Santuario Guadalupano de Zamora en Michoacán.
Fotografía de Ricardo Galván Santana y Francisco Magdaleno Cervantes.

martes, 21 de diciembre de 2010

Rafael Guízar y Valencia: 1952, comienza el proceso de su beatificación - Zamora en Guía


Un acontecimiento histórico de la época (1952) es anunciado por Guía: la introducción de la causa de beatificación del anterior Obispo de Veracruz, Rafael Guízar y Valencia, oriundo de Cotija, formado y con presencia importante en Zamora. Esta nota da idea del tiempo que suelen tardarse estos procesos ante el Vaticano porque hasta hace relativamente poco recibimos buenas noticias de su proceso de canonización, al ser proclamado como santo mexicano de la Iglesia Católica.

La noticia fue publicada en: Guía, Publicación Parroquial, Año I, No. 4, Agosto 3 de 1952, p. 1.

No sé si será...

Por Jaime Ramos Méndez

No sé si será
porque andas buscando
algo que aún no has hecho;
no sé si será
porque andas buscando ruidos
en la magia de los silencios.

Tal vez será
que le andas burlando al tiempo
esos momentos que sólo tú viviste,
que vives y mueres a cada rato;
tal vez será
que cuando te dijeron:
"las niñas buenas no vuelan"
tú ya estabas tan alto.

Quizás es también
que hubo sequía un buen rato
y cuando llegaron los amigos
vivías de sol y arena;
quizás será también
que creciste tras cerrojos,
tras cristales opacos,
que cuando abriste los ojos
se enrareció tu mirada.

Pudiera ser que eres
por camino tan distinto
que sólo podemos mirarte
el color de tus pasos.

Nota: este texto lo escribí para Marcela Rodríguez Ramírez, gran amiga que, desde hace un tiempo ya, me acompaña para siempre en su ausencia siempre presente.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Casona Pardo, antigua Casa Dávalos, en Zamora (primera parte)

El siguiente texto fue publicado en la revista Entorno de Ingenieros y Arquitectos, A.C. a principios de los años 90 del siglo pasado. Además de los datos históricos del inmueble, buena parte del texto y las fotografías que lo ilustran corresponden a una circunstancia que hoy día es también ya parte de la historia de esta casona, considerada como la más antigua en su tipo en Zamora. Consideré conveniente publicar el texto íntegro en una primera parte para luego, en una segunda, hablar de la situación actual de la ahora Casona Pardo, a punto de ser terminada en una remodelación que ha durado muchos años y ha pasado por múltiples dificultades. Quede este texto, entonces, como un testimonio de aquella primera etapa de su recuperación:


Casa de Amado Nervo y Morelos. Pasado, presente y futuro

Es posible que la primera referencia concreta sobre esta casa, se encuentre en un plano de la ciudad de Zamora que se levantó en el año 1805, para dirimir un pleito por aguas. Allí aparece localizada en la esquina de Amado Nervo y Morelos, la casa de dos plantas, con la cúpula del oratorio que la hace fácilmente reconocible. Esta temprana referencia, así como su tipología y ciertos datos procedentes de documentos de la época, permiten suponer que la casa fue construida a finales del siglo XVIII, lo cual la convierte en uno de los pocos y valiosos ejemplos de la arquitectura de la época de la colonia en Zamora.




La información documental que se ha podido localizar hasta el momento, permite pensar que sus primeros propietarios y posiblemente sus constructores fueron Diego Dávalos y Pérez Garfias y Juana Márquez de la Mora, quienes según un padrón de 1768, vivían en esa esquina. Por diversos y complejos movimientos de masas de bienes hereditarios, la propiedad pasó a manos de Ángel Mariano Morales y Jasso, quien había nacido en San Simón en 1784, fue párroco de Zamora entre 1812 y 1815 Y murió siendo obispo de Oaxaca, en 1843.




Desde ese momento hasta principios de este siglo, la casa siguió perteneciendo a la familia Dávalos, de la que era casa habitación, Sin embargo, ya en 1902, los señores Luis y Antonio Cornejo habían formado una sociedad para abrir un comercio que llevaría por nombre La Central y que luego fue conocido como Casa Cornejo. La fragmentación de la numeración hacia 1911, indica la parcelación de la planta baja: la calle de Mercaderes (Amado Nervo) aparecía con la numeración 2; 4; 6; 8; 10; 12 Y 14 Y la calle del Sagrado Corazón (Morelos) con los números 1; 3 y 5.



A fines de los años ’30 el señor Luis Cornejo compró la propiedad, que reformó y hacia los años’ 60 se instaló en la parte alta el Café Parroquia, que se mantuvo allí hasta 1988. A finales de ese año, la propiedad, a nombre de la señora Alicia Pardo, fue donada al gobierno del Estado de Michoacán para ser utilizada con fines culturales.

Como ya se ha señalado en otras oportunidades, hay una relación directa entre la devolución de la Catedral Inconclusa a la Iglesia para que continuara la construcción y la donación de la casa, pues por Acuerdo Presidencial del general Lázaro Cárdenas, firmado el 20 de noviembre de 1940, se negaba la devolución solicitada por el obispo Fulcheri. A cambio proponía dedicar la Inconclusa a ser un Museo para el pueblo de Zamora.

La historia más reciente ha sido difícil y se ha tropezado con muchas dificultades. La planta baja del edificio pudo recuperarse con facilidad: con la intervención del Ing. Eliseo Martínez Acevedo y la disponibilidad de El Café Parroquia, éste se trasladó a otro inmueble sobre Amado Nervo. En cambio, la recuperación de la planta baja ha pasado por dos etapas: la primera de juicios de desalojo de los negocios que allí se encontraban, cuya ejecución intentó realizarse con la prudencia necesaria que no afectara demasiados intereses, pero que ya ha concluido; restan aún dos negocios uno de discos, que ya tiene emplazamiento y otro de ropa y zapatos a cuyos propietarios la misma comunidad debe convencer de que el bien común está más allá del bien individual.

De todos modos, se avanzó de tal manera que el día 29 de octubre de 1991 comenzaron formalmente los trabajos que conducirán a la recuperación de la casa para la comunidad zamorana. El equipo está conducido por el Arq. Gonzalo Villa, maestro de generaciones de restauradores en México, candidato a Premio Nacional de Artes de este año, secundado por su discípulo, el arquitecto Alejandro Canales.


La Asociación de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, a quienes se les solicitó colaboración, respondió de manera afirmativa e inmediata, comisionando a los Arquitectos Gustavo Hernández, Jorge de Aguinaga y Sergio Murillo, para formar un equipo de trabajo con los Arquitectos Villa y Canales.

En esta primera etapa, que se concluirá en una semana, se espera terminar el levantamiento del edificio completo, para continuar luego con el análisis de los sistemas constructivos, tanto en materiales, como de técnicas y tecnologías. El objetivo de estos trabajos es formalizar un proyecto de intervención, para lograr la preservación del edificio, es decir darle garantía de vida, a los aspectos mecánicos y estructurales así como a los sistemas pluviales.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con con la autoría de la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, y con datos aportados en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Pelícanos borregones en los alrededores de la isla de Petatán en la parte michoacana del Lago de Chapala - Fotografía de José Luis Trejo Alejandre

José Luis Trejo escribió en su página de Facebook: Como lo hacen cada año, los borregones arriban a esta región en busca de un clima benigno que no tienen en esta época del año en su lugar de origen, al que regresan una vez que se acerca la primavera.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Santa Iglesia Catedral de Zamora - Fotografía de José Luis Trejo Alejandre

Se habla de la esbeltez de las torres de la Catedral de Zamora. Este ángulo logrado por josé Luis Trejo lo demuestra.

martes, 23 de noviembre de 2010

Embarcadero en Camécuaro - Fotografía de Rubén Mejía García

En el paisaje de colores suaves, verde azulados, del Lago de Camécuaro, siempre destaca el colorido de sus lanchas, como lo muestra esta fotografía de Rubén Mejía García.

Esperando la Eternidad - Fotografía de Caramelo Macab

La propia autora de esta singular fotografía, Caramelo Macab, la ha bautizado como "Esperando la eternidad".

Portón en Cocucho - Fotografía de Martha Alicia Caballero Moreno






















Este extraordinario portón en la comunidad de Cocucho da cuenta de la antigüedad de las poblaciones p'urhpecha de la región de Zamora. Martha Alicia caballero lo ha captado con su cámara y nos lo comparte en esta magnífica fotografía.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Parroquia de la Purísima en Zamora


Ya desde el año 1612 hay noticia en Zamora de una gran devoción a la Inmaculada Concepción, pues había una imagen de esta advocación de la Virgen María que en aquel año obró milagros. La presencia de los frailes franciscanos, desde principios del siglo XVIII, también impulsó este culto.

Fue la epidemia del cólera en la región de Zamora, que se desató entre marzo y julio de 1850, que se eligió a la Inmaculada Concepción como patrona de la ciudad e intercesora ante el grave peligro. Tras la coronación de la Virgen, en diciembre de ese mismo año, cesó inmediatamente la epidemia.

Al año siguiente, en febrero de 1851, el presbítero José Gerónimo Villavicencio, por sí y en nombre del señor cura y juez eclesiástico de Zamora, licenciado Francisco Henríquez, obtuvo la autorización para la construcción del nuevo templo, que comenzó a edificarse en un solar donado por José Dolores Verduzco, en la actual calle de Madero, y en terrenos de dos fincas más: una perteneciente a José Antonio Barragán y la otra, en la esquina de Madero y Ocampo, que pertenecía a los sacerdotes Luis y Ramón Amezcua. También se aprovechó, incorporándola a la construcción, un beaterío con una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe que estaba ubicado sobre la calle Colón.

La construcción del templo se le atribuye a Jesús Villalpando, agricultor y alarife, quien parece haber tenido la pretensión de hacerlo de tres naves y de mayores dimensiones. Con un proyecto menos ambicioso, la obra dio comienzo el 8 de marzo de 1851, pero la primera misa se celebró hasta el 1875, probablemente porque la intervención de los bienes eclesiásticos durante la Reforma pudo haber afectado el proceso constructivo.

En una memoria de gastos o fábrica material de la construcción firmada por el señor Lorenzo Zepeda, aparecen los nombres de los obreros que trabajaron en la obra: Mariano Moreno, José María Oseguera, Felipe Hernández, Paz Segura, Esteban Ramírez, Francisco Vidales, Antonio Tapia, Francisco Olivos y Sotero Segura.

La torre del templo fue construida después de 1875. En 1879 se terminó el altar mayor y se comenzó una nave para el sagrario. La bendición solemne del templo fue en 1881 y en 1886 comenzó a funcionar como parroquia. En 1890 se arregló y pintó la sacristía y la antesacristía, además de construir un portal hacia el norte de la edificación. Desde mayo hasta agosto de 1891 se realizaron habitaciones para la notaría, el portal grande que ve al oriente sobre la calle Madero, y se reformaron unas piezas sobre un pasillo.

En enero de 1893 se comenzó a comprar el cobre necesario para la construcción de las campanas del templo. Dos campanas se mandaron hacer a Atacheo: la grande costó 122 pesos (se fundieron 61 arrobas de cobre), y la chica costó $26.80 (se fundieron 13 arrobas). Las campanas quedaron colocadas en la torre el 25 de febrero de 1893.

El presbítero Luis Amezcua regaló en 1895 un reloj que se instaló en el mes de enero de ese año en que también se comenzó un altar a Nuestra Señora de la Soledad, cuya principal benefactora fue la señorita María Josefa Jiménez y el encargado de realizarlo Jesús Hernández Segura quien, además de su construcción, también se hizo cargo del labrado de la cantera.

La decoración del techo del templo probablemente se realizó entre 1903 y 1904, en que se realizaron gastos por concepto de pintura, vigas y tejas. Por esas fechas se encargó un nuevo púlpito y un barandal, así como trabajos de cantería para el presbiterio y para un nuevo altar mayor.

Ya muy entrado el siglo XX, en 1948, se construyó un bautisterio y se demolió el altar mayor de cantera para substituirlo por otro, de granito artificial blanco. La torre y el campanario se cubrieron de azulejos y se substituyó el cancel de la puerta principal. En 1966, el cura Joaquín Paz inició reformas a la sacristía.

(Texto redactado con material aportado por la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. La fotografía fue obtenida de la galería de Hiramindie en la página skyscrapercity.com).

jueves, 18 de noviembre de 2010

Pirekuas y UNESCO - Un punto de vista propio desde la cultura P'urhé


("Tata Juan Victoriano y su música". Fotografía obtenida de la página de facebook de Grecia Ponce).

Transcribo a continuación la opinión de un auténtico lider de la cultura purhépecha acerca de la noticia del reconocimiento que ha hecho la UNESCO de la cocina mexicana y el canto tradicional de las pirekuas como patrimonio cultural de la humanidad. Es una perspectiva que debe estar sobre la mesa en la ponderación de la importancia que le damos, o quitamos, a las culturas más originales en nuestro país:

"Respecto a la PIREKUA y la UNESCO.

Para empezar, no estoy de acuerdo con la inclusión de la Pirekua y la Cocina al catalogo de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2010.

Anticipo, aspectos negativos y positivos, pero más lo primero. Para empezar corroboro que el gobierno y la sociedad nacional que rechaza y desatiende el problema de los pueblos originarios, sí se ocupa de los valores indígenas para notarse a nivel internacional y seguir beneficiando a la Empresa Turística (Sectur).

Segundo, es una alegría que la pirekua, y la cocina p'urhepecha se conozca a nivel internacional, pero lo malo es que el compositor de la pirekua y las cocineras no obtendrán beneficios; el gran ganador seguirá siendo el sector turismo.

Pregunto: ¿qué han aportado al pueblo michoacano las empresas turísticas de Michoacán? Yo veo que desde hace muchos los trabajadores de restaurantes, hoteles, etc., son explotados. Su salario es mísero. Si no me creen, sólo pregúntele a un trabajador.

Si la propuesta hubiera sido del CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA, sería otro el panorama; pero lo ha propuesto esa empresa turística. Ya se apoderaron de la "Noche de Muertos", ahora es con la pirekua y la comida. Más que alegrarnos dicha noticia es tiempo de buscar cómo evitar que los “Uitsatsiecha” (mestizos) nos sigan robando lo último que nos queda: el patrimonio cultural.

La imagen de mi padre, Tatá Juan Victoriano Cira (fallecido hace apenas un mes y días), que hoy salió en los medios, usado por gobierno de Michoacán y Sectur para agradecer a la UNESCO, la usaron sin la autorización de nuestra familia, pero eso sí, en vida nunca quisieron otórgale un apoyo para que formara su taller de música para niños, menos para otras cosas.

Con un saludo repleto de indignación.

Pedro Victoriano Cruz
San Lorenzo Narheni Anapu
17 de noviembre 2010."

(Nota: en la parte de abajo de este blog, en la sección Enlaces fraternos, pulsando con el cursor del ratón en la liga P'urhépecha Jimbó Iretarhu, podrá acceder a la página web en que se aloja el Foro en donde Pedro Victoriano y otros autores expresan sus puntos de vista respecto a una gran variedad de temas concernientes a al pueblo p'urhépecha y su cultura).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Fotografías antiguas de Zamora - Parroquia de la Purísima de Zamora con torre

En atención y agradecimiento al comentario dejado en la entrada que habla sobre el templo y parroquia de La Purísima, más adelante en este mismo blog, incluyo esta fotografía que ya muestra la torre terminada.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Vista aérea del valle de Zamora - Fotografía de José Luis Trejo Alejandre

En esta fotografía aérea de José Luis Trejo se aprecia con claridad la parte sur del Valle de Zamora: casi al centro el Cerro de El Curutarán, y más allá los Cerros Cuates.

La Parroquia de la Purísima - Zamora en Guía












LA PARROQUIA

Una de las secciones del periódico Guía que no faltaban en los primeros ejemplares tenían que ver directamente con preocupaciones directas de la Parroquia de la Purísima, única cuando se fundó el semanario y su sede durante muchos años. Nos referimos a la sección en que se proporcionaban los nombres de quienes contraerían matrimonio en fechas próximas, una santoral de la semana y el calendario parroquial anunciando las principales actividades a realizarse: las Confirmaciones, retiros espirituales, comunión de Viernes Primero y adoraciones nocturnas, entre muchas otras. Una invitación para que los jóvenes visiten el “Recreativo A.C.J.M.” de Cázarez 24 también es sugerente.

En el ejemplar de Guía No 4, publicado el 3 de agosto de 1952, se publicó un texto escrito por Josefina del Río, la famosa maestra Fina que formó, al lado de la maestra Mercedes Méndez, a varias generaciones de jovencitas en su escuela Vasco de Quiroga.

El texto se titula Mi Parroquia. Habrá que recordar que en aquellas fechas La Purísima era el único templo que tenía funciones parroquiales. A la fecha muchos zamoranos todavía la reconocen así, como “La parroquia”.

La señorita Fina llama a su Parroquia “Madre y Maestra que nutre nuestro espíritu de verdad, a la luz de las sublimes enseñanzas del Evangelio”. En una extensión de tan sólo seis breves párrafos repasa el papel de la parroquia en la vida de los católicos, desde que es recinto de los bautismos y hasta “que bendecirá, maternal y cariñosa, la muerte de nuestros despojos”, pasando por la formación religiosa de la infancia, la purificación y santificación del matrimonio y la que marca derroteros a lo largo de toda la vida de la feligresía.

(La fotografía muestra una de las imágenes más antiguas de la Parroquia de La Purísima, aún sin torre).

Dulces típicos de Zamora, Michoacán

No solamente los zamoranos debemos reconocer que la oferta de dulces típicos de Zamora no se agota en los deliciosos chongos, cuando el abanico de nuestra oferta es muy amplia en opciones realizadas a base de leche y variedad de frutas.

Para una Monografía de Zamora V


A la INDUSTRIA zamorana suele calificársele como incipiente.

Durante décadas sólo se conformó en Zamora con pequeños talleres en que artesanalmente se facturaron productos de consumo local y regional.

Hasta en las décadas de los años '60s y '70s surgió la agroindustria de las empacadoras o congeladoras y procesadoras de alimentos que añaden valor agregado a materias primas al convertirlas en insumos para posteriores procesos de la industria alimentaria (elaboración de concentrados, saborizantes y esencias).

En la imagen: las empresas agroindustriales son importantes fuentes de trabajo en el Valle de Zamora. De simples congeladoras y empacadoras de fresa pasamos a procesadoras de bases para alimentos con diversas frutas.

(Fotografía obtenida del libro Manufacturas en Michoacán, El Colegio de Michoacán-Gobierno del Estado de Michoacán, 1999-2001, Zamora, 1998, p. 227).

El Casco de la Hacienda de El Cerrito en Zamora



La historia de esta hacienda y su relación con Zamora se entretejen a partir de un nombre: el de don Francisco García Amezcua (1801-1876) que llegó a Zamora a los dos años de edad, procedente de Santiago Tangamandapio y que aquí construyó familia y fortuna. Sus ganancias fueron invertidas en fincas rústicas. Una de las primeras que compró fue La Rinconada, donde construyó casa, y capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. Siguió comprando haciendas, labores y terrenos, que a su muerte dejó a su segunda esposa, Elena Martínez del Villar, y a los hijos habidos en sus dos matrimonios.

A la muerte de don Francisco García Amezcua en 1876, el potrero del Cerrito de Catipuato, valuado en 5 mil pesos, pasó a ser propiedad de don José García Martínez, uno de sus hijos menores. Una parte del Cerrito había sido adquirida por Francisco García en 1849, con un valor de 2 mil pesos.

Los linderos eran: al oriente la Hacienda Romero, de don Rafael García; al norte, terrenos de José María García; al poniente, terrenos del Cóporo, de Francisco García Amezcua, y al sur, terrenos del mismo propietario y de los herederos de Manuel Berna!.


En las aclaraciones que hicieron al reparto de bienes de Francisco García, en 1880, se especificó que la merced de agua del Cerrito de Catipuato iba a quedar dividida como se encontraba en ese momento, pero además de este tipo de especificaciones sobre el agua, fundamentales para tierras de cultivo, se añadieron, con enorme minuciosidad, la cantidad de animales y los enseres de las casas que se estaban repartiendo.

En el caso de la Rinconada, claramente se habla de la casa de la hacienda, de sus enseres y de la capilla. Estos elementos permiten suponer, ante la inexistencia de una referencia concreta, que en el Cerrito no había casa y que ésta, por lo tanto, se construyó después de 1876.

El casco del Cerrito se organizó siguiendo un esquema muy simple: tres rectángulos forman un patio interior, sostenido lateralmente por columnas de fierro que forman pasillos interiores cubiertos de viguería. Los cuartos de los dos pabellones laterales, como era tradicional, se comunicaban hacia el patio con puertas centrales y entre si por puertas laterales que creaban un corredor interior.


La parte central del edificio está formada por dos alas hacia la derecha e izquierda de la puerta, comunicadas hacia el patio de la casa y también hacia el exterior del pórtico columnado del ingreso. Sólo la parte central del edificio tiene planta alta, ocupada por dos espacios muy grandes: uno, con puertas de salida al balcón, parece haber funcionado como sala, y el otro como un gran comedor. Los dos, seguramente, para encuentros muy formales.

Todo el frente del primer cuerpo del edificio está recorrido por una balaustrada que le da unidad y es el único elemento decorativo de una arquitectura muy austera. En el ángulo noreste del edificio, e integrado a él, se encuentra la capilla. Desde el lateral poniente, al fondo del gran patio, comienzan las construcciones dedicadas a las faenas e instrumentos propios del trabajo agrícola.

En la hacienda, “los hermanos García Martínez son los principales anfitriones del obispo Núñez a su llegada a la diócesis de Zamora en 1909 y vuelven a ser los anfitriones que agasajan a las dignidades eclesiásticas (…) que asistieron a la Dieta en 1913”. Hacia principios de siglo, Francisco, Rafael y José García Martínez habían conseguido que sus hermanas cedieran en ellos los derechos hereditarios por vía materna y tenían firmado un poder que autorizaba su mutua representación.


El 29 de enero de 1909, José y Rafael García reconocieron haber contraído una deuda de 500 mil pesos con la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y fomento de la Agricultura. La hipoteca era pagadera en un plazo de quince años, con intereses al 7% anual, que eran los estipulados para ese tipo de contrato, y recaía sobre La Rinconada, El Cerrito y anexas.

La Caja exigió a los García Martínez el pago total del crédito el 4 de febrero de 1913, y ese mismo mes se expidió la cédula hipotecaria y se decretó la intervención en favor de la institución acreedora, misma que sufrió modificaciones en 1919 y finalmente fue liquidada en 1926. Fue en el año siguiente, el 13 de mayo de 1927, cuando la Caja de Préstamos para Obras de Irrigación y Fomento de la Agricultura, Sociedad Anónima, en Liquidación, dio diversos bienes en pago de bonos emitidos por la misma Caja a un grupo de inversionistas que no se mencionan, encabezados por Doña Emilia Creel de Terrazas. Entre estos bienes estaba el crédito hipotecario de las propiedades de los García Martínez.

Se aclaró que «El Casco del Cerrito de Catipuato, sus dependencias inherentes, incluyendo casa habitación, bodegas, establo, corrales, etc. y huerta de naranjos que queda frente a la hacienda, están comprendidos dentro del citado predio y son objeto, naturalmente, de la dación».


Los Creel- Terrazas dividieron la propiedad y el 28 de julio de 1930 Gustavo Terrazas compró a Emilia Creel de Terrazas el lote 4 del Cerrito, que vendió ese mismo año a Juan Zavala Kasperowitz, en la cantidad de 22 mil pesos. En 1943 la hacienda volvió a cambiar de manos, esta vez el comprador fue don Victorino Ortiz Ramírez, quien aún sigue siendo su propietario. Mas aún, el lugar se conoce como El Cerrito de Ortiz y permanece en espera de la restauración que merece.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con material aportado por la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

sábado, 6 de noviembre de 2010

La Casa García en Zamora, Michoacán















Una casa zamorana

La historia de esta casa se desata a partir de un nombre, el de Francisco García Amezcua (1801-1876) quien llegó a Zamora procedente de Santiago Tangamandapio a los dos años de edad y que aquí construyó familia y fortuna. Fortuna que, como muchas otras de la región, comenzó en el comercio, con atajos de mulas y arrieros de Cotija que llevaban y traían mercancías. Semillas y azúcar a Colima y Tabasco, desde donde traía sal y cacao, así como géneros de Veracruz. Al tiempo que prosperaba en la importación de productos que distribuía en amplias zonas del país, fue invirtiendo sus ganancias en fincas rústicas. Según su testamento, fue dueño de La Rinconada, El Cerrito, Potrerillos, Orandino, Santiaguillo, Espíritu Santo, el Cóporo, Las Palomas, Las Amapolas, Catipuato de los Mendozas, además de muchos terrenos y potreros anexos a las haciendas; además de las propiedades urbanas y más de 500,000 pesos en efectivo.

La casa de referencia, ubicada en la calle que a fines del siglo pasado se conocía como Nacional, estaba valuada hacia 1876, en 7.360,61 pesos y por vía sucesoria, en 1901 era morada de José y Rafael García Martínez, quienes en ese año documentaron su domicilio en la calle del Sagrado Corazón de Jesús No. 7.

La familia García disfrutó de una espléndida situación económica y social. Cuando el gobernador Aristeo Mercado visitó Zamora en 1894, se alojó en esta casa. Los García también fueron anfitriones de los invitados de la diócesis durante la celebración de la Dieta en 1913. Los hermanos García Martínez fueron protagonistas en la vida económica de la Zamora del primer tercio de este siglo. Compraron haciendas; firmaron contratos de aparcerías; contribuyeron a financiar obras públicas (como el Mercado); tomaron préstamos importantes (como el que se usó para financiar las obras de Urepetiro, para el riego de la región); etc.

El 6 de febrero de 1907, José García Martínez -el menor de los hermanos, casado con Luisa Sáinz Cordero- solicitó autorización al Ayuntamiento de la ciudad para hacer algunas obras de reforma en su casa. En efecto, las piezas del costado Sur de la casa habían sido utilizadas como local comercial y se habían abierto tres puertas hacia la calle Morelos. En su lugar, pretendía abrir ventanas, con los marcos de cantera, “con la proporción y simetría que corresponde a las que existen del lado norte del propio zaguán”. La solicitud se aceptó y desde ese momento la casa adoptó la fachada que, con algunas reformas, todavía forma parte del perfil de nuestra ciudad.

Este tipo de casa se caracteriza porque su patio es el centro y la configuración del resto de sus espacios, distribuidor de funciones y centro del ambiente familiar. En estas casas había generalmente dos patios. El primero, más importante, del cual quedan valiosos ejemplos en Zamora, rodeado por columnas de diversos materiales, dependiendo de la época de construcción: madera, cantera o fierro.


Alrededor de este patio se encontraba la sala y las habitaciones principales, el comedor, en muchos casos adornados con delicados vitrales; en el segundo patio se nucleaban las áreas de servicio, donde en la amplia cocina trabajaba numeroso servicio doméstico. En muchos casos, detrás de los dos patios continuaba la huerta familiar o el corral tanto para los animales de consumo doméstico como para los de tiro. Este patio funcionaba como una explanada y no era exclaustrado, como en el caso de los otros dos.

Aunque se habla de una casa, en realidad ésta se encuentra dividida (como muchas otras en la ciudad). Sin embargo, tal división no impide considerarla como una unidad: por un lado, porque la fachada conserva su ingreso principal (ocupado hoy por la tienda de productos naturistas Popeye) y porque el muro interior que divide el patio no ha afectado, según una revisión ocular, ningún elemento estructural, de tal manera que no permita en un momento dado, volver a constituir el conjunto habitacional original.

La casa fue comprada alrededor de 1935 por Don Miguel Jiménez y su yerno Albino Cárdenas y Concepción Jiménez de Cárdenas. La casa ya estaba dividida aunque no se había construido un muro para tal fin. Tenía dos cocinas, dos comedores, aunque conservaba una sola entrada. El patio, que tenía más de un metro de profundidad con relación al nivel del piso, tenía también una fuente en el centro y cuatro grandes araucarias en los ángulos.


Fue durante esos años cuando la casa se dividió en una manera efectiva, cerrando la entrada principal para abrir un comercio y en cada una de las ventanas laterales se abrió una puerta. El lado Norte de la casa fue ocupado por el señor Carlos Jiménez Torres (sus hijas son las actuales propietarias) y el lado Sur por el señor Cárdenas y su esposa (doña Conchita Jiménez es la actual propietaria de esta parte de la casa).

Sin duda, por su ubicación en el centro de la ciudad, por su relación con una de las familias que protagonizaron la vida económica, política y social de la región, por sus valores prototípicos de la arquitectura regional, esta casa merece que la ciudad se ocupe de ella, imaginando algún proyecto de uso social para su futuro. Si no es así, ante el avance de la especulación inmobiliaria, el diagnóstico sobre sus posibilidades de sobrevivir, es reservado.

(Texto publicado originalmente en la revista Entorno, de Ingenieros y Arquitectos de Zamora, A.C., con material aportado por la doctora Nelly Sigaut, profesora investigadora del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, en su libro Catálogo Arquitectónico del Bajío Zamorano, Primera Parte: la Ciudad de Zamora, publicado por el propio ColMich. Las extraordinarias fotografías que ilustran los reportajes gráficos de Entorno son de Alberto Vázquez Cholico).

Imagen de San Francisco en el atrio de su templo en Zamora - Fotografía de Rubén Mejía García

Extraordinaria imagen de la imagen de San Francisco en el atrio de su propio templo en Zamora. Fotografía lograda espléndidamente por Rubén Mejía García.

Era necesario derribar vida...


por Jaime Ramos Méndez

Era necesario derribar vida
para llegar hasta donde te ocultaste;
era necesario surcar nuevos gérmenes
y madurar simientes olvidadas;
era necesario talar recuerdos viejos
y abonar diariamente retoños de olvido;
eran necesarias tantas cosas
para llegar a ti,
que decidí abandonar tu tierra
a la erosión olvido del tiempo,
a la sequía olvido del agua,
al quebrantamiento ausencia de vida.
Y me vine acá
a comenzar de nuevo.

El cine en Zamora, Michoacán - Zamora en Guía


EL CINE EN ZAMORA

En aquel principio de la década de los años 50 el cine había llegado a Zamora y era grande la preocupación de los católicos debido a los escandalosos temas y escenas que la gente podía ver en los cines, al amparo de la penumbra. Por esa razón, Guía echaba mano de la “Censura de las películas” que elaboraba la Legión Mexicana de la Decencia.

La Legión clasificaba las películas en una combinación de letras y números que comenzaba con la “A”, para las películas para todo público, luego seguía, en orden ascendente de peligro, con las clasificaciones “B-1”, “B-2” y “B-3”. Se supone que estas películas eran más o menos aptas para quienes después se clasificó en la categoría de “adolescentes”. Las películas para adultos, que no se recomendaban ni siquiera a éstos, estaban clasificadas como “C-1”, “C-2” y hasta “C-3”.

Algunas películas se reportaban “Sin Noticias” y se recomendaba no arriesgarse a verlas y resultaran prohibidas. Un último dato interesante: los datos se proporcionaban en Guía para las películas a exhibirse en los cines zamoranos Virrey de Mendoza y Ópera.

(Información obtenida de Guía, Publicación Parroquial, Año I, No. 3, Julio 20 de 1952, p. 3. En la fotografía, obtenida en internet, el antiguo Teatro Obrero que durante muchos años funcionó como Cine Virrey).
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