Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.

viernes, 4 de febrero de 2011

Templo de Los Dolores en Zamora

En el lugar qué hoy ocupa la iglesia dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, había una capilla conocida como del Señor de la Columna, que le daba nombre al barrio. En un plano de la ciudad de Zamora del año 1805, aparece la mencionada construcción representada como una sencilla iglesia con una torre, emplazada de oriente a poniente en sentido paralelo al de la calle y con un arco de medio punto que señalaba seguramente el ingreso a un atrio pequeño.

Hacia 1835 la advocación de la capilla ya era la de Los Dolores y la principal fuente de información sobre la misma es un librito de memorias del Padre Gabriel Silva. Es el “Libro en que constan algunas noticias interesantes y curiosas, que por ocasión del retiro espiritual que se hace todos los días primeros de cada mes en honor de la Divina Providencia en este Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de esta Ciudad de Zamora; se han ido expresando las cosas más notables ocurridas en el mismo tiempo, aumento en el culto, utensilios de todas clases, de que se hallaba distribuida la capilla vieja y progresos de la nueva fábrica, emprendida el lunes 20 de abril de 1835... P. G. Silva”.

Desde principios del siglo XIX entonces, se hacían retiros espirituales en el Santuario de Dolores y es posible que el aumento de esta práctica haya alentado posteriormente la construcción de la Casa de Ejercicios, que estuvo ubicada detrás de la iglesia hacia 1880.

La presencia del Padre Gabriel Silva Lejarazo parece haber sido fundamental en la construcción de la nueva iglesia. Según un informe de 1905, “... después de haber servido en el ejército, vino a terminar sus días construyendo un santuario a sus expensas, para las madres afligidas”. Según este informe no sólo edificó la obra a sus expensas, sino que “... él mismo vigiló como sobrestante la obra, día a día se hacía conducir al lugar en silla de manos porque estaba impedido y allí permanecía vigilando y dirigiendo los trabajos”.

En el año de 1843 se protocolizó una donación a favor de esta iglesia que resulta particularmente interesante. Don Diego Verduzco cedió 100 pesos a la capilla de Nuestra Señora de los Dolores “para que con el producto del rédito anual se hagan las reparaciones materiales a la capilla, anualmente, durante el mes de mayo o junio”. Ésta habla de una arquitectura de adobe, que la gente de la región sabía cuidar y como parte de este cuidado se entendía una reparación al año, sobre todo antes de la época de lluvias.

En muchos de los reclamos que se hicieron después de la intervención de los bienes eclesiásticos, en 1926, se reiteraba que este tipo de material necesita de un mantenimiento anual y que la falta del mismo conduce inevitablemente a una rápida ruina de los edificios. De ahí la desaparición de construcciones como el Seminario, el Colegio Teresiano, la Escuela de Artes y Oficios, el Convento de Capuchinas, por mencionar sólo algunos ejemplos.

La iglesia tenía una puerta lateral que comunicaba con el cementerio. En 1845 el panteón de Dolores, como se le conocía, sufrió algunas modificaciones: se autorizaron arreglos en las tapias que daban sobre la calle Dr. Verduzco, así como construir sepulcros en las paredes y levantar capilla.

Al canónigo José Guadalupe Romero le gustó la iglesia y así lo asentó en su visión de la región por el año 1860. Se admiró por la “unidad en su plan arquitectónico y buen gusto en el adorno interior de los altares, que son de cantera estucada y dorada”.

En el año de 1878 hubo un extraño robo que permite conocer cuáles eran las devociones más importantes de la iglesia, ya que estas imágenes eran las que tenían una mayor dotación de exvotos de oro y plata: San Francisco de Paula; Jesucristo; San Roque y San José. El ladrón se tiró por la ventana, se fracturó las dos piernas y quedó inmovilizado en el suelo, donde lo encontraron tirado, cubierto con las capas que les había robado a las imágenes, repletas de “milagros”.

Hubo una reconstrucción del edificio en 1882, fecha que se puso en el ingreso a la sacristía. En diciembre de 1883 seguían las obras, que seguramente habían comenzado en 1880. En efecto, también hacia la calle Dr. Verduzco, es decir, el lateral poniente de la iglesia, se estaba construyendo la capilla dedicada a Nuestra Señora de Lourdes, con el impulso del P. Luis Álvarez, quien había pintado el altar principal imitando las rocas de la aparición. La inauguración de la capilla se realizó el siguiente año de 1884.

Como los demás templos, éste fue intervenido en 1926 y por este motivo se levantó un inventario de sus muebles y útiles, el 29 de julio de ese año. Las esculturas de madera que había en la iglesia representaban a la Virgen de Lourdes; Santa Bernardita; (seguramente las dos estaban en la capilla de Lourdes); San Luis Gonzaga; San Ignacio de Loyola; Señor de las Tres Caídas; San Cayetano; San Antonio; la Virgen del Rosario; San Francisco de Paula (que seguía teniendo gran devoción porque lo acompaña el comentario: “de milagros de plata y, muchos retablos”); la Purísima; San José; San Francisco de Asís; Jesús Nazareno; Jesús en la columna; Jesús Crucificado; el Sagrado Corazón; Nuestra Señora del Carmen; Nuestra Señora de los Dolores y dos ángeles adoradores. Pero además había una buena cantidad de pinturas: una Virgen de Guadalupe; Nuestra Señora del Refugio; la Santísima Trinidad; catorce cuadros que representaban el Vía Crucis; San Luis; San Antonio y otros dos cuadros de los cuales no se indica el tema.

Es casi inevitable la comparación con el inventario que se hizo de los bienes de la Catedral, de las siete imágenes de escultura que allí había «en buen estado, en distintos lugares del templo». La abundancia icónica de Los Dolores habla con bastante claridad de una religiosidad popular, basada en el sentimiento piadoso hacia una devoción particular.

El templo está al cuidado de los Salesianos desde alrededor de 1940. En 1975 se realizó la última intervención en la obra, cuya atinada restauración estuvo a cargo del Arq. Javier Gutiérrez, de Uruapan.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con con la autoría de la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, y con datos aportados en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

Zamora en el Semanario Guía - Catecismo - Humor


El logotipo de identificación de Guía mostraba la torre de La Purísima, en la que nació como hojita parroquial.

La didáctica y el catecismo en guía
Se complementaba Guía con dos breves y curiosas secciones. Una, muy didáctica, de adivinanzas con intención de divulgar en forma amena la doctrina católica. En un ejemplar se formulaba la adivinanza y en el siguiente se proporcionaba la respuesta, además de una nueva adivinanza. Un ejemplo: Adivinanza: Tres arbolitos, dos son los buenos y el mejor de todos es el de en medio. Solución: La Cruz de Jesucristo. Por cierto, los lectores solían enviar sus propias respuestas, ¡a ver si adivinaban!

El humor en guía
La otra sección consistía en publicar chistes breves y blancos, aptos para toda la familia, aún para los más pequeños. Ejemplo: EPITAFIO: “Aquí descansan los restos de doña Robustina Gordillo. En casa descansamos los demás”. Su yerno.


Notas publicadas en Guía, Publicación Parroquial, Año I, No. 5, Agosto 17 de 1952, p. 4.

Piñas de San José de Gracia y Diablitos de Ocumicho - Región Zamora - Video de TVZ - Juan Carlos Velázquez Hernández


Este extraordinario reportaje lo realizó el equipo de Televisión del Valle de Zamora (TVZ), ahora transmitiendo por internet (http://www.tvz.com.mx), con el licenciado Juan Carlos Velázquez Hernández al frente, reportando desde San José de Gracia, municipio de Tangancícuaro, en donde se elaboran las magníficas piñas de barro vidriado, y desde la comunidad de Ocumicho, en donde se hacen los famosos "diablitos". Muy cerca, ambas comunidades, de Patamban, en el municipio de Tangancícuaro.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Embarcadero en Camécuaro - Región Zamora - Fotografía de Rubén Mejía García

Gésier de Ixtlán de los Hervores - Región Zamora - Fotografía de José Luis Trejo Alejandre


En esta postal de José Luis Trejo se aprecia el géiser de aguas termales, azufrosas, que emerge en Ixtlán y una de las albercas que se han construido para que resulte más cómodo y divertido en estas aguas con notables propiedades curativas.

Templo de San Juan Diego en Zamora - Fotografía de Carlos Hiram Padilla Rizo


Hiram P. Rizo publicó esta fotografía en su página de facebook y la tituló "Experimento en primer plano". En segundo plano, la imagen muestra la fachada del templo de San Juan Diego, en la calle de Hidalgo, en Zamora.

El Curutarán y La Beata con arcoiris - Fotografía de Laura Elena Fernández Sandoval - Región Zamora


Esta bella estampa de un paisaje con arcoiris muestra a El Curutarán, cerro emblemático de Jacona, en primer plano, y en el fondo a La Beata, cerro emblemático de Zamora. La fotografía fue publicada en la página de facebook de Laura Elena Fernández Sandoval y reproducida en el muro, también de facebook, de "De corazón por Zamora".

Doncella del maíz - Fotografía de Caramelo Macab - Región Zamora


Doncella del maíz, es el nombre que le ha dado a esta fotografía Caramelo Macab, siempre preocupada por destacar los valores inscritos en las costumbres y tradiciones más cotidianas en la cultura p'urhépecha, particularmente en los aspectos relacionados con las actividades de sus mujeres.

martes, 1 de febrero de 2011

Paletas de Tocumbo, Michoacán, y paleterías La Michoacana - Región Zamora - Un origen peculiar I













Las paleterías
La Michoacana:
origen y retos actuales.

Por el Dr. Martín González de la Vara.
Investigador Asociado del
Centro de Estudios Históricos
de El Colegio de Michoacán.

Un origen peculiar (Primera parte)

La red de paleteros michoacanos se conformó en la ciudad de México a partir de personas oriundas de Tocumbo, Michoacán; este pueblo era en 1940 una pequeña comunidad dedicada a la agricultura y a la elaboración de capotes de paja.

Hacia 1942, Rafael Malfavón tenía una pequeña paletería en la que ocasionalmente trabajaban los muchachos del pueblo, tanto en la confección del producto como en su venta en las poblaciones cercanas. Con pocas opciones de vida, los jóvenes de Tocumbo tenían que irse a trabajar a Estados Unidos, o a las principales ciudades de nuestro país como México, Guadalajara o León.

Un par de estos emigrantes a la capital del país serían los primeros en comenzar a adentrarse en el sector de la paletería. Alrededor de 1942, después de dedicarse a una gran variedad de pequeños negocios como la venta de revistas, dulces y de algunos accesorios para automóviles, Agustín Andrade e Ignacio Alcázar abrieron sendas paleterías en la Ciudad de México.

Poco a poco las paleterías comenzaron a mostrarse como los negocios más prósperos; de manera muy paulatina, sin abandonar los otros giros, Andrade y Alcázar empezaron a expandirse en este sector abriendo cada vez más paleterías con nombres que recordaban su querencia michoacana; ambos emigrantes reclutaron a parientes y paisanos suyos para atender las nuevas paleterías y, de forma natural, surgió un mecanismo de traspaso de estos pequeños negocios. 

Cuando algunos de los empleados de las paleterías vieron que éstas eran un buen negocio trataron de comprarlas; los dueños no sólo accedieron a venderlas, sino que dieron les facilidades a sus parientes para adquirirlas a plazos.

Pronto, este sencillo sistema de convirtió en un verdadero esquema de financiamiento que detonó el desarrollo de paleterías

Texto publicado en El Universal:
http://blogs.eluniversal.com.mx/wweblogs_detalle.php?p_fecha=2010-12-28&p_id_blog=139&p_id_tema=12967

(La imagen muestra el monumento a la nieve y la paleta en Tocumbo). 

viernes, 28 de enero de 2011

Templo Expiatorio de El Sagrado Corazón de Jesús en Zamora, Michoacán

 En 1856, bajo el pontificado de Pío IX, la fiesta del Sagrado Corazón se extendió a la Iglesia Universal. Varios estados europeos fueron consagrados a su culto, cuya importancia creció de tal manera que el siglo XIX llegó a conocerse como el siglo del Sagrado Corazón, contextualizando la búsqueda de un tipo de piedad más popular, que hizo resurgir las devociones marianas, el culto a las reliquias y a los santos.

Según la información que recogió el Lic. Arturo Rodríguez Zetina, la construcción del templo comenzó el 12 de octubre de 1892, siguiendo el proyecto realizado por Juan Zaragoza. Al parecer, el diseño original preveía levantar dos torres. Pero es evidente que el proyecto se modificó: según Rodríguez Zetina, fue Juan Segura, quien dejó sólo una torre en el centro. Sin embargo, en el proyecto que finalmente se siguió, aparece en el ángulo inferior izquierdo la leyenda: José Dolores Sánchez proyectó este en Zamora, Mich. Como el conocimiento que tenemos de los maestros constructores activos en la región es todavía escaso, dejaremos apuntada la diferencia de nombres de autoría a la espera que futuras investigaciones completen el perfil profesional de los mismos.

En el sitio donde se construyó la iglesia del Sagrado Corazón, había una casa habitación, perteneciente a la testamentaría de Don Ramón García Vallejo.

Es posible que el Pbro. Faustino Murguía haya estado encargado de la fábrica material desde sus inicios. Si así fue, seguramente fue el responsable de la construcción inmediata de un jacalón paralelo a la calle, donde se empezó a celebrar misa. Por 10 menos en 1894 -dos años después del inicio de la construcción- era el mismo Murguía quien estaba a cargo de la obra que pensaba inaugurar en de enero de 1900.

Sin embargo la obra avanzó penosamente, entre enormes dificultades económicas a pesar de recibir recursos de distintas procedencias.

El conflicto entre la Iglesia y el Estado, que llevó al cierre de numerosos templos en 1926, también tocó a Zamora. El 31 de julio de ese año, la iglesia -aún en construcción, pero funcionando como tal- se entregó a una comisión formada por varios ciudadanos.

El inventario que se levantó en esa oportunidad, habla de la pobreza patrimonial del templo, donde había solamente tres esculturas: el Sagrado Corazón de Jesús, el Sagrado Corazón de María y un San José, y catorce cuadros pequeños del Vía Crucis.

En 1930 el culto estaba abierto en una sola nave y así continuó hasta 1933, cuando se retomaron las obras. El 8 de mayo de 1936 el encargado del templo, Pbro. Francisco Padilla, levantó un inventario del «Oratorio del Sagrado Corazón de Jesús» «que está adaptado provisionalmente en una de las bóvedas del templo en construcción» (...) «y que los materiales empleados son adobón, mezcla, cantera y cemento».

La única nave que se utilizaba era la norte, que tenía piso de madera y estaba cubierta con bóveda de crucería. Las otras dos bóvedas estuvieron sin cubiertas hasta 1946-47 aproximadamente, después de la muerte del P. Murguía en 1946, cuando se hizo cargo como capellán de la iglesia Jorge Vázquez Cornejo.
Con la asesoría del Ing. José Luis Amezcua, de Guadalajara, se proyectó el altar, el trono y el manifestador. El mismo Ing. Amezcua presentó en 1951 un estudio referido a la verificación de la estabilidad de las bóvedas. Todas estas obras emprendidas entre 1946 y 1954 provocaron gastos por 306.000 pesos.

Desde 1957 comenzó la campaña de solicitud de donativos para la construcción del Altar Mayor para el que se había elegido como material el mármol y para la instalación de los ventanales, que se sentían como una imperiosa necesidad. Con el mismo fin conseguir fondos para continuar la construcción en 1959 se abrió una cripta para restos bajo el altar mayor.

Once años después del estudio del ingeniero Amezcua, en 1962 ya habían sido reforzadas las bóvedas y se iba a comenzar con el recubrimiento interior de la iglesia con cantera. Pero a pesar de este anuncio, las obras se llevaron a efecto entre 1969 y 1975, del mismo modo que los altares.

En 1963 GUIA dedicó un número a la construcción del Sagrado Corazón: en ese momento se estaban acondicionando las naves que todavía no entraban en funcionamiento; se construye parte del piso del altar mayor, se limpiaron y pulieron las columnas, los arcos y las bóvedas, así como las puertas mayores, de cedro rojo.

Los vitrales se realizaron entre 1976 y 1982, siguiendo una idea del P. Vázquez, y el diseño estuvo a cargo del sacerdote Mario Amezcua Barrera y la realización es del vidriero Víctor Franco. El P. Amezcua también es el responsable de los murales de las iglesias de Fátima en Apatzingán, Santa María Tomatlán en el Distrito Federal y la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza en Jacona, Mich., en la que también hizo los vitrales, el diseño arquitectónico y la decoración en general.

Hay 24 vitrales, de los cuales 10 representan ángeles músicos. Un estudio iconológico de los 14 vitrales restantes, ha demostrado que es posible agruparlos en dos series: los vitrales proféticos reunidos en tomo a dos temas salvíficos, a) por medio de la venida de Cristo -los cuatro primeros a la izquierda que representan a Juan, Moisés, Isaías y Ezequiel-; y b) por la muerte de Cristo -los cuatro primeros a la derecha que representan a Oseas, Zacarías, Daniel y Jonás-; y los vitrales del Nuevo Testamento que comienzan con el quinto del lado izquierdo con el tema del Nacimiento y siguen rodeando el altar, la Multiplicación de los panes, la Resurrección, la Crucifixión, el Antiguo y el Nuevo Testamentos y la Ultima Cena. La idea central es la glorificación del Cristo Salvador.

La dilatada construcción de esta iglesia pudo haber traído como consecuencia la decisión de cambiar el partido arquitectónico neogótico original. Abundan los ejemplos de estos cambios de rumbos, impulsados por nuevos gustos, nuevas necesidades y sobre todo, carencias económicas para terminar una obra de esta magnitud. En el caso del Sagrado Corazón, lo único que hay que lamentar es que no se haya terminado la torre central, hecho que orilla al edificio al grupo de las obras «inconclusas» de la ciudad.

El apego al proyecto, en especial en cuanto al cerramiento de las bóvedas, creó un espacio de nobles proporciones. Tanto los elementos estructurales propios del estilo, como las nervaduras de las bóvedas, los pilares con medias columnas adosadas, así como los elementos ornamentales, o los arcos apuntados rematados por gabletes que culminan los altares laterales, o los rosetones de la fachada, se conjugan armónicamente con la limpieza ornamental del interior y el diseño del altar mayor. En cuanto al mismo, es interesante relacionarlo con la fachada de la Purísima de la ciudad de Monterrey, obra del arquitecto Enrique de la Mora, de 1943.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con con la autoría de la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, y con datos aportados en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

Fotografías antiguas de Zamora - Calzada Zamora-Jacona anegada en tiempo de lluvias

Vista de la Calzada Zamora-Jacona anegada "en tiempo de aguas"... En la parte central se advierten los rieles del tranvía de mulitas. Los personajes, ataviados con sotanas negras, seguramente prelados de la época.

jueves, 27 de enero de 2011

Plaza de los Insurgentes en Zamora - Fotografía de Víctor Javier López Mendieta


Plaza de los Insurgentes, llamada así porque está aledaña o cercana, al menos, a calles con nombres de héroes independentistas y junto al Centro Comercial que lleva el nombre de Morelos. Las calles son Guerrero, Allende, Aldama y Corregidora

En la calle Michoacán de Zamora - Fotografía de Ana María Caballero


Con esta colorida postal le damos la bienvenida a este blog a la gran fotógrafa zamorana Ana María Caballero Moreno quien durante años ha aportado la fotografía que ilustra la portada de Las Ventanas, suplemento cultural del semanario Guía -ver la liga de Guía en la parte inferior de este blog, en "Enlaces fraternos".

miércoles, 26 de enero de 2011

La Beata desde Camécuaro, municipio de Tangancícuaro - Fotografía de Martha Alicia Caballero Moreno

Otra perspectiva de La Beata, obtenida por Martha Alicia desde otra perspectiva (también) del Parque Nacional Lago de Camécuaro. Es, desde este punto de vista, en que es más notorio que éste es un volcán (muy apagado para fortuna nuestra).

(Martha Alicia y Ana María Caballero ofrecen en Zamora servicios profesionales de fotografía en su estudio, Proyección Fotográfica, ubicado en Colón Ote. No. 172. Tel. 351 515 50 84).

sábado, 22 de enero de 2011

Fotografías antiguas de Zamora - Caserío, Catedral Inconclusa y torre de San Francisco en Zamora, Michoacán


Aunque en esa imagen no aparece el cerro de La Beata, la vista es hacia el oriente de la población. En primer plano se aprecian los tejados de las típicas casonas zamoranas, a dos aguas y con tapanco. Al fondo se aprecia la Catedral Inconclusa, ahora Santuario Guadalupano, tal como permaneció a lo largo de muchos años. A la derecha, se yergue esbelta la torre del templo de San Francisco.

Jaime Ramos Valencia comentó: "...estoy seguro de que la foto fue tomada desde la torre de La Purísima"; es decir, desde la esquina de la calle de Madero con Colón.

Parque Nacional Lago de Camécuaro en el Municipio de Tangancícuaro, Michoacán - Fotografía de Sergio Alfaro Romero


jueves, 20 de enero de 2011

La decencia en el vestido femenino en Zamora (1952) - Zamora en Guía





Desde los primeros ejemplares de la Publicación Parroquial se incluyó una sección de “Consultas” en la que se respondía a inquietudes manifestadas en forma de preguntas por los lectores o acuñadas por los sacerdotes que participaban en el periódico a partir de las dudas manifestadas por sus feligreses. En aquel agosto de 1952, por ejemplo, se preguntaba: “¿Es permitido usar la manga japonesa?” La campaña para promover el vestir decente de las mujeres fue constante durante los primeros años del semanario. Respecto a la pregunta se responde, citando a “un autor”: “No es cuestión de centímetros de tela: es cuestión de metros y aun KILÓMETROS DE FE, DE AMOR A DIOS Y DE REFLEXIÓN”

En la imagen, la manga japonesa, que dejaba al descubiero los brazos, casi desde los hombros.
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