Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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lunes, 8 de febrero de 2021

Zamora en el valle Tziróndaro, lugar de lagunas

En tiempos prehistóricos el valle de Zamora, llamado Tziróndaro, que en idioma P'urhé significa "lugar de ciénagas", formó parte del extenso Mar Chapálico, del que ahora sólo queda el lago Chapala. Es también el origen de la gran extensión de lo que actualmente conocemos como la Ciénega de Chapala.

El mar chapálico nunca pensó que se retiraría tanto de estos lugares y que el destino lo convertiría en un charco miserable tras regalar tierras pródigas a su paso hacia la extinción. El zamorano contemplaría desde alguna loma aledaña aquella enorme laguna, jamás imaginando que la tierra había surgido entre las aguas tachonada de islas asomando cabeza por encima de un mazacote de numerosos y confusos pantanos y ciénagas que terminarían convirtiéndose en una sinfonía de llanuras y valles.

Los que vieron aquellos lodazales no podrían creer lo que a sus ojos se abría desde lo alto del cerro: un valle cuadriculado como rompecabezas armado y acequias en donde claramente se ve el agua delimitando parcelas que parecen haberse acomodado solas, unas tras otras hasta donde la vista alcanza. Las que no están pintadas en tonos de verde lucen el color oscuro de la tierra.

Desde esa perspectiva, meramente contemplativa, en la quietud del clima no hay rastros de los afanes del trabajo que construyó todo aquello ni de las tareas de cultivo que han mezclado intensas faenas con paciente espera. La conclusión es asombrosa: el paisaje natural del Valle de Zamora fue en buena parte construido por sus habitantes.

martes, 14 de enero de 2014

Explicación del Escudo Oficial de la ciudad de Zamora en Michoacán - Por su autor: profesor Francisco Elizalde García




De acuerdo a los cánones de la Heráldica Civil, el escudo de la ciudad de Zamora de Hidalgo, Michoacán, está inspirado en la forma gótico-española y los elementos de su carga le prestan una muy singular elegancia y señorío. Lo forman dos cuarteles por lo que se clasifica como PARTIDO.

La carga la constituyen: En el cuartel derecho del escudo, un brazo cubierto por armadura de guerrero que sostiene firmemente su espada en alto, como símbolo de la lealtad, la fidelidad, el honor y la hombría de bien, así como la gratitud y el amor.

Esta figura humana se encuentra sobre un campo de púrpura o violado esmalte, que acorde con lo anterior, denota la dignidad y el decoro tradicionales de la conducta de los zamoranos.

En el cuartel izquierdo, el escudo luce la figura artificial de una fortaleza o recinto fortificado o de defensa natural y que nos habla de la fuerza y el vigor, como virtudes indestructibles para vencer el temor y defender lo nuestro, ilustre, culto e inmortal.

Esta fortaleza se presenta estampada sobre campo de oro, esmalte que simboliza como metal heráldico, la riqueza material y de espíritu, la solidaridad y la pureza de ideales en la lucha común, y sobre todo, la firmeza de acción y de pensamiento.

La bordura del Escudo, iluminada por los mismos colores de los dos cuarteles, pero encontrados, luce como divisa o grito la leyenda latina FORTIS ET FIDELIS que se traduce como fuerte y fiel y es frase sinónima de la otra que muchos historiadores pregonan aludiendo a Zamora como FORTIS IN FIDE: Fuertes en la Fe.

Otro de los elementos exteriores del escudo, son sus lambrequines que arrancan de la parte posterior y descienden como giras que parecen flamear en el aire, desde una corona real teñida como timbre y expresión de la noble ascendencia de los virreyes que intervinieron en la fundación de la entonces Villa y que fueron: Protofundador en 1540, Don Antonio de Mendoza, primero de la Nueva España y fundador efectivo, Don Martín Enríquez de Almanza, cuarto de la Nueva España y quien llamó al entonces valle purépecha de Tziróndaro, lugar de ciénegas, en 1574, VILLA DE SAN MARTIN ZAMORA.

El diseño de este escudo tiene su base en una descripción y sugerencia hecha personalmente por el ilustre Zamorano Excmo. Sr. Dr. Dn. Salvador Martínez Silva, al Prof. Francisco Elizalde García en el año de 1947 y su primer dibujo fue realizado por una religiosa anónima de la Comunidad de Adoratrices. En las subsecuentes manifestaciones pictóricas del escudo, participaron, en primer lugar, el pintor zamorano Don Jorge Hurtado Castellanos, y luego muchos otros que han guardado lo esencial de la primera idea, que sin pretenderlo, tiene similitud con la de aquellos que hace siglos crearon el Escudo de la Ciudad de Zamora, España y de la cual son originarios la mayoría de los peninsulares fundadores de la Villa de San Martín Zamora y a quienes se les guarda en la ahora ciudad, gratitud plena e inmarcesible.

En el año de 1974, al celebrarse el Cuarto Centenario de la fundación de Zamora, el H. Ayuntamiento presidido por el Dr. David Guzmán Segura, Secretario el Lic. Ramón Núñez Álvarez y Síndico municipal el Prof. Francisco Elizalde García,  este escudo de Zamora fue reconocido en sesión solemne de cabildo y mediante acta respectiva, como escudo oficial de la ciudad, donde su significación, utilización y respeto que ya durante 27 años se le habían conferido y que, actualmente, es preciado orgullo de pueblo y autoridades.

Zamora de Hidalgo, Michoacán. Octubre de 1985
Francisco Elizalde García
Firmado


(Nota del editor: texto publicado en “Zamora de Hidalgo, Michoacán”,
Edición Particular, J. Jesús Herrera Contreras, editor).

lunes, 16 de septiembre de 2013

Historias y Leyendas Zamoranas - El Monje de San Francisco - Texto de don Francisco García Urbizu - Fotografías de Sergio Alfaro Romero

EL MONJE DE SAN FRANCISCO

En una antigua fotografía aparece sin remate la torre
de San Francisco. Algunos decían que se había caído,
otros que fue derribada malévolamente; le cierto es
que durante mucho tiempo estuvo sin concluir, y esto
dio origen a que se forjara una leyenda que por curiosa
relatamos en enseguida.


Época turbulenta era aquella, de andanzas guerreras
entre insurgentes, realistas, y forajidos. Unos peleaban
por la Patria, otros por el latrocinio, colados entre las
aguas turbias del río.

En negros nubarrones estaba envuelto el panorama
de México. Ambiente de guerra, de pólvora humeante,
de rugir de cañones. Ayes lastimeros y gritos de angustia
saturaban el aire.

Esta región tuvo también días muy duros:
Antonio Rojas incendió a Tangancícuaro,
quemaron la Parroquia de Jacona y apresaron al
Sr. Cura: durante cuarenta y ocho horas lo tuvieron
sentado en una silla, negándole los alimentos hasta
que lograra reunir su fuerte rescate.

Por más que hicieron los vecinos no completaron
la cantidad y se presentaron a Rojas con lo que
habían juntado. Éste tal vez movido a compasión,
les dijo: Todo o nada. Llévenselo sin que
me den un centavo.

En Zamora impuso un préstamo de $5,000.00
y se llevó mucha gente de leva. El Sr. Cura de
Purépero D. Domingo Méndez fue aprehendido
por orden de Rojas; pero el jefe de la escolta
lo puso libre mediante $1,500.00 que le dieron
los vecinos.

Los Santiaguitas quemaron el valioso archivo
de Zamora, allí se perdieron importantísimos datos
para la ciudad; y un día que no se consigna en la
Historia llegó un facineroso de aquellos que no
militaban en bando alguno, más cruel que todos
y se apoderó de la ciudad.

Cuenta la leyenda que requisaron armas y caballos
e impusieron un préstamo exorbitante a los vecinos,
cuyos bolsillos estaban exhaustos por los ires y
venires de gente armada.

Así mismo exigieron a los padres franciscanos
una crecida suma, so pena de derribar la torre de
su iglesia si no accedían a sus demandas.
Algo imposible para ellos que apenas podían
sostener su colegio y alimentar a los niñitos
pobres que allí hacían sus estudios.

Vencido el plazo, horadaron la base de la torre
y pusieron una gran cantidad de pólvora, la que
al explotar no logró ni cimbrar los muros.

Treparon entonces los facciosos a la cúspide
provistos de barras y picos y comenzaron
su tarea demoledora. Día y noche se oyó el
continuo golpear de las barretas, infructuosamente;
aquella cantera era dura y más aún sus junturas.

¡No la derribarán! decía fray Marcos, el Superior.
Él bien sabía que aquella mezcla era de fórmula
Franciscana, hecha a base de sangre de res, tan
dura como el acero.

Así fue en realidad: durante tres largos días
con sus noches, apenas habían destrozado una
pequeña parte del remate, y al cuarto una
espesa nube de polvo se dejó ver por el lado
de Santiaguillo y sonó una voz en la altura:
¡Enemigo al frente, huyamos de Zamora!

En su precipitada fuga, dejaron arriba su
herramienta, y un gran palo clavado al centro
en el que se apoyaban para trabajar.

El enemigo que avistaron nunca llegó, y si,
la paz y la calma al vecindario, que vio en
aquello la protección Divina.

*                         *                         *

Transcurrido algún tiempo, intentó fray
Marcos reparar el daño causado. Reunidos
los frailes opinaron terminar el remate en
otra forma, pues el anterior no correspondía
al orden arquitectónico de la torre. Se
hicieron varios proyectos, mas ninguno
satisfizo a los monjes.

Surgió, además, otra dificultad:
no encontraron Albañiles que se  arriesgaran
a trabajar en aquellas alturas, y fue entonces
cuando Fray Elías, monje de pocos años,
avezado a todo, se propuso subir a explorar
el terreno.

Cundió la nueva en la ciudad de que
el indio fraile iba a escalar la torre.
Había expectación, y llegado el día,
mucha gente curiosa quiso presenciar
su arrojo.

El atrio y las calles adyacentes estaban
pletóricas. Amarrado a un grueso cable iba
ascendiendo poco a poco fray Elías;
al llegar al borde del remate, trepó más aún
y se paró en la cima.

La multitud emocionada, profundo el silencio,
Se contenía hasta la respiración. Tendió la mirada
por el ancho valle, contempló La Beata esbelta,
el Duero caudaloso, el caserío con sus
tejados bermejos.

Observó en todas  direcciones el hermoso

panorama; contemplábalo absorto y
emocionado; por largo rato
permaneció inmóvil.

De pronto, bajó sus ojos para examinar la torre,
se le ofuscó la vista ante el abismo a sus pies,
vaciló tambaleante ...

Un grito de espanto prorrumpió la multitud
y quedó petrificada; los cuerpos estaban fríos,
erizados los cabellos, paralizadas las gargantas
y la mirada de todos clavada en Fray Elías.

Fray Marcos, entre el gentío oleante,
no apartaba de él sus ojos, sentía que se
le agrandaban, se le salían, y hubiera
querido volar para salvarlo.

Rodeábanlo los monjes, y todos esperaban
un milagro con sus corazones helados…


Todo se resolvió en segundos: Fray Elías,
en reacción violenta, se abrazó al palo
que había al centro de la torre,
elevó su mirada, apartándola del abismo,
y en esa actitud hierática quedó como
petrificado hasta recuperarse del todo.

Cuando bajó, una palidez mortal bañaba
su rostro.

-Fray  Marcos, hoy nací -le dijo-, fue un
milagro de Nuestro Padre San Francisco
y de la Virgen del Buen Suceso,
a quienes invoqué con toda mi alma…

En seguida entró al templo de rodillas a dar
gracias a Dios, acompañado de los frailes
y de todo el pueblo y allí pasó la noche
en oración.

A la mañana siguiente comentaban el suceso
a la hora del refectorio. Fray Marcos, conmovido,
exclamó: ¡Un monje rematará la torre
de San Francisco, abrazado a la

Cruz, como ayer vimos a Fray Elías!

Es esta la proporción en que los antiguos zamoranos
veían al fraile en el remate de la torre del templo
de San Francisco de Asís.

Así representó al fraile don Francisco
García Urbizu en su libro.

Escudo de la ciudad de Zamora de Hidalgo en Michoacán - Explicación de su autor: profesor Francisco Elizalde García


De acuerdo a los cánones de la Heráldica Civil, el escudo de la ciudad de Zamora de Hidalgo, Michoacán, está inspirado en la forma gótico-española y los elementos de su carga le prestan una muy singular elegancia y señorío. Lo forman dos cuarteles por lo que se clasifica como PARTIDO.

La carga la constituyen: En el cuartel derecho del escudo, un brazo cubierto por armadura de guerrero que sostiene firmemente su espada en alto, como símbolo de la lealtad, la fidelidad, el honor y la hombría de bien, así como la gratitud y el amor.

Esta figura humana se encuentra sobre un campo de púrpura o violado esmalte, que acorde con lo anterior, denota la dignidad y el decoro tradicionales de la conducta de los zamoranos.

En el cuartel izquierdo, el escudo luce la figura artificial de una fortaleza o recinto fortificado o de defensa natural y que nos habla de la fuerza y el vigor, como virtudes indestructibles para vencer el temor y defender lo nuestro, ilustre, culto e inmortal.

Esta fortaleza se presenta estampada sobre campo de oro, esmalte que simboliza como metal heráldico, la riqueza material y de espíritu, la solidaridad y la pureza de ideales en la lucha común, y sobre todo, la firmeza de acción y de pensamiento.

La bordura del Escudo, iluminada por los mismos colores de los dos cuarteles, pero encontrados, luce como divisa o grito la leyenda latina FORTIS ET FIDEUS que se traduce como fuerte y fiel y es frase sinónima de la otra que muchos historiadores pregonan aludiendo a Zamora como FORTIS IN FIDE: Fuertes en la Fe.

Otro de los elementos exteriores del escudo, son sus lambrequines que arrancan de la parte posterior y descienden como giras que parecen flamear en el aire, desde una corona real teñida como timbre y expresión de la noble ascendencia de los virreyes que intervinieron en la fundación de la entonces Villa y que fueron: Protofundador en 1540, Don Antonio de Mendoza, primero de la Nueva España y fundador efectivo, Don Martín Enríquez de Almanza , cuarto de la Nueva España y quien llamó al entonces valle purépecha de Tziróndaro, lugar de ciénegas, en 1574, VILLA DE SAN MARTÍN ZAMORA.

El diseño de este escudo tiene su base en una descripción y sugerencia hecha personalmente por el ilustre Zamorano Excmo. Sr. Dr. Don Salvador Martínez Silva, al Prof. Francisco Elizalde García en el año de 1947 y su primer dibujo fue realizado por una religiosa anónima de la Comunidad de Adoratrices. En las subsecuentes manifestaciones pictóricas del escudo, participaron, en primer lugar, el pintor zamorano Don Jorge Hurtado Castellanos, y luego muchos otros que han guardado lo esencial de la primera idea, que sin pretenderlo, tiene similitud con la de aquellos que hace siglos crearon el Escudo de la Ciudad de Zamora, España y de la cual son originarios la mayoría de los peninsulares fundadores de la Villa de San Martín Zamora y a quienes se les guarda en la ahora ciudad, gratitud plena e inmarcesible.

En el año de 1974, al celebrarse el Cuarto Centenario de la fundación de Zamora, el H. Ayuntamiento presidido por el Dr. David Guzmán Segura, Secretario el Lic. Ramón Núñez Álvarez y Síndico municipal el Prof. Francisco Elizalde García, este escudo de Zamora fue reconocido en sesión solemne de cabildo y mediante Acta respectiva, como escudo oficial de la ciudad, donde su significación, utilización y respeto que ya durante 27 años se le habían conferido y que, actualmente, es preciado orgullo de pueblo y autoridades.

ZAMORA DE HIDALGO, MICHOACÁN. OCTUBRE DE 1985
FRANCISCO ELIZALDE GARCÍA
FIRMADO

(Nota del editor: texto publicado en Zamora de Hidalgo, Michoacán; s/f; Edición particular; Director: J. Jesús Herrera Contreras).

viernes, 13 de septiembre de 2013

La Región Occidente en Michoacán, de lagos azules y fuertes montañas (primera parte)


En 1980 la Secretaría de Educación Pública editó una colección de Monografías Estatales. Presentamos la correspondiente al estado de Michoacán en las secciones en que desarrolla la temática de la Región Occidental a la que llama como "Valles de Zamora". En la Monografía se puede apreciar la mano de don Luis González y González, colaborador de este proyecto. Información que él mismo desarrollará de forma más extensa en su monografía "Zamora".




Los Valles de Zamora



La región michoacana más fértil desde
el punto de vista del agricultor recibe
los nombres de Noroeste Michoacano,
Distrito Lerma-Chapala, Tierra de Valles,
Región de Ciénega y Bajío Zamorano.

Cubre el 12% de la superficie de Michoacán.
A sus 7 500 kilómetros cuadrados colaboran
parte de 26 municipios: Briseñas, Chavinda,
Chilchota, Churintzio, Ecuandureo, lxtlán,
Jacona, Jiquilpan, La Piedad, Marcos Castellanos,
Nicolás de Régules, Numarán, Pajacuarán,
Penjamillo Purépero, Sahuayo, Tangamandapio,
Tangancícuaro, Tanhuato, Tlazazalca,
Venustiano Carranza, Vista Hermosa,
Yurécuaro, Zacapu, Zamora y Zináparo.

La componen valles separados entre sí
por cadenas de montañas que tienen
más de 2000 metros de altitud.

La mayoría de los valles está entre
1,500 y 1,800 metros de altitud.
No todos son de las mismas
Dimensiones.

El Bajío de Zamora es una combinación
de llanos y cerros. Como en las otras regiones
de Michoacán, sus límites no están bien definidos,
pero les caracteriza un relieve menos montañoso
y más tierras planas.

Desde el punto de vista geológico, pertenece
a una etapa de pujante volcanismo en la que
se produjo la porción montañosa.

A intensos chaparrones atribuyen la formación de
las lagunas de los diversos bajíos guanajuatense,
moreliano y de Zamora), de los ciénegas y lagos
que hubo o que todavía hay en el sur
de Guanajuato y en el norte de Michoacán.

Hasta épocas recientes el Bajío de Zamora
era un solo lago con largas islas o muchos
lagos que intercambiaban aguas.

Gracias a los lagos y especialmente al lago
de Chapala, límite occidental del Bajío Zamorano,
el clima de éste es templado. Nunca se tienen
aquí los calores de la Tierra Caliente ni los fríos
de la Sierra Volcánica, la temperatura es suave,
con pocas oscilaciones diarias y estacionales.
Casi nunca hiela.

Los días de sol y transparencia su eran en número
a los de nubes, viento y lluvias. Un promedio de
cincuenta días se nublan en el largo temporal
de sequía.

Sólo de junio a septiembre hay más días nublados
que soleados.

A comienzos del verano empieza la temporada
de lluvias, que dura cuatro meses y no es
abundante. Si la región se atuviera a los
chubascos veraniegos no tendría fama
de pantanosa.

La fama la conquistó gracias a los ríos
y depósitos de agua con que cuenta,
a ríos tan caudalosos como el Lerma y el Duero,
y a depósitos tan vastos como el de Chapala.

Al Bajío Zamorano vienen a confluir
aguas de muchas sierras.

Por regla general el suelo de los valles de Zamora
es de tipo vertisol.

Los vertisoles son suelos de textura arcillosa y color negro.

Se hinchan con la humedad y se agrietan cuando están secos

En estas tierras destaca la montmorillonita
que en tiempo de lluvias se expande, cierra poros
y produce chicles.

En cambio, en el temporal seco se endurece
y se llena de grietas si no recibe el beneficio del riego.

En realidad, antes de la llegada del hombre,
el suelo del valle zamorano era cenagoso
y estaba cubierto de agua, tules y carrizos.

Únicamente en las laderas de los montes, de las filas de conos
Volcánicos, había en abundancia arbustos como el mezquite,
cactus como el nopal y multitud de yerbas. En la punta de los cerros
lucían encinos vigorosos.

No podía ser mayor el contraste entre la flora y la fauna
de las cumbres de Pajacuarán, la Beata, Guaracha,
San Francisco, la sierra de Purépero y otras eminencias
con el del fondo de valles pantanosos y yerbas de poca utilidad.

En tiempos en la técnica era deficiente,
los valles de Zamora se veían casi siempre inundados,
sin más vegetación que la típica de las ciénegas,
repletos de roedores, con nubes de insectos insufribles
con los gérmenes de muchas enfermedades,
muy lejos aún de estar cubierta de trigales, maíz,
sorgo, cebolla, papa, jitomate y fresa.

miércoles, 22 de mayo de 2013

La Estación del Ferrocarril en Zamora, Michoacán

Portada de la revista Entorno No, 11, publicada en agosto de 1991.
Fotografía de Alberto Vázquez Cholico,

El siglo XIX introdujo enormes cambios que revolucionaron el perfil del mundo; de los más trascendentes fue el ferrocarril, uno de cuyos primeros ejemplos fue el que recorría el tramo Liverpool-Manchester, que se inauguró el 15 de septiembre de 1830. Alrededor de esta última década, los países involucrados en la revolución industrial comenzaron a construir también sus redes ferroviarias: Estados Unidos (1829); Francia (1831); Bélgica y Alemania (1835); Austria y Rusia (1837); Italia y Holanda (1839). Pero no tardaron mucho en extenderse hacia otros países menos desarrollados, pero de los cuales necesitaban extraer materias primas: Inglaterra llevó la vanguardia en sus colonias formales e informales.

Íntimamente asociada con el ferrocarril, surgió una de las más interesantes tipologías arquitectónicas del siglo pasado: la estación. La primera se construyó en Inglaterra y fue la de Liverpool Road, en Manchester. Era una estación muy modesta: una construcción de cinco vanos y dos pisos, con los raíles cubiertos por un techo de madera(1). Esta solución fue la más frecuente durante los primeros años, luego el tipo arquitectónico fue evolucionando hacia enormes Construcciones que adoptaron diferentes partidos formales, pero que sin duda modificaron el perfil urbano decimonónico.

Fotografía de Jaime Cristóbal López.

Desde 1857 en que se concretó la concesión definitiva a la empresa Ferrocarril Central Mexicano, para el tendido de las vías férreas en el país, “quedó estipulado ante el gobierno liberal que correspondía a las compañías concesionarias la edificación y mantenimiento de las estaciones de paso y terminales”. El desarrollo del ferrocarril fue muy rápido, pues estos caminos de fierro, agilizaban el intercambio comercial nacional e internacional, el traslado de materias primas y productos agropecuarios desde los centros productores hasta los consumidores y/o exportadores.

La región de Zamora se fortaleció económicamente durante el Porfiriato y tanto por sí misma como por ser lazo de unión con otras regiones productoras, alcanzó relativamente pronto los beneficios del ferrocarril. Desde 1897 por lo menos, el ex-cura de Jacona y Abad de la Basílica de Guadalupe, Antonio Plancarte, había ofrecido a la empresa del ferrocarril, el terreno necesario para la construcción de la estación, en las inmediaciones de Jacona y así ambas poblaciones podrían disfrutar de este beneficio, pero esta propuesta no se concretó.

Tranvía de mulitas entre Zamora y Jacona, obra del cura de Jacona
don Antonio Plancarte y Labastida.

Este proyecto de Plancarte tuvo como corolario el que las vías del tranvía Zamora-Jacona (no hay que olvidar que él mismo había creado esta empresa) se prolongaran hasta la estación del Ferrocarril Central Mexicano. Esta inauguración se realizó ya en nuestro siglo, el 19 de julio de 1900.

Inauguración del tren en Zamora.

Al decir de Luis González “a finales del siglo y a comienzos del obispado de Fernández, tuvo lugar un magno acontecimiento que violó en forma rotunda a la enclaustrada y levítica Zamora: en 1899 llegó el ferrocarril”. En efecto, a pesar de que el 10 de junio de 1899 llegó la primera locomotora al Jericó, el proyecto todavía no culminaba, pues el periódico “El Publicador” en su edición del 18 de junio de ese año, publicó un artículo que situaba a la mencionada locomotora “cerca del sitio en que se echan los cimientos, en los cuales ha de estribar el hermoso edificio de la estación de Zamora”. Sin embargo, el ramal Yurécuaro-Zamora no se inauguró sino hasta unos días después, el 1 de julio de 1899.

Uno de los primeros trenes que llegaron a Zamora.

Es posible que para ese momento ya se hubiera terminado la estación, pues es una construcción muy sencilla, sin demasiadas complicaciones arquitectónicas, que responde con simplicidad a la función que debe desempeñar. Es un edificio con las características típicas de la estación de paso, tanto en su forma, que al alinearse a lo largo del andén exige dos fachadas principales, así como su funcionamiento que proviene -como ya se ha dicho- de un programa arquitectónico bien definido para este tipo de construcciones.

Fotografía de Ricardo Cruz.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con con la autoría de la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, y con datos aportados en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich.).

Actualmente la antigua estación del ferrocarril alberga el Museo de la Ciudad de Zamora.
Fotografía de Ricardo Cruz.

sábado, 23 de marzo de 2013

Los portales en la Plaza de Armas de Zamora, Michoacán

Portada del número publicado en marzo de 1991 con una imagen del
portal Amado Nervo fotografiado por Alberto Vázquez Cholico.


De acuerdo con las ordenanzas del rey Felipe II, establecidas en el año 1576 para la construcción de las ciudades nuevas, en las fundaciones españolas la ciudad surgía y se organizaba, en su traza reticular, desde un centro formado por la Plaza de Armas, donde ocupaban el lugar principal los poderes civil y religioso.


Los portales desaparecidos en la calle Guerrero,
parte sur de la Plaza de Armas.

Así sucedió en Zamora, donde además de la parroquia, situada en el mismo lugar en que se ubica la catedral, se encontraban las Casas Consistoriales, en la esquina de la calle Corregidora y la lateral del antiguo Mercado Hidalgo, hoy Morelos o “Pasaje de los Dulces”. 


A la izquierda de la imagen, por la actual calle Allende hacia el norte, se aprecian los arcos neogóticos de lo que fue la entrada a la antigua cárcel de mujeres y en seguida, hacia la plaza, los edificios a dos plantas en que se ubicaron las Casas Consistoriales que ocupaban las oficinas de la administración municipal de Zamora.

Este edificio público fue ocupado por tropas desde 1855, lo que agravó su deterioro que ya demandaba graves y urgentes composturas y del que se propuso una reedificación total. El proyecto para remozar el viejo edificio del ayuntamiento se realizó, finalmente, entre los años 1884 y 1894. 

La casa municipal se formó “por el antiguo y el nuevo departamento, recién terminado, el cual contenía las cárceles de ambos sexos, cuarteles de infantería y caballería y oficinas públicas”. Sus linderos eran, por el oriente, la Plazuela de la Cal [hoy de Los Insurgentes] y la calle de la cárcel [hoy Allende]; por el poniente, con casas de la testamentaría de don Miguel Plancarte, del canónigo don José Guadalupe Novoa y testamentaría de don José María Dueñas; por el sur, con la calle de la Acequia [hoy Corregidora] y por el norte con la plaza principal”. 

En 1914 las tropas ocuparon la ciudad y el gobierno de la ciudad ocupó el palacio episcopal, posteriormente conocido como Palacio Federal o “Correos”. Allí se mantuvieron hasta el 12 de septiembre de 1954 en que se cambiaron al nuevo edificio frente a la Plaza de Armas. 

Tanto el edificio de la Presidencia Municipal como los aledaños,
en la parte sur de la Plaza de Armas, han sido objeto de diversas
remodelaciones "modernizadoras". 

El portal Allende
en la parte oriente de la Plaza de Armas.

Al costado oriente de la propia plaza principal se ubica el portal Allende, al lado norte de la catedral. Durante algún tiempo fue conocido como “portal de los chinos” debido a allí instaló una cafetería la primer familia de migrantes chinos, de apellido Su, establecidos en Zamora. Este también fue el lugar del Parían y los arcos de estilo neogótico del portal delatan que su construcción se realizó entre 1880 y 1890.

Sitio a autos de alquiler frente al "Portal de los Chinos".

Así luce en la actualidad el Portal Allende.
Fotografía de Rubén Guillén Soto.


El portal Amado Nervo
en la parte norte de la Plaza de Armas.

El costado norte la plaza es el portal Amado Nervo, antiguamente llamado “de Mercaderes” porque allí se establecían los comerciantes foráneos que acudían a Zamora a ofrecer sus productos. Su arquitectura está formada por una arquería dividida en cuatro tramos, correspondientes a diferentes construcciones: en la esquina de Morelos y la plaza, el portal corresponde a lo que fue la casa de la familia Dávalos y Dávalos y Jasso hasta los años 20 del siglo XX. La parte alta del edificio la construyó don José Ramírez. Alrededor de 1960 se ochavaron los ángulos de su esquina para facilitar el tránsito de los vehículos.

Portal Amado Nervo, en su sección a partir de la calle Morelos.

Hubo en ese portal otras construcciones importantes pero sólo subsisten sus fachadas. Una de ellas es la contigua a la esquina, que conserva solamente dos ingresos. La casa fue propiedad de don José María Ruiz y en 1903 fue el Casino Imperial, fundado por don Carlos Iparraguirre. Por lo menos desde 1911 fue propiedad de don Arcadio Orozco Zepeda, quien lo heredó a su sobrino, el arzobispo de Guadalajara, Monseñor Orozco y Jiménez. La propiedad fue intervenida en 1914 y pocos años después, ya desintervenida, fue venida a Concepción Villaseñor, viuda de Orozco, en 7 mil pesos oro. 

El Hotel Colón fue considerado como
el de más categoría en Zamora.

Del otro lado había una casa que luego fue el Hotel Colón. El portal correspondía a la casa de don José Dolores Morellón, quien en 1861 pidió permiso para construirlo. El dictamen del ayuntamiento la consideró como un proyecto que tendía “al bien procomunal del Municipio” como una obra que envuelve “su ornato, progreso y mejoras materiales”.

El edificio sería lo suficientemente grande e importante, pues también fue la residencia de su posterior propietario, don Francisco Madrigal Álvarez, además del hotel y el comercio “Nuevo Mundo”, -como se los conocía a fines del siglo XIX-, allí funcionaba una sociedad comercial “Madrigal García y Cía.”, que podría ser la causa de que la casa pasara luego a ser propiedad de Luis García Méndez (padre de Francisco García Urbizu), donde instaló su comercio y la Botica del Rosario. 

En la esquina estaba la casa de la familia Cabadas, quienes se registraban viviendo en la Plaza desde el siglo XVIII. En efecto, en 1768, con una familia de nueve personas, allí vivía el regidor Marcos Cabadas, casado con doña Manuela de Jasso. También vivían “en la Plaza”, el teniente general don Pedro Matías Pérez; el alférez real don Francisco Martínez de Ortegón, y el alcalde provincial don Juan José Márquez de la Mora.

Aspecto actual del portal Amado Nervo.
Fotografía de Israel López Ruiz


El portal Morelos y los portales desaparecidos
en la parte poniente de la Plaza de Armas.

Portal Morelos, Casa del Pozo y Hotel de los Perros
en la actual calle Morelos, frente a la Plaza de Armas.

Construcciones que atestiguaron los grandes acontecimientos
históricos en una Zamora señorial.

Lo que queda del portal Morelos, es la esquina de la calle Guerrero con Morelos. Estuvo formado por tres grandes propiedades: la que aún queda, que fuera propiedad de Arcadio Orozco y luego de Jesús Ramírez; la Casa del Pozo y el Hotel de los Perros.

Casa del Pozo.

La Casa del Pozo fue propiedad de la familia Jasso y testigo de todos los acontecimientos importantes que sucedieron en la ciudad. En sus corredores murió don Victorino Jasso, el legendario tata Victorino, dueño de almas y haciendas de Guaracha, Los Espinos y tantas otras propiedades de la que fuera una poderosa familia en la región durante la Colonia. Hacia 1930 y 1940 allí funcionó la escuela “Centenario”, famosa por su rigurosa disciplina física, según recuerda en padre Alfonso Verduzco Pardo. 

Del otro lado, ocupando la esquina en que actualmente se ubica la sucursal de Bancomer, estaba el Hotel de los Perros, de José natividad Izarrarás, que debió ser construido hacia 1895. En 1889, don José estaba registrado como comerciante y su ramo era la ropa, en un local que se llamaba “El Negro” porque, según relato de Don Francisco García Urbizu, adornaba su esquina la figura de un africano de tamaño natural. 

Primer se llamó "Porfirio Díaz"; luego, "Hotel Central", pero
los zamoranos lo conocían como "Hotel de los perros".

En realidad el establecimiento se llamaba “Hotel Porfirio Díaz”. Posteriormente se llamó “Hotel Morelos”, pero los zamoranos lo conocían como “Hotel de los Perros” debido a las esculturas de canes que se ubicaron en las esquinas de su azotea. 

Edificio comercial y de Club Social que sustituyó al antiguo
Hotel Central en la esquina de Amado Nervo y Morelos.

El edifico fue luego de don Pedro Rocha Escobar. Hacía 1958 se estableció, en un nuevo edificio, el afamado establecimiento de los hermanos Pérez Ruiz, en la planta baja, y en su planta alta el Club Social, “de famosas tertulias a las que concurría la flor y nata de la sociedad zamorana”.


El actual proyecto para restablecer los portales
alrededor de la Plaza de Armas de Zamora.

Recientemente se intentó un proyecto para restablecer los portales
alrededor de la Plaza de Armas de Zamora. La imagen, fotografía
de Víctor Mendieta, muestra el que se construyó en el edificio
de la Presidencia Municipal.

Nota del editor: en la revista Entorno original no fue publicado este texto que, como otros, se fundamenta en el libro de la doctora Nelly Sigaut: Catálogo del Patrimonio Arquitectónico del Bajío Zamorano. Primera parte: la ciudad de Zamora. Decidí actualizar la información con un documento más completo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Palacio Episcopal o Federal de Zamora en Michoacán

Construida como Palacio Episcopal o "casa del obispo" en Zamora, pasó a ser
Palacio Federal o "Correos", como los zamoranos conocieron
a este magnífico edificio durante años.


El edificio, destinado a ser la sede del obispado y hoy ocupado por las dependencias de Correos y Telégrafos, está ubicado en uno de los ejes más importantes de la ciudad: lo que fuera la colonia de la calle Real, que unía a la Catedral con el Santuario del Señor de la Salud.

El primer intento de construir una casa episcopal se realizó en 1881, cuando se comenzó a rehabilitar el convento de San Francisco -que había sido destruido por un incendio-. La decisión de levantar en el mismo predio las dependencias de la administración diocesana dependía de las posibilidades del espacio y, finalmente, no pudo concretarse. 




Sin embargo, cuando se retornó el impulso, la idea de una casa fue reemplazada por la de un palacio. Frente a una obra de esta naturaleza, en el contexto finisecular de una ciudad de provincia, era bastante frecuente hablar de arquitectura de prestigio, entendida, en este caso, como una manifestación de poder para obtener respeto y admiración. 


En esa esquina de la segunda calle del Calvario y la tercera del Hospital, se encontraba la casa que don Marcelo Matos vendió al licenciado Vaca. En sucesivos cambios de propietarios, la finca fue vendida al Pbro. Felipe Arregui en la suma de 4,200 pesos, en el año 1902. 










La casa tenía 18 habitaciones y un local. Estaba construida en un solar de 23.97 metros de frente por 54.56 metros de fondo. La misma fue destruida para comenzar, posiblemente en 1904, la construcción del palacio episcopal, cuando la diócesis se encontraba bajo la administración del obispo Fernández. 


Aunque justo es reconocer que todas las actividades que tuvieron como finalidad lograr un nuevo perfil para Zamora, luego de la organización de la diócesis en 1862, correspondieron al segundo obispo, el señor José María Cázarez. 

Las fotografías anteriores son de Alberto Vázquez Cholico,
incluyendo la que ilustra la portada de Entorno.

El edificio estuvo en construcción desde 1904 hasta 1909. Aunque no he localizado mayores informaciones sobre el arquitecto responsable de su diseño y construcción, podría su ponerse, sin mayor riesgo de error, que fue Jesús Hernández Segura quien se ocupó de esta obra, así como de todas las que la Iglesia estaba construyendo en la ciudad desde fines del siglo XIX. Por otra parte, el uso de un estilo historicista o ecléctico, parece apoyar esta afirmación. 

Patio interior. Fotografía de Ricardo Cruz.

La filosofía ecléctica se había difundido en Europa desde 1830, aproximadamente, y proclamaba que cada uno debía decidir qué ideas del pasado eran adecuadas a los problemas presentes para adoptarlas y valorarlas. 

En 1835 se recomendaba recoger de cada uno de los estilos arquitectónicos del pasado, lo útil, lo ornamental, lo científico de buen gusto y reunido con nuevas formas y disposiciones “que en armonía con nuestro clima, instituciones y costumbres fuese a la vez elegante, apropiado y original”. 


Esculturas de leones en las escaleras.
Fotografía de Carlos Magaña Díaz.

En términos estilísticos, estos «neos» son retornos a algún estilo del pasado del que toman generalmente sus elementos decorativos u ornamentales y con el que guardan enormes diferencias en la concepción espacial. Es lógico que así suceda, pues el espacio es una creación social y cada sociedad y cada época construyen su propio espacio. 

En este sentido, la organización del palacio episcopal es la tradicional de la región, pues todas las habitaciones se organizan alrededor de dos grandes patios, pero la ornamentación reconoce claros préstamos del románico del norte de Italia, conformando un sui generis neo-románico. 

El edificio fue iluminado en el proyecto Zamora Ciudad Luz.
Fotografía de Juan Carlos Zamudio Mendoza

Aunque hoy han desaparecido, originalmente ornamentaban la construcción vitrales con las imágenes de San José, la Virgen y símbolos propios de la iconografía católica. 

Durante el año 1911 se gastaron fuertes cantidades para convertir al edificio en un auténtico palacio, pues se compraron vajillas de oro y plata que se guardaban en aparadores de maderas finas, muebles de gran calidad, lámparas enchapadas en oro, alfombras y cortinas apropiadas. 

Fotografía de J. Ernesto Ortiz Razo.

La importancia del edificio hizo que fuera ocupado por el general Joaquín Amaro cuando, en 1914, entró en la ciudad. En estas ocupaciones hay que tener en cuenta que la lucha con el poder eclesiástico se libró no sólo en el plano legal, sino también en el simbólico visual. 

De ahí que la misma presidencia municipal se asentara en el edificio hasta 1954. La oficina federal de Hacienda, correos y telégrafos lo han ocupado simultáneamente, lo que ha dado como resultado un evidente deterioro de la construcción, que no está preparada para estos usos.

Nota del Editor: Este texto fue publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C. y sintetiza un capítulo del "Catálogo del Patrimonio Arquitectónico del Bajío Zamorano. Primera Parte: La ciudad de Zamora", de la doctora Nelly Sigaut, profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán.

miércoles, 9 de enero de 2013

Catedral de la Diócesis de Zamora en Michoacán


Sede de la diócesis de Zamora en el noroccidente del estado de Michoacán,
la catedral es una joya arquitectónica del neoclásico mexicano.

Desde la fundación de Zamora, en el siglo XVI hasta el XIX, fueron tres las construcciones religiosas en las cuales funcionó la parroquia: las dos primeras se levantaron durante esa centuria, seguramente muy  provisional una y más sólida la segunda, pues se mantuvo en servicio hasta el siglo XVII, cuando fue reemplazada por la tercera construcción. Sin embargo, ésta ya estaba en ruinas hacia 1828, cuando se echó a andar el proyecto de construir la actual iglesia, en el mismo emplazamiento de las anteriores, frente a la plaza.

Una de las fotografías más antiguas de la catedral,
la muestra aún sin torres.

Ante la ruina de la parroquia, el zamorano José María Cabadas Dávalos y Jasso (en quien se conjugaban la autoridad de pertenecer a una  reconocida familia de la villa y ser canónigo de la catedral de  Valladolid) organizó un movimiento para proceder a realizar una nueva construcción. La presidencia de esta Junta Directiva fue ocupada por Cabadas.

La catedral señoreando desde siempre
la Plaza de Armas de Zamora.

A pesar de las demoras y problemas, el 1 de abril de 1840 se bendijo la primera piedra de la obra, cuyos planos había hecho el maestro arquitecto Nicolás Luna, posiblemente desde 1838. Lamentablemente no quedan vestigios de este plano, solamente una somera descripción: “los mapas [...] tienen 75 varas de largo, 18 de ancho, 44 libres de balaustra, 21 varas de altura, el cimborrio hasta la linternilla otro tanto que hacen 42 varas y las dos torres de altura 50 varas, de tres cuerpos de orden jónico, dórico y toscano.”

Son pocas las noticias que se tienen de este arquitecto, a quien tradicionalmente se considera nacido en Tlazazalca y discípulo de Eduardo Tresguerras. Parece haber trabajado exclusivamente en el estado de Michoacán, pues se consideran obras suyas, además de esta parroquia, el proyecto del templo del Calvario, en Zamora, en 1830; el altar mayor del Santuario de Guadalupe, en Morelia, en 1840 ó 1850; y la iglesia parroquial de Tlazazalca, comenzada en 1840 y que guarda una notable relación formal con la iglesia de Zamora.

Por la calle Hidalgo Sur, la parte posterior de la Catedral
también domina el ambiente urbano de la ciudad.

A pesar de opiniones de algunos ingenieros y arquitectos de finales del siglo pasado y de principios del XX, que realizaron intervenciones en la construcción, por la descripción del plano, es notorio que la misma estuvo concebida desde sus orígenes con cúpula y dos torres, aunque éstas se construyeron de dos cuerpos y no de tres, como estaba previsto.

En efecto, a pesar de los cambios políticos que ocurrieron en el país a  mediados del siglo XIX, hacia 1860 la iglesia estaba terminada, aunque sin torres, ni balaustradas ni barda exterior. Así la sorprendió la erección del nuevo obispado, el 26 de enero de 1862 y así fue consagrada, el 8 de mayo de 1867, para evitar que fuera ocupada por las tropas, aunque distaba mucho de estar terminada.

La catedral ha atestiguado las distintas épocas
de la cotidianidad zamorana.

Cuando la parroquia se convirtió en catedral, se realizaron algunas reformas necesarias para su funcionamiento, como el emplazamiento del coro en el presbiterio, para permitir la reunión de los canónigos alrededor del obispo. Pero algunas otras obras fueron provocadas por fallas en la estructura, algunas de tal magnitud, que en 1871 el informe del arquitecto Carlos Cornedi aseguraba que la estructura no podría recibir el peso de las torres y que, de hacerlas, tendrían que arrancar del piso.

A pesar de tantas opiniones, el encargo de levantar las torres fue aceptado por Romualdo Mares, quien las terminó el 27 de agosto de 1879 y ocho años después, en 1887, empezaron a desplomarse. De ahí en adelante, las torres de la catedral sufrieron muchos tropiezos, provocados fundamentalmente por la falta de pilotaje, porque la cimentación no tenía ni dos varas (ó 1.67 metros) y por el piso de aluvión. Su debilidad estructural las hizo presa fácil de los movimientos sísmicos y desde entonces han sufrido diversos problemas de cuarteaduras y desplomes.

Las torres de catedral fueron atonilladas para evitar su desplome,
como lo muestra esta fotografía de José Luis Espinoza Melgoza.

La catedral completó su perfil actual hacia 1879, cuando el mismo Romualdo Mares realizó el diseño de los cinco pórticos del atrio y los ornamentos de los pilares y almenas y se autorizó el encargo de las puertas a Guadalajara.

Otra vista de catedral con su enorme cúpula
con vista hacia el sur por la calle Hidalgo.

El vocabulario formal seleccionado para esta obra se relaciona claramente con el estilo neoclásico, como el frontón triangular de la portada; las columnas de capitel jónico y corintio con fuste acanalado; el friso que remata el primer cuerpo, así como las guirnaldas que ornamentan la fachada. Sin embargo, la articulación de estos elementos provoca una sensación de movimiento y de claroscuro más vinculado al estilo barroco que al neoclásico. El resultado de esta asimilación vernácula de ambos estilos fue interpretado por un historiador de la importancia de Francisco de la Maza como un “estilo barroco republicano”.


Nota del Editor: Este texto fue publicado originalmente en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C. y sintetiza un capítulo del "Catálogo del Patrimonio Arquitectónico del Bajío Zamorano. Primera Parte: La ciudad de Zamora", de la doctora Nelly Sigaut, profesora-investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán.
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