. de la capital del estado.


ExHacienda Las Briseñas
Actualmente Palacio Municipal, donde el ex Presidente Porfirio Díaz pasó una semana en 1910.

 
 Templo del Señor de la Agonía
Concluida en 1870, formaba parte de la Hacienda de Briseño.



Eucalera de Briseñas
Es un espacio cubierto de eucaliptos, con asadores en puntos estratégicos.


Cumuato.
Localidad a 2.5 Km. rumbo Sudoeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por la carretera federal 110. Su principal actividad económica es la agricultura.


Eucalera de Cumuato  
Es un espacio con abundantes eucaliptos cuenta con asadores en puntos estratégicos


Ibarra.A 7 Km. rumbo Sudoeste de la cabecera municipal y comunicada con ésta por la carretera federal 110 hasta el poblado de Cumuato y de ahí por terracería. Sus principales actividades económicas son la agricultura y la ganadería.


Paso de Hidalgo.A 2 Km. rumbo Este de la cabecera municipal y comunicada con ésta por la carretera federal 35 hasta el entronque doblando a la izquierda, al camino de terracería que lleva a la localidad. Sus actividades económicas principales son la agricultura y la ganadería.


Eucalera de Hidalgo
Espacio cubierto de eucaliptos, cuenta con canchas deportivas,
declarado Área Natural Protegida.


Unión de los ríos Duero y Lerma
Sitio con abundante flora y fauna, adecuado para la observación, pudiendo encontrarse aves de pantano, garcetas y aves canoras.


Puente de Arcos
Construido a principios de 1900 para dar paso a los pobladores del ejido de Cumuato. Reconstruido en 2004.





Notas del Editor:
Este material fue publicado en el año 2007 por el Subcomité de Planeación y Desarrollo Regional (SUPLADER) de la Región Ciénega de Chapala y El Colegio de Michoacán.

Su objetivo fue realizar un Inventario del potencial, en materia de recursos turísticos, de esta parte noroccidental del estado de Michoacán. De esta forma, el documento se presentó como una base para posteriores trabajos, que deben complementarlo, y no como un catálogo exahustivo.

Por otra parte, se advierte que se incluyen lugares en los que se requiere de infraestructura de atención al turista, accesos adecuados y atención en materia de limpieza.

Incluimos toda la información en este blog porque queremos hacer un reconocimiento al trabajo realizado y porque la difusión de sus resultados es sumamente útil para hacernos una conciencia más clara, completa y real de nuestro potencial turístico: lo que tenemos y lo que nos falta realizar.

miércoles, 22 de junio de 2011

La Catedral Inconclusa o simplemente "La Inconclusa", ahora nuevo Santuario Guadalupano de Zamora


Durante décadas y por generaciones, la Catedral Nueva del obispo Cázares y Martínez fue conocida por los zamoranos como "La Inconclusa". Esta imagen conmovedora, que ahora por fortuna ha quedado sólo para la historia, muestra la parte que actualmente ocupa la enorme nave central del templo en una vista hacia su puerta principal. Adentro, un simple lote valdío instalado en medio de lo que alcanzó a contruirse antes de la suspensión de la obra, en 1914.

Santuario Guadalupano de Zamora, la Catedral Nueva del obispo José María Cázares y Martínez - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


El segundo obispo en la historia de la Diócesis de Zamora, don José María Cázares y Martínez, proyectó lo que hoy es el Santuario Guadalupano de Zamora como la nueva Catedral que estaría a la altura de la Ciudad Episcopal que proyectó tan grandiosa como este templo neogótico que soñó a finales del siglo XIX y se ha concluído en este comienzo del siglo XXI.

Sergio lo ha captado en esta vista excepcional en que, por cierto, también se aprecian las torres del templo de San José, en la esquina derecha inferior de la imagen, y la punta de la torre del templo de San Francisco, en la esquina inferior izquierda.
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