Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.

domingo, 3 de octubre de 2010

Para una Monografía de Zamora IV


LA ECONOMÍA zamorana se fundamenta en la agricultura.

A finales del siglo XIX y principios del XX la región de Zamora fue un importante granero de maíz y trigo, y a partir de la segunda mitad del siglo XX su desarrollo económico se fundamentó en la construcción de infraestructura de riego, en la disponibilidad de fuentes de apoyo financiero y en los cultivos de ciclo corto y alto rendimiento: fresa, papa, cebolla y jitomate, entre otros. El cultivo de fresa y su exportación a Estados Unidos fue el detonador de la economía regional.

Por todos lados se vio cada vez más gente yendo y viniendo: «proveedores» y «clientela» a ojo de los comerciantes. A los productos agrícolas locales se sumaron los traídos de fuera y el mercado municipal se convirtió en central de abastos regional.

Los propios y extraños, pero sobre todo estos últimos, venían a hacer su mandado, y de paso a darse una vuelta por tiendas y tendejones que surgieron ofreciendo una variedad de mercancías que sólo en Zamora se encontraban, o había que ir hasta Guadalajara o hasta el mismísimo México para hallarlas.

De paso, la ciudad también ofrecía un pequeño batallón de artesanos que ejercieron oficios de carpintería, herrería, rebocería, talabartería y otros más que no terminan en “ería”, como los sombrereros.

La ubicación geográfica siempre ha beneficiado el desarrollo económico de la región zamorana, pero la gente bendice más ese hecho por la riqueza agrícola de sus tierras, plenas en oro negro, un sedimento ancestral del pasado cenagoso de sus valles que, en efecto, ha fertilizado naturalmente los cultivos que alrededor de Zamora se producen.

También es cierto, y se ha documentado profusamente, que los zamoranos construyeron el paisaje natural de su hábitat: desecaron los pantanos con eficientes sistemas de riego, aprovechando así nada más el agua que necesitaron y que siempre les llegó más desde ríos y manantiales que del cielo.

De la siembra anual de casi puros granos se logró pasar al cultivo en tres ciclos anuales de una diversidad de hortalizas y de productos que los expertos han llamado de ciclo corto y alto rendimiento.

Para acabar pronto: la historia de la producción agrícola en la región zamorana partió del autoconsumo y llegó al abastecimiento con cada vez más alcance en la región y en el país, y de allí se dio un brinco a la agricultura para el abastecimiento de la agroindustria y la exportación, para ganar en dólares.

Tierra de ricos hacendados, de familias zamoranas de abolengo porfiriano que construyeron el rostro de un asentamiento que pasó de ser un pueblo de casas chaparras a una ciudad con casonas para las familias y templos diseminados por aquí y por allá para el clero zamorano, para el fervoroso laicado y, por supuesto, para Dios.

Este hecho también ha sido documentado desde la frialdad de los datos contables hasta las pesquisas en busca de argumentos contra la explotación bárbara de los desposeídos, de los excesivos contrastes entre ricos y pobres y otras cosas de la misma índole.

La riqueza agrícola, así como estaba distribuida, produjo en Zamora una auténtica explosión demográfica: gente y más gente que llegó desde poblaciones circunvecinas e incluso que vino desde muy lejos. En las cuentas siempre fueron más los avenidos que los hijos de familia local.

(Imagen: La tecnologización de la agricultura convive en el Valle de Zamora con la mano de obra rústica para producir una vasta riqueza mal distribuida. Fotografía de José Luis Seefoó, publicada en Frutos del Campo Michoacano, El Colegio de Michoacán-Gobierno del Estado de Michoacán, Zamora, 1999, p. 198).

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