Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.

viernes, 4 de enero de 2013

Artesanía michoacana en madera - Viejitos purépecha - Fotografía de Carlos Pizarro Nieto


Plaza de Armas frente a catedral en Zamora, Michoacán, en un día de lluvia - Fotografía de Carlos Magaña Díaz


Fotografías antiguas de Zamora en Michoacán - Sucursal del Banco Nacional de México

En la esquina de las calles de Madero sur y Amado Nervo poniente. La imagen muestra la vía para el tranvía de mulitas que venía desde Jacona y daba la vuelta en la Plaza de Armas, con esta extensión hacia la estación del Ferrocarril en la salida norte de la población. La torre de la parroquia de La Purísima apenas se adivina en la imagen.

jueves, 3 de enero de 2013

Poesía de Luis G. Franco - Confesión




Confesión

Yo caminé por las constelaciones
y fui rasgando velos y palabras
empuñé los fusiles asesinos
el esdrújulo verbo y la grave metáfora.
Tengo cuarenta años
no sé cómo me llamo
ando por galerías de silencio
con este fardo a cuestas y esta duda
gritando a Dios con la sangre ardiendo
no aprendí la verdad ni la mentira
repito sin saberlo la historia repetida.
Sólo una cosa es absolutamente mía
la herida.

Quiero gritar de sol a sol
y que mi brazo sea un arcoíris.
Yo regalo mis ojos a la noche
con tal que eternamente sean constelaciones
pero sé que mis huellas cotidianas
las borra la tormenta de la noche
no sé si esto que llamo libertad
son las congénitas cadenas
que he aprendido a amar.

Anduve mar y tierra
aprendí costumbres exóticas
extrañas lenguas
vi el rostro de la muerte en las esquinas
una tarde en Venecia.
Yo conocí la sangre de los griegos
solitario triste en Epidaurus.

He navegado, he leído, he escrito
he amado, he maldecido, he osado,
he llorado, he dormido,
he esperado
me queda entre las manos
la rosa mustia de la nostalgia.
Hoy todo lo he olvidado
guardo tan sólo en la memoria
el rostro de mi madre
y la palabra cruel de un viejo amigo.

Vida y muerte hoy quiero
con vosotras dialogar al menos
a cada una doy mi mano
al fin y al cabo de ambas soy hermano.

Tú, vida, me enseñaste
el color y la medida
de los sueños sublimes y absurdos
fuerza y audacia, exaltación y fuego
antes que yo palpitación primera
conmigo irás hasta la última puerta
te amo con amor perfecto
a nadie puedo amar como a ti, vida
en ti la estrella, el agua, la entrada y la salida
tú en la rosa y el cactus
en la risa, en el llanto
tú conmigo, fuerza y herida
decirte amor es poco
quererte desmedidamente
hora a hora
célula a célula
palabra por palabra
hasta la muerte.

A ti, oh sutil y perversa engañadora
que finges realidades sólo para destruirlas
tú, sombra hecha de sombras
negación continua
abrazadora lumbre destructiva
no puedo odiarte a ti
consuelo único a la atroz fatiga
eres el rostro oscuro de mi vida
paciente y pensativa
sin pasión y sin prisa
hálito desolado de mi risa
incógnita escondida en mis palabras conmigo vas
amiga y enemiga
cuando todos me dejen
aún la vida,
sólo tú, compasiva
me acogerás en la amorosa huida.

Llega a la hora precisa
súbita, alegre, feliz
no me encontrarás de hinojos
yo saldré para decirte
es la hora, salgamos pronto de aquí.
Pero aguarda a que complete
punto a punto mi carrera
y saldremos saludando al sol de primavera.

Quisiera decirlo todo
y de una vez para siempre
sólo corresponde al hombre humildemente decir
lo que piensa o lo que siente
siempre queda la palabra por decir
hundida está la palabra
entre la muerte y la vida.

Pórtico del atrio en la parroquia de San Francisco de Asís en Patamban, Michoacán - Fotografía de Ricardo Cruz


Migración anual de los pelícanos borregones a la isla de Petatán, municipio de Cojumatlán en Michoacán - Fotografía de Guillermo González


Lago de Orandino y cerro del Curutarán en Jacona, Michoacán - Fotografía de Israel López Ruiz


Parroquia de Los Santos Reyes en Los Reyes de Salgado, Michoacán - Fotografía de Israel Rodríguez Méndez


Hijos distinguidos de Tingüindín II - Texto de don Ramón Pulido Pardo

Plaza de Armas de Tingüindín en Michoacán.

Seguimos recordando a otros hijos predilectos de nuestro pueblo  Pbro. Don Tiburcio Mendoza, verdadero maestro de la lengua tarasca; Pbro. Don Francisco Herrerías, profesor de latinidad en diversos colegios; Pbro. Don Mauricio Ávila, benefactor de muchos pueblos serranos, en los que se le recuerda todavía con cariño; Presbíteros, Don Julio Pardo, Don Francisco Pulido, Don Marcelino Romero, Don Melesio Paulín García, Don Indalecio Marín, Don Gabriel Marín y Don Ignacio Huerta Pardo, que en diferentes épocas  fueron también elementos de mucha valía en su pueblo natal, y sirviendo curatos y viciarías de diferentes poblaciones del Estado y del país. 

Merece especial recordación una Hermana de la Caridad, Car­lota Codina, que fue desterrada al extranjero en tiempos de la persecución religiosa, y que fue a cumplir su misión de ayuda al prójimo  al lejano Perú, en donde murió en la ciudad de Lima. 

En campos de diferentes actividades profesionales, seguiremos recordando a hijos de Tingüindín, que ya han rendido sus cuentas a Dios: 

Licenciados, Don Francisco Huerta Cañedo, Don Arcadio Marín, Don Adalberto Gutiérrez y Don Enrique Pardo Pulido. 

Doctores, Don Nicanor López, Don Juan Rodríguez y Don Da­niel Huerta Cañedo. 

General de División Don Francisco J. Múgica, y General de Bri­gada Don Francisco Zepeda Salas, éste último que vivió aquí por mu­chos años, hasta su muerte. 

El Ingeniero Don Ponciano Pulido, quien murió desempeñando un alto puesto de Petróleos Mexicanos en Puerto México. 

Santuario de Nuestra Señora de la Asunción en Tingüindín.
(Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina)

Y de los que viviendo actualmente, van dejando poco a poco su vida: algunos sirviendo a Dios, como pastores de almas; otros en provecho de la niñez y la juventud, como maestros y maestras, profesores y profesoras, en diferentes colegios e instituciones; religiosas; misioneros  madres de la caridad; enfermeras; profesionistas; artistas, etc. etc., vamos a procurar recordarlos en este lugar, pues su pueblo se siente orgulloso de que sean sus hijos: 

Reverendo Padre Don Ignacio Custodio, S. J., a quien ya ante­riormente hemos mencionado, como escritor, inspirado poeta, que do­mina a la perfección varios idiomas, y ha viajado como educador y mi­sionero por diferentes caminos del mundo. Por su humildad, su senci­llez sus grandes dotes de oratoria sagrada, y el cariño para su pueblo natal, se ha conquistado el respeto y la estimación de todos sus pai­sanos. 

Ilmo. Sr. Dr. Don Ramiro Vargas Cacho, Canónigo de la cate­dral de Zamora, actua1mente Vicario General de la Diócesis, y por muchos años ya, Rector del Seminario Conciliar de la misma ciudad. Su hermano Reverendo Padre Don Adolfo Vargas Cacho. 

Nueve jóvenes sacerdotes, que hace pocos años han sido consagra­dos, habiendo hecho sus estudios en diferentes seminarios de nuestro país: Presbíteros, Don Ramón Cárabes Guízar, Don Enrique Capilla Ruiz, Don Salvador Sánchez (Misionero del Espíritu Santo), Don Da­vid Palafox, Don Benjamín Prudencia, Don Alfonso Fabián, Don Luis Acevedo Mendoza, Don José de Jesús Sotelo, y Don Carlos Sandoval. 

En la Compañía de Jesús, Hermanos Coadjutores, Don Ignacio González, S. J., y Don Guillermo González, S. J. 

Religiosos Franciscanos: Don Rodolfo Cacho y Don Celio Ose­guera. 

Hermanos de las Escuelas Cristianas: Doce religiosos, ya ejer­ciendo el profesorado: Don Salvador Cárabes G., Don Carlos Cára­bes G., Don Ignacio Cárabes, Don José de Jesús Cárabes, Don Ismael Pulido, Don Ismael Huerta, Don Jesús López Galván, Don Manuel Capilla, Don Salvador Pérez, Don Antonio Pulido, Don Rafael Cá­rabes y Don Carlos Govea. 

Hermanos Maristas: Tres religiosos, ejerciendo ya el profesorado; Don José de Jesús Cárabe s Pedroza, Don Ramón Pedroza Pardo y Don Benjamín Cárabes. 

Hermanos Misioneros del Espíritu Santo: Dos religiosos: Don Salvador Sandoval y Don Ignacio Sandoval. 

Hermanos de la Sagrada Familia: Tres religiosos: Don Felipe Liévanos Valencia, Don Salvador Navarro González y Don Enrique Arévalo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Fauna silvestre en las inmediaciones de Tarecuato, Michoacán - Galería de insectos - Fotografías de Jaime Cristóbal López







Antiguo vagón del ferrocarril abandonado en las inmediaciones de Chavinda, Michoacán - Fotografía de Juan Cendejas Zamora


Kiosco en la plaza principal de Tlazazalca en Michoacán - Fotografía de Lily Mendoza


Vendimia de artesanía en Tingüindín, Michoacán - Fotografía de Luis Francisco Duarte Medina


Interior de una de las torres del Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán - Fotografía de Martín Castro Rosas


Pan dulce en la tradición michoacana

Fotografía obtenida de la página de Facebook: #Yo Soy de Purépero.

Centro Regional de las Artes de Michoacán, en Zamora - Fotografía de Ricardo Cruz


Luna desde el Santuario Guadalupano en Zamora, Michoacán - Fotografía de Rubén Guillén Soto


Explanada del Centro Regional de las Artes de Michoacán, en Zamora - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


Interior de la torre del campanario en el Santuario de Nuestra Señora de la Asunción de Tingüindín en Michoacán - Fotografía de Jaime Ramos Méndez


martes, 1 de enero de 2013

La Catedral Nueva del obispo José María Cázares y Martínez, hoy Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán


La Catedral Nueva ya mostraba sobre su fachada antigua,
a finales de 1990, el primer signo de su continuación.

Proyecto original firmado
por José Hernández Segura

Seguramente es una de las construcciones góticas más jóvenes en el mundo (pensemos en la antigüedad de las grandes catedrales góticas en Europa). La nuestra, en Zamora, comenzó a construirse el día 2 de febrero del año 1898, cuando en el resto del mundo a nadie se le ocurría ya construir en estilo gótico.

Al obispo de Zamora en aquel tiempo, Don José María Cázares y Martínez (1878-1909), sí se le ocurrió y en grande. De hecho a él se deben otras valiosas obras en nuestra región. Su actividad lo llevó lo mismo a fundar una congregación religiosa que a diseñar y construir la mayor parte de la infraestructura de riego agrícola que aún funciona en Zamora.

Estatua de don José María Cázares y Martínez, segundo
obispo de la diócesis de Zamora e iniciador de la Catedral Nueva,
en el atrio del ahora Santuario de Guadalupe.
(Foto de Rubén Guillén Soto)

El obispo José María Cázares se distinguió como teólogo, filósofo y jurista. Concluyó la actual catedral de Zamora, en la plaza principal; construyó el antiguo Seminario de Zamora y fundó la Escuela de Artes y Oficios, una casa de ejercicios espirituales y un asilo de ancianos, entre otras muchas obras.


En ese entonces el obispo Cázares era cabeza de una vida religiosa que veía en el futuro de Zamora lo que la investigadora de El Colegio de Michoacán, Nelly Sigaut ha llamado «La Ciudad Episcopal». 

De hecho, según una hipótesis de la misma investigadora, la gran catedral sería el centro de la ciudad. El lugar en que se construyó el edificio revela también otra intención del obispo: estaba convencido de que el crecimiento de Zamora debía hacerse hacia el oriente, trepando hacia Chaparaco hasta la Beatilla, ¡así se salvarían las tierras cultivables del valle!

Ubicada hacia el oriente de la antigua ciudad,
detrás de los tejados de las casonas porfirianas,
destaca la vieja Catedral Nueva de Zamora.

Como ocurrió con gran parte de las ambiciosas construcciones góticas en Europa, la nuestra ha tenido una historia en que la obra se ha visto interrumpida por diversas circunstancias y también podemos hablar, ahora, de un esfuerzo por continuar y terminar la obra con los mismos propósitos con que se inició.

La Catedral Nueva comenzó a conocerse como
"La Inconclusa"  a partir de un anuncio de promoción turística 
que en televisión nacional le dio ese nombre.

La expropiación del inmueble, decretada por el presidente Lázaro Cárdenas, abrió un largo paréntesis en la historia de la construcción de la «Catedral Nueva».


La obra se suspendió en 1914, y a partir de entonces fue cuartel, caballeriza, campo de tiro, paredón de fusilamiento, canchas deportivas, centro de información turística, garaje y bodega.

Cancha de béisbol, entre otros muchos usos.

El deterioro del edificio llegó al extremo del peligro de derrumbe, lo cual motivó a la creación de diversos proyectos para rehabilitarlo con alguna función que permitiera rescatarlo de la ruina.

Don José Esaúl Robles Jiménez, obispo de Zamora quien
recuperó el inmueble para proseguir su construcción,
supervisando la etapa de restauración del edificio.
Estatua del obispo José Esaúl Robles Jiménez
en el atrio del Santuario Guadalupano.
(Fotografía de Fernando GarcíaL)

Girola en la parte posterior de la catedral.

Zamora celebró con postales la decisión de consagrar el antiguo templo
al culto guadalupano una vez reiniciada su construcción.

NOTA DEL EDITOR: el texto original se publicó en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos de Zamora en su 3a edición, noviembre de 1990, y se ha ilustrado con el material disponible en este blog.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...