Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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jueves, 28 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (séptima parte)

Procesión en honor a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Jaime Cristóbal López.

El señor Cura Pbro. D. Baltazar Espinosa, que ya tiene muchos
años de residir en Tarecuato, amablemente nos mostró el lugar, el
rincón de la alcoba, en donde se extinguió la vida terrenal de Fray
Jacobo. En el mismo sitio, exactamente, duerme ahora el señor Cura
Espinosa.

En una de las paredes, hay un pequeño cuadro impreso, con
un sencillo marco de madera, que dice:
“En este ángulo de la sala durmió en el Señor, el día 13 de julio
de 1877, el Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. D. José Antonio de la Peña
y Navarro, primer Obispo de Zamora”.-“Septiembre de 1923.
Pbro. Felipe Torres”.

El Padre D. Felipe Torres, fue nativo de Tarecuato, allí vivió
por muchos años, y allí murió. El fue quien mandó poner ese recuerdo.

Y nos relató el señor Cura Espinosa, lo siguiente: Que el señor
Obispo había salido de Zamora a una de sus visitas pastorales.
de las poblaciones de su diócesis. Llegó primeramente a Santa Mónica
Ario, enseguida a Santiago Tangamandapio, después a Tarecuato
y a Tingüindín y de este lugar por Guátzcuaro a la población
de Jaripo. Que en esta población se agravó de sus enfermedades, y
entonces, presintiendo seguramente su próxima muerte, pidió a
quienes lo acompañaban, que no lo llevaran a Zamora, sino precisamente
a Tarecuato, “para tener la dicha de morir en el mismo sitio,
en que murió un santo”. “Y Dios quiso seguramente, haberle concedido
esa gracia”.

Vimos cómo rejuvenecido el naranjo agrio, que lleva seguramente
cerca de los cuatro siglos de haber sido plantado. Efectivamente está
su follaje de primavera, se podría decir que como con mayor alegría,
que cuando lo vimos hace más o menos veinticinco años.

Sus recias columnas de cantera, del exterior del convento, y del
patio del mismo, semi monolíticas; una pila de cantera, también en
el patio principal, de un metro y medio en cuadro, aproximadamente,
y labrada en una sola pieza.

Y ahora el señor Cura acaba de adquirir una muy bonita copia
o reproducción al óleo, del retrato de Fray Jacobo, que se conserva en
Tzacapu.

Recordamos, como antes decíamos, que más o menos hará veinticinco
años, recorrimos los mismos sitios; pero entonces el convento
estaba deshabitado, y acababa de ser por varios años, cuartel, por lo
que se podrá comprender el estado en que lo conocimos.

En esa ocasión fuimos para acompañar a un Inspector de Bienes
Nacionales, que traía la misión especial de buscar un cuadro, de
muchísimo valor, que habiendo sido un regalo a Fray Jacobo de sus
parientcs de Europa, estuvo por varios siglos en el convento de Tarecuato.

Se trataba de un cuadro de tema religioso, que no se sabía a punto
fijo cuál era, pero de una auténtica obra de “Murillo”.

Naturalmente nada se encontró en Tarecuato, ni la más mínima
información sobre dicho cuadro, que nadie había conocido en el
convento.

Algún tiempo después, dicho Inspector nos informó, que el cuadro
lo buscaban, porque el gobierno había interceptado correspondencia
en que de México lo proponían en venta al Museo del Prado de
Madrid, y que había sido ya localizado y recogido en el puerto de
Vcracruz. Se encontraba ya exhibiéndose en el “Museo de Arte religioso'”
en la Ciudad de Puebla.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (sexta parte)

Monumento a Fray Jacobo Daciano en Jiquilpan, Michoacán.
Fotografía de Carlos Magaña Díaz.

Y por lo que pudiéramos decir de la relación hablada, de las
leyendas, como las anteriores del Lic. D. Eduardo Ruiz, lo que cariñosamente
se ha ido transmitiendo en varios siglos, de generación
en generación, lo que oíamos de niños, lo que escuchábamos de labios
de nuestros antepasados, de los más viejos del pueblo, cuando ya
nuestros abuelos por sus muchos años, estaban para despedirse de esta
vida, es más o menos lo mismo, con sólo algunos detalles, a cual
más fantásticos, para hacer más ameno el relato, darle mayor interés
y más misterio a cada detalle.

Lo que en realidad puede considerarse como más o menos cierto;
lo que se ha ido confirmando al transcurso de los años, sobre el
lugar, la cueva o la cripta muy oculta, en que posiblemente por más
de doscientos años, se conservó sin descomposición el cadáver de Fray
Jacobo, es que, o fue en un subterráneo del convento, o en algún lugar
muy escondido en las serranías cercanas a Tarecuato, donde, él,
conocedor como ninguno de los más intrincados vericuetos, barrancas
y grutas de las montañas, instruyó a algunos de los principales del pueblo
y de toda su confianza, para que al morir lo guardaran, en ese determinado
sitio, ya preparado de antemano, y en donde por la humedad
de algún nacimiento de agua extremadamente fría, y la cueva
igualmente a una permanente temperatura de refrigeración, pues en
los alrededores de Tarecuato, hay alturas de más de tres mil metros,
sobre el nivel del mar, su cuerpo momificado, tendría que conservarse
sin descomposición indefinidamente.

Y así permaneció muy probablemente, quizás por más de dos siglos,
pues se ha sabido de una manera insistente, que con mucho sigilo,
sus parientes de sangre real de la muy lejana Dinamarca, del ya
hace mucho tiempo desaparecido reino de Dacia, por conducto de una
Embajada extranjera en México, hicieron gestiones, para llevar el
cuerpo momificado de tan extraordinario religioso, del “Santo de Tarecuato”,
a descansar para siempre en la vieja Europa, en el cementerio
de sus mayores.

Precisamente al terminar de escribir lo anterior, abril de 1957,
quisimos ir a ver con nuestros propios ojos, lo que ya hace más de
veinticinco años, habíamos visto igualmente que ahora,
con la veneración que se tiene para lo que nos habla,
en sus piedras, en la antigüedad de sus muros carcomidos
por los siglos, en tantos y tantos pequeños detalles, de lo que
sería, de lo que fue, en sus tiempos de esplendor
el convento de ''Santa María de Jesús" de Tarecuato, de
más de cuatro siglos de existencia.

En donde vivió más de cincuenta años, haciendo el bien, y en
donde cristianamente también murió, Fray Jacobo Daciano, que
tanto amó a nuestros pueblos serranos.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (quinta parte)

Imagen de Fray Jacobo Daciano en la parroquia de San
Francisco de Asís de Tarecuato en Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.

Los que en tiempos muy lejanos escribieron sobre Fray Jacobo, no
precisan el año en que murió, y sólo dicen, algunos de los misioneros
historiadores, que llegó a su última vejez, por lo que podría conjeturarse
que pasó de los ochenta años, y  así debió de ser, puesto que solamente
en Tarecuato, se afirma que vivió, por más de medio siglo.

Por algunos historiadores se señala su muerte un día 29 de octubre
pero sin anotar el año.

En los “Anales de Tarecuato'”, que ya hemos citado anteriormente,
y que fueron publicados por el historiador michoacano, Dr. Don
Nicolás León, en '”El Estandarte'” de San Luis Potosí, en el año de
1898, se dice: “1566. En dicho año prendieron al Marqués en México,
y se llevó Dios para sí, al Padre Jacobo".

Se refiere, primeramente, a cuando fue hecho prisionero y depuesto
de su cargo de Capitánn General y Gobernador de la Nueva España,
a Don Hernán Cortés.

Fray Isidro Féliz de Espinosa, nos dice: “Sus últimos días (de
Fray Jacobo) los vivió entre San Ángel y Tarecuato y llegando a más
de setenta años de edad y más de cincuenta de religión, lo llamó el
Señor en Tarecuato, años de 1601 a 1604”.

Creemos que este cronista está más en lo cierto, respecto a la fecha
en que aconteció su muerte, pues vino Fray Jacobo a Michoacán
y especialmente ya a Tarecuato, muy joven, en el año de 1543, habiendo
residido en el convento de ese lugar por más de medio siglo. En
cambio no estamos de acuredo en que su vida haya sido solamente de
setenta años, pues todos los historiadores afirman que “llegó a la
última vejez'”, y solamente habiendo pasado de los ochenta años, pudo
haber estado en Tarecuato el medio siglo”.

“Fue enterrado en la sepultura común de los religiosos, pero es
tradición constante, que los indios lo sacaron después de algún tiempo
y lo colocaron en un nicho de la pared maestra de la iglesia, tras
del retablo del altar mayor y que se conservaba seco y entero y puesto
de pie y que cada cuatro o cinco años, con mucho secreto, traían sayal y
le hacían su hábito nuevo y se lo mudaban guardando los despojos del
antiguo como reliquia. Extrañas diligencias han hecho en todos los
tiempos, muchos prelados de esta provincia, para saber de los indios
donde le tenían y ni con ruegos, ni con dádivas, ni temores, ha sido
posible el que los indios descubran este secreto; porque es entre ellos
voz común haberles dicho Fray Jacobo, que mientras se conservase así
su cuerpo, se conservaría el pueblo y se libertaría de pestes
y otros infortunios”.

“A un religioso muy anciano, le descubrió una india vieja, el que
ella sabía dónde estaba, pero que no podía decirlo, por los otros indios.
y que era cierto que estaba entero y solo tenía raída la punta de la
nariz”.

El Lic. Don Eduardo Ruiz, hace aproximadamente un siglo, dejó
escrito lo siguiente: “El cadáver del padre Jacobo fue inhumado en
la iglesia de aquel pueblo (Tarecuato) pero es fama que en la noche
del mismo día, los caciques principales lo extrajeron, e incorrupto, como
si el misionero solamente estuviera dormido, lo ocultaron en una
cripta en el fondo de espaciosa e ignorada gruta, al cuidado de tres
indígenas de los más ancianos del pueblo, únicos poseedores del secreto,
que se transmitirían a otros indios de mucha edad y confianza, cada
ocasión que moría alguno de los tres, que estaban en el secreto y
eran los guardadores del sepulcro".

“En aquel ocu1to sitio arden constantemente muchos cirios y se
eleva sin cesar el humeante perfume de los incensarios”.

“Cuéntase que una vez un párroco que se hizo querer mucho de
sus feligreses, logró que cierta noche lo llevasen a visitar la cripta.

Por precaución lo condujeron en hombros los tres viejos guardianes,
vendándole previamente los ojos. El sacerdote, sin embargo, ocurrió
a un arbitrio, que juzgó infalible para hallar después el sepulcro, y lo
puso en planta al ir caminando. La comitiva penetró en la caverna.
quitaron al señor cura la venda, y pudo contemplar el inanimado
cuerpo del apóstol, imaginándose cuánto fruto podría sacar del hallazgo.

Volvió tranquilo y lleno de ilusiones. Al día siguiente antes
de levantarse, entraron a su aposento los viejos principales y le dijeron:
“Tata Cura, anoche se te reventó tu rosario en el camino del
santo sepulcro; pero aquí te entregamos tus cuentitas de chaquira.
que hemos pepenado desde la puerta del curato hasta la entrada de
la cueva. Cuéntalas no falta una sola”.

jueves, 17 de octubre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (cuarta parte)


El historiador Don Eduardo Ruiz, y sobre la vida de sacrificios
de Fray Jacobo, nos dice: “Refiere la crónica que una vez recorrió
más de cien leguas, hollando la tierra con el pie desnudo, a fin
de servir de lazarillo a otro varón ejemplar, Fray Antonio de Segovia,
anciano y ciego, que tenía que asistir a un ‘Capítulo’ que se celebraba
en Huetjotzingo” (en el lejano Estado de Puebla).

“En lo político y cortesano, pudo fundar repúblicas, como hizo
notorio en el pueblo de Tarecuato, pues estando ya deteriorado,
lo arregló de nuevo, con calles, plazas y casas y costumbres,
con toda perfección, ordenando que la comunidad del pueblo
repartiese las tierras baldías, con lo que creció mucho el pueblo.
Fundoles un hospital que es de los mejores de la provincia.

Fundó escuelas para los niños en que aprendiesen a leer,
escribir y contar. Verdad es que no fundó este pueblo
de Tarecuato (ya lo dijimos anteriormente pero lo reformó
todo con tanto esmero que bien mereció el título de su fundador”.


Naranjo agrio en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López

Existe todavía en el patio principal del convento, dando fruto, un
naranjo agrio, seguramente varias veces centenario, pues se asegura
que fué plantado por Fray Jacobo, habiendo sido por muchos años un
varejón seco, pues le había servido de báculo.

Atrio de la parroquia de San Francisco de Asís
en Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.

En el atrio del mismo convento, todavía hace pocos años, se veían
gruesos troncos de olivos, que se dice fueron plantados por las propias
manos de Fray Jacobo, y también, por lo tanto, varias veces centenarios.

Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Marco Wence.

En el mismo amplísimo atrio, de muchísimo mérito arqueológico,
pero ya semi destruido, y que a la vez que atrio del templo y del
convento, y hasta hace pocos años también cementerio del pueblo,
se conserva todavía grande cruz labrada de cantera, sobre una amplia
base de calicanto, con inscripciones y alegorías franciscanas, y con
signos tarascos, que deben señalar alguna fecha o determinado
acontecimiento de importancia para el pueblo; por supuesto que
solamente podrá descifrarse por un entendido en códices antiguos.

Y valdría la pena, que se hiciera, pues daría luz, seguramente,
como decimos en alguna fecha o acontecimiento de mucha
importancia para Tarecuato.

Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Sergio Alfaro Romero.

Nosotros creemos que esa cruz, de tan grande mérito artístico y
arqueológico, lo primero porque es propiamente una filigrana,
un encaje hecho en cantera, y lo segundo por los siglos
de haber sido levantada, muy probablemente lo haya sido,
a la llegada de los primeros religiosos franciscanos, y antes de
la construcción del templo y su convento.

viernes, 11 de octubre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (tercera parte)

Monumento a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Rodrigo Godínez.

Y seguiremos en sus relatos a Fray Isidro Félix de Espinosa:

“Con este oculto llamamiento de Dios, renunció al oficio que tenía
de Provincial de Dacia y se salió fugitivo, a favorecerse en tierra
de católicos (fue a España) solo, a pie, descalzo y pidiendo limosna
de puerta en puerta”.

“Llegó a la corte del monarca católico, que a la sazón lo era el
invictísimo Carlos V, quien comprendió la utilidad que tan sabio
monje tendría para la catequización del nuevo mundo, e inmediatamente
lo proveyó de favorables cédulas reales y recomendaciones para el
Virrey y Real Audiencia de la Nueva España, encareciendo el
decoro de tan gran persona”.

“Por los años de 1530 a 1531, escribe el Lic. Don Eduardo Ruiz,
llega a la Nueva España. Hacia el año de 1516, funda y predica,
primero en Querétaro, pasa después a Tzacapu y finalmente a Tarecuato”.

“En los tres lugares reorganiza a los indios, los induce a urbanizarse,
al arreglo de sus poblados, a trabajar y a preocuparse por sus
almas inmortales. Levanta humildes jacales, que le sirven de iglesia y
de convento, construcciones que a fines del siglo fueron reemplazadas
por edificios de cal y canto”.

En los “Anales de Tarecuato”, del michoacano Doctor Don Nicolás
León, se lee: “Año de 1543: En dicho año entró a Tarecuato
el Reverendo Padre, Fray Jatobo Daziano e hizo la Iglesia de dicho
pueblo”.

“Por entonces era Michoacán la atracción de los religiosos, que
querían probar su fe y religión, pues eran incontables las poblaciones
de crecido número de habitantes de indios de diferentes razas e idólatras,
aparte de que se contaban grandes cosas de lo que en todos los
órdenes eran las extensas tierras de los tarascas”.

“Vino, pues, Fray Jacobo, con la orden de franciscanos y siendo
su ilustración muy grande y facilidad para aprender diversas lenguas,
en poco tiempo fue maestro en la lengua tarasca, que llegó a saber
con tal primor como la latina, griega y hebrea”.

“Era admirable la ligereza con que caminaba de una parte a otra,
llevado de la necesidad de sus prójimos y se conoció que le ayudaba
otra fuerza superior, pues caminaba tan ligero y veloz, que sucedió
muchas veces salir de su convento para otros, con indios, que por el
respeto que le tenían no le dejaban y yendo ellos a caballo caminando
tras él, al galope, no le podían dar alcance, yendo Fray Jacobo a
pie y descalzo, y cuando ellos llegaban ya él había descansado, y ellos y
sus caballos venían rendidos”.

“Este fue uno de aquellos varones de que hasta hoy se conserva
la memoria, que teniendo su vivienda en un convento, que servía de
cabecera para otras visitas, muy distantes, por ser tan contados los
religiosos, decía la primera misa en aquel convento y después segunda
y tercera en partes muy distantes y muchas veces se volvía el mismo
día a su convento”.

Ya lo dijimos: “El pueblo de Querétaro fue fundación de Fray
Jacobo, y el convento de Tzacapu, con su iglesia, se hizo también por
su esfuerzo y diligencia. En el de Tarecuato trabajó para darle a la
iglesia y convento, toda su perfección y aquí vivió años, hasta su
muerte”.

“Dotóle el Señor de singularísimas gracias y entre ellas parece
haber tenido el espíritu de profecía, pues estando de Guardián
en su convento de Tarecuato, una noche que estaba en
oración, vio por revelación divina, cómo el Emperador
de España, con su muerte daba fin a lo caduco del
imperio humano.

Púsose al punto a pedir al Señor por su a1ma, y luego
que amaneció, después de haber rezado prima con los
demás religiosos, mandó poner un túmulo tal como lo
merecía la grandeza del difunto y lo permitía la corta esfera
de aquella iglesia, y le cantó una misa de réquiem,
con la mayor solemnidad que se vio en aquellos principios".

“Los religiosos admirados de oír nombrar en la misa al Emperador
difunto, le preguntaron qué motivo tenía para ello y respondió
que ciertamente era ya difunto. Suspendieron, los religiosos, su juicio,
conociendo su santidad y después de algunos meses, en que vino
la flota y trajo la triste nueva, se supo con certeza que había muerto,
precisamente en la noche de aquel día, en que Fray Jacobo le había
hecho las exequias”.

Fue el Emperador Carlos V, quien precisamente a las dos de la
mañana, del día 22 de septiembre de 1558, entregaba su alma a Dios,
en el convento de religiosos Jerónimos de San Yuste, en España.

Fray Pablo de la Concepción Beaumont, difiere por un día, en
esa fecha del fallecimiento de Carlos V, pues dice que lo fue, “el día
de San Mateo, 21 de septiembre de 1558”.

Posiblemente ambos historiadores, Fray Isidro Félix de Espinosa,
y Fray Pablo de Concepción Beaumont, tengan razón, pues el Lic.
D. Eduardo Ruiz, nos dice “que la muerte del Emperador, tuvo lugar
la noche del 2l de septiembre, precisamente cuando Fray Jacobo,
tuvo la revelación de tan infausto acontecimiento.

jueves, 3 de octubre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (segunda parte)

Estatua a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía obtenida de: Semanario Guía.

De Fray Isidro Félix de Espinosa, historiador franciscano, de reconocida
competencia, seriedad y solvencia moral, vamos a tomar algunos
muy interesantes capítulos sobre lo que ese historiador llama:
“la vida admirable del extático Fray Jacobo Daciano”, y para que no
pierdan algunos de esos relatos, el sabor agradable de lo de antaño
hasta en el lenguaje, los escribiremos como fueron dados la
publicidad por tan ilustre historiador.

“Fray Jacobo Daciano, tuvo su origen no menos que de sangre
real, heredada de los reyes de Dacia, en la antigua Europa”.
“Pequeño reinado que existió al norte del Danubio, ahora Dinamarca”
(Lic. D. Eduardo Ruiz).

“Desde tierna edad fue dedicado al estudio por sus opulentos
padres. En pocos años era un maestro en artes, teología e idiomas,
principalmente hebreo y griego. Fue uno de los más insignes teólogos
de todo el reino de Dacia en tiempo de Lutero. Por la grande
oposición que hizo a éste, le decretó su muerte y mandó a cumplir
su maligno deseo a varios de sus mismos discípulos, que viendo el
temerario valor de Fray Jacobo, de ir a rebatir sus argumentaciones a
las reuniones de sus encarnizados enemigos, no se atrevieron a asesinarlo,
sino por el contrario, le informaron de las órdenes que de Lutero
tenían”.

Estatua de Fray Jacobo Daciano en Zacapu.
Fotografía obtenida de: wwwtzacapotacanendam.

Don Jesús Cárabes Pedroza, sobre exactamente el mismo tema,
escribe:

“La historia no es menos explícita que la leyenda. Todas las
Crónicas franciscanas (y también las de otras órdenes religiosas,
añadiríamos nosotros) le dedican numerosas páginas: Muñoz, La Rea y
Espinosa de Michoacán y Torquemada, de México, hablan de la vida
y milagros del santo fraile. He aquí un resumen de lo que se encuentra
en tan seguras fuentes”:

Y sigue diciendo, habiéndolo tomado del historiador Muñoz:
“Nace en Dinamarca de padres nobles. A los quince años pide el hábito
de San Francisco; pronto profesa, y practica todas las virtudes
y se distingue en las ciencias sagradas y profanas. Es elegido Provincial”.

“La herejía protestante invade la península de Jutlandia, por
la apostasía de rey y clero. Procuró porfiadamente con grandes persuasiones,
un obispo, tocado de esta diabólica lepra, (luterana) atraerlo
a ella, y viendo trabajaba en vano, y que no podía desquiciar al
fuerte y católico varón, mandó a sus criados, en lengua italiana, lo
matasen en saliendo, lo cual entendió un compañero padre lego que
llevaba, y despedidos del obispo, le dijo: “Padre, dónde vais, que os
han mandado matar?'”. “Y él respondió sin turbación, con palabras
de confianza: No es llegada la hora; que más trabajos tengo que padecer.
Y sin recibir mal, ni daño, se salió, que fue cosa maravillosa
a vista de muchos".

Hemos querido dar esas dos versiones de los principios de Fray
Jacobo, porque las dos, aunque algo difieren, ambas proceden de autores

muy serios, y ambos historiadores de la religión seráfica.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (primera parte)


Imagen obtenida de: Relatos e historias en México.

Por el año de 1525, a petición personal, al conquistador Don Hernán Cortés, del último rey de los tarascos "Tanganxoan" (II), vinieron a estas tierras los primeros cinco religiosos franciscanos, para iniciar la conquista espiritual, para dar a conocer a Cristo, donde por muchos siglos la única religión había sido la idolatría.

Fueron cuatro los primeros conventos franciscanos en Michoacán: Tzintzuntzan, que era la capital del reino purépecha; Pátzcuaro, donde residía la nobleza y los descendientes de abolengo, de los antiguos reyes tarascos; Tzacapu, que fue la antigua capital de los "tecos", y Tarecuato, que propiamente era la población de mayor importancia, y la capital de toda la sierra occidental de nuestro Estado.

Los primeros religiosos franciscanos llegaron a Tarecuato, aproximadamente por el año de 1533. La construcción de su templo y convento probablemente, se inició, a mediados del siglo XVI.

Aun cuando no fue su fundador, vivió por cerca de medio siglo, en ese convento de Santa María de Jesús de Tarecuato, un religioso, Fray Jacobo Daciano, que sin duda por su vasta ilustración, por su vida ejemplar, por su lucha tenaz y constante en favor de los naturales, dejó perpetua memoria en toda la sierra, en que se conocieron y apreciaron sus grandes cualidades de sabio, benefactor y virtuoso, llamándosele muy cariñosamente, todavía hoy, en todos los pueblos de esta región: ''el santo fraile de Tarecuato".

Estatua de Fray Jacobo en Tarecuato.
Imagen obtenida de: Katolsk Orientering.

No hay persona de edad, en Tarécuato, en Tzacapu, en Tingüindín, y en todos los pueblos de la sierra occidental, como bien dice el Hermano Marista Don Jesús Cárabes Pedroza "de Xiquilpan a Tzacapu y de Cotija a Tancítaro", a quien no hayamos oído relatar, con verdadera veneración y convencimiento, anécdotas y leyendas, que por tradición hablada, de padres a hijos, se han venido transmitiendo desde hace más de cuatro siglos, de la vida admirable de Fray Jacobo.

Quisimos por ello, recoger de las crónicas y de la historia, escritas desde mucha antigüedad, algo de lo que se hubiere relatado sobre tan extraordinario religioso, y verdaderamente son dignos de narrarse muchos episodios, y lo haremos para que perduren todavía para otras generaciones, esos recuerdos de cariño, veneración y respeto, para Fray Jacobo, que dejó una estela de bondad en los corazones de muchas generaciones de nuestros antepasados.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Conquista española de Tingüindín II - Texto de don Ramón Pardo Pulido - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina

Santuario de Nuestra Señora de la Asunción.
Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina.

“El curato era extenso y poblado, sigue escribiendo el Doctor José Guadalupe Romero, hoy ha perdido mucho con la separación de Cotija. Su área no creo que exceda de treinta y seis leguas cuadradas y su población de once mil habitantes”.

Ya se podrá comprender por la extensión de treinta y seis leguas cuadradas, 144 kilómetros aproximadamente, y ya sin la vicaría fija de Cotija, la importancia y extensión tan enorme del curato de Tingüindín, a raíz de la conquista española.

Para una mayor comprobación de que la conquista de Tingüindín no pudo ser durante la expedición de Don Cristóbal de Olid, expedición que, ya lo dijimos, debió de tener lugar durante los años de 1524 y 1525, hemos encontrado también lo siguiente:

El historiador Orozco y Berra dice: “Para irnos acercando a la verdad, he aquí otro documento, debido igualmente al sabio Don Fernando Ramírez: Nómina extractada del cuaderno de tasaciones hecho de los pueblos de la provincia de Michoacán, por el Br. Ortega, alcalde mayor de ella… a pedimento del Lic. Benavente, Fiscal de su Majestad de la Real Audiencia. En miércoles 30 de abril de 1528”.

Con sumo cuidado hemos revisado la lista de los pueblos a que se refiere dicha nómina y no aparece todavía Tingüindín y en cambio figuran los nombres de algunas poblaciones cercanas, que seguramente sí fueron conquistadas en la expedición de Don Cristóbal de Olid, dos años antes de que se formara dicha nómina, de abril de 1528.

Después de la misma obra de Orozco y Berra, se doce que por noticias sacadas de una información judicial y a pedimento de Don Constantino Hutziméngari, nieto del último rey tarasco, se formó nuevamente una nómina o lista de los pueblos de la Corona Real, que caen en el Obispado de Michoacán, y en ella sí aparece ya el nombre de Tingüindín. Esta nueva nómina fue formada en el año 1594.

No damos a conocer las dos nóminas o listas de pueblos de Michoacán a que Orozco y Berra se refiere, porque son muy extensas y consideramos que no tendrían interés alguno para nuestro presente trabajo histórico.

domingo, 11 de agosto de 2013

Conquista española de Tingüindín I - Texto de don Ramón Pardo Pulido - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina

Santuario de Nuestra Señora de la Asunción
en Tingüindín, Michoacán.
Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina

En documentos antiguos, escritos por los años de 1579 y 1580, refiriéndose a la conquista de Tingüindín, es decir a cuando fue sometido este pueblo a la corona de Castilla, para el pago de los tributos al Rey de España, se dice:

“El descubridor conquistador deste dicho pueblo fue Don Fernando Cortés y Christoval Dolí, y otra mucha gente que venía con él, lo cual abra más de sesenta años que se conquistó”.

Seguramente que de una manera correcta debieron o quisieron escribir: “El conquistador de este dicho pueblo fue Don Fernando o Hernán Cortés y Don Cristóbal de Olid, y otra mucha gente que venía con él, lo que fue, hará más de sesenta años”.

Enseguida vamos a comprobar que no fue en la expedición de Don Cristóbal de Olid cuando fue conquistado Tingüindín, y que mucho menos los sesenta años que se dice habían transcurrido de esa conquista en 1579, pues nos daría el año 1519, y sabido es que la expedición por Michoacán de Olid fue más o menos por 1525.

Vamos a dar a conocer datos exactos de que la conquista pacífica de Tingüindín no fue por Don Cristóbal del Olid sino precisamente por Don Nuño de Guzmán en el año 1530, poco después de la muerte del último rey de Michoacán, Tanganxoán II.

El Doctor Don José Guadalupe Romero, en su obra “Noticias para formar la Historia y la Estadística del Obispado de Michoacán”, libro que fue impreso en 1862, dice lo siguiente:

“Tingüindín. Lugar muy antiguo, poblado por indios tarascos, conquistado por Nuño de Guzmán, después de la muerte de Tanganxoán II al pasar por estos lugares a la sangrienta conquista de la Nueva Galicia (hoy Jalisco).

“Se cree que Fray Jacobo Daciano fue el que civilizó a los indios y fundo la ‘doctrina’. En fines del siglo XVI ya tenía párroco del clero secular”.

De la meritísima labor espiritual y también material de Fray Jacobo Daciano en nuestro pueblo de Tingüindín y sus alrededores, merece escribirse con particularidad, pues es de justicia recordar con verdadera veneración a tan bondadoso y sabio religioso, y así lo haremos poco adelante.

Será un pequeño tributo nuestro a su memoria, pues aquí con sus queridos “naturales”, a quienes él llamaba sus hijos, gastó su larga y fecunda vida y les habló cariñosamente en su propia lengua, pues refiere la historia que en muy poco tiempo fue verdadero maestro de la lengua “tarasca”, como lo fue de la latina y hebrea.

viernes, 14 de junio de 2013

Algunos datos geográficos de Tingüindín en Michoacán (segunda parte) - Texto de don Ramón Pardo Pulido (publicado en 1957) (segunda parte) - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina

Hay en Tingüindín, Administración de Correos, con servicio de giros postales; Oficina de los Telégrafos Nacionales, también con servicio de giros telegráficos y Teléfonos de México, S.A., para comunicación por sus aparatos a cualquier lugar donde esa compañía tenga líneas.

En las oficinas de la Presidencia Municipal, se nos proporcionaron los siguientes datos, por lo que se refiere al último censo de población, levantado en el año de 1950:

Lugares          Municipio de Tingüindín                             Total de
                                                                                      habitantes
Aquiles Serdán (Antes San Ángel)                                    1,359
Chocandirán                                                                      205
Cuáquiro                                                                              6
El Moral                                                                            122
Guátzcuaro Alto                                                                520
Guátzcuaro Bajo                                                                 16      
Guajolote                                                                            4
Haciendita (Los Dolores)                                                      10
Huaquián                                                                            10
Molino de la Paz                                                                   17
Ojo del Bagre                                                                      20
Rincón del Chino                                                                266
San Juanico                                                                       253
Sirapetz                                                                              61
Tacátzcuaro                                                                    1,707
Tecolote                                                                            228
Tingüindín (Estación)                                                            50
Tingüindín, (Villa)                                                             3,158
Xhániro                                                                              251
                                                                    Total           8.263

Corno el censo de población, levantado en el año de 1940, acusa un total de 7,809 habitantes, para todo el municipio, en los diez años, corridos de uno a otro censo, hubo un aumento en la población de 454 habitantes.

Pero hay que tomar en consideración, que en el último censo, es decir en el de 1950, faltaron los datos de los lugares siguientes, que los pondremos con los mismos números con que aparecieron en el censo anterior de 1940:

Lugares                      Municipio de Tingüindín                  Total de
                                                                                    habitantes
Agua Escondida                                                                    8
Cerro de las Vacas                                                                8
Cuacáro                                                                               6
Loma de los Bermejos                                                         63
Rincón de Palacio                                                                  7
Las Trojes                                                                         45
                                                                    Total           137

Y así podría considerarse que el aumento de población del censo de 1940 al censo de 1950, fue de 591 habitantes.

Ese aumento, de 591 habitantes, en todo el municipio, en diez años, es muy inferior al de muchas poblaciones de nuestro país.

Esa anomalía de no crecer la población al ritmo de otros lugares, se debe de una manera particular, a que familias enteras o miembros aislados de algunas familias, emigran, a otras poblaciones, en busca de una vida mejor, pues el pueblo sufre desde hace algunos años, una crisis económica, que ha empobrecido a todos sus habitantes.

Y esa crisis proviene de que siendo Tingüindín, un pueblo serrano, sus montes maderables, son su principal riqueza, ya que sus tierras de labor son muy pobres para la agricultura, y mientras no se resuelva, no se reglamente como es lo debido, y no se permita de nuevo la explotación forestal, la miseria irá siendo cada día mayor.

Y verdaderamente no es lo justo, pues en todos los países del mundo, las explotaciones de los bosques, son de interés nacional, se hacen adecuada y racionalmente, no se prohíben sino cuando hay verdaderos motivos para hacerlo, y por el contrario se estimulan cuando así conviene, puesto que es una fuente de vida y riqueza, que racionalmente explotada a nadie perjudica, sino por el contrario es benéfica para muchos.


Ojalá y Tingüindín vuelva a ver sus días de bonanza, como los tuvo -durante cincuenta años, los primeros del siglo que estamos viviendo, aprovechando la enorme riqueza de sus bosques, que Dios quiso regalarle.

viernes, 26 de abril de 2013

Algunos datos geográficos de Tingüindín en Michoacán (segunda parte) - Texto de don Ramón Pardo Pulido (publicado en 1957) - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina


La población está asentada en las estribaciones finales del cerro de Patamban, de la sierra de Michoacán, hacia el occidente, a la que igualmente corresponde el Pico de Tancítaro, que es el de ma­yor elevación en el Estado. El Patamban tiene una altura de 3750 metros, sobre el nivel del mar, y el Tancítaro de 3860 metros, sobre el mismo nivel.

En la falda oriental del Tancítaro, aproximadamente a unos cuarenta kilómetros al sur este de la Villa de Tingüindín, el día 20 de febrero de 1943, nació el volcán "Parícutin", que a la fecha se encuentra ya apagado, habiendo durado aproximadamente siete años en actividad.

Perjudicó grandemente a varias poblaciones de la sierra, pero muy especialmente a San Juan Parangaricutiro, que desapareció com­pletamente, al igual que "Parícuti". De Parangaricutiro, quedó se­ñalado el lugar donde existió, porque las corrientes de lava no pudieron destruir los muros del templo, ni la torre, pues quedaron aprisiona­ dos, por el interior y el exterior del templo, por las corrientes de la­va que como ríos de fuego se extendieron destruyendo toda la pobla­ción, y que ya ahora se han ido petrificando.

Al siguiente día del nacimiento de ese volcán, estuvimos un gru­po numeroso de vecinos de Tingüindín, a contemplar el espectáculo de verdadera maravilla, que ofrecía ese acontecimiento, al princi­piar a formarse un nuevo cerro, en forma de cono truncado, en la cadena de montañas del Tancítaro, como seguramente nacieron los miles de volcanes apagados, que forman esa sierra del Golfo de Mé­xico al Océano Pacífico, precisamente en el paralelo diecinueve. Y que seguramente habrán estado en erupción, de uno por uno, hará miles y miles de años.

Al regresar al pueblo a los dos días, escribí las impresiones de lo que nuestros ojos contemplaron, seguramente que por la única vez en nuestra vida, y sugerí el nombre que debería de llevar el nuevo volcán, es decir que yo le impuse el nombre de "Parícutin".

Quien quiera comprobar lo anterior, puede acudir a la Heme­roteca Nacional, en la Ciudad de México, y buscar el diario metro­politano "El Universal", número 9554, del sábado 27 de febrero de 1943, o "El Informador" diario de Guadalajara, número 8820, del viernes 26 de febrero de 1943, pues ambos diarios publicaron mi ar­tículo, en esa ocasión, sobre el nuevo volcán, escrito en Tingüindín el día 23 de febrero de 1943, o sea tres días después de su nacimiento.

La Villa de Tingüindín, tiene actualmente las siguientes comu­nicaciones:

Por ferrocarril, el ramal de los Nacionales de México, que par­tiendo de Yurécuaro, pasando por Zamora, tiene su terminal en la cercana ciudad de Los Reyes. De Yurécuaro a Zamora, por esa vía, hay 42 kilómetros; de Zamora a Tingüindín, 75 kilómetros, y 19 ki­lómetros más, de aquí a Los Reyes, haciendo un total de recorrido, por dicho ramal, de 137 kilómetros.

Ese ramal fue construido a principios de este siglo, y le dio mu­cha vida económica V riqueza a estas poblaciones, pues por la esta­ción de Tingüindín, y lugares cercanos de embarque, salieron mu­chos millones de durmientes de pino y encina, maderas aserradas y durante muchos años, cantidades enormes de leña, cuando todavía las máquinas de vapor, gastaban ese combustible.

Los planes de construcción eran de que de Los Reyes, seguiría hacia el sur, hasta algún punto de la costa de Michoacán, en el Océa­no Pacífico, pero esos proyectos no pudieron realizarse, por las dis­tintas revoluciones que azotaron esta región, prácticamente desde 1910, hasta 1929.

Hace poco más de seis años iniciaron los trabajos para la carre­tera Jacona a Los Reyes, pasando por Tingüindín, y pronto estuvie­ron listas sus terracerías, por las que se ha transitado, hace poco má:> o menos cuatro años.

Precisamente a principios de este año de 1957, han empezado los trabajos de su pavimentación, en los que están trabajando actualmente.

Vienen de Los Reyes a Tingüindín, y seguramente para continuar hasta Jacona, en donde entronca con la carretera nacional de Gua­dalajara a México.

Por esa carretera hay 42 kilómetros de Jacona a Tingüindín, y 19 kilómetros más a Los Reyes, y por lo tanto en total 61 kilómetros.

Anteriormente, es decir antes de la construcción de la carretera, de que acabamos de hablar, de Jacona a Los Reyes, para llegar a la carretera nacional de Guadalajara a México, había que tomar el tren y bajar en la estación Moreno, o llegar en el tren hasta Zamora, por donde pasa también dicha carretera nacional a México.

martes, 12 de marzo de 2013

Algunos Datos Geográficos de Tingüindín - Texto de don Ramón Pulido Pardo (publicado en 1957)


Panorámica del actual Tingüindín.
Fotografía de Sergio Alfaro Romero


La Villa de Tingüindín de Argándar, en el Estado de Michoacán se encuentra situada en relación al Meridiano de Greenwich a 19º, 42' de Latitud Norte y 102º, 25' de Longitud Oeste. 

Los datos anteriores fueron proporcionados por el Servicio Meteorológico de Tacubaya, D. F., en oficio No 20631, de 18 de junio de 1934. 

Don Ramón Sánchez en su Historia de Jiquilpan, dice, que Tin­güindín se encuentra situado a los 30º, 21', 15" de Longitud Occidental y 20º, 00', 52" de Longitud Septentrional del Meridiano de México. 

La altura sobre el nivel del mar, varía mucho de un lugar a otro del mismo pueblo, porque la población se encuentra asentada en una loma y sus calles tienen fuertes declives, principalmente las que corren de oriente a poniente, pues mientras en la estación de los ferrocarriles, a uno y medio kilómetros de la salida poniente del pueblo, la altura sobre el nivel del mar es de 1710 metros, por la salida contraria de la población es de 1800 metros. 

La población ocupa una superficie aproximada de un kilómetro cuadrado, siendo las calles de norte a sur, las de mayor extensión. Está dividida la población en cuatro cuarteles, que en total contienen ochenta y cinco manzanas. 

El poblado está dividido, desde tiempo inmemorial, en tres barrios, con límites perfectamente definidos: San Pedro, San Miguel y La Purísima. 

Hay en el pueblo un grupo de Comunidad Agraria, de verdaderos campesinos, que lograron hace pocos años dotación de sus ejidos en muy buenas tierras de la orilla de la Laguna de la Magdalena, en donde fue zona federal. Ya antes habíamos informado más ampliamente sobre lo anterior. 

La Villa de Tingüindín es cabecera del municipio del mismo nombre, perteneciente al Distrito de Jiquilpan. Últimamente en lo judicial pertenece al Distrito de Zamora, y para las elecciones federales, de Presidente de la República, Senadores y Diputados al Congreso de la Unión, pertenece al Distrito de Uruapan. 

Panorámica del Tingüindín actual.
Fotografía de Jaime Ramos Méndez

Al municipio de Tingüindín, que es uno de los ciento tres municipios en que se divide actualmente el Estado de Michoacán, le corresponden: 

Dos tenencias: Aquiles Serdán (antes San Ángel) y Tacátzcuaro. 

Una Congregación: Guátzcuaro Alto. 

Las rancherías: Rincón del Chino, San Juanico, Cerro de las Vacas, Cuacáro, Cuáquiro, Chocandirán, Los Dolores, Huaquián, Guátzcuaro Bajo, Loma de los Bermejos, El Moral, Ojo del Bagre, Rincón de Palacio, y Estación de los FF. CC. N. de M., en Tingüindín y Mercado. 

El municipio de Tingüindín teniendo una forma completamente irregular, pero con mayor extensión de norte a sur, linda como sigue: al Norte, con los municipios de Santiago Tangamandapio y Vi­llamar; al Sur y Poniente, con el municipio de Tocumbo, y al Oriente, con los de Tangancícuaro y Los Reyes. 

Todo el municipio es de terreno muy quebrado y montañoso, con excepción de las dos orillas del río de Tarecuato, en donde hay terrenos planos con riego de agua rodada, y algunas fracciones de terrenos planos en los alrededores del pueblo, en donde principalmente se cultivan huertas de aguacates, cafetos, naranjos, etc., y que se riegan con aguas de manantiales que tienen sus nacimientos en la parte alta del pueblo, por el lado del oriente.

martes, 5 de febrero de 2013

Hijos distinguidos de Tingüindín III - Texto de don Ramón Pulido Pardo

Imagen de la Presentación de la Virgen María
en el Santuario de Nuestra Señora de la Asunción
en Tingüindín, Michoacán.

Algunas religiosas que se han distinguido dentro de sus propias instituciones: 

Reverenda Madre María Guadalupe Alcacer Pulido,
Superiora de la Casa de Cuna en Morelia, Mich. 

Catalina Fabián, Sor María del Sagrado Corazón,
Abadesa de su convento en la ciudad de Aguascalientes, Ags. 

María Guadalupe Pedroza, Sor María de los Ángeles,
Abadesa del convento de Concepcionistas en Coyoacán, D. F. 

Reverenda Madre Himelda López, Hermana de la Caridad;
enfermera y hasta hace muy pocos meses Directora
del Hospital "Miguel Silva" de Zamora, Mich. 

Sin considerar las religiosas ya nombradas, como distinguidas en sus propias comunidades, hay, nada menos, que cincuenta y seis religiosas más, de Tingüindín, San Juanico y Guátzcuaro, como sigue: Capuchinas, veinte religiosas; Hermanas de los Pobres y Siervas del Sagrado Corazón, catorce religiosas; Orden de la Santa Infancia, nueve religiosas; Oblatas de Jesús, seis religiosas; Concepcionistas, cinco religiosas; Adoratrices, una religiosa, y Guadalupana, también una religiosa. 

Y en otros campos del saber humano, sin que sean todos los que merezcan recordarse, por no haber podido obtener mayores datos, mencionaremos  como un recuerdo de su pueblo, que los estima como hi­jos distinguidos, a los siguientes: 

Doctores: Don Alfonso Pardo Pulido, Don Efraín Pardo Codina, Don Roberto Guízar Quintero,
Don J. Jesús Guízar Quintero y Don Bernardo López. 

Dentista, ejerciendo actualmente su profesión aquí en el pueblo,
señorita María Soledad Guízar Quintero. 

Diez profesores y profesoras tituladas, ejerciendo en diferentes escuelas oficiales,
aquí en Tingüindín, y en otras poblaciones del Estado. 

Sr. Lic. Don Francisco Ocho a, que en varias recientes administraciones
ha ocupado el alto puesto de Secretario General de Gobierno. 

Santuario de Nuestra Señora de la Asunción
en Tingüindín, Michoacán.

Sr. Don Arturo Vargas Cacho, escritor e inspirado poeta. y en la música: Pepe Prado, violinista y compositor. Su hermano Miguel Prado, maestro director de orquesta y compositor; que ha tenido muchas y muy inspiradas composiciones de éxito, no solamente  nacional, sino mundial, pues entre otras su canción “Duerme”, en grabaciones, ha dado la vuelta al mundo. 

Conchita de los Santos, de bella y cultivada voz de contralto, de quien su fama ya es internacional, pues discos grabados por ella en distintas temporadas de ópera, en el Teatro de las Bellas Artes de México  han sido vendidos en todo el mundo. Es actualmente Profesora de Canto en el Conservatorio Nacional de Música, y ha pertenecido por mucho tiempo, al famoso coro de “Madrigalistas”. 

Y Javier Vargas Pardo, artista, pintor, que ya en varias ocasiones ha expuesto sus cuadros en galerías de Morelia y Guadalajara, y ha traba jada en "portadas" para revistas de México y de los Estados Unidos. 

Es honroso y satisfactorio, que tres pequeños poblados, de la provincia michoacana: Tingüindín, Guátzcuaro y San Juanico, que en total, según el censo del año de 1950, tienen una población de 3,947 habitantes  hayan dado la cantidad de “vocaciones” que acabamos de dar a conocer.

(NOTA del editor: las fotografías que ilustran esta información
son de Luis Francisco Duarte Medina).

jueves, 3 de enero de 2013

Hijos distinguidos de Tingüindín II - Texto de don Ramón Pulido Pardo

Plaza de Armas de Tingüindín en Michoacán.

Seguimos recordando a otros hijos predilectos de nuestro pueblo  Pbro. Don Tiburcio Mendoza, verdadero maestro de la lengua tarasca; Pbro. Don Francisco Herrerías, profesor de latinidad en diversos colegios; Pbro. Don Mauricio Ávila, benefactor de muchos pueblos serranos, en los que se le recuerda todavía con cariño; Presbíteros, Don Julio Pardo, Don Francisco Pulido, Don Marcelino Romero, Don Melesio Paulín García, Don Indalecio Marín, Don Gabriel Marín y Don Ignacio Huerta Pardo, que en diferentes épocas  fueron también elementos de mucha valía en su pueblo natal, y sirviendo curatos y viciarías de diferentes poblaciones del Estado y del país. 

Merece especial recordación una Hermana de la Caridad, Car­lota Codina, que fue desterrada al extranjero en tiempos de la persecución religiosa, y que fue a cumplir su misión de ayuda al prójimo  al lejano Perú, en donde murió en la ciudad de Lima. 

En campos de diferentes actividades profesionales, seguiremos recordando a hijos de Tingüindín, que ya han rendido sus cuentas a Dios: 

Licenciados, Don Francisco Huerta Cañedo, Don Arcadio Marín, Don Adalberto Gutiérrez y Don Enrique Pardo Pulido. 

Doctores, Don Nicanor López, Don Juan Rodríguez y Don Da­niel Huerta Cañedo. 

General de División Don Francisco J. Múgica, y General de Bri­gada Don Francisco Zepeda Salas, éste último que vivió aquí por mu­chos años, hasta su muerte. 

El Ingeniero Don Ponciano Pulido, quien murió desempeñando un alto puesto de Petróleos Mexicanos en Puerto México. 

Santuario de Nuestra Señora de la Asunción en Tingüindín.
(Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina)

Y de los que viviendo actualmente, van dejando poco a poco su vida: algunos sirviendo a Dios, como pastores de almas; otros en provecho de la niñez y la juventud, como maestros y maestras, profesores y profesoras, en diferentes colegios e instituciones; religiosas; misioneros  madres de la caridad; enfermeras; profesionistas; artistas, etc. etc., vamos a procurar recordarlos en este lugar, pues su pueblo se siente orgulloso de que sean sus hijos: 

Reverendo Padre Don Ignacio Custodio, S. J., a quien ya ante­riormente hemos mencionado, como escritor, inspirado poeta, que do­mina a la perfección varios idiomas, y ha viajado como educador y mi­sionero por diferentes caminos del mundo. Por su humildad, su senci­llez sus grandes dotes de oratoria sagrada, y el cariño para su pueblo natal, se ha conquistado el respeto y la estimación de todos sus pai­sanos. 

Ilmo. Sr. Dr. Don Ramiro Vargas Cacho, Canónigo de la cate­dral de Zamora, actua1mente Vicario General de la Diócesis, y por muchos años ya, Rector del Seminario Conciliar de la misma ciudad. Su hermano Reverendo Padre Don Adolfo Vargas Cacho. 

Nueve jóvenes sacerdotes, que hace pocos años han sido consagra­dos, habiendo hecho sus estudios en diferentes seminarios de nuestro país: Presbíteros, Don Ramón Cárabes Guízar, Don Enrique Capilla Ruiz, Don Salvador Sánchez (Misionero del Espíritu Santo), Don Da­vid Palafox, Don Benjamín Prudencia, Don Alfonso Fabián, Don Luis Acevedo Mendoza, Don José de Jesús Sotelo, y Don Carlos Sandoval. 

En la Compañía de Jesús, Hermanos Coadjutores, Don Ignacio González, S. J., y Don Guillermo González, S. J. 

Religiosos Franciscanos: Don Rodolfo Cacho y Don Celio Ose­guera. 

Hermanos de las Escuelas Cristianas: Doce religiosos, ya ejer­ciendo el profesorado: Don Salvador Cárabes G., Don Carlos Cára­bes G., Don Ignacio Cárabes, Don José de Jesús Cárabes, Don Ismael Pulido, Don Ismael Huerta, Don Jesús López Galván, Don Manuel Capilla, Don Salvador Pérez, Don Antonio Pulido, Don Rafael Cá­rabes y Don Carlos Govea. 

Hermanos Maristas: Tres religiosos, ejerciendo ya el profesorado; Don José de Jesús Cárabe s Pedroza, Don Ramón Pedroza Pardo y Don Benjamín Cárabes. 

Hermanos Misioneros del Espíritu Santo: Dos religiosos: Don Salvador Sandoval y Don Ignacio Sandoval. 

Hermanos de la Sagrada Familia: Tres religiosos: Don Felipe Liévanos Valencia, Don Salvador Navarro González y Don Enrique Arévalo.
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