Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
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miércoles, 19 de febrero de 2014

Fotografías antiguas de Jacona de Plancarte en Michoacán - Don Antonio Vega González, empresario jaconense creador de los tradicionales Helados Vega

Don Antonio Vega, creador de sabores originales en las paletas de hielo michoacanas.
La paleta de aguacate, por ejemplo.

Don Antonio con el actor Sergio Ramos "El Comanche" en una fotografía que luce durante décadas en los establecimientos de Helados Vega.

miércoles, 8 de enero de 2014

Busto del mártir agrarista Francisco Godínez Peña en Ario de Rayón, Michoacán - Fotografía de Julio Godínez Zavala


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Imagen de José Sánchez del Río, niño mártir cristero, en la catedral de Zamora, Michoacán - Fotografía de Rafael Esquivel Magaña


jueves, 28 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (séptima parte)

Procesión en honor a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Jaime Cristóbal López.

El señor Cura Pbro. D. Baltazar Espinosa, que ya tiene muchos
años de residir en Tarecuato, amablemente nos mostró el lugar, el
rincón de la alcoba, en donde se extinguió la vida terrenal de Fray
Jacobo. En el mismo sitio, exactamente, duerme ahora el señor Cura
Espinosa.

En una de las paredes, hay un pequeño cuadro impreso, con
un sencillo marco de madera, que dice:
“En este ángulo de la sala durmió en el Señor, el día 13 de julio
de 1877, el Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. D. José Antonio de la Peña
y Navarro, primer Obispo de Zamora”.-“Septiembre de 1923.
Pbro. Felipe Torres”.

El Padre D. Felipe Torres, fue nativo de Tarecuato, allí vivió
por muchos años, y allí murió. El fue quien mandó poner ese recuerdo.

Y nos relató el señor Cura Espinosa, lo siguiente: Que el señor
Obispo había salido de Zamora a una de sus visitas pastorales.
de las poblaciones de su diócesis. Llegó primeramente a Santa Mónica
Ario, enseguida a Santiago Tangamandapio, después a Tarecuato
y a Tingüindín y de este lugar por Guátzcuaro a la población
de Jaripo. Que en esta población se agravó de sus enfermedades, y
entonces, presintiendo seguramente su próxima muerte, pidió a
quienes lo acompañaban, que no lo llevaran a Zamora, sino precisamente
a Tarecuato, “para tener la dicha de morir en el mismo sitio,
en que murió un santo”. “Y Dios quiso seguramente, haberle concedido
esa gracia”.

Vimos cómo rejuvenecido el naranjo agrio, que lleva seguramente
cerca de los cuatro siglos de haber sido plantado. Efectivamente está
su follaje de primavera, se podría decir que como con mayor alegría,
que cuando lo vimos hace más o menos veinticinco años.

Sus recias columnas de cantera, del exterior del convento, y del
patio del mismo, semi monolíticas; una pila de cantera, también en
el patio principal, de un metro y medio en cuadro, aproximadamente,
y labrada en una sola pieza.

Y ahora el señor Cura acaba de adquirir una muy bonita copia
o reproducción al óleo, del retrato de Fray Jacobo, que se conserva en
Tzacapu.

Recordamos, como antes decíamos, que más o menos hará veinticinco
años, recorrimos los mismos sitios; pero entonces el convento
estaba deshabitado, y acababa de ser por varios años, cuartel, por lo
que se podrá comprender el estado en que lo conocimos.

En esa ocasión fuimos para acompañar a un Inspector de Bienes
Nacionales, que traía la misión especial de buscar un cuadro, de
muchísimo valor, que habiendo sido un regalo a Fray Jacobo de sus
parientcs de Europa, estuvo por varios siglos en el convento de Tarecuato.

Se trataba de un cuadro de tema religioso, que no se sabía a punto
fijo cuál era, pero de una auténtica obra de “Murillo”.

Naturalmente nada se encontró en Tarecuato, ni la más mínima
información sobre dicho cuadro, que nadie había conocido en el
convento.

Algún tiempo después, dicho Inspector nos informó, que el cuadro
lo buscaban, porque el gobierno había interceptado correspondencia
en que de México lo proponían en venta al Museo del Prado de
Madrid, y que había sido ya localizado y recogido en el puerto de
Vcracruz. Se encontraba ya exhibiéndose en el “Museo de Arte religioso'”
en la Ciudad de Puebla.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (sexta parte)

Monumento a Fray Jacobo Daciano en Jiquilpan, Michoacán.
Fotografía de Carlos Magaña Díaz.

Y por lo que pudiéramos decir de la relación hablada, de las
leyendas, como las anteriores del Lic. D. Eduardo Ruiz, lo que cariñosamente
se ha ido transmitiendo en varios siglos, de generación
en generación, lo que oíamos de niños, lo que escuchábamos de labios
de nuestros antepasados, de los más viejos del pueblo, cuando ya
nuestros abuelos por sus muchos años, estaban para despedirse de esta
vida, es más o menos lo mismo, con sólo algunos detalles, a cual
más fantásticos, para hacer más ameno el relato, darle mayor interés
y más misterio a cada detalle.

Lo que en realidad puede considerarse como más o menos cierto;
lo que se ha ido confirmando al transcurso de los años, sobre el
lugar, la cueva o la cripta muy oculta, en que posiblemente por más
de doscientos años, se conservó sin descomposición el cadáver de Fray
Jacobo, es que, o fue en un subterráneo del convento, o en algún lugar
muy escondido en las serranías cercanas a Tarecuato, donde, él,
conocedor como ninguno de los más intrincados vericuetos, barrancas
y grutas de las montañas, instruyó a algunos de los principales del pueblo
y de toda su confianza, para que al morir lo guardaran, en ese determinado
sitio, ya preparado de antemano, y en donde por la humedad
de algún nacimiento de agua extremadamente fría, y la cueva
igualmente a una permanente temperatura de refrigeración, pues en
los alrededores de Tarecuato, hay alturas de más de tres mil metros,
sobre el nivel del mar, su cuerpo momificado, tendría que conservarse
sin descomposición indefinidamente.

Y así permaneció muy probablemente, quizás por más de dos siglos,
pues se ha sabido de una manera insistente, que con mucho sigilo,
sus parientes de sangre real de la muy lejana Dinamarca, del ya
hace mucho tiempo desaparecido reino de Dacia, por conducto de una
Embajada extranjera en México, hicieron gestiones, para llevar el
cuerpo momificado de tan extraordinario religioso, del “Santo de Tarecuato”,
a descansar para siempre en la vieja Europa, en el cementerio
de sus mayores.

Precisamente al terminar de escribir lo anterior, abril de 1957,
quisimos ir a ver con nuestros propios ojos, lo que ya hace más de
veinticinco años, habíamos visto igualmente que ahora,
con la veneración que se tiene para lo que nos habla,
en sus piedras, en la antigüedad de sus muros carcomidos
por los siglos, en tantos y tantos pequeños detalles, de lo que
sería, de lo que fue, en sus tiempos de esplendor
el convento de ''Santa María de Jesús" de Tarecuato, de
más de cuatro siglos de existencia.

En donde vivió más de cincuenta años, haciendo el bien, y en
donde cristianamente también murió, Fray Jacobo Daciano, que
tanto amó a nuestros pueblos serranos.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (quinta parte)

Imagen de Fray Jacobo Daciano en la parroquia de San
Francisco de Asís de Tarecuato en Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.

Los que en tiempos muy lejanos escribieron sobre Fray Jacobo, no
precisan el año en que murió, y sólo dicen, algunos de los misioneros
historiadores, que llegó a su última vejez, por lo que podría conjeturarse
que pasó de los ochenta años, y  así debió de ser, puesto que solamente
en Tarecuato, se afirma que vivió, por más de medio siglo.

Por algunos historiadores se señala su muerte un día 29 de octubre
pero sin anotar el año.

En los “Anales de Tarecuato'”, que ya hemos citado anteriormente,
y que fueron publicados por el historiador michoacano, Dr. Don
Nicolás León, en '”El Estandarte'” de San Luis Potosí, en el año de
1898, se dice: “1566. En dicho año prendieron al Marqués en México,
y se llevó Dios para sí, al Padre Jacobo".

Se refiere, primeramente, a cuando fue hecho prisionero y depuesto
de su cargo de Capitánn General y Gobernador de la Nueva España,
a Don Hernán Cortés.

Fray Isidro Féliz de Espinosa, nos dice: “Sus últimos días (de
Fray Jacobo) los vivió entre San Ángel y Tarecuato y llegando a más
de setenta años de edad y más de cincuenta de religión, lo llamó el
Señor en Tarecuato, años de 1601 a 1604”.

Creemos que este cronista está más en lo cierto, respecto a la fecha
en que aconteció su muerte, pues vino Fray Jacobo a Michoacán
y especialmente ya a Tarecuato, muy joven, en el año de 1543, habiendo
residido en el convento de ese lugar por más de medio siglo. En
cambio no estamos de acuredo en que su vida haya sido solamente de
setenta años, pues todos los historiadores afirman que “llegó a la
última vejez'”, y solamente habiendo pasado de los ochenta años, pudo
haber estado en Tarecuato el medio siglo”.

“Fue enterrado en la sepultura común de los religiosos, pero es
tradición constante, que los indios lo sacaron después de algún tiempo
y lo colocaron en un nicho de la pared maestra de la iglesia, tras
del retablo del altar mayor y que se conservaba seco y entero y puesto
de pie y que cada cuatro o cinco años, con mucho secreto, traían sayal y
le hacían su hábito nuevo y se lo mudaban guardando los despojos del
antiguo como reliquia. Extrañas diligencias han hecho en todos los
tiempos, muchos prelados de esta provincia, para saber de los indios
donde le tenían y ni con ruegos, ni con dádivas, ni temores, ha sido
posible el que los indios descubran este secreto; porque es entre ellos
voz común haberles dicho Fray Jacobo, que mientras se conservase así
su cuerpo, se conservaría el pueblo y se libertaría de pestes
y otros infortunios”.

“A un religioso muy anciano, le descubrió una india vieja, el que
ella sabía dónde estaba, pero que no podía decirlo, por los otros indios.
y que era cierto que estaba entero y solo tenía raída la punta de la
nariz”.

El Lic. Don Eduardo Ruiz, hace aproximadamente un siglo, dejó
escrito lo siguiente: “El cadáver del padre Jacobo fue inhumado en
la iglesia de aquel pueblo (Tarecuato) pero es fama que en la noche
del mismo día, los caciques principales lo extrajeron, e incorrupto, como
si el misionero solamente estuviera dormido, lo ocultaron en una
cripta en el fondo de espaciosa e ignorada gruta, al cuidado de tres
indígenas de los más ancianos del pueblo, únicos poseedores del secreto,
que se transmitirían a otros indios de mucha edad y confianza, cada
ocasión que moría alguno de los tres, que estaban en el secreto y
eran los guardadores del sepulcro".

“En aquel ocu1to sitio arden constantemente muchos cirios y se
eleva sin cesar el humeante perfume de los incensarios”.

“Cuéntase que una vez un párroco que se hizo querer mucho de
sus feligreses, logró que cierta noche lo llevasen a visitar la cripta.

Por precaución lo condujeron en hombros los tres viejos guardianes,
vendándole previamente los ojos. El sacerdote, sin embargo, ocurrió
a un arbitrio, que juzgó infalible para hallar después el sepulcro, y lo
puso en planta al ir caminando. La comitiva penetró en la caverna.
quitaron al señor cura la venda, y pudo contemplar el inanimado
cuerpo del apóstol, imaginándose cuánto fruto podría sacar del hallazgo.

Volvió tranquilo y lleno de ilusiones. Al día siguiente antes
de levantarse, entraron a su aposento los viejos principales y le dijeron:
“Tata Cura, anoche se te reventó tu rosario en el camino del
santo sepulcro; pero aquí te entregamos tus cuentitas de chaquira.
que hemos pepenado desde la puerta del curato hasta la entrada de
la cueva. Cuéntalas no falta una sola”.

jueves, 17 de octubre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (cuarta parte)


El historiador Don Eduardo Ruiz, y sobre la vida de sacrificios
de Fray Jacobo, nos dice: “Refiere la crónica que una vez recorrió
más de cien leguas, hollando la tierra con el pie desnudo, a fin
de servir de lazarillo a otro varón ejemplar, Fray Antonio de Segovia,
anciano y ciego, que tenía que asistir a un ‘Capítulo’ que se celebraba
en Huetjotzingo” (en el lejano Estado de Puebla).

“En lo político y cortesano, pudo fundar repúblicas, como hizo
notorio en el pueblo de Tarecuato, pues estando ya deteriorado,
lo arregló de nuevo, con calles, plazas y casas y costumbres,
con toda perfección, ordenando que la comunidad del pueblo
repartiese las tierras baldías, con lo que creció mucho el pueblo.
Fundoles un hospital que es de los mejores de la provincia.

Fundó escuelas para los niños en que aprendiesen a leer,
escribir y contar. Verdad es que no fundó este pueblo
de Tarecuato (ya lo dijimos anteriormente pero lo reformó
todo con tanto esmero que bien mereció el título de su fundador”.


Naranjo agrio en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López

Existe todavía en el patio principal del convento, dando fruto, un
naranjo agrio, seguramente varias veces centenario, pues se asegura
que fué plantado por Fray Jacobo, habiendo sido por muchos años un
varejón seco, pues le había servido de báculo.

Atrio de la parroquia de San Francisco de Asís
en Tarecuato, Michoacán.
Foto de Jaime Cristóbal López.

En el atrio del mismo convento, todavía hace pocos años, se veían
gruesos troncos de olivos, que se dice fueron plantados por las propias
manos de Fray Jacobo, y también, por lo tanto, varias veces centenarios.

Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Marco Wence.

En el mismo amplísimo atrio, de muchísimo mérito arqueológico,
pero ya semi destruido, y que a la vez que atrio del templo y del
convento, y hasta hace pocos años también cementerio del pueblo,
se conserva todavía grande cruz labrada de cantera, sobre una amplia
base de calicanto, con inscripciones y alegorías franciscanas, y con
signos tarascos, que deben señalar alguna fecha o determinado
acontecimiento de importancia para el pueblo; por supuesto que
solamente podrá descifrarse por un entendido en códices antiguos.

Y valdría la pena, que se hiciera, pues daría luz, seguramente,
como decimos en alguna fecha o acontecimiento de mucha
importancia para Tarecuato.

Cruz atrial en la parroquia de San Francisco
de Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Sergio Alfaro Romero.

Nosotros creemos que esa cruz, de tan grande mérito artístico y
arqueológico, lo primero porque es propiamente una filigrana,
un encaje hecho en cantera, y lo segundo por los siglos
de haber sido levantada, muy probablemente lo haya sido,
a la llegada de los primeros religiosos franciscanos, y antes de
la construcción del templo y su convento.

viernes, 11 de octubre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (tercera parte)

Monumento a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía de Rodrigo Godínez.

Y seguiremos en sus relatos a Fray Isidro Félix de Espinosa:

“Con este oculto llamamiento de Dios, renunció al oficio que tenía
de Provincial de Dacia y se salió fugitivo, a favorecerse en tierra
de católicos (fue a España) solo, a pie, descalzo y pidiendo limosna
de puerta en puerta”.

“Llegó a la corte del monarca católico, que a la sazón lo era el
invictísimo Carlos V, quien comprendió la utilidad que tan sabio
monje tendría para la catequización del nuevo mundo, e inmediatamente
lo proveyó de favorables cédulas reales y recomendaciones para el
Virrey y Real Audiencia de la Nueva España, encareciendo el
decoro de tan gran persona”.

“Por los años de 1530 a 1531, escribe el Lic. Don Eduardo Ruiz,
llega a la Nueva España. Hacia el año de 1516, funda y predica,
primero en Querétaro, pasa después a Tzacapu y finalmente a Tarecuato”.

“En los tres lugares reorganiza a los indios, los induce a urbanizarse,
al arreglo de sus poblados, a trabajar y a preocuparse por sus
almas inmortales. Levanta humildes jacales, que le sirven de iglesia y
de convento, construcciones que a fines del siglo fueron reemplazadas
por edificios de cal y canto”.

En los “Anales de Tarecuato”, del michoacano Doctor Don Nicolás
León, se lee: “Año de 1543: En dicho año entró a Tarecuato
el Reverendo Padre, Fray Jatobo Daziano e hizo la Iglesia de dicho
pueblo”.

“Por entonces era Michoacán la atracción de los religiosos, que
querían probar su fe y religión, pues eran incontables las poblaciones
de crecido número de habitantes de indios de diferentes razas e idólatras,
aparte de que se contaban grandes cosas de lo que en todos los
órdenes eran las extensas tierras de los tarascas”.

“Vino, pues, Fray Jacobo, con la orden de franciscanos y siendo
su ilustración muy grande y facilidad para aprender diversas lenguas,
en poco tiempo fue maestro en la lengua tarasca, que llegó a saber
con tal primor como la latina, griega y hebrea”.

“Era admirable la ligereza con que caminaba de una parte a otra,
llevado de la necesidad de sus prójimos y se conoció que le ayudaba
otra fuerza superior, pues caminaba tan ligero y veloz, que sucedió
muchas veces salir de su convento para otros, con indios, que por el
respeto que le tenían no le dejaban y yendo ellos a caballo caminando
tras él, al galope, no le podían dar alcance, yendo Fray Jacobo a
pie y descalzo, y cuando ellos llegaban ya él había descansado, y ellos y
sus caballos venían rendidos”.

“Este fue uno de aquellos varones de que hasta hoy se conserva
la memoria, que teniendo su vivienda en un convento, que servía de
cabecera para otras visitas, muy distantes, por ser tan contados los
religiosos, decía la primera misa en aquel convento y después segunda
y tercera en partes muy distantes y muchas veces se volvía el mismo
día a su convento”.

Ya lo dijimos: “El pueblo de Querétaro fue fundación de Fray
Jacobo, y el convento de Tzacapu, con su iglesia, se hizo también por
su esfuerzo y diligencia. En el de Tarecuato trabajó para darle a la
iglesia y convento, toda su perfección y aquí vivió años, hasta su
muerte”.

“Dotóle el Señor de singularísimas gracias y entre ellas parece
haber tenido el espíritu de profecía, pues estando de Guardián
en su convento de Tarecuato, una noche que estaba en
oración, vio por revelación divina, cómo el Emperador
de España, con su muerte daba fin a lo caduco del
imperio humano.

Púsose al punto a pedir al Señor por su a1ma, y luego
que amaneció, después de haber rezado prima con los
demás religiosos, mandó poner un túmulo tal como lo
merecía la grandeza del difunto y lo permitía la corta esfera
de aquella iglesia, y le cantó una misa de réquiem,
con la mayor solemnidad que se vio en aquellos principios".

“Los religiosos admirados de oír nombrar en la misa al Emperador
difunto, le preguntaron qué motivo tenía para ello y respondió
que ciertamente era ya difunto. Suspendieron, los religiosos, su juicio,
conociendo su santidad y después de algunos meses, en que vino
la flota y trajo la triste nueva, se supo con certeza que había muerto,
precisamente en la noche de aquel día, en que Fray Jacobo le había
hecho las exequias”.

Fue el Emperador Carlos V, quien precisamente a las dos de la
mañana, del día 22 de septiembre de 1558, entregaba su alma a Dios,
en el convento de religiosos Jerónimos de San Yuste, en España.

Fray Pablo de la Concepción Beaumont, difiere por un día, en
esa fecha del fallecimiento de Carlos V, pues dice que lo fue, “el día
de San Mateo, 21 de septiembre de 1558”.

Posiblemente ambos historiadores, Fray Isidro Félix de Espinosa,
y Fray Pablo de Concepción Beaumont, tengan razón, pues el Lic.
D. Eduardo Ruiz, nos dice “que la muerte del Emperador, tuvo lugar
la noche del 2l de septiembre, precisamente cuando Fray Jacobo,
tuvo la revelación de tan infausto acontecimiento.

jueves, 3 de octubre de 2013

Tata Neftalí, artesano en barro de Patamban, Michoacán - Fotografía de Martín Castro Rosas


Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (segunda parte)

Estatua a Fray Jacobo Daciano en Tarecuato, Michoacán.
Fotografía obtenida de: Semanario Guía.

De Fray Isidro Félix de Espinosa, historiador franciscano, de reconocida
competencia, seriedad y solvencia moral, vamos a tomar algunos
muy interesantes capítulos sobre lo que ese historiador llama:
“la vida admirable del extático Fray Jacobo Daciano”, y para que no
pierdan algunos de esos relatos, el sabor agradable de lo de antaño
hasta en el lenguaje, los escribiremos como fueron dados la
publicidad por tan ilustre historiador.

“Fray Jacobo Daciano, tuvo su origen no menos que de sangre
real, heredada de los reyes de Dacia, en la antigua Europa”.
“Pequeño reinado que existió al norte del Danubio, ahora Dinamarca”
(Lic. D. Eduardo Ruiz).

“Desde tierna edad fue dedicado al estudio por sus opulentos
padres. En pocos años era un maestro en artes, teología e idiomas,
principalmente hebreo y griego. Fue uno de los más insignes teólogos
de todo el reino de Dacia en tiempo de Lutero. Por la grande
oposición que hizo a éste, le decretó su muerte y mandó a cumplir
su maligno deseo a varios de sus mismos discípulos, que viendo el
temerario valor de Fray Jacobo, de ir a rebatir sus argumentaciones a
las reuniones de sus encarnizados enemigos, no se atrevieron a asesinarlo,
sino por el contrario, le informaron de las órdenes que de Lutero
tenían”.

Estatua de Fray Jacobo Daciano en Zacapu.
Fotografía obtenida de: wwwtzacapotacanendam.

Don Jesús Cárabes Pedroza, sobre exactamente el mismo tema,
escribe:

“La historia no es menos explícita que la leyenda. Todas las
Crónicas franciscanas (y también las de otras órdenes religiosas,
añadiríamos nosotros) le dedican numerosas páginas: Muñoz, La Rea y
Espinosa de Michoacán y Torquemada, de México, hablan de la vida
y milagros del santo fraile. He aquí un resumen de lo que se encuentra
en tan seguras fuentes”:

Y sigue diciendo, habiéndolo tomado del historiador Muñoz:
“Nace en Dinamarca de padres nobles. A los quince años pide el hábito
de San Francisco; pronto profesa, y practica todas las virtudes
y se distingue en las ciencias sagradas y profanas. Es elegido Provincial”.

“La herejía protestante invade la península de Jutlandia, por
la apostasía de rey y clero. Procuró porfiadamente con grandes persuasiones,
un obispo, tocado de esta diabólica lepra, (luterana) atraerlo
a ella, y viendo trabajaba en vano, y que no podía desquiciar al
fuerte y católico varón, mandó a sus criados, en lengua italiana, lo
matasen en saliendo, lo cual entendió un compañero padre lego que
llevaba, y despedidos del obispo, le dijo: “Padre, dónde vais, que os
han mandado matar?'”. “Y él respondió sin turbación, con palabras
de confianza: No es llegada la hora; que más trabajos tengo que padecer.
Y sin recibir mal, ni daño, se salió, que fue cosa maravillosa
a vista de muchos".

Hemos querido dar esas dos versiones de los principios de Fray
Jacobo, porque las dos, aunque algo difieren, ambas proceden de autores

muy serios, y ambos historiadores de la religión seráfica.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Fray Jacobo Daciano - Texto de don Ramón Pardo Pulido (primera parte)


Imagen obtenida de: Relatos e historias en México.

Por el año de 1525, a petición personal, al conquistador Don Hernán Cortés, del último rey de los tarascos "Tanganxoan" (II), vinieron a estas tierras los primeros cinco religiosos franciscanos, para iniciar la conquista espiritual, para dar a conocer a Cristo, donde por muchos siglos la única religión había sido la idolatría.

Fueron cuatro los primeros conventos franciscanos en Michoacán: Tzintzuntzan, que era la capital del reino purépecha; Pátzcuaro, donde residía la nobleza y los descendientes de abolengo, de los antiguos reyes tarascos; Tzacapu, que fue la antigua capital de los "tecos", y Tarecuato, que propiamente era la población de mayor importancia, y la capital de toda la sierra occidental de nuestro Estado.

Los primeros religiosos franciscanos llegaron a Tarecuato, aproximadamente por el año de 1533. La construcción de su templo y convento probablemente, se inició, a mediados del siglo XVI.

Aun cuando no fue su fundador, vivió por cerca de medio siglo, en ese convento de Santa María de Jesús de Tarecuato, un religioso, Fray Jacobo Daciano, que sin duda por su vasta ilustración, por su vida ejemplar, por su lucha tenaz y constante en favor de los naturales, dejó perpetua memoria en toda la sierra, en que se conocieron y apreciaron sus grandes cualidades de sabio, benefactor y virtuoso, llamándosele muy cariñosamente, todavía hoy, en todos los pueblos de esta región: ''el santo fraile de Tarecuato".

Estatua de Fray Jacobo en Tarecuato.
Imagen obtenida de: Katolsk Orientering.

No hay persona de edad, en Tarécuato, en Tzacapu, en Tingüindín, y en todos los pueblos de la sierra occidental, como bien dice el Hermano Marista Don Jesús Cárabes Pedroza "de Xiquilpan a Tzacapu y de Cotija a Tancítaro", a quien no hayamos oído relatar, con verdadera veneración y convencimiento, anécdotas y leyendas, que por tradición hablada, de padres a hijos, se han venido transmitiendo desde hace más de cuatro siglos, de la vida admirable de Fray Jacobo.

Quisimos por ello, recoger de las crónicas y de la historia, escritas desde mucha antigüedad, algo de lo que se hubiere relatado sobre tan extraordinario religioso, y verdaderamente son dignos de narrarse muchos episodios, y lo haremos para que perduren todavía para otras generaciones, esos recuerdos de cariño, veneración y respeto, para Fray Jacobo, que dejó una estela de bondad en los corazones de muchas generaciones de nuestros antepasados.

domingo, 17 de marzo de 2013

Padre don Leonardo Castellanos y Castellanos, Rector del Seminario de Zamora




Nació en el pueblo de Ecuandureo, Michoacán. (situado a unos 20 kms. de Zamora) el 5 de noviembre de 1862. Fueron sus padres Fernando Castellanos (de oficio sastre) y Lugarda Castellanos, ambos fervientes cristianos. Fue bautizado, recibió la Primera Comunión y acolitó en la Parroquia del pueblo. En la escuela del mismo hizo sus primeros estudios. A los seis años quedó huérfano ya que doña Lugarda, su madre, murió en 1868.

De niño fue un chico normal, un poco tímido y con escasas dotes para el deporte. Sin embargo siempre contó con amigos, tanto en Ecuandureo como en Zamora. Entró al Seminario Conciliar de esa ciudad el 15 de enero de 1875. Sin haber sido un estudiante extraordinario, sin embargo sí sobresalió entre sus compañeros y se distinguió por su aplicación, por su puntualidad, por el respeto a sus maestros y compañeros y en general por sus buenos modales.

Fue estudiante externo durante ocho años, pues la precaria situación familiar exigía ahorrar lo más posible. En sus ratos libres se dio a la tarea de remendar las camisas y pantalones de niños pobres de Zamora, aprovechando los conocimientos que adquirió en la sastrería de su padre. Ya desde esos años empieza a manifestarse su amor a los pobres, que sería una de sus notas distintivas.

Se ordenó sacerdote el 20 de marzo de 1886 y en 1889 fue nombrado Párroco de su pueblo natal. Sus paisanos le tuvieron especial afecto por su celo pastoral, por su amor a los pobres, por quienes literalmente se quedaba sin camisa, por su educación y atención con todos. Fundó una escuela dirigida por religiosas y la Asociación de San Francisco Javier, grupo mutualista para obreros, uno de los primeros frutos del despertar social encabezado por el Papa León XIII.

Otra de sus grandes realizaciones fue la construcción de las bellas torres de cantera roja que coronan el templo parroquial y que se ven desde muchos kilómetros antes de llegar al pueblo.

El día que lo nombraron profesor y Rector del Seminario de Zamora después de 15 años como Párroco los habitantes de Ecuandureo lloraron su partida y se sintieron huérfanos.

En el Seminario permaneció hasta su partida como Obispo de Tabasco. Su nombramiento para el cargo se dio el 29 de abril de 1908. El 27 de septiembre de ese mismo año fue consagrado Obispo en la ciudad de México. El 5 de octubre toma posesión de su sede.

Tabasco era en ese entonces un estado "dejado de la mano de Dios" con mucha riqueza natural, pero también mucha pobreza material, cultural y sobre todo espiritual. La hostilidad hacia la Iglesia era patente en muchas gentes, tanto entre los funcionarios del gobierno como entre los maestros y aun entre la gente común.

Pronto su espíritu sencillo y humilde que se manifestaba hasta en su pobre vestimenta le fue ganando a las personas de todas clases sociales. Fundó con sus propios medios una escuela para obreros y dio clases gratuitamente en el Instituto Juárez.

Administraba los sacramentos (bautizos, confirmaciones, matrimonios, funerales) en forma gratuita a las familias pobres, visitaba constantemente a los enfermos y además de los consuelos espirituales les llevaba alimentos, ropa, medicinas, etc.

En el año de 1912 hubo una epidemia de peste en Tabasco. El número de los enfermos era tal que en Villahermosa (entonces llamada San Juan Bautista) los hospitales estaban llenos a capacidad, los médicos no se daban abasto para atenderlos y morían en cantidades enormes.

El Obispo vendió los muebles y enseres de la casa episcopal para aliviar las necesidades de la gente enferma. Pasaba la mayor parte de su tiempo en esos días visitando a los postrados en cama, tanto en los hospitales como en sus casas, sobre todo a los más pobres. Consecuencia de esta actividad fue que se contagió de la peste y pasados unos dolorosos días murió en paz y tranquilidad el 19 de mayo de 1912.

La prensa tabasqueña señaló que nunca se había visto tanta gente en un entierro como en el de Don Leonardo. Aparte del pueblo católico y sus escasos sacerdotes se disputaron el honor de llevar en hombros el ataúd grandes funcionarios del gobierno, dirigentes de organizaciones, finqueros, maestros, etc. Se hicieron presentes muchos liberales , masones, protestantes y gente sin religión. Todo Tabasco lloró su muerte y aun hoy se ve el amor , la admiración y la devoción que le profesan por los cientos y cientos de tabasqueños que todos los años llegan a visitar su tumba en Ecuandureo.

Gracias a las gestiones del Sr. Enrique Ruiz Pérez y el apoyo del gobernador de Tabasco Francisco J. Múgica (michoacano y ex alumno del Sr. Castellanos en Zamora) se logró que se trasladaran los restos del Venerable. Obispo a su tierra natal. Ahora reposan en un crucero de la Iglesia Parroquial de Ecuandureo.

La causa de Beatificación del Siervo de Dios fue aprobada por la Santa Sede el 1º de junio de 1949 y va avanzando con buenos augurios. Por lo mismo EN PRIVADO podemos dirigir nuestras oraciones al Sr. Castellanitos (como cariñosamente se le conoce en su tierra) con la esperanza de que pronto lo veamos en LOS ALTARES.


martes, 5 de marzo de 2013

Don Leonardo Castellanos de Ecuandureo, Michoacán, en su juventud

Don Leonardo Castellanos nació en Ecuandureo, Michoacán, el 5 de Noviembre de 1862.
Reconocido por su humildad y amor a los pobres.
Obispo de Tabasco. Falleció el 19 de Mayo de 1912.
La información y fotografía se obtuvieron de la página de Facebook:

viernes, 6 de julio de 2012

Poema del profesor Francisco Elizalde García a Monseñor Leonardo Castellanos y Castellanos en el centenario de su nacimiento (1962)











El Poeta, Francisco Elizalde García oriundo de Zamora, Michoacán, compuso unos versos muy bonitos al VENERABLE SIERVO DE DIOS, MONSEÑOR LEONARDO CASTELLANOS Y CASTELLANOS, en1962, al cumplirse un centenario de su nacimiento.


















Noviembre 6 de 1962

Aquí donde mis padres vieron la luz primera,
En el pueblo sencillo de provinciana plaza,
Quiero en verso suave y con alma sincera
Decir profundamente mi cariño filial.

Dejaré que del labio la ternura me fluya
Cual fluye del venero la canción de cristal.
Quiero hacer mío, muy mío, este blanco aleluya
De campanario humilde que hoy vibra celestial.

Quiero con estas gentes, buenas en toda cosa,
Entonar la alegría que hay en mi corazón...
¡Que recuerdos y amores en canción armoniosa
Sean lámparas votivas de mi veneración!

Quiero... cuanto quisiera para prez de mi canto:
Mil ángeles y arcángeles, y ¡Dios sabe por qué!
Hoy es día de fiesta y es la fiesta de un Santo
Y mi ensueño no tiene más que fe... ¡mucha fe!

Mas la fe es milagrosa que transporta montañas,
Y con ellas me basta para decir de Él,
Que su presencia es fuego que nos quema la entraña
Con su voz de profeta y sus labios de miel.

Y aquí está Él... lo miro como estrella entre cardos
Iluminando todo, derramando su amor.
¡Hace cien años que eres, dulce Hermano Leonardo
Para tu pueblo triste un gran diluvio de sol!

Recordamos tu infancia de pobre niño austero,
Por estas calles lánguidas, que tu afán recorrió.
Lugardita decía: "Leonardo yo te quiero
Para tu pueblo, un Santo que le dé Gloria a Dios".


Y Leonardo creció glorificando a Cristo
Y rezando plegarias a su Virgen María...
¡Virtud sacerdotal este pueblo no ha visto
Como la que su Párroco Don Leonardo tenía!

En horas de recuerdo, contaban mis abuelos
Que el buen cura tenía siempre llenas las manos,
Que mirando sus ojos se adivinaba el cielo
Y los llamaba a todos: "Mis queridos hermanos".

Su corazón inmenso era fulgente abismo
De amores generosos y clara caridad.
Para apreciar a todos, se despreció a sí mismo,
Así era su grata franciscana bondad.

Pero Dios quiso un día llevarlo de su mano
Hacia heredades nuevas que no eran de su mies,
Y su obediencia ciega fue a clima lejano
Donde es punzante el aire y sangrante el laurel.

Y allí, martirizado en su río de dolores,
Dejó el último aliento en aras de su Cruz;
Bendiciendo el camino de amargos sinsabores
Y sellando la ofrenda de su amor a Jesús.

Leonardo Castellanos, Siervo de Dios que hoy veo
Circundado de amores por este pueblo fiel,
Bendícenos, bendice a éste, tu Ecuandureo
Y derrama el milagro de tus gracias en él.

Que los cien años luz que alumbran tu distancia
Nos llene de los dones de tu santa humildad,
Que se nos colme el alma con tu viva fragancia
Para que nos trascienda tu olor de santidad.

¡Bendícenos, Hermano mayor, Padre y Maestro,
Bendícenos a todos en nombre de Dios,
Y recibe la entrega de este corazón nuestro
Que hoy te canta su Hosanna de jubiloso amor.

Consulte la página de Facebook: Leonardo Castellanos y Castellanos.
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