Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.
sábado, 7 de mayo de 2011
Rumbo a La Beata - Fotografía de Sergio Alfaro Romero
Sergio nos regala otra postal de los paisajes que se aprecian en cierta época del año en el camino hacia la cima de La Beata.
Lancha a la orilla del Lago de Camécuaro - Fotografía de Carlos Pizarro Nieto
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Jaime Ramos Méndez
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Lago de Camécuaro
Lago de Camécuaro en Tangancícuaro - Videodocumental de Luis Gabriel (Central de Medios)
El doctor Guillermo Fernández Ruiz, cronista de Tangancícuaro, es entrevistado y aporta datos importantes acerca del Lago de Camécuaro.
Video publicado por Luis Gabriel en su página de Facebook Central de Medios.
Visita su Canal de Youtube: escaparatv.
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Jaime Ramos Méndez
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Templo de San Agustín en Jacona de Plancarte, Michoacán - Arquitecto Luis Ignacio Sandoval
La historia de la parroquia de San Agustín se remonta hasta los tiempos mismos de la fundación de Jacona, cuando en 1555 el padre agustino fray Sebastián de Trasierra convenció a los pobladores de la antigua Jacona de trasladarse a un lugar más adecuado que les garantizara un mejor nivel de vida y desarrollo, pues el lugar en donde se encontraban se caracteriza por la aridez de su suelo, de poca productividad agrícola por falta de agua. Convencidos, los moradores se trasladaran al hermoso lugar en que se encuentra la actual Jacona, caracterizado por sus abundantes recursos naturales que han hecho de sus tierras una rica posibilidad para hacer florecer la vida.
Paralelamente a la fundación de la nueva Jacona, el padre Trasierra inició la construcción del convento y templo de san Agustín, obras que no pudo concluir pues fue cambiado al poblado de Sirosto, dejando en fray Nicolás de la Cueva la responsabilidad de su terminación, realizada en 1626.
El templo de San Agustín cuenta con una distribución arquitectónica en forma de cruz latina.
Está construido con muros de adobe y piedra de un ancho mínimo de 1.20 metros. Su techumbre original estaba hecha a partir de una estructura de madera y teja, con un plafón o tapanco construido con viguería de madera y duela que todavía se conserva. Contaba también con dos coros. Uno, ubicado en un mezanine construido con madera, junto al acceso principal, que aún se conserva. El otro, ubicado en el crucero sur, frente a la sacristía, fue retirado hace unos quince años.
La única nave con que cuenta el templo tiene orientación de oriente a poniente. Remata en el altar mayor, en don de se encuentra una imagen del patrono del pueblo, ubicada en ábside en un retablo muy particular, construido en nichos sobrepuestos, flanqueado por dos escalerillas laterales que permiten el peregrinar de los devotos hasta el lugar mismo donde se encuentra el santo a quien está dedicado el templo.
La fachada principal es sobria y se caracteriza por su gran paño liso en que se destacan únicamente dos columnas de cantera, adosadas al mismo muro, y al centro dos esbeltas ventanillas, rematado todo esto por una sencilla cornisa que sirve como corona al frontispicio.
Al centro de la cruz latina se encuentra una cúpula de sección octagonal que sirve de unión a la nave central y sus dos cruceros y originalmente contaba también con una estructura de madera y teja, hoy cambiada por estructura de fierro y lámina de asbesto. Por la parte interior aún se puede observar el plafón de madera con un diseño especial. Es un atractivo más de este templo.
En cuatro de sus lados, se encuentran otras tantas ventanas, y en los cuatro restantes se localizan cuatro pinturas que representan el escudo de la sede de la Iglesia Católica y el escudo de los agustinos. En las penichas que sirven de arranque a la misma cúpula hay otras cuatro pinturas que representan a los cuatro evangelistas.
Dentro de la misma nave central se encuentran cinco grandes murales. Cuatro de ellos con pasajes de la vida del santo patrono y el otro con el escudo de la Orden de los Agustinos. Todos, realizados por el pintor Rosalío González.
La torre de la parroquia se construyó en fechas muy posteriores a la construcción del templo mismo. Fue realizada durante el periodo en que estuvo como cura de Jacona don Alberto Pérez y fue remozada por el señor cura don José de Jesús Rojas, trabajo que fue terminado en 1946.
Antes de la torre, las campanas pendían de un madero incrustado en un robusto eucalipto que se localizaba en la calle Constitución, cerca del actual Colegio Plancarte.
Existían, hasta hace poco tiempo, dos coros. Uno construido con madera y piso de duela, con barandal de madera torneada, al que se puede llegar por el salón anexo y se comunica también desde la torre. Este es el único coro que actualmente existe. El otro estaba en el crucero sur, frente a la sacristía y contaba con las mismas características de construcción. Fue retirado en la década pasada.
Durante su estancia en Jacona, el señor cura don José de Jesús Rojas realizó varios trabajos de construcción en el templo de San Agustín: el cambio del piso de madera original; la construcción del altar mayor y el retablo; el baldaquino bajo la cúpula, característica que hacía a este templo único en toda la región y que fue demolido en 1987 por el señor cura Rubén Godínez López, al parecer sin las autorizaciones correspondientes, ni de las autoridades ni del pueblo en general.
Originalmente, el patio del templo de san Agustín estaba circulado por un muro, en el área que hoy día conocemos frente al templo. También había dos arcos iguales al que persiste sobre la calle Morelos. Uno de ellos en la colindancia con el Colegio Plancarte y el otro frente al mercado municipal, junto a la Notaría Parroquial, por lo que se contaba con tres monumentales accesos al área del templo. Los dos arcos demolidos fueron destruidos por órdenes del presidente municipal, don Leonardo Gallo, de no muy grata memoria en Jacona.
Adosados al muro que circundaba el área del atrio había catorce nichos que representaban las estaciones del Vía Crucis. Fueron destruidos en la década de los años sesentas.
En los jardines situados al sur del templo estaba situado, inicialmente, el panteón de Jacona, de donde fue cambiado recientemente al Panteón Municipal ubicado entre las calles Emilio Carranza, Arista, Arteaga y Aquiles Serdán.
Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico.
Paralelamente a la fundación de la nueva Jacona, el padre Trasierra inició la construcción del convento y templo de san Agustín, obras que no pudo concluir pues fue cambiado al poblado de Sirosto, dejando en fray Nicolás de la Cueva la responsabilidad de su terminación, realizada en 1626.
El templo de San Agustín cuenta con una distribución arquitectónica en forma de cruz latina.
Está construido con muros de adobe y piedra de un ancho mínimo de 1.20 metros. Su techumbre original estaba hecha a partir de una estructura de madera y teja, con un plafón o tapanco construido con viguería de madera y duela que todavía se conserva. Contaba también con dos coros. Uno, ubicado en un mezanine construido con madera, junto al acceso principal, que aún se conserva. El otro, ubicado en el crucero sur, frente a la sacristía, fue retirado hace unos quince años.
La fachada principal es sobria y se caracteriza por su gran paño liso en que se destacan únicamente dos columnas de cantera, adosadas al mismo muro, y al centro dos esbeltas ventanillas, rematado todo esto por una sencilla cornisa que sirve como corona al frontispicio.
Al centro de la cruz latina se encuentra una cúpula de sección octagonal que sirve de unión a la nave central y sus dos cruceros y originalmente contaba también con una estructura de madera y teja, hoy cambiada por estructura de fierro y lámina de asbesto. Por la parte interior aún se puede observar el plafón de madera con un diseño especial. Es un atractivo más de este templo.
En cuatro de sus lados, se encuentran otras tantas ventanas, y en los cuatro restantes se localizan cuatro pinturas que representan el escudo de la sede de la Iglesia Católica y el escudo de los agustinos. En las penichas que sirven de arranque a la misma cúpula hay otras cuatro pinturas que representan a los cuatro evangelistas.
La torre de la parroquia se construyó en fechas muy posteriores a la construcción del templo mismo. Fue realizada durante el periodo en que estuvo como cura de Jacona don Alberto Pérez y fue remozada por el señor cura don José de Jesús Rojas, trabajo que fue terminado en 1946.
Antes de la torre, las campanas pendían de un madero incrustado en un robusto eucalipto que se localizaba en la calle Constitución, cerca del actual Colegio Plancarte.
Existían, hasta hace poco tiempo, dos coros. Uno construido con madera y piso de duela, con barandal de madera torneada, al que se puede llegar por el salón anexo y se comunica también desde la torre. Este es el único coro que actualmente existe. El otro estaba en el crucero sur, frente a la sacristía y contaba con las mismas características de construcción. Fue retirado en la década pasada.
Originalmente, el patio del templo de san Agustín estaba circulado por un muro, en el área que hoy día conocemos frente al templo. También había dos arcos iguales al que persiste sobre la calle Morelos. Uno de ellos en la colindancia con el Colegio Plancarte y el otro frente al mercado municipal, junto a la Notaría Parroquial, por lo que se contaba con tres monumentales accesos al área del templo. Los dos arcos demolidos fueron destruidos por órdenes del presidente municipal, don Leonardo Gallo, de no muy grata memoria en Jacona.
Adosados al muro que circundaba el área del atrio había catorce nichos que representaban las estaciones del Vía Crucis. Fueron destruidos en la década de los años sesentas.
En los jardines situados al sur del templo estaba situado, inicialmente, el panteón de Jacona, de donde fue cambiado recientemente al Panteón Municipal ubicado entre las calles Emilio Carranza, Arista, Arteaga y Aquiles Serdán.
Las fotografías son de Alberto Vázquez Cholico.
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Jaime Ramos Méndez
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viernes, 6 de mayo de 2011
Cherán, Michoacán - Enterémonos de primera mano y colaboremos con la resistencia de un pueblo unido contra la delincuencia organizada
4o Festival Cultural El Teco en Zamora, Michoacán, México
Miércoles 11 de mayo
A partir de las 9:00 hrs. Exhibición y venta de artesanías de Tonalá, Brasil y Michoacán (CMAZ). Además, Medicina Tradicional (Cherán, Nahuatzen, Caltzontzin, San Lorenzo y Angahuan).
Sede: Jardín del TECO.
13:00hrs. Presentación Musical de Rocío Prospero.
Sede: Universidad de Zamora
17:00 hrs. TALLER DE BARRO
TALLER ELABORACIÓN DE PIÑATAS
Sede: Jardín del TECO.
CARAVANA CULTURAL
18:00 - 19:00 hrs. Invitados de honor: TASTUANES DE TONALÁ. Danza Prehispánica-colombina acompañada por una Banda de Aliento Tradicional de la comunidad indígena de Ichán.
Sede: Partiendo de la Plaza principal rumbo al Jardín del TECO.
19:00 hrs. Inauguración oficial del Festival a cargo de las Autoridades Municipales y del Comité Organizador del IV Festival Cultural EL TECO.
Sede: Jardín del TECO.
19:30 hrs. Presentación del Ballet Folclórico T’sipikurin, de Zamora, Michoacán.
Sede: Jardín del Teco
Jueves 12 de mayo
A partir de las 9:00 hrs. Exhibición y venta de artesanías de Tonalá, Brasil y Michoacán (CMAZ). Además, Medicina Tradicional (Cherán, Nahuatzen, Caltzontzin, San Lorenzo y Angahuan).
Sede: Jardín del TECO.
12:00 hrs. Presentación Musical de Rocío Próspero.
Sede: ITESZ
17:00 hrs. TALLER DE BARRO
TALLER ELABORACIÓN DE PIÑATAS
Sede: Jardín del TECO.
17:40 hrs. Presentación Artística de la UNIVA.
Sede: Jardín del TECO
18:00 hrs. Presentación Musical de Rocío Próspero.
Sede: UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONAL
18:40 hrs. Presentación Artística del Ballet Folclórico Xochiquetzal de la Casa de la Cultural Tinskani de IXTLÁN.
Sede: Jardín del TECO
19:30 hrs. Concierto de Miguel Sevilla, cantautor.
Sede: Jardín del TECO
20:30 hrs. TELPOCH CUICANI: “MÚSICA MEXICANA DE FUSIÓN”.
Sede: Jardín del TECO
Viernes 13 de mayo
A partir de las 9:00 hrs. Exhibición y venta de artesanías de Tonalá, Brasil y Michoacán (CMAZ). Además, Medicina Tradicional (Cherán, Nahuatzen, Caltzontzin, San Lorenzo y Angahuan).
Sede: Jardín del TECO.
12:00 hrs. Presentación Musical de Rocío Próspero.
Sede: UNIVA
17:00 hrs. TALLER DE BARRO
TALLER ELABORACIÓN DE PIÑATAS
Sede: Jardín del TECO.
18:00 hrs. Presentación de Pireris: Los Risueños de Cocucho.
Sede: Jardín del TECO
19:30 hrs. Presentación del Ballet Folclórico T’sipikurin de Zamora, Michoacán.
Sede: Jardín del Teco
20:00 hrs. Presentación THATA BRASIL BAHIA-CARNAVAL
Sede: Jardín del TECO
Sábado 14 de mayo
A partir de las 9:00 hrs. Exhibición y venta de artesanías de Tonalá, Brasil y Michoacán (CMAZ). Además, Medicina Tradicional (Cherán, Nahuatzen, Caltzontzin, San Lorenzo y Angahuan)
Sede: Jardín del TECO.
17:00 hrs. TALLER DE BARRO
TALLER ELABORACIÓN DE PIÑATAS
Sede: Jardín del TECO.
17:30 hrs CUERDACUENTO
Sede: Jardín del TECO
18:00 hrs. MUESTRA GASTRONÓMICA.
LA ZANAHORIA DEL NORTE
Sede: Jardín del TECO
18:30 hrs. Ballet folclórico Taizé. Casa de la Cultura de Tonalá.
Sede: Jardín del Teco
19:45 hrs. Obra de Teatro. Presenta la comunidad indígena de Cherán.
Sede: Jardín del Teco
20:30 hrs. Presentación THATA BRASIL BAHIA-CARNAVAL
Sede: Jardín del TECO
Domingo 15 de mayo
A partir de las 9:00 hrs. Exhibición y venta de artesanías de Tonalá, Brasil y Michoacán (CMAZ). Además, Medicina Tradicional (Cherán, Nahuatzen, Caltzontzin, San Lorenzo y Angahuan).
Sede: Jardín del TECO.
17:00 hrs. TALLER DE BARRO
TALLER ELABORACIÓN DE PIÑATAS
Sede: Jardín del TECO.
18:00 hrs. MUESTRA GASTRONÓMICA.
MIDI EVENTOS
Sede: Jardín del TECO
18:00 hrs. Danza de los Kurpites de San Juan Paricutiro.
Sede: Jardín del TECO
19:00 hrs. CLAUSURA: A cargo de las Autoridades correspondientes.
Sede: Jardín del TECO
19:20 hrs. Ensamble Interludio
Sede: Jardín del TECO
20:30 hrs. Clausura artística: Los Verseros: “VERSEROS SOMOS Y EN LA VERSADA ANDAMOS”.
EXTENSIONES
VIERNES 13 en ZACAPU. Explanada de la Casa de la Cultura.
DOMINGO 15 en SAHUAYO. Plaza Principal.
jueves, 5 de mayo de 2011
La Beata, vista desde el valle de Tangancícuaro, Michoacán
Vista de La Beata desde el valle de Tangancícuaro publicada en la página de facebook Yo Amo Tangancícuaro.
Perfil urbano de Zamora - Fotografía de Víctor Javier López Mendieta
Con técnica y paciencia, además de perseverancia y talento, Víctor nos ofrece esta postal que muestra una vista de 360 grados, hacia el norte, del perfil urbano de Zamora en que destacan, desde luego, algunos de sus principales templos: la Purísima, en el margen izquierdo, y siguiendo hacia la derecha: San José, el Santuario Guadalupano y Catedral, en el margen derecho.
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Silueta de la Catedral de Zamora, Michoacán, con La Beata al fondo - Fotografía de Fernando GarcíaL
Fernando publicó en Internet este extraordinari claroscuro de la calle Guerrero, con vista al oriente, en que se destaca la silueta de las torres y cúpula de la Catedral de Zamora con el fondo de La Beata, en cuya cima es apenas perceptible su cruz.
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Toro de Harina en Ario de Rayón, Michoacán - Ecos de la Semana de Pascua - Amparo Solís Barragán
“Solo-vino”, bajó otra vez de la Cofradía.
Este 24 de abril de 2011, Domingo de Resurrección, se llevó a cabo una vez más el festejo del “Toro de harina” que año con año es causa de alegría en esta localidad de Ario de Rayón.
Anteriormente eran los ganaderos quienes se hacían cargo del festejo, pero ahora a cualquier familia que lo quiera se lo pueden dejar para que lo arregle y prepare la fiesta para el siguiente año.
Por lo mismo, este 2011 la familia García Jiménez fue la encargada de dicho festejo.
Una estructura de metal cubierta de papel, además de llamativas flores de crepé sobre su lomo, es la representación del “Solo-vino”.
Esta estructura se esconde en el cerro de la Cofradía a muy temprana hora del Domingo de Pascua y aproximadamente a las 3 de la tarde empieza el ajetreo para encontrarla y bajarla al son de la banda de música que acompaña el recorrido por todo el pueblo.
Participan familias completas: niños, adolescentes, adultos. Encabeza el festejo una camioneta en la que se reparte agua de sabor para todos los participantes que puede ser acompañada con alcohol. Hay quienes prefieren preparar su propia bebida y cargarla en su morral junto con su porción de harina para, durante el recorrido, dar muestras de alegría y amistad a todos los que encuentren a su paso.
El festejo, aunque inicia desde muy temprano con el ir y venir de participantes “ajuaratados” con ropa sencilla y su morral de harina, regularmente es de 3 a 6 de la tarde, hora en la que el toro es recibido por la persona que se hará cargo de preparar la fiesta del siguiente año.
ANTECEDENTES
Desde mediados del año 1800, siendo don Eleuterio Hilario el último apoderado de la tribu indígena fundadora de Ario, se celebra cada domingo de Resurrección la famosa festividad del “Toro de harina”.

Se cuenta que a cierta persona se le perdió un toro, hijo de la vaca “Sicuita” y el dueño lo buscó sin encontrarlo. Al poco tiempo el animal bajó solo al monte (de ahí su nombre de Solo-vino) y otra persona lo tomó como propio, pero el dueño lo reconoció y lo reclamó, presentando la patente de ganado que amparaba el “fierro” con que marcan a los animales. El que había tratado de adueñarse del animal fue a esconderlo al cerro. El propietario lo buscó, llamándolo con clarines y caracoles. Al encontrarlo, de gusto lo pasea con música por todo el pueblo. A toda la gente que lo acompaña le ofrece bastante vino.
Actualmente, la multitud que participa en este acontecimiento se pinta la cara con harina en muestra de alegría y baila al son que toca la banda musical. También se rompen cascarones rellenos de confeti o harina en las cabezas de los amigos y familiares.
A finales del siglo XIX participaban en la organización, con mucho entusiasmo, don Eleuterio Hilario, don Francisco del Río Sánchez, doña Jovita Hilario, doña Carmen Hilario de Ochoa, doña María Guadalupe García, viuda de Hilario y María Guadalupe Mendoza de Amezcua, conocida con el sobrenombre de “la Pitaya”. (Según datos de un escrito de don Javier Gil Sánchez.) “Esta costumbre se considera sobrepuesta por los conquistadores a alguna actividad de los primeros pobladores”, según opinaba Adonaí Sotelo Quezada.
En 1956, siendo jefe de tenencia don J. Dolores Cano, a sugerencia del Sr. Daniel Béjar Pérez, se elaboró un documento para darle legalidad al “Reclamo del toro”.
Cada año se repite la comparsa precisamente el martes de carnaval, vísperas del inicio de la Cuaresma.
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miércoles, 4 de mayo de 2011
Listos para comenzar a servir "La última cena" en Zamora. ¡Pase Usté!
A vuelo de celular capté esta singular imagen de "La última cena", popular taquería de Zamora en un momento en que sus empleados ya han dispuesto todo y se aprestan a recibir a su clientela...
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martes, 3 de mayo de 2011
Bajo el cielo de Sahuayo, Michoacán - Fotografía de Carlos Magaña
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Región Zamora
Santuario Guadalupano de Zamora en restauración
Luego de que se anunció el reinicio de las obras para la terminación de la antigua Catedral Nueva de Zamora, también conocida como "la Inconclusa", durante mucho tiempo los zamoranos vimos esta imagen del inmueble, como único signo de que la titánica empresa había sido echada a andar. En realidad, en su interior se efectuaban laboriosas faenas de restauración. Había qué dejar bien fortalecido lo ya hecho antes de proseguir con todo lo que faltaba.
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Santuario Guadalupano,
Templos de Zamora
Poesía de Luis G. Franco - A sangre y fuego
A SANGRE Y FUEGO
La noche me acorrala
hasta tu voz de acero
hasta tu mano como una muralla
hasta tus ojos como un foso alto.
Tú me cierras el paso
yo impotente disparo mis silencios.
Sé de antemano
que rompiste el cerco
a saco has de tomar mi campamento
y la espada implacable
de tus espejos
ha de triunfar a sangre y fuego.
Luego
la ruina y el laurel
escombro y pedestal.
Tú impasible en la gloria de tus sueños
yo bajo el doble yugo de tus ojos,
hijo de cautiverio.
Sólo el polvo
del tiempo
borrará tu rostro
y mi recuerdo.
Nacerán
de nuevo
las margaritas blancas
sobre los campos yermos.
Bajo la primavera en flor
tu espada y mis banderas
tu sonrisa y mi voz
tu triunfo y mi derrota
tú y yo
estaremos
definitivamente
muertos.
Agosto 10 de 1975.
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Poemas de Luz y Sombra de Luis G. Franco
lunes, 2 de mayo de 2011
Violines - Fotografía de Rubén Mejía García
domingo, 1 de mayo de 2011
Noche de piromaniacos en Camécuaro I - Fotografías de Sergio Alfaro Romero
En su afán creativo, Víctor Mendieta y Sergio organizaron una sesión fotográfica a la que llamaron "Noche de piromaniacos en Camécuaro", para quienes quisieran pasar allí la noche, con la idea de captar imágenes de gente que hace malabarismo con fuego. Sergio, el más aplicado, es el primero que ha compartido sus resultados en Facebook... Y para muestra, estos primeros botones...
Desván - Fotografía de Víctor Javier López Mendieta
Las casas tradicionales contaban con un desván o tapanco que servía de bodega para una serie insospechada de "archivos muertos"..., y con el tiempo se convertían en museos desvencijados y cofres de preciosos recuerdos empolvados. Esta imagen que nos regala Víctor es muy evocadora, en ese sentido, y en el que cada quien le dé, según lo que encuentre en la imagen misma y en sus propios recuerdos.
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Fotos de Víctor Javier López Mendieta
Templo parroquial de San Antonio de Padua en Charapan, Michoacán II - Fotografía de DyD Fotógrafos
Ya había publicado una postal de este hermoso templo, firmada por Caramelo Macab. Ahora ella misma, Dulce María, y su compañero sentimental (sé que no se van a molestar por este término), nos ofrecen esta perspectiva en que se aprecia su bellísima fachada. Su página Facebook es: DyD Fotografía y Video.
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Región Zamora
María Luisa - Novela por entregas V - Jaime Alonso Ramos Valencia
Lunes 6 de diciembre de 1918, a las 15:30 hrs.
Ya han pasado los años; sin embargo, como si fuera
ayer, en este momento en que la carreta donde vamos
las aspirantes toma una bifurcación del camino y por un
momento nos introducen en una zona boscosa donde
nos cobija la sombra del pinar, yo, María Luisa, revivo
el momento cuando fui arrancada de aquel lugar, al
que siempre esperé que mi papá volviera; mi lugar, del
que conocía cada cerca, cada hueco y dónde se quedaron mis plantas y hasta mis animalitos.
Como si fuera ayer recordé cómo una mañana llegó la
familia del patrón. Desde lejos vimos acercarse, dejando
atrás una nube de polvo que del camino levantaban, a
cuatro o cinco jinetes y dos coches cubiertos para cuatro pasajeros cada uno, que volaban al ritmo del látigo con que el cochero fustigaba a sus corceles.
Desde un día antes todos los habitantes de la
ranchería habíamos sido avisados y convocados
a reunirnos en el patio de la casa grande.
Tan pronto llegaron y se sacudieron el polvo,
la familia del patrón y sus acompañantes se dirigieron
al patio donde nos congregábamos todos,
expectantes, con temor y curiosidad de cómo,
muerto don Felipe, quedaríamos ahora.
No todos conocíamos a doña Aurora, pero cuando
una señora de edad madura, de aparente frágil constitución,
con el paso firme y rápido, vistiendo de luto, se
adelantó a saludar afectuosamente, a algunos por su
nombre y de mano, todos supimos que era la viuda del
patrón.
Se había dispuesto un desayuno y aquella señora
muy gentilmente compartió la mesa con labriegos, con
vaqueros y con sus familias.
Cuando todos dieron cuenta de los uchepos con
jocoque, de la carne con chile y del café de olla, doña
Aurora llamó a tres de sus hijos que la habían acompañado
en esta ocasión, y así los presentó:
—Estos son mis hijos mayores.
El primogénito se llama como su papá Felipe,
y a él le estoy encargando la administración
de esta Estancia y su ganado y sus tierras.
Él tendrá que seguir los pasos de su padre, generoso y justo
con todos, y ustedes sean trabajadores leales y fieles como
siempre han sido.
Agradezco el respeto y cariño que siempre
mostraron a mi difunto esposo.
Mis hijos, los mayores, que hoy me acompañan,
Felipe, Aurora y Martín, también se los agradecen…
El resto de la mañana la comitiva recorrió el casco
de la hacienda; sólo doña Aurora y su hija se retiraron
a descansar en sus habitaciones.
Comenzaron cerca de la cocina, en el salón
donde se fabricaba el queso grande;
piezas redondas de casi cuarenta centímetros
de diámetro y peso de cerca de veinte kilos.
Muchas de ellas estaban acomodadas en anaqueles de madera
muy reforzados, madurando protegidas de los insectos
con su cubierta enchilada y de sal de mar, hasta lograr
el sabor añejo del queso Cotija…
Los niños seguíamos al grupo que en la fábrica de quesos
éramos consentidos por don Matías,
el amable anciano, quien nos obsequiaba
palomitas de requesón.
El ambiente estaba saturado del olor a los sueros de leche
que corrían por el piso, debajo de la tina donde se hacía
la cuajada y de las mesas, artesas les dicen, donde
se mezclaba la cuajada con la sal, batiéndola con manos
y brazos para enseguida rellenar los aros de madera
donde moldeaban las grandes piezas.
—¿Qué es eso, don Matías?
—¡Es el cuajo! patrón.
Cuando se sacrifica un becerrito
o un chivito de leche, que aún no haya comido pasto,
reservamos esa parte de su panza donde el animalito
transforma el líquido en sólido, y a nosotros nos sirve
para en esas tinas hacer lo mismo.
La gente le dice “el cuajo”.
De una viga colgaba el estómago; el cuarto estómago
de un becerrito de leche, inflado como un balón y
secado al sol; el que cortaban en tiritas para, hervidas
en agua, hacer un líquido que agregaban a la leche y
ésta se convirtiera en la blanca y suave cuajada, que
se desprendía y se separaba de los sueros.
Llamaba la atención de todos la prensa donde comprimían
los quesos, no sólo para exprimir el suero sino también para
integrar las moléculas grasas.
La prensa, toda de madera de parota de poro muy cerrado
que no deja entrar la humedad, está formada por una base
hecha con una viga de unos cincuenta centímetros de ancha
por casi tres metros de larga; gruesa, con un resaque
a todo lo largo, formando un canal donde se acomodan
los moldes y se recoge el suero; con cuatro patas
como si fuera una banca, se complementa con dos torniquetes
y un tablón similar al anterior, para entre ambos
prensar los quesos.
—Esta prensa la mandó hacer el patrón, allá por Colima.
¡Sólo cerca del mar se da esta madera prieta y pesada!
Le dicen parota. Antes cada queso lo prensábamos poniendo
piedras encima de cada molde.
Los quesos que tenían las piedras más pesadas
salían mejor que los que las tenían
más ligeras.
Ahora todos salen parejos
¡Todos salen buenos!
¡Algunos de “grano” otros de “tajo”,
pero todos con un sabor añejo inigualable!
Cuando el grupo salía de la fábrica de quesos, los
niños nos quedamos rodeando a don Matías que pronto
nos apresuró:
—¡Vayan a sus casas por unas tortillas! ¡Para que se
coman una con queso!
Los niños corrimos cada uno a sus casas por las
calientitas, mientras los demás se fueron a ver las trojes,
repletas de pastura.
Antes a la mayoría del ganado
lo movían en los pastizales del rancho, encorralándolo
por temporadas en algún predio para que pastara al
aire libre; sin embargo últimamente ensilan la pastura
y se recoge el ganado a corrales cercanos al rancho,
porque entre abigeos, alzados y últimamente también
indígenas reclamando tierras y bienes comunales, las
pérdidas por robo son más frecuentes.
Ahora guiaba al grupo don Vicente, quien conoció a Felipe hacía unos
doce años, cuando era apenas un jovencillo.
Luego supo que fue a Zamora al seminario a estudiar para
sacerdote; ya después le dijeron que estaba en México
estudiando leyes; pero con la muerte de su papá había
vuelto al pueblo para hacerse cargo de la hacienda.
Por prudencia no hizo alusión a aquellos lejanos días en
que, enseñándolo a montar un burro manso, el animal
se entercó a no moverse provocando una rabieta en
el niño, que perdiendo el equilibrio acabó en el suelo;
así que ahora, respetuosamente, caminaba por delante
guiando al joven.
—¡Aquí tenemos un problema, patrón!, dijo don Chente,
encargado del ganado.
Este corral se hizo para que los
toros no salieran al campo abierto.
Todo fue hace unos seis meses que se robaron un semental.
El Campeón, le decíamos, porque era el mejor.
Su papá resintió mucho su pérdida y más
cuando encontramos que lo habían matado
para comérselo y que lo destazaron en una barranquilla no
lejos de donde pastaba.
Para suplirlo trajo esos dos sementales
jóvenes de una raza nueva aquí en la región: son cebú
aclimatado en Brasil. Son muy buenos, cargan muy bien y
rápido a las vacas.
—¿Cuál es el problema, entonces?
—El problema está en los vaqueros.
Son ellos los que deben observar qué vacas
van a entrar en celo, para traerlas
oportunamente desde su campo de pastoreo a este corral
y que los sementales las monten y…
¡Nunca, nunca, patrón, va a ser lo mismo
que las observe el vaquero,
a que las olisquee el toro!
Todos soltaron la risa y más por la solución que
dio el patrón que, echando a un lado su solemne aire de
ex seminarista contestó:
—Diles a tus vaqueros que no las vean; ¡que las huelan!
Dos jóvenes encargados de pastorear el ganado,
entre carcajeadas y codazos, murmuraban secreteándose:
—Que las huelas como lo haces con las borregas.
Felipe, ya muy en su papel de Administrador, inspeccionó
las bodegas donde se guardaban los aperos e
instrumentos de labranza; siguió a los corrales y a los
establos; observó los animales de tiro, bueyes y mulas,
y el ganado. Y también, las vacas cargadas, las becerras
de crianza y hasta un hato de chivos.
Don Chente traía un libro de pastas gruesas, el
que abrió entre sus manos, para informarle a su nuevo
patrón y dar lectura del trabajo que recién habían hecho:
—Su mamá me ordenó, cuando bajé a darle el pésame,
que hiciera un inventario tal y como lo acostumbraba el
finado patrón don Felipe, y es como sigue: contamos con
364 bueyes mansos de arado, 6 carretas, 150 arados, además
de 61 mulas aparejadas, 253 yeguas, 136 caballos
mansos, y 543 vacas chichiguas o de ordeña. Faltan de
contar la becerreada, los chivos y algunos puercos.
Luego volvieron a donde doña Aurora y su hija,
del mismo nombre, les esperaban.
Todos los habitantes del rancho ya la rodeaban,
las familias completas y hasta los niños estaban expectantes
de su partida. Ahora el ambiente estaba tenso,
gris como la nube que por unos momentos ocultaba el
sol de la tarde; se sentía la sombra del patrón desaparecido
sobre todos ellos.
—No es tiempo de llorar más lo perdido.
Mi esposo que tanto quiso estas tierras no permitiría que,
por lamentarnos de su ausencia, descuidáramos La Estancia,
los cultivos, el ganado y, sobre todo, a su gente; todos se quedarán
aquí y como ya se los dije, su nuevo patrón es ya Felipe,
mi hijo mayor.
Él debe seguir el ejemplo de su padre: mano
firme para mandar, pero mano extendida y generosa para
también auxiliarles…
Nadie dudó nunca de la sinceridad de aquellas
palabras en aquel momento; pero, ¿pudiera ser que la
viuda esperara lealtad de todos aquellos sus empleados
y jornaleros, en tiempos en que en todo México sonaban
los gritos de Tierra y Libertad y La tierra es para quien la
trabaja, que aparcelaron tantas haciendas?
Ya han pasado los años; sin embargo, como si fuera
ayer, en este momento en que la carreta donde vamos
las aspirantes toma una bifurcación del camino y por un
momento nos introducen en una zona boscosa donde
nos cobija la sombra del pinar, yo, María Luisa, revivo
el momento cuando fui arrancada de aquel lugar, al
que siempre esperé que mi papá volviera; mi lugar, del
que conocía cada cerca, cada hueco y dónde se quedaron mis plantas y hasta mis animalitos.
Como si fuera ayer recordé cómo una mañana llegó la
familia del patrón. Desde lejos vimos acercarse, dejando
atrás una nube de polvo que del camino levantaban, a
cuatro o cinco jinetes y dos coches cubiertos para cuatro pasajeros cada uno, que volaban al ritmo del látigo con que el cochero fustigaba a sus corceles.
Desde un día antes todos los habitantes de la
ranchería habíamos sido avisados y convocados
a reunirnos en el patio de la casa grande.
Tan pronto llegaron y se sacudieron el polvo,
la familia del patrón y sus acompañantes se dirigieron
al patio donde nos congregábamos todos,
expectantes, con temor y curiosidad de cómo,
muerto don Felipe, quedaríamos ahora.
No todos conocíamos a doña Aurora, pero cuando
una señora de edad madura, de aparente frágil constitución,
con el paso firme y rápido, vistiendo de luto, se
adelantó a saludar afectuosamente, a algunos por su
nombre y de mano, todos supimos que era la viuda del
patrón.
Se había dispuesto un desayuno y aquella señora
muy gentilmente compartió la mesa con labriegos, con
vaqueros y con sus familias.
Cuando todos dieron cuenta de los uchepos con
jocoque, de la carne con chile y del café de olla, doña
Aurora llamó a tres de sus hijos que la habían acompañado
en esta ocasión, y así los presentó:
—Estos son mis hijos mayores.
El primogénito se llama como su papá Felipe,
y a él le estoy encargando la administración
de esta Estancia y su ganado y sus tierras.
Él tendrá que seguir los pasos de su padre, generoso y justo
con todos, y ustedes sean trabajadores leales y fieles como
siempre han sido.
Agradezco el respeto y cariño que siempre
mostraron a mi difunto esposo.
Mis hijos, los mayores, que hoy me acompañan,
Felipe, Aurora y Martín, también se los agradecen…
El resto de la mañana la comitiva recorrió el casco
de la hacienda; sólo doña Aurora y su hija se retiraron
a descansar en sus habitaciones.
Comenzaron cerca de la cocina, en el salón
donde se fabricaba el queso grande;
piezas redondas de casi cuarenta centímetros
de diámetro y peso de cerca de veinte kilos.
Muchas de ellas estaban acomodadas en anaqueles de madera
muy reforzados, madurando protegidas de los insectos
con su cubierta enchilada y de sal de mar, hasta lograr
el sabor añejo del queso Cotija…
Los niños seguíamos al grupo que en la fábrica de quesos
éramos consentidos por don Matías,
el amable anciano, quien nos obsequiaba
palomitas de requesón.
El ambiente estaba saturado del olor a los sueros de leche
que corrían por el piso, debajo de la tina donde se hacía
la cuajada y de las mesas, artesas les dicen, donde
se mezclaba la cuajada con la sal, batiéndola con manos
y brazos para enseguida rellenar los aros de madera
donde moldeaban las grandes piezas.
—¿Qué es eso, don Matías?
—¡Es el cuajo! patrón.
Cuando se sacrifica un becerrito
o un chivito de leche, que aún no haya comido pasto,
reservamos esa parte de su panza donde el animalito
transforma el líquido en sólido, y a nosotros nos sirve
para en esas tinas hacer lo mismo.
La gente le dice “el cuajo”.
De una viga colgaba el estómago; el cuarto estómago
de un becerrito de leche, inflado como un balón y
secado al sol; el que cortaban en tiritas para, hervidas
en agua, hacer un líquido que agregaban a la leche y
ésta se convirtiera en la blanca y suave cuajada, que
se desprendía y se separaba de los sueros.
Llamaba la atención de todos la prensa donde comprimían
los quesos, no sólo para exprimir el suero sino también para
integrar las moléculas grasas.
La prensa, toda de madera de parota de poro muy cerrado
que no deja entrar la humedad, está formada por una base
hecha con una viga de unos cincuenta centímetros de ancha
por casi tres metros de larga; gruesa, con un resaque
a todo lo largo, formando un canal donde se acomodan
los moldes y se recoge el suero; con cuatro patas
como si fuera una banca, se complementa con dos torniquetes
y un tablón similar al anterior, para entre ambos
prensar los quesos.
—Esta prensa la mandó hacer el patrón, allá por Colima.
¡Sólo cerca del mar se da esta madera prieta y pesada!
Le dicen parota. Antes cada queso lo prensábamos poniendo
piedras encima de cada molde.
Los quesos que tenían las piedras más pesadas
salían mejor que los que las tenían
más ligeras.
Ahora todos salen parejos
¡Todos salen buenos!
¡Algunos de “grano” otros de “tajo”,
pero todos con un sabor añejo inigualable!
Cuando el grupo salía de la fábrica de quesos, los
niños nos quedamos rodeando a don Matías que pronto
nos apresuró:
—¡Vayan a sus casas por unas tortillas! ¡Para que se
coman una con queso!
Los niños corrimos cada uno a sus casas por las
calientitas, mientras los demás se fueron a ver las trojes,
repletas de pastura.
Antes a la mayoría del ganado
lo movían en los pastizales del rancho, encorralándolo
por temporadas en algún predio para que pastara al
aire libre; sin embargo últimamente ensilan la pastura
y se recoge el ganado a corrales cercanos al rancho,
porque entre abigeos, alzados y últimamente también
indígenas reclamando tierras y bienes comunales, las
pérdidas por robo son más frecuentes.
Ahora guiaba al grupo don Vicente, quien conoció a Felipe hacía unos
doce años, cuando era apenas un jovencillo.
Luego supo que fue a Zamora al seminario a estudiar para
sacerdote; ya después le dijeron que estaba en México
estudiando leyes; pero con la muerte de su papá había
vuelto al pueblo para hacerse cargo de la hacienda.
Por prudencia no hizo alusión a aquellos lejanos días en
que, enseñándolo a montar un burro manso, el animal
se entercó a no moverse provocando una rabieta en
el niño, que perdiendo el equilibrio acabó en el suelo;
así que ahora, respetuosamente, caminaba por delante
guiando al joven.
—¡Aquí tenemos un problema, patrón!, dijo don Chente,
encargado del ganado.
Este corral se hizo para que los
toros no salieran al campo abierto.
Todo fue hace unos seis meses que se robaron un semental.
El Campeón, le decíamos, porque era el mejor.
Su papá resintió mucho su pérdida y más
cuando encontramos que lo habían matado
para comérselo y que lo destazaron en una barranquilla no
lejos de donde pastaba.
Para suplirlo trajo esos dos sementales
jóvenes de una raza nueva aquí en la región: son cebú
aclimatado en Brasil. Son muy buenos, cargan muy bien y
rápido a las vacas.
—¿Cuál es el problema, entonces?
—El problema está en los vaqueros.
Son ellos los que deben observar qué vacas
van a entrar en celo, para traerlas
oportunamente desde su campo de pastoreo a este corral
y que los sementales las monten y…
¡Nunca, nunca, patrón, va a ser lo mismo
que las observe el vaquero,
a que las olisquee el toro!
Todos soltaron la risa y más por la solución que
dio el patrón que, echando a un lado su solemne aire de
ex seminarista contestó:
—Diles a tus vaqueros que no las vean; ¡que las huelan!
Dos jóvenes encargados de pastorear el ganado,
entre carcajeadas y codazos, murmuraban secreteándose:
—Que las huelas como lo haces con las borregas.
Felipe, ya muy en su papel de Administrador, inspeccionó
las bodegas donde se guardaban los aperos e
instrumentos de labranza; siguió a los corrales y a los
establos; observó los animales de tiro, bueyes y mulas,
y el ganado. Y también, las vacas cargadas, las becerras
de crianza y hasta un hato de chivos.
Don Chente traía un libro de pastas gruesas, el
que abrió entre sus manos, para informarle a su nuevo
patrón y dar lectura del trabajo que recién habían hecho:
—Su mamá me ordenó, cuando bajé a darle el pésame,
que hiciera un inventario tal y como lo acostumbraba el
finado patrón don Felipe, y es como sigue: contamos con
364 bueyes mansos de arado, 6 carretas, 150 arados, además
de 61 mulas aparejadas, 253 yeguas, 136 caballos
mansos, y 543 vacas chichiguas o de ordeña. Faltan de
contar la becerreada, los chivos y algunos puercos.
Luego volvieron a donde doña Aurora y su hija,
del mismo nombre, les esperaban.
Todos los habitantes del rancho ya la rodeaban,
las familias completas y hasta los niños estaban expectantes
de su partida. Ahora el ambiente estaba tenso,
gris como la nube que por unos momentos ocultaba el
sol de la tarde; se sentía la sombra del patrón desaparecido
sobre todos ellos.
—No es tiempo de llorar más lo perdido.
Mi esposo que tanto quiso estas tierras no permitiría que,
por lamentarnos de su ausencia, descuidáramos La Estancia,
los cultivos, el ganado y, sobre todo, a su gente; todos se quedarán
aquí y como ya se los dije, su nuevo patrón es ya Felipe,
mi hijo mayor.
Él debe seguir el ejemplo de su padre: mano
firme para mandar, pero mano extendida y generosa para
también auxiliarles…
Nadie dudó nunca de la sinceridad de aquellas
palabras en aquel momento; pero, ¿pudiera ser que la
viuda esperara lealtad de todos aquellos sus empleados
y jornaleros, en tiempos en que en todo México sonaban
los gritos de Tierra y Libertad y La tierra es para quien la
trabaja, que aparcelaron tantas haciendas?
Publicado por
Jaime Ramos Méndez
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