Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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martes, 23 de febrero de 2016
I Festival del Globo en Zamora 2016 - Fotografías de Jacob Sierra Salcido
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
jueves, 28 de noviembre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (séptima parte)
Procesión en honor a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Jaime Cristóbal López.
El señor Cura Pbro.
D. Baltazar Espinosa, que ya tiene muchos
años de residir en
Tarecuato, amablemente nos mostró el lugar, el
rincón de la
alcoba, en donde se extinguió la vida terrenal de Fray
Jacobo. En el mismo
sitio, exactamente, duerme ahora el señor Cura
Espinosa.
En una de las
paredes, hay un pequeño cuadro impreso, con
un sencillo marco
de madera, que dice:
“En este ángulo de
la sala durmió en el Señor, el día 13 de julio
de 1877, el Ilmo. y
Rvmo. Sr. Dr. D. José Antonio de la Peña
y Navarro, primer
Obispo de Zamora”.-“Septiembre de
1923.
Pbro. Felipe Torres”.
El Padre D. Felipe
Torres, fue nativo de Tarecuato, allí
vivió
por muchos años, y
allí murió. El fue quien mandó poner ese recuerdo.
Y nos relató el
señor Cura Espinosa, lo siguiente: Que el señor
Obispo había salido
de Zamora a una de sus visitas pastorales.
de las poblaciones
de su diócesis. Llegó primeramente a Santa Mónica
Ario, enseguida a
Santiago Tangamandapio, después a Tarecuato
y a Tingüindín y de
este lugar por Guátzcuaro a la población
de Jaripo. Que en esta
población se agravó de sus enfermedades, y
entonces,
presintiendo seguramente su próxima muerte, pidió a
quienes lo
acompañaban, que no lo llevaran a Zamora, sino precisamente
a Tarecuato, “para
tener la dicha de morir en el
mismo sitio,
en que murió un
santo”. “Y Dios quiso seguramente, haberle concedido
esa gracia”.
Vimos cómo
rejuvenecido el naranjo agrio, que lleva seguramente
cerca de los cuatro
siglos de haber sido plantado.
Efectivamente está
su follaje de
primavera, se podría decir que como con mayor alegría,
que cuando lo vimos
hace más o menos veinticinco años.
Sus recias columnas
de cantera, del exterior del convento, y del
patio del mismo,
semi monolíticas; una pila de cantera, también en
el
patio principal, de un
metro y medio en cuadro, aproximadamente,
y labrada en una
sola pieza.
Y ahora el señor Cura acaba de adquirir una muy bonita copia
o reproducción al óleo, del retrato de Fray Jacobo, que se conserva en
Tzacapu.
Recordamos, como
antes decíamos, que más o menos hará veinticinco
años, recorrimos
los mismos sitios; pero entonces el convento
estaba deshabitado,
y acababa de ser por varios años, cuartel, por lo
que se podrá comprender el estado en que lo
conocimos.
En esa ocasión
fuimos para acompañar a un Inspector de Bienes
Nacionales, que
traía la misión especial de buscar un cuadro, de
muchísimo valor,
que habiendo sido un regalo a
Fray Jacobo de sus
parientcs de Europa, estuvo por varios siglos en el convento de Tarecuato.
Se
trataba de un cuadro de
tema religioso, que no se sabía a punto
fijo cuál era, pero
de una auténtica obra de “Murillo”.
Naturalmente nada
se encontró en Tarecuato, ni la más mínima
información sobre
dicho cuadro, que nadie había conocido en el
convento.
Algún tiempo
después, dicho Inspector nos informó, que el cuadro
lo buscaban, porque
el gobierno había interceptado correspondencia
en que de México lo
proponían en venta al Museo del Prado de
Madrid, y que había
sido ya localizado y recogido en el puerto de
Vcracruz. Se encontraba
ya exhibiéndose en el “Museo de Arte religioso'”
en la Ciudad de
Puebla.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
domingo, 10 de noviembre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (sexta parte)
Monumento a Fray Jacobo Daciano en Jiquilpan, Michoacán.
Fotografía de Carlos Magaña Díaz.
Y por lo que
pudiéramos decir de la relación hablada, de las
leyendas, como las
anteriores del Lic. D. Eduardo Ruiz, lo que cariñosamente
se ha ido
transmitiendo en varios siglos, de generación
en generación, lo
que oíamos de niños, lo que escuchábamos de labios
de nuestros
antepasados, de los más viejos del pueblo, cuando ya
nuestros abuelos
por sus muchos años, estaban para despedirse de esta
vida, es más o
menos lo mismo, con sólo algunos detalles, a cual
más fantásticos,
para hacer más ameno el relato, darle mayor interés
y más misterio a
cada detalle.
Lo que en realidad
puede considerarse como más o menos cierto;
lo que se ha ido
confirmando al transcurso de los años, sobre el
lugar, la cueva o
la cripta muy oculta, en que posiblemente por más
de doscientos años,
se conservó sin descomposición el cadáver de Fray
Jacobo, es que, o
fue en un subterráneo del convento, o en algún lugar
muy escondido en
las serranías cercanas a Tarecuato, donde, él,
conocedor como
ninguno de los más intrincados vericuetos, barrancas
y grutas de las
montañas, instruyó a algunos de los principales del pueblo
y de toda su
confianza, para que al morir lo guardaran, en ese determinado
sitio, ya preparado
de antemano, y en donde por la humedad
de algún nacimiento
de agua extremadamente fría, y la cueva
igualmente a una
permanente temperatura de refrigeración, pues en
los alrededores
de Tarecuato, hay alturas de más de tres mil metros,
sobre el nivel del
mar, su cuerpo momificado, tendría que conservarse
sin descomposición
indefinidamente.
Y así permaneció
muy probablemente, quizás por más de dos siglos,
pues se ha sabido
de una manera insistente, que con mucho sigilo,
sus parientes de
sangre real de la muy lejana Dinamarca, del ya
hace mucho tiempo
desaparecido reino de Dacia, por conducto de una
Embajada extranjera
en México, hicieron gestiones, para llevar el
cuerpo momificado
de tan extraordinario religioso, del “Santo de Tarecuato”,
a descansar para
siempre en la vieja Europa, en el cementerio
de sus mayores.
Precisamente al
terminar de escribir lo anterior, abril de 1957,
quisimos ir a ver
con nuestros propios ojos, lo que ya hace más de
veinticinco años,
habíamos visto igualmente que ahora,
con la veneración que
se tiene para lo que nos habla,
en sus piedras, en
la antigüedad de sus muros carcomidos
por los siglos, en
tantos y tantos pequeños detalles, de lo que
sería, de lo que fue,
en sus tiempos de esplendor
el convento de
''Santa María de Jesús" de Tarecuato, de
más de cuatro
siglos de existencia.
En donde vivió más
de cincuenta años, haciendo el bien, y en
donde
cristianamente también murió, Fray Jacobo Daciano, que
tanto amó a
nuestros pueblos serranos.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
sábado, 2 de noviembre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (quinta parte)
Imagen de Fray Jacobo Daciano en la parroquia de San
Francisco de Asís de Tarecuato en Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.
Los que en tiempos
muy lejanos escribieron sobre Fray Jacobo, no
precisan el año en
que murió, y sólo dicen, algunos de los misioneros
historiadores, que
llegó a su última vejez, por lo que podría conjeturarse
que pasó de los
ochenta años, y así debió de ser, puesto que solamente
en Tarecuato, se
afirma que vivió, por más de medio siglo.
Por algunos
historiadores se señala su muerte un día 29 de octubre
pero sin anotar el
año.
En los “Anales de
Tarecuato'”, que ya hemos citado anteriormente,
y que fueron
publicados por el historiador michoacano, Dr. Don
Nicolás León, en '”El
Estandarte'” de San Luis Potosí, en el año de
1898, se dice: “1566.
En dicho año prendieron al Marqués en México,
y se llevó Dios
para sí, al Padre Jacobo".
Se refiere, primeramente,
a cuando fue hecho prisionero y depuesto
de su cargo
de Capitánn General y Gobernador de la Nueva España,
a Don Hernán Cortés.
Fray Isidro Féliz
de Espinosa, nos dice: “Sus últimos días (de
Fray Jacobo) los
vivió entre San Ángel y Tarecuato y llegando a más
de setenta años de
edad y más de cincuenta de religión, lo llamó el
Señor en Tarecuato,
años de 1601 a 1604”.
Creemos que este
cronista está más en lo cierto, respecto a la fecha
en que aconteció su
muerte, pues vino Fray Jacobo a Michoacán
y especialmente ya a
Tarecuato, muy joven, en el año de 1543, habiendo
residido en el
convento de ese lugar por más de medio siglo. En
cambio no estamos
de acuredo en que su vida haya sido solamente de
setenta años, pues
todos los historiadores afirman que “llegó a la
última vejez'”, y
solamente habiendo pasado de los ochenta años, pudo
haber estado en
Tarecuato el medio siglo”.
“Fue enterrado en
la sepultura común de los religiosos, pero es
tradición
constante, que los indios lo sacaron después de algún tiempo
y lo colocaron en
un nicho de la pared maestra de la iglesia, tras
del retablo del
altar mayor y que se conservaba seco y entero y puesto
de pie y que cada
cuatro o cinco años, con mucho secreto, traían sayal y
le hacían su hábito
nuevo y se lo mudaban guardando los despojos del
antiguo como
reliquia. Extrañas diligencias han hecho en todos los
tiempos, muchos
prelados de esta provincia, para saber de los indios
donde le tenían y ni
con ruegos, ni con dádivas, ni temores, ha sido
posible el que los
indios descubran este secreto; porque es entre ellos
voz común haberles
dicho Fray Jacobo, que mientras se conservase así
su cuerpo, se
conservaría el pueblo y se libertaría de pestes
y otros infortunios”.
“A un religioso muy
anciano, le descubrió una india vieja, el que
ella sabía dónde
estaba, pero que no podía decirlo, por los otros indios.
y que era cierto
que estaba entero y solo tenía raída la punta de la
nariz”.
El Lic. Don Eduardo
Ruiz, hace aproximadamente un siglo, dejó
escrito lo
siguiente: “El cadáver del padre Jacobo fue inhumado en
la iglesia de aquel
pueblo (Tarecuato) pero es fama que en la noche
del mismo día, los
caciques principales lo extrajeron, e incorrupto, como
si el misionero
solamente estuviera dormido, lo ocultaron en una
cripta en el fondo
de espaciosa e ignorada gruta, al cuidado de tres
indígenas de los
más ancianos del pueblo, únicos poseedores del secreto,
que se
transmitirían a otros indios de mucha edad y confianza, cada
ocasión que moría
alguno de los tres, que estaban en el secreto y
eran los
guardadores del sepulcro".
“En aquel ocu1to sitio arden constantemente muchos cirios
y se
eleva sin cesar el
humeante perfume de los incensarios”.
“Cuéntase que una
vez un párroco que se hizo querer mucho de
sus feligreses,
logró que cierta noche lo llevasen a visitar la cripta.
Por precaución lo
condujeron en hombros los tres viejos guardianes,
vendándole
previamente los ojos. El sacerdote, sin embargo, ocurrió
a un arbitrio, que juzgó
infalible para hallar después el sepulcro, y lo
puso en planta al
ir caminando. La comitiva penetró en la caverna.
quitaron al señor
cura la venda, y pudo contemplar el inanimado
cuerpo del apóstol,
imaginándose cuánto fruto podría sacar del hallazgo.
Volvió tranquilo y
lleno de ilusiones. Al día siguiente antes
de levantarse,
entraron a su aposento los viejos principales y le dijeron:
“Tata Cura, anoche
se te reventó tu rosario en el camino del
santo sepulcro;
pero aquí te entregamos tus cuentitas de chaquira.
que hemos pepenado
desde la puerta del curato hasta la entrada de
la cueva. Cuéntalas
no falta una sola”.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
jueves, 17 de octubre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (cuarta parte)
de Fray Jacobo, nos dice: “Refiere la crónica que una vez recorrió
más de cien leguas, hollando la tierra con el pie desnudo, a fin
de servir de lazarillo a otro varón ejemplar, Fray Antonio de Segovia,
anciano y ciego, que tenía que asistir a un ‘Capítulo’ que se celebraba
en Huetjotzingo” (en el lejano Estado de Puebla).
“En lo político y cortesano, pudo fundar repúblicas, como hizo
notorio en el pueblo de Tarecuato, pues estando ya deteriorado,
lo arregló de nuevo, con calles, plazas y casas y costumbres,
con toda perfección, ordenando que la comunidad del pueblo
repartiese las tierras baldías, con lo que creció mucho el pueblo.
Fundoles un hospital que es de los mejores de la provincia.
Fundó escuelas para los niños en que aprendiesen a leer,
escribir y contar. Verdad es que no fundó este pueblo
de Tarecuato (ya lo dijimos anteriormente pero lo reformó
todo con tanto esmero que bien mereció el título de su fundador”.
Naranjo agrio en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López
Existe todavía en el patio principal del convento, dando fruto, un
naranjo agrio, seguramente varias veces centenario, pues se asegura
que fué plantado por Fray Jacobo, habiendo sido por muchos años un
varejón seco, pues le había servido de báculo.
que fué plantado por Fray Jacobo, habiendo sido por muchos años un
varejón seco, pues le había servido de báculo.
Atrio de la parroquia de San Francisco de Asís
en Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.
En el atrio del mismo convento, todavía hace pocos años, se veían
gruesos troncos de olivos, que se dice fueron plantados por las propias
manos de Fray Jacobo, y también, por lo tanto, varias veces centenarios.
gruesos troncos de olivos, que se dice fueron plantados por las propias
manos de Fray Jacobo, y también, por lo tanto, varias veces centenarios.
Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Marco Wence.
En el mismo amplísimo atrio, de muchísimo mérito arqueológico,
pero ya semi destruido, y que a la vez que atrio del templo y del
convento, y hasta hace pocos años también cementerio del pueblo,
se conserva todavía grande cruz labrada de cantera, sobre una amplia
base de calicanto, con inscripciones y alegorías franciscanas, y con
signos tarascos, que deben señalar alguna fecha o determinado
acontecimiento de importancia para el pueblo; por supuesto que
solamente podrá descifrarse por un entendido en códices antiguos.
pero ya semi destruido, y que a la vez que atrio del templo y del
convento, y hasta hace pocos años también cementerio del pueblo,
se conserva todavía grande cruz labrada de cantera, sobre una amplia
base de calicanto, con inscripciones y alegorías franciscanas, y con
signos tarascos, que deben señalar alguna fecha o determinado
acontecimiento de importancia para el pueblo; por supuesto que
solamente podrá descifrarse por un entendido en códices antiguos.
Y valdría la pena, que se hiciera, pues daría luz, seguramente,
como decimos en alguna fecha o acontecimiento de mucha
importancia para Tarecuato.
como decimos en alguna fecha o acontecimiento de mucha
importancia para Tarecuato.
Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Sergio Alfaro Romero.
Nosotros creemos que esa cruz, de tan grande mérito artístico y
arqueológico, lo primero porque es propiamente una filigrana,
un encaje hecho en cantera, y lo segundo por los siglos
de haber sido levantada, muy probablemente lo haya sido,
a la llegada de los primeros religiosos franciscanos, y antes de
la construcción del templo y su convento.
arqueológico, lo primero porque es propiamente una filigrana,
un encaje hecho en cantera, y lo segundo por los siglos
de haber sido levantada, muy probablemente lo haya sido,
a la llegada de los primeros religiosos franciscanos, y antes de
la construcción del templo y su convento.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
viernes, 11 de octubre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (tercera parte)
Monumento a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Rodrigo Godínez.
Y seguiremos en sus
relatos a Fray Isidro Félix de Espinosa:
“Con este oculto
llamamiento de Dios, renunció al oficio que tenía
de Provincial de
Dacia y se salió fugitivo, a favorecerse en tierra
de católicos (fue a
España) solo, a pie, descalzo y pidiendo limosna
de puerta en puerta”.
“Llegó a la corte
del monarca católico, que a la sazón lo era el
invictísimo Carlos
V, quien comprendió la utilidad que tan sabio
monje tendría para
la catequización del nuevo mundo, e inmediatamente
lo proveyó de
favorables cédulas reales y recomendaciones para el
Virrey y Real
Audiencia de la Nueva España, encareciendo el
decoro de tan gran
persona”.
“Por los años de
1530 a 1531, escribe el Lic. Don Eduardo Ruiz,
llega a la Nueva
España. Hacia el año de 1516, funda y predica,
primero en
Querétaro, pasa después a Tzacapu y finalmente a Tarecuato”.
“En los tres
lugares reorganiza a los indios, los induce a urbanizarse,
al arreglo de sus
poblados, a trabajar y a preocuparse por sus
almas inmortales.
Levanta humildes jacales, que le sirven de iglesia y
de convento,
construcciones que a fines del siglo fueron reemplazadas
por edificios de
cal y canto”.
En los “Anales de
Tarecuato”, del michoacano Doctor Don Nicolás
León, se lee: “Año
de 1543: En dicho año entró a Tarecuato
el Reverendo Padre,
Fray Jatobo Daziano e hizo la Iglesia de dicho
pueblo”.
“Por entonces era
Michoacán la atracción de los religiosos, que
querían probar su
fe y religión, pues eran incontables las poblaciones
de crecido número
de habitantes de indios de diferentes razas e idólatras,
aparte de que se
contaban grandes cosas de lo que en todos los
órdenes eran las
extensas tierras de los tarascas”.
“Vino, pues, Fray
Jacobo, con la orden de franciscanos y siendo
su ilustración muy
grande y facilidad para aprender diversas lenguas,
en poco tiempo fue
maestro en la lengua tarasca, que llegó a saber
con tal primor como
la latina, griega y hebrea”.
“Era admirable la
ligereza con que caminaba de una parte a otra,
llevado de la
necesidad de sus prójimos y se conoció que le ayudaba
otra fuerza
superior, pues caminaba tan ligero y veloz, que sucedió
muchas veces salir
de su convento para otros, con indios, que por el
respeto que le
tenían no le dejaban y yendo ellos a caballo caminando
tras él, al galope,
no le podían dar alcance, yendo Fray Jacobo a
pie y descalzo, y
cuando ellos llegaban ya él había descansado, y ellos y
sus caballos venían
rendidos”.
“Este fue uno de
aquellos varones de que hasta hoy se conserva
la memoria, que
teniendo su vivienda en un convento, que servía de
cabecera para otras
visitas, muy distantes, por ser tan contados los
religiosos, decía
la primera misa en aquel convento y después segunda
y tercera en partes
muy distantes y muchas veces se volvía el mismo
día a su convento”.
Ya lo dijimos: “El
pueblo de Querétaro fue fundación de Fray
Jacobo, y el
convento de Tzacapu, con su iglesia, se hizo también por
su esfuerzo y diligencia.
En el de Tarecuato trabajó para darle a la
iglesia y convento,
toda su perfección y aquí vivió años, hasta su
muerte”.
“Dotóle el Señor de
singularísimas gracias y entre ellas parece
haber tenido el
espíritu de profecía, pues estando de Guardián
en su convento de
Tarecuato, una noche que estaba en
oración, vio por
revelación divina, cómo el Emperador
de España, con su
muerte daba fin a lo caduco del
imperio humano.
Púsose al punto a
pedir al Señor por su a1ma, y luego
que amaneció, después
de haber rezado prima con los
demás religiosos, mandó
poner un túmulo tal como lo
merecía la grandeza
del difunto y lo permitía la corta esfera
de aquella iglesia,
y le cantó una misa de réquiem,
con la mayor solemnidad
que se vio en aquellos principios".
“Los religiosos
admirados de oír nombrar en la misa al Emperador
difunto, le
preguntaron qué motivo tenía para ello y respondió
que ciertamente era
ya difunto. Suspendieron, los religiosos, su juicio,
conociendo su
santidad y después de algunos meses, en que vino
la flota y trajo la
triste nueva, se supo con certeza que había muerto,
precisamente en la
noche de aquel día, en que Fray Jacobo le había
hecho las exequias”.
Fue el Emperador Carlos V, quien precisamente a las
dos de la
mañana, del día 22 de
septiembre de 1558, entregaba su alma a Dios,
en el convento de
religiosos Jerónimos de San Yuste, en España.
Fray Pablo de la
Concepción Beaumont, difiere por un día, en
esa fecha del
fallecimiento de Carlos V, pues dice que lo fue, “el día
de San Mateo, 21 de
septiembre de 1558”.
Posiblemente ambos
historiadores, Fray Isidro Félix de Espinosa,
y Fray Pablo de
Concepción Beaumont, tengan razón, pues el Lic.
D. Eduardo Ruiz,
nos dice “que la muerte del Emperador, tuvo lugar
la noche del 2l de septiembre, precisamente cuando Fray
Jacobo,
tuvo la revelación
de tan infausto acontecimiento.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
jueves, 3 de octubre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (segunda parte)
Estatua a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía obtenida de: Semanario Guía.
De Fray Isidro
Félix de Espinosa, historiador franciscano, de reconocida
competencia, seriedad
y solvencia moral, vamos a tomar algunos
muy interesantes
capítulos sobre lo que ese historiador llama:
“la vida admirable
del extático Fray Jacobo Daciano”, y para que no
pierdan algunos de
esos relatos, el sabor agradable de lo de antaño
hasta en el
lenguaje, los escribiremos como fueron dados la
publicidad por tan
ilustre historiador.
“Fray Jacobo
Daciano, tuvo su origen no menos que de sangre
real, heredada de
los reyes de Dacia, en la antigua Europa”.
“Pequeño reinado
que existió al norte del Danubio, ahora Dinamarca”
(Lic. D. Eduardo
Ruiz).
“Desde tierna edad
fue dedicado al estudio por sus opulentos
padres. En pocos
años era un maestro en artes, teología e idiomas,
principalmente
hebreo y griego. Fue uno de los más insignes teólogos
de todo el reino de
Dacia en tiempo de Lutero. Por la grande
oposición que hizo
a éste, le decretó su muerte y mandó a cumplir
su maligno deseo a
varios de sus mismos discípulos, que viendo el
temerario valor de
Fray Jacobo, de ir a rebatir sus argumentaciones a
las reuniones de
sus encarnizados enemigos, no se atrevieron a asesinarlo,
sino por el
contrario, le informaron de las órdenes que de Lutero
tenían”.
Estatua de Fray Jacobo Daciano en Zacapu.
Fotografía obtenida de: wwwtzacapotacanendam.
Don Jesús Cárabes
Pedroza, sobre exactamente el mismo tema,
escribe:
“La historia no es
menos explícita que la leyenda. Todas las
Crónicas franciscanas
(y también las de otras órdenes religiosas,
añadiríamos
nosotros) le dedican numerosas páginas: Muñoz, La Rea y
Espinosa de
Michoacán y Torquemada, de México, hablan de la vida
y milagros del
santo fraile. He aquí un resumen de lo que se encuentra
en tan seguras
fuentes”:
Y sigue diciendo,
habiéndolo tomado del historiador Muñoz:
“Nace en Dinamarca
de padres nobles. A los quince años pide el hábito
de San Francisco;
pronto profesa, y practica todas las virtudes
y se distingue en
las ciencias sagradas y profanas. Es elegido Provincial”.
“La herejía
protestante invade la península de Jutlandia, por
la apostasía de rey
y clero. Procuró porfiadamente con grandes persuasiones,
un obispo, tocado
de esta diabólica lepra, (luterana) atraerlo
a ella, y viendo
trabajaba en vano, y que no podía desquiciar al
fuerte y católico
varón, mandó a sus criados, en lengua italiana, lo
matasen en
saliendo, lo cual entendió un compañero padre lego que
llevaba, y
despedidos del obispo, le dijo: “Padre, dónde vais, que os
han mandado matar?'”.
“Y él respondió sin turbación, con palabras
de confianza: No es
llegada la hora; que más trabajos tengo que padecer.
Y sin recibir mal,
ni daño, se salió, que fue cosa maravillosa
a vista de
muchos".
Hemos querido dar
esas dos versiones de los principios de Fray
Jacobo, porque las
dos, aunque algo difieren, ambas proceden de autores
muy serios, y ambos
historiadores de la religión seráfica.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
domingo, 22 de septiembre de 2013
Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (primera parte)
Imagen obtenida de: Relatos e historias en México.
Por el año de 1525, a petición personal, al conquistador Don Hernán Cortés, del último rey de los tarascos "Tanganxoan" (II), vinieron a estas tierras los primeros cinco religiosos franciscanos, para iniciar la conquista espiritual, para dar a conocer a Cristo, donde por muchos siglos la única religión había sido la idolatría.
Fueron cuatro los primeros conventos franciscanos en Michoacán: Tzintzuntzan, que era la capital del reino purépecha; Pátzcuaro, donde residía la nobleza y los descendientes de abolengo, de los antiguos reyes tarascos; Tzacapu, que fue la antigua capital de los "tecos", y Tarecuato, que propiamente era la población de mayor importancia, y la capital de toda la sierra occidental de nuestro Estado.
Los primeros religiosos franciscanos llegaron a Tarecuato, aproximadamente por el año de 1533. La construcción de su templo y convento probablemente, se inició, a mediados del siglo XVI.
Aun cuando no fue su fundador, vivió por cerca de medio siglo, en ese convento de Santa María de Jesús de Tarecuato, un religioso, Fray Jacobo Daciano, que sin duda por su vasta ilustración, por su vida ejemplar, por su lucha tenaz y constante en favor de los naturales, dejó perpetua memoria en toda la sierra, en que se conocieron y apreciaron sus grandes cualidades de sabio, benefactor y virtuoso, llamándosele muy cariñosamente, todavía hoy, en todos los pueblos de esta región: ''el santo fraile de Tarecuato".
Estatua de Fray Jacobo en Tarecuato.
Imagen obtenida de: Katolsk Orientering.
No hay persona de edad, en Tarécuato, en Tzacapu, en Tingüindín, y en todos los pueblos de la sierra occidental, como bien dice el Hermano Marista Don Jesús Cárabes Pedroza "de Xiquilpan a Tzacapu y de Cotija a Tancítaro", a quien no hayamos oído relatar, con verdadera veneración y convencimiento, anécdotas y leyendas, que por tradición hablada, de padres a hijos, se han venido transmitiendo desde hace más de cuatro siglos, de la vida admirable de Fray Jacobo.
Quisimos por ello, recoger de las crónicas y de la historia, escritas desde mucha antigüedad, algo de lo que se hubiere relatado sobre tan extraordinario religioso, y verdaderamente son dignos de narrarse muchos episodios, y lo haremos para que perduren todavía para otras generaciones, esos recuerdos de cariño, veneración y respeto, para Fray Jacobo, que dejó una estela de bondad en los corazones de muchas generaciones de nuestros antepasados.
Quisimos por ello, recoger de las crónicas y de la historia, escritas desde mucha antigüedad, algo de lo que se hubiere relatado sobre tan extraordinario religioso, y verdaderamente son dignos de narrarse muchos episodios, y lo haremos para que perduren todavía para otras generaciones, esos recuerdos de cariño, veneración y respeto, para Fray Jacobo, que dejó una estela de bondad en los corazones de muchas generaciones de nuestros antepasados.
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
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