Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
domingo, 3 de octubre de 2010
Dibujo de David Maciel Ramos
Santuario Guadalupano de Zamora en vista aérea

La construcción del Santuario Guadalupano fue ampliamente documentada por fotógrafos que captaron "la obra" desde múltiples perspectivas en cada una de sus etapas. Esta vista aérea, obtenida en internet, muestra la dimensión del templo en relación son su entorno urbano.
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Jaime Ramos Méndez
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Interior de la Catedral de Zamora
De repente pareciera que la Catedral Nueva, ahora nuevo Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, lo fuera todo en Zamora, o al menos lo único. Esta muy buena fotografía del interior de la Santa Iglesia Catedral de Zamora ("la de la plaza", como se le ubica entre los zamoranos), muestra que este templo también tiene lo suyo y es mucho. En esta toma, el extraordinario juego en la unión de espacios entre las bóvedas de su nave principal y las de sus cruceros con la enorme cúpula que la corona.
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Jaime Ramos Méndez
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Para una Monografía de Zamora IV
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LA ECONOMÍA zamorana se fundamenta en la agricultura.
A finales del siglo XIX y principios del XX la región de Zamora fue un importante granero de maíz y trigo, y a partir de la segunda mitad del siglo XX su desarrollo económico se fundamentó en la construcción de infraestructura de riego, en la disponibilidad de fuentes de apoyo financiero y en los cultivos de ciclo corto y alto rendimiento: fresa, papa, cebolla y jitomate, entre otros. El cultivo de fresa y su exportación a Estados Unidos fue el detonador de la economía regional.
Por todos lados se vio cada vez más gente yendo y viniendo: «proveedores» y «clientela» a ojo de los comerciantes. A los productos agrícolas locales se sumaron los traídos de fuera y el mercado municipal se convirtió en central de abastos regional.
Los propios y extraños, pero sobre todo estos últimos, venían a hacer su mandado, y de paso a darse una vuelta por tiendas y tendejones que surgieron ofreciendo una variedad de mercancías que sólo en Zamora se encontraban, o había que ir hasta Guadalajara o hasta el mismísimo México para hallarlas.
De paso, la ciudad también ofrecía un pequeño batallón de artesanos que ejercieron oficios de carpintería, herrería, rebocería, talabartería y otros más que no terminan en “ería”, como los sombrereros.
La ubicación geográfica siempre ha beneficiado el desarrollo económico de la región zamorana, pero la gente bendice más ese hecho por la riqueza agrícola de sus tierras, plenas en oro negro, un sedimento ancestral del pasado cenagoso de sus valles que, en efecto, ha fertilizado naturalmente los cultivos que alrededor de Zamora se producen.
También es cierto, y se ha documentado profusamente, que los zamoranos construyeron el paisaje natural de su hábitat: desecaron los pantanos con eficientes sistemas de riego, aprovechando así nada más el agua que necesitaron y que siempre les llegó más desde ríos y manantiales que del cielo.
De la siembra anual de casi puros granos se logró pasar al cultivo en tres ciclos anuales de una diversidad de hortalizas y de productos que los expertos han llamado de ciclo corto y alto rendimiento.
Para acabar pronto: la historia de la producción agrícola en la región zamorana partió del autoconsumo y llegó al abastecimiento con cada vez más alcance en la región y en el país, y de allí se dio un brinco a la agricultura para el abastecimiento de la agroindustria y la exportación, para ganar en dólares.
Tierra de ricos hacendados, de familias zamoranas de abolengo porfiriano que construyeron el rostro de un asentamiento que pasó de ser un pueblo de casas chaparras a una ciudad con casonas para las familias y templos diseminados por aquí y por allá para el clero zamorano, para el fervoroso laicado y, por supuesto, para Dios.
Este hecho también ha sido documentado desde la frialdad de los datos contables hasta las pesquisas en busca de argumentos contra la explotación bárbara de los desposeídos, de los excesivos contrastes entre ricos y pobres y otras cosas de la misma índole.
La riqueza agrícola, así como estaba distribuida, produjo en Zamora una auténtica explosión demográfica: gente y más gente que llegó desde poblaciones circunvecinas e incluso que vino desde muy lejos. En las cuentas siempre fueron más los avenidos que los hijos de familia local.
(Imagen: La tecnologización de la agricultura convive en el Valle de Zamora con la mano de obra rústica para producir una vasta riqueza mal distribuida. Fotografía de José Luis Seefoó, publicada en Frutos del Campo Michoacano, El Colegio de Michoacán-Gobierno del Estado de Michoacán, Zamora, 1999, p. 198).
domingo, 7 de marzo de 2010
Dibujo de David Maciel Ramos
Para una Monografía de Zamora III

Desarrollo Poblacional
Para los demógrafos oficiales, Zamora es una ciudad media. Según el Sistema Urbano Nacional del Consejo Nacional de Población (CONAPO), 57,765 habitantes vivían en Zamora en 1970.
Veinte años después, en 1990, se registraron 144,890 almas zamoranas en vida y con un afán demográfico con tasa de crecimiento de 2.8% anual.
En esa misma década Morelia pasó de 161,040 habitantes a 428,486, creciendo a una tasa de 5.0% anual mientras que Uruapan pasó de 82,677 habitantes a 187,623, con una tasa de crecimiento anual de 4.2%. Como se puede apreciar, Zamora se colocó en esa década como la tercera ciudad michoacana en cuanto a población y vitalidad reproductiva.
Posteriormente, entre los años 1990 y 2000, la CONAPO, con base en datos del INEGI, informó que la población zamorana creció de 185, 445 habitantes en 1990 a 214,938, en 1995, y a 216,048 en el año 2000.
La tasa de crecimiento en ese lapso es descendente: 2.7% anual, entre 1990 y 1995, a 0.1% anual entre 1995 y 2000.
Con base en el programa originalmente llamado de las 300 ciudades medias del país, la CONAPO clasificó a Zamora en el lugar número 14 entre las 17 aglomeraciones urbanas conurbadas.
De esta forma, para la CONAPO Zamora es semejante a ciudades como Monclova, Zacatecas, Córdoba, Poza Rica, Colima y Guaymas.
El aumento demográfico en Zamora, por otra parte, ha sido un fenómeno primordialmente migratorio: desde poblaciones rurales más pequeñas, aledañas a la ciudad, miles de campesinos y sus familias se han establecido precariamente en asentamientos irregulares, como paracaidistas, en terrenos desprovistos de servicios urbanos, pero con la esperanza de encontrar un trabajo que les permita mejorar su calidad de vida.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Por cuento propio I
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Andabas corriendo riesgos
por Jaime Ramos Méndez
Andabas corriendo riesgos. Decías que no. Salías a deshoras de la noche. Encuerado, sin piyama. Tapado sólo con una hoja de parra. Bueno, no. Tan solo con un trébol de tres tristes hojas.
Solías madrugar para ver si así amanecía más temprano. Y no. La puesta del sol te tocaba demasiado tarde y la primavera en las primeras semanas del otoño. Nunca nada estuvo bien ni nada nunca tan mal y tan de malas.
Te hervías un sorbo de agua para hacerte un café soluble con sabor a té. “Te-he de querer”, pensabas siempre solitario y cabizbajo. Deshojabas dos o tres láminas de nostalgia y entrabas en la penumbra de las cavilaciones. Rompías tus propias marcas de jornadas taciturnas y desvelos. Hacías de tu culo un papalote volando en el cielo negro de luna llena.
Luego todo era tener qué levantarte. Caerte de la cama. Dejarte caer, pues. Casi levitando arrastrándote a la orilla, pero caerte al fin y al cabo.
Ya casi gateando, ya tambaleándote, llegabas por fin a ahogarte en la regadera y con un desánimo a cuestas intentabas cantar una como Pedro Infante, pero con la tonadita de cantando bajo la lluvia y poniendo la cara de lo que el viento se llevó.
Luego a ver qué ropa te ponías. Si estaba lavada, bueno; y si planchada, mejor. Y a ver si sí te combinaba.
Salías temprano, como en pasarela y sobre alfombra roja. Traías peinado hasta el pubis. Olías a jabones, champús y geles. Te bañabas también con tu perfume favorito y apestabas a gloria.
En la calle flotabas en el ambiente. Te codeabas con musas y te rosabas con dioses. Subías a la nave espacial que te transportaba a tus deberes. En el asiento público te tocaba sentarte junto a la chica privada. Todo allí era lugar de no fumar.
Llegabas a la chamba y otra vez te tocaba hacer la rutina. No querías saludar a nadie. Te topabas con tu jefe que siempre algo te advierte. Asentías. El tedio de ayer te esperaba desde hacía rato, impaciente. El reloj se esmeraba en contarte segundos que no se atoraban en el fango del ambiente. Contabas todo, todo el tiempo, hasta los cigarros que te fumabas y las tazas de café.
Sin hambre salías a comer a la misma fritanga de ayer.
Desde un estado onírico de repente despertabas y te descubrías aún allí.
(Imagen obtenida de photoforum.ru)
Para una Monografía de Zamora II
Zamora es una población que estrenó muy precozmente su título honorífico de Ciudad. Según una tradición orgullosamente zamorana, fue nada menos que el Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla, quien a su paso por la Villa de San Martín Zamora, en su carrera libertaria por la Ruta de la Independencia, en emotivo brindis celebró por encontrarse en «la ilustrísima ciudad de Zamora».
Una tradición local sitúa la fundación de Zamora a partir de la construcción de un fuerte, por disposición del virrey Antonio de Mendoza, en la frontera entre el centro del país,ya conquistado, incluyendo al Imperio Tarasco o P’urhépecha, y la amplia región hacia el norte, dominada por los bravos y escurridizos chichimecas.
Los estudios con rigor historiográfico, iniciados por el zamorano Arturo Rodríguez Zetina, distinguido notario público y cronista oficial de la ciudad, aportaron otra versión de la fundación: por falta de habitantes españoles, el reconocimiento como villa del asentamiento poblacional sobre lo que ahora es el Valle de Zamora no se produjo sino hasta que el virrey Martín Enríquez de Almanza dispuso sumar unas veinte familias españolas a las ya avecindadas y despachó al doctor Alonso Martínez, juez de comisión por su “Majestad”, para que pusiera orden en la distribución de las tierras y declarara fundada la Villa de San Martín Zamora el 18 de enero de 1574.
Fue hasta la segunda mitad del siglo XX en que la coexistencia de la versión tradicional y la versión histórica se tornó en polémica: Zamora tuvo dos fechas de nacimiento, dos padres fundadores y para colmo la duda respecto a la identidad de su santo patrono, pues resulta que el calendario católico registra dos santos «martines»: San Martín de Tours o Caballero y San Martín Cid, y la tradición fundacional no especifica a cuál de los dos santos se refiere (además de que el primero se celebra los 18 de enero y el segundo nació en Zamora, España).
Incluso a principios de la década de los años 80, el Ayuntamiento zamorano solicitó a la UNAM un veredicto histórico al respecto, y con base en su resultado oficializó la conmemoración de la fundación de Zamora de acuerdo con la versión histórica.
Quienes siguieron defendiendo la versión tradicional, lo hicieron con argumentos que caen por su propio peso, como el señalamiento de que en Catedral se encuentra una elegante placa –que ya casi nadie advierte– pero testifica la solemne celebración del 400 aniversario de la fundación en su fecha defendida. Esta versión tradicional sobrevive en la actualización cada vez más débil de la controversia y solamente en los cada vez menos sobrevivientes que aún la enarbolan.
Las autoridades municipales, pues, declararon la celebración oficial de los aniversarios de acuerdo con la versión histórica. Desde entonces, se conmemora sin más elocuencia que la del acto cívico de rigor: reunión placera de las autoridades civiles y militares, educativas y culturales; con invitados de honor, orador oficial,
maestro de ceremonias y alumnos acarreados desde sus aulas hasta la resolana.
(Imagen de Zamora obtenida de un archivo resguardado en la Biblioteca de El Colegio de Michoacán. Nota: la imagen se amplía haciendo click sobre ella con el cursor del ratón).
domingo, 31 de enero de 2010
Textos Inspiradores III
Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol.
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.
Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.
Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.
Si el hombre no ha descubierto nada por qué morir, no es digno de vivir.
Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada más rápido que un favor.
La violencia crea más problemas sociales de los que resuelve.
Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien.
Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual.
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.
Texto Inspirador II
Esta Canción,
por Silvio Rodríguez
Me he dado cuenta de que miento.
Siempre he mentido,
siempre he mentido.
He escrito tanta inútil cosa,
sin descubrirme,
sin dar conmigo.
No amar en seco,
con tanto dolor,
es quizá la última verdad
que queda en mi interior,
bajo mi corazón.
No sé si fue
que malgasté mi fe
en amores sin porvenir,
que no me queda ya
ni un grano de sentir.
Yo sé que a nadie le interesa
lo de otra gente con sus tristezas.
Esta canción es más que una canción,
y un pretexto para sufrir,
y más que mi vivir,
y más que mi sentir.
Esta canción es la necesidad
de agarrarme a la tierra al fin,
de que te veas en mí,
de que me vea en ti.
Yo sé que hay gente que me quiere.
Yo sé que hay gente que no me quiere.
Texto Inspirador I
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Soy un corazón tendido al sol
Por Víctor Manuel
Aunque soy un pobre diablo
casi siempre digo la verdad
como fuego abrasador
siempre quise ser el que no soy
no transcurre el tiempo junto a ti
no existe el reloj
no tiene sentido entre tú y yo.
Aunque soy un pobre diablo
se despierta el día y echo a andar
invencible de moral
que difícil es buscar la paz
convivir venciendo a los demás
nuestra sociedad
es un gran proyecto para el mal.
Aunque soy un pobre diablo
sé dos o tres cosas nada más
sé con quién no debo andar
también se guardar fidelidad
sé quien son amigos de verdad
sé bien donde están
nunca piden nada y siempre dan
Dejo sangre en el papel
y todo lo que escribo al día siguiente rompería
si no fuera porque creo en tí
a pesar de todo tú me haces vivir
me haces escribir dejando el rastro de mi alma
y cada verso es un girón de piel
soy un corazón tendido al sol.
Para una Monografía de Zamora I
Los estudiosos de esta ciudad y su región han encontrado material suficiente para confeccionar libros desde diversas perspectivas, entre las que se destacan las académicas.
Los historiadores ubican la fundación y desarrollo de la Sultana del Duero desde los tiempos de la Conquista y colonización de México «hasta nuestros días».
Los geógrafos, localizan el Valle de Zamora como lugar ubicado en el Occidente de México; allí: en la parte noroccidental del estado de Michoacán.
Para los detallistas del suelo, es un bajío conformado por una colección de valles aledaños de altitudes que forman un enmarañado de sierras entre ejes volcánicos.
En el terreno que pisan los políticos, Zamora es cabecera municipal y de distrito.
En el ámbito de la religión católica es sede episcopal, epicentro de una extensa diócesis plena en toda clase de bendiciones.
Para sociólogos, antropólogos y otros especialistas, la región zamorana conjuga en un mismo territorio fenómenos que nombran con términos como indigenismo y mestizaje; cultura, tradición y costumbres rurales; manifestaciones de modernización urbana y otros síntomas socioculturales por el estilo.
Para una buena parte de los zamoranos su ciudad es añeja, fundada por españoles venidos de una Zamora del otro lado del mar. Es fundamentalmente agrícola y en seguida comercial. No hay mucha industria y últimamente se ha colmado de médicos, maestros de escuela, abogados, ingenieros civiles, arquitectos, administradores y demás gente que tuvo que salir fuera –los que pudieron–, a prepararse profesionalmente. Ahora, ya hay quienes pueden estudiar aquí sin necesidad de inmigrar o emigrar.
(Ilustración obtenida del folleto Viaja a lo extraordinario de la serie Michoacán, el alma de México, editado por la Secretaría de Turismo de Michoacán. Nota: Las imágenes del Blog se pueden ampliar haciendo click sobre ellas con el cursor del ratón).
lunes, 18 de enero de 2010
Zamora, Ciudad Luz I



El próximo viernes 29 de enero será inaugurada la iluminación escénica de otros dos edificios destacados del patrimonio arquitectónico de Zamora: el Teatro Obrero (imagen intermedia), y el Palacio Federal, antiguo Palacio Episcopal (imagen inferior).
La primera imagen corresponde a la inauguración de la iluminación del Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe.
Estos edificios y al menos otra docena más, integran el proyecto Zamora, ciudad luz, promovido por el arquitecto Manuel Ambriz y apoyado por ciudadanos convencidos de que Zamora puede convertirse en un importante polo de desarrollo turístico para toda su región.
Siguen en la lista, al menos en las expectativas de los promotores del proyecto, la iluminación del Templo de San Francisco y Capilla de San Juan Diego, además de la Catedral Diocesana, en el Centro Histórico de la ciudad.
jueves, 14 de enero de 2010
Plaza de los Insurgentes en Zamora

Esta fotografía, que parece más bien una pintura, fue tomada, tratada y publicada por un muy buen fotógrafo que en Internet se firma como Masteryoda y presumiblemente es originario de Moroleón. Publica sus fotos en la página www.skyscrapercity.com e incluye mucho material de Michoacán, en general, y particularmente de la Región Zamora.
La imagen muestra en primer plano la fuente que adorna la Plaza de los Insurgentes, en el Centro Histórico de la ciudad. Al fondo se yergue la imponente cúpula de la Santa Iglesia Catedral de la Diócesis de Zamora.
A la plazoleta se le nombró "de los Insurgentes" porque está rodeada de calles que llevan nombres de libertadores: Guerrero, Allende, Aldama y Corregidora;a demás de encontrarse aledaña al Centro Comercial Morelos.
(Acceso directo a la imagen: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=533706)&page=4
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Jaime Ramos Méndez
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Santuario Guadalupano Interior I

Cada vez son más las fotografías extraordinarias del Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, en Zamora, que se publican en el Internet. Esta fue obtenida de la galería de RayPG 2.0 en flickr.com (http://www.flickr.com/photos/raypg/).
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Jaime Ramos Méndez
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Ranchería en la cima del cielo
Del material que Esteban Barragán está trabajando para promover contra viento y marea y por todas partes el Queso Cotija, compartimos esta fotografía que muestra la integración plena del entorno humano con el natural, en la Sierra de Jal-Mich.; un lugar donde no se debe pintar una frontera política entre los estados de Jalisco y Michoacán.
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Para qué
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Con tantos aumentos de impuestos y en el costo de insumos y servicios, como las gasolinas y el transporte público, por ejemplo, uno se pregunta para qué el gobierno quiere más dinero.
La lógica que la clase gubernamental proclama es que sólo así puede mantener quesque “sanas” las finanzas públicas y ofrecer a los ciudadanos “más y mejores servicios”, pero si nos remitimos al compendio de denuncias que hemos conocido en los últimos años, resulta que los gobiernos quieren cobrarnos más por todo para varias cosas:
Para seguir pagándose sueldos onerosos, que van desde los de lujo, de los presidentes municipales, hasta los sueldazos de diputados, senadores y magistrados de la Suprema Corte; pasando por lo que nos cuestan los gobernadores, los empleados del IFE y demás funcionarios públicos que desde hace mucho tiempo se identifican como burócratas y no precisamente por su eficiencia en la atención de la población que les paga sus salarios y demás prestaciones.
Para financiar a los partidos políticos que se han convertido en franquicias hereditarias de políticos profesionales que viven, muy bien, de presupuestos inflados en aras de una supuesta representatividad ciudadana; cuando sabemos que solamente se representan a sí mismo y responden a intereses de grupos muy particulares y alejados de la vida ciudadana común.
Para financiar campañas electorales dispendiosas, que pretenden legitimar a gobiernos electos más por el abstencionismo que por la participación ciudadana en las urnas; que gastan enormes cantidades de dinero en basura impresa y mediática que nos fastidia y desalienta el voto.
Para que los gobernantes hagan gastos con oscuros criterios que se alejan constantemente de la equidad, de lo justamente necesario, de las prioridades de la gente y de los dictámenes del sentido común pero, sobre todo, de la más elemental decencia.
Gastos de “gobiernos nuevos”, que son muy semejantes a los que realizan los “ricos nuevos” que nunca habían tenido un peso en la bolsa y cuando tienen más de uno se marean de poder. Gastos inventados al capricho, tan ridículos y sofisticados como inútiles.
Para que las administraciones públicas hagan gala de ineptitud y corrupción, dejen endeudados a sus gobernados y en fin, logren solamente obras de relumbrón que son como castillos de pirotecnia efímera. Caros nos salen esos epitafios que develan solemnemente y dan testimonio de lo pichurrientos que fueron en sus obras.
Para eso nos sirve a los ciudadanos contribuyentes pagar cada día más caro el pato que se cocina la clase gobernante.
Para que a ellos les siga haciendo justicia la mentada revolución, aunque no tengan nada que ver con el Revolucionario Institucional.
Para que en los años de Hidalgo les siga manando generosa la chichi del presupuesto.
Para que los mortales que no escribimos con letras de oro nuestros nombres en la historia de bronce de la Patria sigamos cargándolos en el lomo de la friega de los salarios mínimos, así sean profesionales.
Ya me cansé en esta cuesta de enero.
Mejor nomás hubiera escrito:
¿Para qué? y ¡Nomás para eso me gustaban!
(Texto publicado en el Semanario Guía del pasado 10 de enero de 2010. Imagen obtenida de www.elblogsalmon.com).
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Jaime Ramos Méndez
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martes, 12 de enero de 2010
In memoriam de un Maestro de la Guitarra
El maestro Guillermo Dueñas fue guía de una buena parte de los guitarreros de mi generación. Enemigo del rasgueo "tun cha cha" y partidario radical de tocar las cuerdas al menos con los 10 dedos. No estoy seguro que aprobaría lo que este video muestra. Probablemente diría que con suficiente estudio un solo intérprete podría lograrlo. A la mejor se quitaría el sombrero... Vaya, pues, como recuerdo de un gran guitarrista con vocación de compartir su arte. (Con dedicatoria, también, a Jorge Villa García, que sí logró un buen repertorio como alumno destacado del Maestro Dueñas).
domingo, 3 de enero de 2010
Zamora Episcopal y Porfiriana II - Álvaro Ochoa Serrano

Vista general de la Plaza de Armas de Zamora, denominada inicialmente con el nombre de Carmen Romero Rubio de Díaz, esposa del General, presidente de la República, Don Porfirio.
LA CARA PORFIRIANA DE ZAMORA, LA RESGUARDADA (1890-1910).
La construcción de templos, del Palacio Episcopal [hoy Palacio Federal o "Correos"] (1904-1909) y del Teatro Obrero (1908-1910) reflejan una boyante situación económica de Zamora, con su elite "progresista y modernizante", como la caracteriza Jesús Tapia, y precisamente la modernización fue el toque que hizo posible el aumento de la producción.
Se emprende la desecación de pantanos y la construcción de canales y obras de riego; el Canal de Zapadores [hoy Río Nuevo], en 1890, de paso alivia un poco los temores frecuentes de inundación en la ciudad.
A las haciendas del valle zamorano se traen nuevos cultivos, novedosas técnicas agrícolas y maquinaria importada; además, los dueños van dejando poco a poco la mediería para recurrir mejor a la fuerza de trabajo libre, e introducen "modernos sistemas contables y el contrato de personal más calificado en las tareas de manejo y control".
Por si fuera poco, el ferrocarril a partir de 1899 alienta y agiliza la economía zamorana. "Por una parte extendió a radios más amplios los flujos mercantiles y por otra, sirvió para desplazar grandes volúmenes de trigo a otros mercados". Es más, la llegada del tren propició más todavía la instalación de pequeñas y medianas industrias.
Mas estos cambios no solamente fueron de cantidad, también "supusieron modificaciones en la organización de la producción", con la aparición de un nuevo tipo de hacienda. En 1892 había en el valle 18 haciendas que aumentaron a 21 en 1909, con peones que recibían un jornal diario de 37 a 50 centavos. En la ciudad vivían 29 familias propietarias de haciendas no sólo del valle.
Por su parte, la industria a comienzos del siglo se desarrollo más para cubrir las necesidades locales. Había varios establecimientos: plantas eléctricas, aguas gaseosas, cerveza, imprentas y encuadernaciones, molinos de harina y nixtamal, trapiches de piloncillo, dulcerías, fábrica de cerillos, cigarros y puros, de ladrillo, fideos; además rebocerías, sombrererías, talabarterías, curtidurías y zapaterías en el norte y poniente de la ciudad.
Todo este desarrollo de la economía lugareña fortaleció más el papel central y rector de Zamora en su región como cabeza de distrito y sede episcopal; centralidad notoria en el aumento de la población (de 12,721 habitantes en 1900 a 15,116 ya en 1910), y también en el crecimiento urbano. Comenzando el siglo, se revive el viejo proyecto de 1865 de fraccionar la hacienda de San Juan Bautista (propiedad, en parte, del presbítero Pedro Arias) y se hacen Los Lotes [donde ahora se ubica el Santuario Guadalupano] con fines urbanos.
Igualmente, en 1907 se fincan las colonias "Guizar" y "Castillejo" al poniente; la primera en terrenos del canónigo Rafael Guizar Valencia, "dividida en seis manzanas mediante la apertura de dos calles" unidas a las de Mercaderes y Guerrero. La Castillejo se construyó inmediata a la Plazuela del Panteón y a la Estación del Ferrocarril Central, en el barrio de "Madrigal" y de "Jesús María". Ambas colonias destinadas a artesanos y "vecinos industriales".
Ahora que la distribución del espacio vital era distinto en la ciudad; notoria también la distinción en la plaza pública para la gente bien y la "chuzma" o "gentuza". Había una enorme diferencia entre la vivienda del artesano en las colonias proletarias y las casas de hacendados de grandes comerciantes alineadas en la Calle del Puente o Iturbide [hoy en Madero Sur, llegando a Leonardo Castellanos], a lo largo del templo de la Purísima, sobre la calle del Sagrado Corazón [Morelos] y cerca de la plaza principal.
La casa del propietario era amplia, "de 30 pasos de frente por cien de fondo"; dos patios con corredores enclaustrados, enlozados con ladrillo de Atacheo. En el primer patio, a la derecha, la sala; al frente, el comedor; aliado derecho de éste un pasillo para el segundo patio, donde se encuentra la cocina. De esas cocinas, escribe [don Francisco] García Urbizu [expresidente municipal de Zamora y cronista de la ciudad]: "por obra y gracia de las maravillosas manos culinarias de las zamoranas, salieron en ambarinos témpanos los riquísimos chongos zamoranos".
En fin, después del comedor un amplio pasillo empedrado, donde se guardaban las monturas y servía para el manejo de caballos y vacas. Seguían los macheros para los primeros y el establo para vacas, chivos y borregos. En algunas casas había zahurdas y gallineros.
Las habitaciones tenían altos techos de teja. Los tapancos enfriaban el aire y en las altas piezas hasta seis metros con grandes puertas y ventanas "se gozaba un ambiente saludable y fresco". El remate de la modernidad urbana en la ciudad sería empezar a quitar los aleros, canes o pestañas de teja para poner la rabona "cornisa toscana".
En cambio la tradicional vivienda del artesano no iba más allá de una puerta a la calle, una o dos piezas interiores, cocina, "y el patio en común para todos los vecinos" en el caso de las colonias ya mencionadas.
Otro signo de dicho desarrollo fue la expansión comercial. Vuelve a surgir "la vocación mercantil de la sociedad zamorana". Las rutas de comercio llegaron a lugares más lejanos y amplios. El gremio de comerciantes "comenzó a adquirir mayor relevancia".
Entre 1895 y 1907 se cuentan más de 33 comerciantes en grande, dedicados ya a la tienda de abarrotes, ya a la de ropa, pasando por tlapalerías, cristalerías, boticas, relojerías y joyerías, o a la venta de máquinas de coser, cereales, ganado, harina, calzado y madera. Además la ciudad tuvo mercado municipal[el antiguo Mercado Hidalgo, hoy Centro Comercial Morelos o "Pasaje de los Dulces"], inaugurado sin terminar en las fiestas patrias de 1910.
La actividad financiera creció pegada al comercio. Había comisionistas, corredores, vendedores de seguros y agentes bancarios. Aunque era frecuente que las casas comerciales "fungieran a la vez como organismos de crédito". "Sólo a partir de 1902 se estableció la sucursal del Banco de Jalisco; en 1905 el Banco Nacional de México ponía agencia; y del Banco de Guanajuato una sucursal.
Indudablemente que al crecimiento y expansión económica zamorana contribuyeron la modernización de las vías de comunicación y transportes: el tendido de alambres telegráficos en 1884 y la construcción de caminos de fierro desde la pionera vía Zamora-Jacona [para el tranvía de mulitas], de 1879; la energía eléctrica y sus luces, la introducción del agua potable, la instalación de líneas telefónicas urbanas. Además se ampliaron las actividades terciarias (de servicio).
La ciudad contó con hospedaje para visitantes y viajeros en los hoteles El Comercio, San Francisco, La Unión, México, Colón, Nuevo Mundo, Porfirio Díaz (Francés) o en los mesones; asimismo con los servicios de abogados, dentistas, farmacéuticos, fotógrafos, ingenieros, médicos, notarios y escribanos públicos, profesores de escuela, de música y canto, etc.
(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C.).
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